miércoles, 26 de marzo de 2014

Tù eres mi Amor - Cap: 18



Nicholas observaba su enfado con una mirada divertida.

-Por supuesto-continuó Miley -Millie tiene sin duda razones para creer que usted la encuentra deseable.

-¿Qué diablos quieres decir?

-Quiero decir que tiene usted una cierta reputación en cuanto a su conducta con las mujeres.

-No tengo la costumbre de divertirme con las criadas.

-Entonces dígaselo a Millie-continuó 
Miley.

Devoró su comida y después se levantó.

En el camino de regreso no intercambiaron una sola palabra. Nicholas se metió en el sendero de su propia casa en lugar de continuar hacia la de 
Miley  cuando fue a ayudarla a bajar, ella se echó hacia atrás.

-Si se cree que voy a entrar con usted en su casa está soñando.

Una expresión de impaciencia mal contenida pasó por la cara del duque quien por segunda vez en el día la cogió por la cintura y la puso en el suelo.

-Será culpa tuya si me hago daño en la espalda-dijo el.

-Y usted tenga cuidado de no darme la espalda-silbó 
Miley -Por otra parte corre usted el riesgo de toparse con un marido celoso o con un padre ultrajado. A menos que le mate yo misma.

-No tengo ninguna intención de pelearme contigo ni de raptarte. Mira a tu alrededor y verás porque te he traído aquí.
Miley obedeció y se sorprendió al ver que los árboles habían sido podados y el césped cortado, las baldosas que faltaban habían sido reemplazadas y las ventanas de la casa se habían reparado.

-¿Por qué se han hecho estos arreglos?-preguntó al ver que el esperaba una reacción por su parte.

-Porque acabo de comprar la casa-explicó el conduciéndola hacia el pabellón situado en el otro extremo.

-¿La ha comprado?-repitió 
Miley imaginándose el trio que formarían Paul y ella con Nicholas como vecino. ¿No había pues límites en los obstáculos que ese hombre podía poner entre ella y su felicidad?

-Me pareció una buena idea. Esta propiedad linda con la tuya, algún día podrían unirse las dos.

-¡Pero si las dos le pertenecen!. Compró usted mis tierras del mismo modo que me compró a mi.

Iba a entrar en el pabellón cuando el la cogió por el brazo y la hizo girar. La miró un momento con el rostro rojo de ira.

-El coche de Margaret Merryton había perdido una rueda-explicó con calma-Entonces me ofrecí a acompañarla hasta su casa donde su padre me dio las gracias invitándome a cenar, lo cual rechacé.

-Me da igual lo que hiciera con Margaret-mintió 
Miley.

-Eso me extraña, no dejas de pincharme desde que ella mencionó su sombrilla.
Miley apartó la cara preguntándose si el no tendría razón.

-Si pones en duda mi prudencia, al menos concédeme que tengo mejor gusto. ¿Me perdonas pequeña?

-Supongo que si-respondió 
Miley sintiéndose extrañamente aliviada-Pero la próxima vez que vea usted a Margaret...

-Le daré la espalda.

-Solo quería decir que no le diera ánimos-dijo 
Miley sonriendo-sino ella se mostrará todavía mas desagradable conmigo. ¿Llevaba ella ese día la sombrilla?

-No que yo recuerde.

-¿Le parece que Margaret es...eh...bonita?-preguntó bajando los ojos.

-¡Por fin llegamos a la raiz del problema!-dijo el duque cogiéndola en sus brazos.

-¿Qué quiere decir?

-Me siento feliz de que te comportes como una esposa, incluso celosa.

-No estoy celosa en absoluto, no tengo ninguna razón para estarlo, usted no me pertenece, del mismo modo que yo no le pertenezco.

-Si no fuera por el contrato de matrimonio-precisó el.

-Ese contrato no vale nada ya que no se pidió mi opinión.

-De todos modos lo vas a respetar.

-Ya basta-dijo ella con una mirada a la vez disgustada y suplicante-¿Cómo puedo hacerle entender que amo a Paul?

-No sientes nada por Sevarin, tu misma me lo has dicho, y más de una vez.

-Nunca he dicho algo así.

-Si lo has hecho-insistió Nicholas-Cada vez que te he tomado en mis brazos he notado que tu corazón no pertenecía a Sevarin.

Decidida a intimidarle, 
Miley usó todos sus recursos.

-Para ser un hombre con experiencia en mujeres, le da mucha importancia a unos pocos besos.

-Tengo la suficiente experiencia para saber que reaccionas a mis besos y que eso te aterroriza. Si Sevarin pudiera hacerte sentir lo mismo no me temerías, pero tu sabes que eso no es así.

-Para empezar, Paul es un caballero, a diferencia de usted, nunca se permitiría besarme como usted lo hace. El...

-¿No? Entonces he sobreestimado a ese tal Sevarin.
Miley ardía de ganas de abofetearle, era inútil discutir con el. ¡Por supuesto que había respondido a sus besos, cualquier mujer lo hubiera reaccionado a sus expertas caricias!

-¿No dices nada?
Miley hubiera podido apuñalarle.

-Voy a decirle porque respondo a sus caricias pero no le va a gustar. De hecho la encuentro no solamente sórdidas sino que además me parecen molestas. La única forma en que puedo soportarlas es imaginando que estoy entre los brazos de Paul y...¡No!-gritó al notar que el la cogía por el brazo.

El la atrajo violentamente contra si, sus ojos de acero se posaron sobre ella, cortantes como una cuchilla.

-Eso..Eso no es verdad-balbuceó ella con un nudo en la garganta.

Los labios de Nicholas tomaron salvajemente los de ella que cedió bajo su presión devoradora. El la sujetaba por la nuca impidiéndole soltarse, ella sintió que le saltaban lágrimas de dolor mientras que el beso parecía que no iba a terminar nunca.

-Miente a quien quieras-gruñó contra su boca-pero no a mi. ¿Lo has entendido?

La apretó aún mas, casi hasta cortarle la respiración. 
Miley  intentó respirar para poder responderle, puso una mano en el pecho de Nicholas para apartarle sin darse cuenta de que fue la ternura de ese gesto lo que le hizo relajar el abrazo.

-Bien-dijo el con tono helado-Eso es un beso molesto, de hecho me pregunto quien de nosotros lo ha encontrado más desagradable.
Miley se sintió herida en lo más profundo y le miró desafiante.

-Supongo que no era lo suficientemente desagradable como para que me libere del compromiso.

Esa respuesta exasperó a Nicholas de tal forma que estuvo a punto de meterla en el pabellón y tomarla en el suelo para enseñarle a no sobrepasar los límites. Miró detenidamente, con insolencia, las formas de ella quien enrojeció bajo su mirada. El sol se reflejaba en su pelo, estaba maravillosa con ese vestido rosa, sin embargo, esta vez, el estaba fastidiado por su forma de ignorarle, ella se merecía una lección.

-Me gustaría liberarte de el si pones algo de tu parte-dijo.

El corazón de 
Miley se detuvo, el estaba demasiado seguro de sí para renunciar a casarse con ella.

-¿Qué debo hacer?-preguntó prudentemente.

-Quiero que me des un beso, para que estemos en paz. Si me gusta te dejaré ir.

-No estoy segura de poder creerle. ¿Por qué me iba a dejar libre de repente?

-Digamos que...los momentos que acabamos de pasar me han hecho reflexionar-dijo el encogiendo los hombros-Pero mi generosidad tiene un precio.

¡Todo tenía un precio! Para escapar a ese matrimonio ella hubiera besado a cualquiera.

-¿Solo debo darle un beso? ¿Y me da su palabra de que con eso seré libre?

-Si. Ni siquiera te acompañaré a casa, lo hará un criado. ¿Estas de acuerdo?

-Si.-dijo ella con rapidez con miedo a que el cambiara de idea.

En lugar de acercarse a ella, el se apoyó en la pared del pabellón y cruzó los brazos.

-Como ves, estoy a tu entera disposición.

-¿Qué quiere decir?

-Tienes que hacerlo tu.

-¿Yo?

¡Dios Santo! ¡Quería que fuera ella quien tuviera la iniciativa! Sus ojos grises la miraban con burla mientras el viento le revolvía el pelo. Repentinamente se enderezó como si hubiera cambiado de idea.

-¡Espere!-gritó 
Miley -Yo... yo...

-¿No sabes como empezar? Sugiero que des un paso hacia delante.
Miley obedeció a pesar de su vergüenza.

-Muy bien-dijo el-Ahora pon tus labios en los mios.
Miley repiró profundamente y le cogió por las solapas del la chaqueta. Poniéndose de puntillas, depositó un casto beso en los labios de el, después retrocedió mientras saboreaba su libertad.

-Si es así como besas a Sevarin, no me extraña que haya tardado tanto en proponerte matrimonio. Y si este casto beso es lo mejor que sabes hacer, considero que nuestro trato esta roto.



-No puedo hacer nada si se queda usted ahí, inmóvil, sin hacer el menor esfuerzo para cooperar.

-Quizá tengas razón, pero cualquier caso eres tú la que tiene que hacer que yo sienta ganas de cooperar.

-¡Cállese!-dijo ella con los ojos llenos de furia-Haga usted su papel y yo haré el mio.

-Me contentaré con seguirte, no tengo ninguna intención de enseñarte lo que ya deberías saber. Tengo más cosas que hacer además de perder mi tiempo con una niña inocente y quejosa.
Miley acusó el golpe, se tragó con esfuerzo las palabras que le venían a la mente y buscó un medio para suscitar el interés de Nicholas. Levantó lentamente sus ojos color jade hacia el, estaban tan llenos de calor y de promesas que Nicholas perdió la cabeza por un instante. Envalentonada por su éxito, deslizó las manos bajo su chaqueta y notó como se contraían los músculos de su pecho. El quería resistirse, una sonrisa cruzó la cara de la joven, pasó las manos por la espalda de el y luego por detrás de la nuca, atrayendo con suavidad su rostro hacia el de ella, con ternura le acarició los labios con los suyos mientras Nicholas sonreía con los brazos todavía inmóviles a los costados.

-Vas progresando-le dijo-Muy lentamente.

Furiosa, ella le hizo callar con un beso esforzándose por obligarle a responder, pero en cuanto ella se alejaba un poco, el hacia lo mismo, parecía totalmente indiferente.

-Le odio-murmuró ella demasiado humillada para mirarle.

Lejos de sentirse divertido, Nicholas estaba furioso, por primera vez en su vida, era incapaz de dominar sus emociones.

-Eso ha estado bastante mejor-dijo suavemente-Ahora podemos despedirnos.

¿Despedirse? Pensó 
Miley olvidado instantáneamente su odio. ¿Esa era entonces la última vez que iban a verse?
Miley miró el bello rostro de Nicholas y se sintió invadida por una extraña nostalgia. El casi parecía un niño cuando su mandibula no estaba crispada y sonreía con despreocupación, a ella le gustaba la tranquila fuerza que desprendía, le gustaba su voz grave y su manera de andar.

-¿Y si empezáramos donde lo dejaste?-preguntó el aproximándose a ella.
Miley levantó la cara, sus labios se unieron, una señal de alarma sonó en la mente de ella. La boca de Nicholas se fundió con la suya y se hizo más exigente, ella pasó los brazos alrededor del cuello del duque, invadida por mil sensaciones.

-¿Te molesto? ¿Este contacto te parece sórdido?

¡El seguía intentando humillarla! 
Miley le clavó las uñas en las manos intentando que la soltara, pero su beso se hizo más profundo y ella tembló.

-¿Te estas imaginando que estas en los brazos de Sevarin?

Estupefacta, 
Miley le soltó preguntándose si sus anteriores palabras le habrían afectado.

-Dime que detestas que te toque-ordenó el-Dilo ahora o no vuelvas a decirlo jamás.

-Yo... No puedo.

-¿No me lo puedes decir? ¿Por qué?

-Porque me ha ordenado no volver a mentir.

Ella vió que su expresión reflejaba una cínica incredulidad y antes de que el pudiera responder, le hizo callar con un beso. Con un juramento, el quitó las manos de ella de su nuca.

-¡No Nicholas!-gritó ella volviéndolas a poner-Por favor.

Las lágrimas cayeron por sus mejillas mientras volvía a besar a ese hombre lleno de ira que había soportado sus caprichos hasta ese día, cuando ella le había herido con sus palabras. El la apartó con violencia, pero 
Miley se volvió a acercar a el y le acarició la boca con sus labios. El se tensó para luego ceder abrazándola salvajemente y besándola con una pasión devoradora, como si quisiera asegurarse de lo que ella decía.

Aturdida por el deseo, 
Miley saboreó ese beso embriagador, el acariciaba su espalda, apretándola contra si como si quisiera fundirse con ella, con un gesto posesivo hasta que los dos cuerpos parecieron ser solo uno. Cuando al fin liberó su boca, Nicholas cogió la cara de su prometida con las manos, acariciando con los pulgares las mejillas enrojecidas de ella, sus ojos grises desbordaban ternura y deseo.

-Eres una pequeña idi/ota, magnifica y maravillosa-murmuró.

La volvió a besar y 
Miley solo tuvo un deseo: apretarse contra el. Sus manos se posaron en los senos de ella y luego en sus caderas. De pronto, todo terminó. El se separó de ella y la beso en la frente, Miley se movió y el la abrazó más fuerte.

-No te muevas, querida, quédate abrazada a mi un poco más.
Miley quería sentir de nuevo sus labios en su boca, abandonarse a el para alejar la tristeza que le invadía, levantó la cabeza y miró sus carnosos labios. Por instinto, Nicholas agachó la cabeza para responder a la invitación pero se contuvo en el último momento.

-No-dijo con una pequeña risa gutural.
Miley le miró extrañada.

-Si me miras así-dijo el-voy a volver a besarte y en ese caso hay muchas posibilidades de que no pueda cumplir mi promesa.

-¿Por qué?-preguntó 
Miley deseando todavía que la volviera a besar.

-¿Porque?-repitió el a pocos milímetros de su boca-Voy a darme el placer de mostrártelo.

-No-dijo 
Miley  volviendo en si-Eso solo conseguiría hacer más difícil nuestra separación-dio un paso hacia atrás y sonrió-Adios Vuestra Gracia.

-¿Por qué tanta cortesía?-preguntó el cogiendo su mano.

Le acarició la palma con el pulgar y luego se la llevó a los labios. 
Miley  apartó la mano rápidamente y observo unos instantes a Nicholas intentando garbar sus rasgos en la memoria.

-Siento haberle causado tantos problemas-dijo ella por fin.

-Puedes seguir haciéndolo tanto tiempo como quieras.

-No me refería a eso y lo sabe.

¿Cómo podía decirle las cosas agradables que estaba pensando si el bromeaba continuamente?

-Le voy a echar de menos-dijo-lo digo sinceramente.

Le dio la espalda y se alejó de el.

-En cuanto a mi padre-dijo mirándole de nuevo-no sea demasiado duro con el, tenga un poco de paciencia, estoy segura de que terminará por devolverle el dinero.

-Me ha dado la mano de su hija, estamos en paz.

-Pero eso a cambiado ya que está usted de acuerdo en dejarme ir-insistió ella.

Nicholas fue hacia 
Miley y la cogió por los hombros.

-¿Qué estas diciendo?

-Prometió que me dejaría ir y...

-¡Te prometí que podrías volver a tu casa!

-¡No! Prometió dejarme libre, libre para no tener que casarme con usted.

-Me entendiste mal, eso no era lo que quería decir.
Miley sintió que el mundo se derrumbaba a su alrededor, hubiera debido darse cuenta de que el no renunciaría tan fácilmente. Le miró y se sintió invadida por un extraño alivio que no tuvo tiempo de entender ya que el la volvió a abrazar.

-Nunca, jamás se me ha pasado por la imaginación la idea de dejarte, ¿cómo podría hacerlo después de lo que ha pasado entre nosotros?-la obligó a levantar los ojos hacía el-Quiero darte un poco de tiempo y eso es todo, vamos a casarnos y no hay nada más que hablar.

-Entonces cumpla su promesa y déjeme volver a casa.

Ella se soltó de su abrazo invadida por multitud de emociones. Nicholas la cogió y la llevó hasta el coche.

-¿No entiende que no puede obligarme a casarme con usted? Puede arrastrarme por el pelo hasta el altar pero nunca consentiré en ser ser su mujer. Es así de simple.

-En ese caso es inútil que te dé el tiempo que quieres, podemos casarnos de inmediato.

El se alejó hacia la casa.

-¿Dónde va?-preguntó 
Miley inquieta por su repentina decisión.

-Voy a ordenar que preparen el equipaje para un largo viaje, luego haré venir una diligencia. Nos vamos a Escocia donde nos casaremos.

-¿Cómo?-gritó 
Miley-No se atreverá. Piense en lo que dirá la gente.



-No me importan los cotilleos-dijo el encogiendo los hombros-Una vez que estemos en Escocia podrás elegir si te casas conmigo o no. En ese último caso volveremos sin casarnos después de una escapada de una semana nosotros dos solos. Imagínate el escándalo. También puedes elegir hacer una verdadera boda en Londres y convertirte en duquesa. ¿Qué decides?

-La boda-respondió ella después de pensarlo un momento.

No tenia demasiada elección, sin embargo también podía huir con Paul.

-
Miley, deja de pensar en Sevarin, mira la realidad a la cara.

Durante el trayecto hasta su casa, intentó ordenar sus ideas. Sola en su cama, volvió a pensar en Paul, en el modo en que el había proyectado la restauración de su casa, incluso había pensado en una habitación para los niños. Y ella acababa de traicionarle. Ella era indigna tanto de Paul como de Nicholas.

Al amanecer ya había tomado una decisión, iba a fugarse con Paul a pesar de escándalo y de la vergüenza. Se levantó sin haber descansado, y se sentó en la mesa, pálida y distante, sin apenas saludar a Anne.

-Bien-dijo su padre ignorando su silencio-¿El duque y tu os habéis puesto de acuerdo en una fecha?

-¿Qué fecha?-preguntó ella mirándole a los ojos con desafió.

-No me tomes por imb/ecil. Hablo de tu matrimonio.

-¿Mi matrimonio? He olvidado decirte que no habría matrimonio.

Se levantó y dejó el comedor.

-Martin, eres realmente un tonto tratándola así-dijo Anne-No es extraño que se rebele.

Ella siguió a su sobrina. Unos minutos más tarde, Martín decidió visitar a su futuro yerno.

Al final de la mañana, 
Miley miraba aburrida a su tía mientras esta bordaba. Anne le dio una carta.

-Es de Alexander-dijo la joven cuya mirada se iluminó mientras abría el sobre.

Su sonrisa pronto se desvaneció.

-Llega mañana a Londres-anunció horrorizada.

-Al duque no le va a gustar verle aquí además de Paul Sevarin.

No debía venir de ningún modo, se sentiría escandalizado por su fuga con Paul la semana siguiente. 
Miley fue a buscar algo para escribir.

-¿Qué le vas a decir?

-Le diré que se quede en Londres. ¿Qué enfermedad puedo decirle que tengo? ¿La peste, la malaria?

Al ver que su tia no compartía su humor dijo:

-Solo le voy a decir que tengo compromisos fuera de aquí y que no podré verle. Creo que no se quedará mucho tiempo, ha venido para una fiesta en casa de lord Marcus Rutherford.

-Lord Rutherford frecuenta las mejores familias de Europa-comentó lady Anne.

-En cualquier caso, ha elegido un buen momento para invitar a Alexander-dijo 
Miley escondiendo la carta.

Volvió a coger con nerviosismo el bordado pero se vió sorprendida por una risa.

-¿Qué estas haciendo con esa pobre tela, la estas bordando o la estas rompiendo?

Ella se preguntó cuanto tiempo llevaria Nicholas alli observándola desde la puerta. Su presencia parecia llenar la habitación y 
Miley se sintió feliz al verle. Molesta por haber mostrado su alegria, bajo los ojos y vió una gota de sangre en su dedo.

-¿Debo llamar al doctor Whitticomb?-propuso el duque con una sonrisa irresistible-También puedo ir a buscar al doctor Thomas.
Miley se mordió el labio para no reir.

-De hecho el doctor Thomas esta demasiado ocupado con otra paciente en este momento, una yegua. En cuanto al doctor Whitticomb, creo que esta furioso por haber sido manipulado la última vez.

-Manipulado-repitió Nicholas.

-Lo sabe usted muy bien-murmuró 
Miley poniéndose seria.

El duque la miró frunciendo el ceño, ella le preocupaba.

-Tengo que pedirte un favor-dijo cercándose-Me gustaria que me acompañaras a Londres a un baile, puedes llevar a tu doncella, esa que siempre me mira como si fuera a robar la plata.

-Clarissa-dijo 
Miley buscando una excusa para rechazar la invitación.

-Hará las veces de chaperona. Si salimos mañana por la mañana, podremos estar en Londres al final de la tarde. Tendras tiempo de visitar a tu amiga Emily, estoy seguro de que los archibald se sentirán felices de alojarte. Volveremos al dia siguiente por la mañana-sin darle tiempo de contestar añadió-Tu tía les esta escribiendo una nota.

-No tenia que pedirme un favor-dijo 
Miley -tenia que darme una orden.

-Esperaba que eso te gustara-explicó el.

Frente a tal suavidad ella capituló.

-¿Quién da el baile?

-Lord Rutherford.

El duque no se esperaba una reacción así, la joven abrió los ojos, estalló en carcajadas nerviosas y se desplomó en sus brazos. A fin se recompuso con los ojos brillantes de alegría.

-¿Mi tía sabe que es en casa de los Rutherford?

-No ¿Por qué?
Miley le enseñó la carta de Alexander.

-Esta mañana he escrito a Alexander para decirle que no viniera porque tenia que salir de viaje.

-Muy bien-dijo el duque después de leer la misiva.

Le molestaba que ella llamara de la Ville por su nombre de pila, sin embargo seria con el con quien 
Miley iría a ese baile. Depositó un beso en la frente de ella.

-Vendré a buscarte pasado mañana a las nueve a las nueve.

Tù eres mi Amor - Cap: 17



-Sin quererlo y a pesar de mi buen juicio-dijo Miley sonriendo a pesar de si misma.

Al ver el brillo en la mirada del duque, juzgó prudente cambiar de tema.

-Prometió que me iba a decir porque se quiere casar conmigo.

-¿Cómo podía yo saber que ibas a despreciarme desde el primer momento?

-¡Nicholas!-gritó 
Miley  que se quedó muy sorprendida al oirse a si misma llamándole por el nombre de pila-Quiero decir Vuestra Gracia.

-No, prefiero que me llames Nicholas.

-Vuestra Gracia-insistió ella-Responde a mis preguntas con otras preguntas. ¿Por qué quiso casarse conmigo?-Ella notó que los brazos de el la apretaban y se liberó del abrazo-Y no intente hacerme creer que es porque me amaba.

-Por supuesto que no. De hecho apenas te conocía.
Miley le miró incapaz de saber porque esta respuesta le dolia tanto.

-¡Maravilloso!-dijo amargamente, lista para pelear de nuevo.

Nicholas continuó imperturbable, negándose a seguirle el juego. Ella se hundió en el sofá y continuó con el solitario.

-Los solitarios están muy de moda en Francia pero son para una sola persona-dijo para poner fin a la conversación.

El se dirigió a la puerta, en vez de irse le dijo algo en voz baja a un criado y luego volvió hacia 
Miley y puso delante de ella un cofre de madera esculpida que pertenecía a Martín Stone. Contenía fichas de madrea parecidas a las que utilizaban Edward y sus amigos cuando jugaban. Miley se estremeció excitada cuando comprendió que le iba a enseñar a jugar. Nicholas se quitó la chaqueta con despreocupación, se sentó frente a ella y se desabrochó el chaleco.

-Reparte las cartas-ordenó.

Dudando ella prefirió pasar las cartas a su compañero con lo cual pudo comprobar su habilidad.

-Debe frecuentar las salas de juego de Londres-dijo con voz cargada de admiración.

-Absolutamente. Ahora corta.

-Espero que se dé cuenta de que si alguien nos ve mi reputación caerá en pedazos.

-Una duquesa es libre de hacer lo que le parece bien-respondió el.

-Yo no soy una duquesa.

-Pero vas a convertirte en una-afirmó Nicholas-Vamos corta-repitió sin darle tiempo a contestar.
Miley aprendió rápido y vio que Nicholas se alegraba de ello. ¿Por qué admiraba el los rasgos de su carácter que sus otros pretendientes encontraban extraños? Volvió a la tierra cuando Nicholas se inclinó para depositar un beso en su frente.

-Iremos a pasear mañana a las once si el tiempo lo permite.



Mas tarde Nicholas tuvo una conversación con el doctor Hugh Whitticomb, en la cual le expuso las circunstancias de su compromiso con 
Miley.

-¿Quién es Paul Sevarin?-preguntó el doctor.

-¿Por qué?-preguntó el duque frunciendo el ceño.

-Me detuve en el pueblo después de visitar a la señorita Stone. Hablé con el farmacéutico, que es terriblemente charlatán y tiene la habilidad de hacer hablar a la gente. En resumen me dijo cosas que no entendí demasiado.

-¿Qué cosas?

-Parece ser que todo el pueblo espera la noticia del compromiso de 
Miley Stone y ese tal Paul Sevarin y dicen que los dos son muy felices.

-Francamente eso no me preocupa en absoluto-afirmó Nicholas.

-¿Se refiere a los rumores o la joven?

El duque no respondió.

-¿Está usted enamorado de ella?

-Me voy a casar con ella-dijo el duque-¿Qué más se puede decir?

Con estas palabras, deseó buenas noches a su invitado y se retiró. El doctor se quedó unos instantes perplejo y luego empezó a reir. “Está enamorado y no se da cuenta, y aunque fuera consciente de ello, se negaría a admitirlo”

Solo en su habitación, Nicholas se desnudó, estaba furioso por lo que le había dicho el médico. 
Miley  no amaba a Paul contrariamente a lo que ella creía de forma infantil. Pero tampoco le amaba a el, de hecho el amor era solo una idea romántica y est/úpida. No dudaba ni por un instante de que ella se casaría con el, por voluntad propia o a la fuerza. En ese último caso iban a librar una batalla en la cama.



El aire fresco mezclado con olor a hojas quemadas, invadió la habitación de 
Miley  ella hizo una profunda inspiración y salió de la bañera, después se puso una bata y se acercó a la ventana para contemplar el paisaje, el otoño era realmente la más hermosa de las estaciones. Dudó sobre que ponerse y se decidió finalmente por un vestido de cintura alta de lanilla rosa pálido de manga larga. Clarissa la peinó y sujetó su pelo con cintas de terciopelo a juego con el vestido.

Ella pensaba en Paul y en su compromiso con Nicholas, pero rechazó esos pensamientos para poder aprovechar plenamente del día que se le ofrecía. A las once y cinco, un criado le anunció la llegada del lord Westmoreland.

-Buenos días-dijo ella alegremente bajando las escaleras-¡Que día tan magnífico!

Nicholas le cogió las manos y miró su cara radiante.

-Tu cara es tan luminosa que ilumina toda la habitación-declaró.
Miley se sintió intimidada por este elogio, era la primera vez que el le dirigía un cumplido por su belleza.

-Ha llegado tarde-le regañó ella sin saber que decir-Hace cinco minutos que me estoy paseando por mi habitación.

El no dijo nada, durante unos instantes, 
Miley quedó bajo el encanto de esa mirada de acero, el le apretó las manos y la atrajo hacia si, ella contuvo el aliento, nerviosa ante la idea de que el iba a besarla.

-Estoy haciendo progresos-declaró el.
Miley contuvo sus ganas de reir.

-De todas formas, ya que estas tan impaciente por verme, intentaré ser puntual de ahora en adelante.



En el momento en el que franqueaban la puerta, oyeron que el reloj daba las once. Nicholas lanzó una mirada elocuente a la joven. Ella se montó en el vehículo sentándose en el asiento de terciopelo, mientras Nicholas se acomodaba a su lado, ella observó sus botas brillantes, sus largas piernas musculosas, su chaqueta rojiza y su camisa de seda.

-Si no te gusta mi ropa-dijo el-podemos parar en mi modesta casa para que tu misma elijas algo que te agrade.
Miley primero tuvo ganas de responderle que le daba completamente igual la forma en que se vistiera, pero se contentó con decir:

-Me estaba diciendo que estaba usted muy elegante.

Ella notó un brillo de placer en su mirada y después el hizo andar a los caballos al trote. Los árboles parecían formar un arco por encima del camino, las hojas muertas caían lentamente de ellos, 
Miley se divertía intentando cogerlas en pleno vuelo. A pesar de todo se tensó cuando vio que Nicholas se dirigía al sur.

-¿Dónde vamos?

-Primero al pueblo.

-Pero no necesito nada del pueblo-protestó 
Miley.

-Yo si.
Miley cerró los ojos presa de la desesperación. La gente les vería juntos y eso sería suficiente para que empezaran los comentarios en ese agujero en el que nunca pasaba nada. Se sentía enferma solo con pensar que los cotilleos llegarían a oídos de Paul. El carruaje cruzó el puente de piedra y se introdujo en las calles pavimentadas, Miley creyó desfallecer cuando se detuvieron delante de la farmacia. Nicholas fue a ayudarla a bajar.

-Preferiría esperar aquí-dijo con un tono que pretendía que fuera despreocupado.

-Y a mi me gustaría que me acompañaras-respondió Nicholas con una voz que no admitía réplica.

Esta orden rompió el ambiente distendido que se había desarrollado entre ellos hasta ese momento.

-Lo siento-dijo ella-pero no entraré en ese lugar.

Nicholas la cogió por la cintura y la hizo bajar a la fuerza, ella se dejó hacer por temor a atraer la atención si se resistía.

-¿Está intentando dar un espectáculo?-preguntó ella.

-Si.
Miley vió el rostro jovial del señor Oldenberry que les miraba a través del escaparate. Ya no podía escapar. En la tienda flotaba un olor a amoníaco y a plantas. El farmacéutico les saludó efusivamente pero Miley notó que tenía los ojos fijos en la mano de Nicholas que le sujetaba el brazo.

-¿Cómo está el señor Paul?-preguntó el boticario maliciosamente.

-Creo que estará de vuelta dentro de cinco días-respondió ella preguntándose que diría cuando se fugara con el.

Nicholas pidió un frasco de agua de melisa que el farmacéutico entregó a 
Miley.

-Es para el señor Westland-dijo con un gesto de disgusto-Sufre de vértigo y le duele la cabeza.

-Es cierto-aprobó el aludido con una sonrisa devastadora apretándola con afecto contra el-Y tengo la intención de continuar sufriendo. Ese malestar hace que mi encantadora vecina me dedique todas su simpatía y su atención-continuó mientras le guiñaba un ojo a su interlocutor.

-¡Tonterías!-dijo 
Miley.

-¡Que temperamento! ¿No es cierto señor Oldenberry?

El farmacéutico asintió declarando que la señorita Stone siempre había tenido carácter y que a igual que el, también prefería las mujeres así. 
Miley notó que Nicholas había vuelto a dejar el frasco en su lugar antes de irse. De modo que había inventado esta comedia para dejarse ver con ella. Dejó precipitadamente la tienda.

-Va usted a lamentarlo-le fulminó cuando el se le unió.

-No lo creo.

Courtney Ashton y Margaret Merryton salian de una tienda con los brazos cargados de paquetes. La educación exigía que se detuvieran para intercambiar algunas palabras de cortesía. Por una vez Margaret no saludó a 
Miley con una observación desagradable, simplemente no la saludó, se limitó a saludar a Nicholas quien la liberó de algunos paquetes.

-Quería preguntarle si no me dejaría por casualidad mi sombrilla en su coche la otra tarde-susurró ella en voz lo suficientemente alta para todos la oyeran.

Miley se le cortó la respiración, aunque ella no se sentía especialmente obligada por ninguna relación, Nicholas por su parte era quien había querido casarse con ella. ¡Que ser despreciable! Había llegado a escoger a su peor enemiga.

-Margaret te detesta-murmuró Courtney mientras miraban a Nicholas dejar las compras de Margaret en su coche.

Se dirigieron luego charlando hacia el vehículo del duque, sin duda para buscar la sombrilla.

-Creo que te odia mas a causa del señor Westland que por culpa de ese caballero francés, el señor de la Ville.

Era la primera vez que Courtney hacia confidencias a 
Miley  si esta última hubiera estado de mejor humor, se hubiera mostrado más cordial.

-Le estaré muy agradecida a Margaret si viniera a librarme del señor Westland.

-Mejor-respondió Courtney-ya que eso es justo lo que tiene intención de hacer.

Cuando Courtney y Margaret se marcharon, Nicholas volvió a coger la mano de 
Miley y la deslizó bajo su brazo como si no hubiera sucedido nada. Ella iba a su lado con el rostro pálido de ira. Al principio de la calle se encontraba una pequeña posada que solo disponía de un reservado además de la sala y del patio. La hija del posadero saludó a Nicholas como si fueran viejos conocidos y se apresuró a prepararle una mesa en la terraza.
Miley miró con fastidio como Millie movía las pestañas delante del duque y se inclinaba para poner el mantel ofreciendo a Nicholas una amplia visión de su generoso escote.

-Si es así como se comporta Millie con los hombres-comentó 
Miley cuando la otra se fue-sus padres deben tener el pelo blanco.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Tù eres mi Amor - CAP: 16



-Entonces no me mienta afirmando que concederá todos mis deseos. No quiero estar comprometida con usted, no quiero casarme con usted, pero usted tiene la intención de llevarme a la fuerza hasta el altar.

El la soltó con tanta fuerza que ella dio un paso hacia atrás.

-Si hubiera tenido la intención de llevarla a la fuerza hasta el altar, la hubiera hecho volver de Francia para probarse el traje de novia. De hecho no quiero una esposa fría y obligada en mi cama.

Miley se sintió tan aliviada que olvidó la alusión al lecho del duque.

-¿Por Dios pero porque no me lo dijo antes? Si eso es lo que quiere es inútil que siga perdiendo el tiempo conmigo.

-¿Qué quiere decir?

-Seré la esposa más distante y fría que se pueda imaginar.

-¿Me está amenazando?-preguntó el frunciendo el ceño.

-Por supuesto que no. Le estoy explicando que mis sentimientos hacia usted no cambiaran nunca.

-¿Está usted segura?

-Por completo-aseguró 
Miley radiante.

-En ese caso es inútil retrasar más nuestro matrimonio.

-¿Cómo? ¿No dijo que no se casaría conmigo si yo era una esposa fría y distante?

-He dicho que no lo deseaba, no que no lo hiciera.

Con esas palabras se dirigió hacia los caballos, dejando a 
Miley petrificada ante la idea de que el pudiera adelantar la fecha de la boda. Desesperada, intentó encontrar una solución.

-Tengo que pedirle un favor-dijo cogiéndole por la manga.

-Siempre que sea razonable y esté en mi poder.

-Concédame un poco de tiempo, tengo que acostumbrarme a la idea.

-Con la condición de que sea discreta.

-Se lo prometo-aseguró 
Miley más tranquila después de la mentira-Y a mi me gustaría que no le dijera a nadie su verdadera identidad y no hablara de nuestro compromiso durante algún tiempo.

-¿Por qué?

-Porque si todo el mundo empieza a hablar de ello, me sentiré muy presionada.

-Muy bien, guardaré el secreto, pero si me entero de que utiliza el tiempo que le doy en otra cosa, se arrepentirá.-dijo el con un tono implacable después de ayudarla a subir al caballo.

-¿Ha terminado?-preguntó 
Miley disimulando su miedo detrás de una actitud altiva.

-Por el momento si. Hablaremos mañana.

Durante el resto del día 
Miley se esforzó por simular alegría delante de los invitados. Por la noche, Anne fue a verla.

-Tía-se quejó 
Miley -ese bruto tiene la intención de obligarme a casarme con el. Me lo ha dicho.

-Querida-dijo Anne sentándose a su lado-no puede obligarte, Hay leyes contra eso. El problema es saber que le pasará a tu padre si no te casas con el duque.

-Mi padre no se preocupó demasiado por mi al firmar ese acuerdo. ¿Por qué debería yo preocuparme por el?

-Ya veo. Entonces será mejor que pienses en ello.

-¿Por qué?

-Porque tu padre ya se ha gastado todo el dinero que le dio el duque, si te niegas a casarte, no podrá devolvérselo y acabara su vida en prisión. Te será difícil ser feliz con Paul teniendo el destino de tu padre sobre la conciencia. En fin, como no tienes remordimientos, no tienes porque preocuparte ¿no es eso?.

Cuando su tía se fue, 
Miley imaginó a su padre en una celda llena de ratas. Tenia que haber una forma de arreglar las cosas. A lo mejor el tío Edward podría devolver el dinero al duque. No, nunca tendría dinero suficiente para hacerlo.



Al día siguiente por la mañana, Clarissa encontró a 
Miley sentada en su escritorio. Estaba escribiendo una nota al duque explicándole que se habia hecho daño en una rodilla y que tenia que quedarse en la cama. Concluyó la misiva con algunas banalidades y diciendo que esperaba verle al día siguiente si su salud se lo permitía. Muy orgullosa de su idea, la joven se dijo que podría alargar esa falsa herida hasta el regreso de Paul.

-No veré al duque hoy-anunció a Clarissa.

Luego le dio la nota.

-Espero sepa lo que hace-comentó la doncella alarmada-Debería preguntarle a su tía su opinión.

-No puedo esperar a que se levante, necesito de verdad tu ayuda ¿Puedes llevarle esta nota al duque?

-¿Yo? ¿Pero porque?

-Porque así sabré su reacción, solo puedo confiar en ti.

-Me pongo nerviosa solo de pensarlo-dijo Clarissa cogiendo la nota-¿Y si pide explicaciones sobre la herida?

-Solo tienes que improvisar.

Aliviada, 
Miley canturreó mientras se vestía.

-¿Qué ha dicho?-preguntó con impaciencia en cuanto volvió Clarissa veinte minutos después-Cuéntamelo todo.

-Bien, estaba desayunando...

-¿Parecía enfadado?

-No sabría decirlo, pero no parecía contento tampoco.

-Clarissa, por el amor de Dios ¿Qué ha dicho?

-Me ha dado las gracias y luego ha hecho que me acompañara uno de sus criados tan estirados.
Miley cenó sola en su habitación y por primera vez en todo el día pensó en Paul.



Al dia siguiente por la mañana 
Miley envió un segundo mensaje a su prometido: estaba muy disgustada pero no podía verle ese día ya que la rodilla todavía le dolía.

-¿Crees que es razonable hacer esto querida?-preguntó Anne frunciendo el ceño-Si le preocupas por nada, sabe Dios como reaccionará.

-Pero no puede hacer nada-respondió ella escondiendo la carta que dio a Clarissa.-Cuando tío Edward esté aquí, nos ayudará a encontrar una solución. Continuaré con esta comedia tanto tiempo como sea posible, después encontraré otra cosa, quizá consiga desanimar al duque.

Al volver, Clarissa declaró que Nicholas había leído la nota y luego le había dirigido una mirada extraña.

-Clarissa, por favor, sé más precisa-suplicó 
Miley -¿Qué quieres decir con “extraña”?

-Bien, el leyó el mensaje y luego tuve la impresión de que sonreía, pero no lo hacía realmente. Después me hizo acompañar por uno de sus criados.
Miley pensó un momento y luego dijo:

-No deberíamos preocuparnos de sus menores hechos y gestos. Después de todo incluso aunque no me creyera ¿qué podría hacer?

La respuesta llegó después del desayuno, a bordo de un vehículo con las armas de Claymore y tirado por cuatro soberbios caballos negros. Un hombre con un traje negro bajó de el y se dirigió con paso firme hacia la casa, llevando un maletín de cuero negro.

-Soy el doctor Whitticomb-dijo entregando una carta a Sewell-Me envían desde Londres, desearía ver a lady Anne Gilbert.

Cuando Anne se reunió con el en el salón, el la saludó y le explicó el motivo de su presencia.

-Su Gracia, el duque de Claymore, me ha encargado que examine la rodilla de la señorita Stone.

Al ver que Anne palidecía, el médico creyó que le pasaba algo, se tranquilizó rápidamente al verla huir precipitadamente y subir las escaleras de dos en dos.

-¿El ha hecho eso?-gritó 
Miley  levantándose de un salto-¡Que ser abyecto!

-Nos lamentaremos luego si sobrevivimos a esta prueba-respondió Anne desabrochando el vestido de su sobrina con dedos temblorosos.

Clarissa se apresuró a buscar una bata.

-Deberías haberle dicho que estaba dormida y volverle a mandar a Londres-dijo 
Miley metiéndose bajo las sábanas.

-Ese médico no tiene nada de tonto créeme, está aquí para curar tu rodilla, y tiene intención de hacerlo. Voy a intentar retenerle abajo-dijo lady Anne.

Clarissa estaba inmóvil en su silla, con las manos aferradas al respaldo.

-¡Clarissa!-dijo Anne autoritaria-Te prohíbo que te desmayes.



-Quizá pudiera ver a la señorita Stone ahora-pidió el médico después de que su anfitriona intentara prolongar la conversación y le hubiera ofrecido por tercera vez un refresco.

Lady Gilbert le condujo hasta la habitación de 
Miley . El doctor Whitticomb descubrió a una joven con las mejillas sonrosadas y con una mirada cargada de una hostilidad mal disimulada.

-Su Gracia, el duque de Claymore, se preocupa mucho por usted-dijo dejando el maletín al lado de la cama.

-Es realmente la amabilidad y la solicitud personificadas.

-Desde luego-aprobó el médico negándose a creer en el sarcasmo que creyó detectar en su voz-Creo que se cayó usted, déjeme ver su rodilla.

El extendió las manos hacia las sábanas.

-¡No!-gritó 
Miley subiéndoselas hasta la barbilla.

El la miró un momento y luego comprendió lo que le pasaba. Acercó una silla a la cama y se sentó.

-Mi querida niña, ya no estamos en los tiempos en que una joven se negaba a cejare curar por un médico solo porque era del sexo opuesto. Su pudor es muy loable, sabe Dios que es muy raro encontrarle en las mujeres en estos tiempos, pero este no es el momento apropiado. Vamos déjeme ver.

Intentó bajar las sábanas pero la paciente no soltaba su presa. Renunció, molesto.

-Si eso puede tranquilizarla, le diré que soy un médico de renombre, tengo numerosos pacientes, entre ella a Su Majestad la Reina.

-¡Eso no me tranquiliza en absoluto!

-Señorita, he recibido la orden de examinarla incluso a la fuerza si es necesario.

-¡A la fuerza! ¿Pero por quien se toma?-gritó herida.

Buscaba desesperadamente un medio para escapar a la inspección y el pudor era la única solución.

-Lo siento mucho-continuó ella-pero preferiría morir antes que exponerme a la mirada de un perfecto desconocido aunque sea un médico famoso.

-¡Pero si solo se trata de una rodilla!

-Me da igual-protestó la joven-pero Su Gracia debería respetar mis sentimientos, estoy asombrada de que no tenga en cuenta mi...

-¿Pudor?-completó el médico pensando en la noche de bodas del duque de Claymore.

-¡Exactamente!. Sabía que lo comprendería usted.

-Muy bien señorita Stone, me rindo. Renuncio a examinarla con una condición: que deje que la vea el médico local.

-¡Por supuesto!-dijo 
Miley con una ancha sonrisa.

-¿Conoce a alguno con quien se sienta a gusto?

-Si-respondió 
Miley buscando un desesperadamente un nombre.

-¿Cómo se llama?

-Thomas-indicó 
Miley -confío plenamente en el. Tiene mucha fama en esta zona, hasta la vista doctor, gracias por haber venido, Clarissa le acompañará.

-Todavía no me he ido-dijo el médico-Volveré después de haber hablado con el doctor Thomas.

-¡Dios mío!-dijo Clarissa sujetándose en el borde de la cama para no desmayarse.

El doctor Whitticomb la ignoró y miró su reloj.

-¿Podría alguien tener la amabilidad de acompañarme hasta mi colega? Después volveremos juntos.

-¿Pero porque?-preguntó 
Miley -Le aseguro que está perfectamente cualificado, puede usted creerme.

-Lo siento pero el duque no me permitiría que os dejara en manos de cualquiera, de hecho estábamos pensando en consultar con un especialista alemán.

-¡No se atrevería!

-La idea fue mía, pero el duque prefirió que yo la viera antes, el tenia...dudas en cuanto a la gravedad de la herida. Lady Gilbert, por favor lléveme a ver al doctor Thomas por favor.

Dio algunos pasos, pero se detuvo al oir a la paciente proferir una sarta de insultos dirigidos al duque. El médico se dio la vuelta, sorprendido por ese arranque, sus labios dibujaron una sonrisa de admiración.

-Doctor Whitticomb, ya no puedo soportar más esta farsa, mire mi rodilla antes de que ese hombre me envíe a todas las sanguijuelas de Europa.

-Yo personalmente no utilizo sanguijuelas-respondió el médico quitando las sábanas. Descubrió dos piernas magníficas una de las cuales reposaba encima de una almohada.

-Es extraño-dijo con una sonrisa que rápidamente desapareció- Es verdad, me lo pregunté al ver el bulto que formaba la pierna levantada.

-No hay nada de extraño en el hecho de levantar una pierna herida-respondió la joven frunciendo el ceño.

-Tiene usted razón, pero el duque me habló de la rodilla izquierda y la rodilla que descansa en la almohada es la derecha.

-La tengo así a propósito para evitar que las dos piernas se toquen.
Miley cerró los ojos, era evidente que el médico no se dejaría engañar.

-Doctor, ¿me creería usted si le dijera que me duele?

-Ni por un segundo, me temo. Pero aprecio el hecho de que haya comprendido que era ya el momento de poner las cartas sobre la mesa.

Subió las sábanas y se apoyó en el respaldo de la silla.

-Deberiamos hablar de lo que va a suceder-propuso el.

-No merece la pena-dijo 
Miley sacudiendo la cabeza-Sé lo que tendrá que hacer.

-Para empezar-dijo el con una mirada divertida-le voy a recetar reposo absoluto para las próximas veinticuatro horas, no por usted sino por su pobre doncella. Por lo demás ¿cómo cree que va a reaccionar su prometido al enterarse de esta comedia?

-Se pondrá furioso-murmuró 
Miley imaginándose la rabia de Nicholas-Pero es un riesgo que debo correr.

-¿Entonces no tiene usted nada que ganar confesando el engaño?

-¿Confesar?-repitió ella-Creía que usted se encargaría de decirle la verdad.

-He aquí la verdad: Un problema en una articulación es difícil de detectar por no decir imposible, no he podido desechar la posibilidad de que haya daño. Luego le tocará a usted hablar, yo sólo soy un médico, no un informador.

Aliviada, 
Miley cogió su almohada y rompió a reir, dando las gracias efusivamente al médico el cual le cogió la mano.

-Querida-dijo el sonriendo-conozco a la familia Westmoreland desde hace años, pronto formará usted parte de ella y me atrevo a esperar que seamos amigos.
Miley nunca formaría parte de esa familia pero a pesar de todo asintió con la cabeza.

-Bien-dijo el-entonces, en calidad de amigo, me permito decirle que sería est/úpido, es decir arriesgado, negarle su compañía al duque por cualquier causa. Su Gracia siente mucho afecto por usted, esta dispuesto a darle cualquier cosa a cambio de una sonrisa, sería suficiente con pedírselo. Con la franqueza que creo ver en usted, ha obtenido lo que ninguna otra mujer había conseguido: una propuesta de matrimonio.

-Gracias doctor, lo pensaré-respondió ella hirviendo interiormente de ira.

Ya estaba harta de que todo el mundo le dijera que era un honor estar prometida al duque de Claymore.



-¿Lo tendrá usted en cuenta no?-concluyó el médico-Tiene usted razón, parece muy encaprichado con usted, esta mañana le he encontrado a medio camino entre la risa y las lágrimas, estaba muy enfadado pero no dejó de contarme anécdotas sobre usted, y se reía mientras lo hacia.

-Y ha querido darme una lección-concluyó tristemente 
Miley.

-Me ha dado esa impresión, pero debo decirle que no me arrepiento de haber venido.


Miley intentó mostrarse alegre en la cena con los invitados. Incluso se había vestido con uno de los trajes nuevos, de satén, y llevaba las joyas de zafiros.

“Soy una mantenida”-pensó bajo la mirada insistente de su primo Cuthbert.

Después de fumar un cigarro y tomar una copa de Oporto, los hombres se unieron a las mujeres en el salón donde ya estaban preparadas las mesas de juego. Cuando Cuthbert la vio, fue rápidamente hacia ella. Con su incipiente calvicie, ella le encontraba repulsivo, murmuró una excusa y se fue. Vagó por la biblioteca sin encontrar nada interesante para leer, como no quería volver al salón por miedo a encontrarse con Cuthbert, no le quedaba más remedio que refugiarse en el escritorio de su padre. Sewell le llevó un juego de cartas y añadió un leño a la chimenea. Después de que el se fue, ella empezó un solitario, de pronto, oyó que la puerta se abría.

-¿Qué hay Sewell?

-No es Sewell prima, soy yo-dijo Cuthbert.

Se deslizó detrás del sillón de la joven desde donde podía admirar de nuevo su escote.

-¿Qué estás haciendo?

-Esto se llama solitario-dijo friamente ella-Sólo lo puede jugar una persona.

-Enséñame-rogó el.
Miley continuó jugando mientras apretaba los dientes, luego, no pudiendo soportar por más tiempo sus miradas insistentes, se levantó de un salto.

-¿Por qué me miras así?

-No puedo evitarlo-respondió el cogiéndola por el brazo.

Intentó atraerla hacia si.

-Déjame o grito.

Cuthbert obedeció, puso una rodilla en el suelo y puso una mano sobre su corazón para pedirle matrimonio.

-Prima 
Miley -murmuró con voz ronca-Tengo que decirte algo que me atormenta...

-Ya lo sé-cortó ella-Ahora levántate.

-Pero te amo con toda mi alma-insistió el agarrando el bajo de su vestido.

-Espero sinceramente-dijo una voz divertida desde la puerta-no estar interrumpiendo a un enamorado en su declaración.

Nicholas se acercó mientras miraba a Cuthbert quien se levantó rápidamente.

-Mi prima me estaba enseñando un juego de cartas al cual solo puede jugar una persona-dijo.

-Bien, pues vaya usted a entrenarse-dijo friamente Nicholas señalando la puerta con la cabeza.

Cuthbert cerró los puños, dudó y después, al ver que se crispaba la mandíbula del duque, se retiró.

-Gracias-dijo 
Miley dirigiendo una mirada llena de gratitud a Nicholas.

-¡Debería retorcerte el cuello!
Miley se dio cuenta de que se estaba apoyando sobre la pierna supuestamente dañada.

-Permíteme que te felicite, lo has hecho muy bien, en menos de doce horas has puesto a Whitticomb de tu parte y a Cuthbert a tus pies.
Miley le miró fijamente, a pesar de su tono helado se adivinaba una sonrisa en sus labios.

-Es usted un demonio-murmuró ella dividida entre la risa y la cólera.

-Tu tampoco eres un ángel.

Todo el día ella se había sentido presa de emociones intensas, creyó que Nicholas estaría loco de rabia y sin embargo se reía, sintió que las fuerzas la abandonaban y unas lágrimas de cansancio llenaron sus ojos esmeralda.

-He tenido un día atroz.

-Eso sin duda es debido a que me echabas de menos-dijo el con una ironía que hizo temblar a 
Miley de rabia.

-¿Echarle de menos a usted? Le mataría con gusto.

-Entonces vendría para atormentarte-amenazó el con una sonrisa.

-Esa es la razón por lo que no lo intento.

Sin avisar, su risa se transformó en llanto y las lágrimas cayeron sobre sus mejillas. Nicholas la cogió suavemente en sus brazos. Aceptando el consuelo que el le ofrecía, ella escondió su rostro en la chaqueta gris perla de el y lloró en los brazos del causante de sus lágrimas. Después se quedó pegada a el, protegida por su robusto pecho.

-¿Te sientes mejor?
Miley asintió y cogió el pañuelo que el le ofrecía para secarse los ojos.

-No había llorado desde que tenía doce años y desde que volví no he dejado de hacerlo.

Ella levantó los ojos sorprendida por la mirada de pena del duque.

-¿Puedo hacerle una pregunta?

-Por supuesto.

-¿Qué le impulsó a hacer esto?-preguntó ella-¿Por qué fue a ver a mi padre sin hablar conmigo primero?

Al sentir que los músculos de el se tensaban, creyó prudente añadir:

-Intento simplemente comprender. No nos caímos bien en el baile de máscaras de los Armand. ¿Por qué me eligió a mi?

-¿Tu porque crees?

-Lo ignoro, ningún hombre pide la mano de una mujer con el fin de envenenarle la vida, debe usted tener otros motitu.

Nicholas sonrió, a pesar de la malicia involuntaria de la joven. Después de todo aceptaba quedarse entre sus brazos.

-No puedes reprocharme por desearte, además los matrimonios de conveniencia son normales en numerosas familias desde hace siglos.

-Puede que lo sean en la suya-dijo 
Miley con un suspiro-Y no me hará creer que incluso esas parejas acaban por experimentar aunque solo sea afecto el uno por el otro.

-¿Nunca has sentido simpatía por mi? ¿Incluso sin desearlo?-insistió Nicholas.

-A veces-admitió ella alzando los hombros.

-¿Pero siempre sin quererlo?

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HEY NO ME MATEN PROMETO SUBIR PRONTO ES QUE NO TENGO MUCHO TIEMPO 

Tù eres mi Amor - Cap: 15



Miley abrió lentamente los ojos. Un sol de mediodía inundaba la habitación, tenía un ligero dolor de cabeza y estaba sumida en una extraña melancolía. Su mente poco despejada, se negó a funcionar por unos momentos, después revivió la escena de la víspera en el despacho de su padre. Cerró los ojos horrorizada y luego se dijo que debía poner punto final a ese asunto.

-¡Es increíble!-murmuró

Su odioso vecino no era otro que el famoso duque de Claymore y la había comprado a su padre. Por más absurdo que pudiera parecer estaba prometida al duque, ese notorio libertino. ¿Cómo podía su padre haber hecho algo así?

Empezó a buscar fórmulas para desesperar al duque, si era lo suficientemente hábil puede que el comprendiera que ella no era la esposa ideal.

Llamaron a la puerta, y lady Anne apareció con una sonrisa en los labios. ¿De que lado estaba ella?

-¿Cuándo te enteraste de todo esto?-preguntó 
Miley.

-El dia que me viste enviando cartas a tu tío a cuatro países diferentes y anular mi viaje a Londres-respondió Anne sentándose en la cama .

-¡Ah!-murmuró 
Miley aliviada.

Su tía había llamado a Edward para que viniera en su ayuda, por lo tanto no la había traicionado. Al verla sacudida por los sollozos, Anne la cogió en sus brazos.

Todo se arreglará, ya lo verás-le dijo con voz suave acariciándole el pelo.

Después 
Miley se sintió mucho mejor, Anne fue a buscar una toalla húmeda y le limpió las lágrimas.

-Me voy a casar con Paul, es una decisión que tomé cuando era una niña, pero aunque no fuera así jamás me casaría con ese ser inmundo-
Miley se quitó la toalla de los ojos a tiempo de ver a su tía frunciendo el ceño-¿Tu estas de parte de Paul verdad?

-Yo estoy de tu parte, eres la única que cuenta, solo deseo lo mejor para ti-respondió dirigiéndose a la puerta-Te voy a mandar a Clarissa, pronto será mediodía y Su Gracia va a venir a buscarte a la una.

-¡Su Gracia!-repitió 
Miley furiosa al oir a su tía recordarle el rango del duque.

¿Era así como debía dirigirse a el?

-¿Quieres que te planchen el nuevo vestido?
Miley miró por la ventana, no quería aparecer atractiva delante del duque, quería llevar algo feo, y sobre todo un vestido que el no hubiera pagado.

-No-contestó-llevaré otro.

Cuando llegó la doncella, 
Miley ya había hecho su elección y mostraba una sonrisa perversa.

-Clarissa, ¿Dónde está ese viejo vestido negro que llevaba la criada para limpiar las escaleras?

-Lady Gilbert me ha dicho lo que le paso ayer por la tarde-respondió Clarissa llena de compasión-Si quiere luchar contra el, cometerá un grave error.

-Por favor no me lleves la contraria-dijo 
Miley al borde de las lágrimas-Necesito tu ayuda. Si soy lo suficientemente fea, quizá renuncie a casarse conmigo.

-Siempre la he respaldado y mis canas son testigo de ello, no la abandonaré esta vez.

-Gracias. Ahora sé que tengo al menos dos aliados. Tres si contamos a Paul.

Un poco más tarde, 
Miley miró con aprobación su aspecto mientras Clarissa le ataba el pelo en la nuca con una cinta negra. Este estricto peinado realzaba sus inmensos ojos verdes, su palidez y su belleza frágil, ella sin embargo se encontraba de todas formas horrible.

-Es perfecto Clarissa, y es necesario que te apresures, Su Gracia puede esperar todavía algunos minutos, eso forma parte de mi plan. Quiero demostrarle que no me impresiona en absoluto a pesar de su título.

Bajó al salón con una media hora de retraso. Al llegar delante de la puerta, enderezó los hombros y entró sin hacer ruido.

Nicholas casi le daba la espalda mientras se daba golpecitos con los guantes en los muslos, emanaba de el una autoridad natural que rompió la seguridad de 
Miley  ¿Cómo pudo creer que podía hacerle cambiar de idea? Solo le quedaba aguantarle hasta la vuelta de Paul.

-¿Me ha llamado?-pregunto con tono indiferente mientras cerraba la puerta.

El estaba decidido a mantener la calma en cualquier circunstancia pero al verla, no pudo dominar su cólera. Se había vestido como una criada, con un delantal anudado en la cintura y con una cofia en el pelo.

-Se ha expresado usted con claridad 
Miley -dijo el secamente-Ahora me toca a mi. No quiero que se vista nunca más de este modo.

-Todos en esta casa somos criados-respondió ella-Y yo soy la más humilde de todos ya que usted me compró en el monte de piedad.

-Le prohíbo que me hable así-amenazó Nicholas-Yo no soy su padre.

-No, usted es mi propietario.



El se plantó delante de ella con un salto y la cogió por los antebrazos, ella notó su cuerpo tenso por la ira. Levantó los ojos y la furia de Nicholas se disolvió en un instante. Sus ojos verdes le miraban desafiantes, pero también vio en ellos el brillo de las lágrimas, por culpa de el, ella tenia ojeras y la piel pálida.

-¿Tan desgraciada te hace sentir el solo hecho de pensar en convertirte en mi esposa querida pequeña?-Preguntó suavemente.

Sorprendida por el súbito cambio, 
Miley no supo como responder. Una carcajada resonó en el vestíbulo, seguida de un ruido de pasos; alguno invitados iban al comedor.

-Salgamos de aquí-dijo Nicholas.

Se dirigieron a través del césped hasta el estanque, Nicholas se detuvo bajo un olmo centenario.

-Aquí al menos estaremos tranquilos-dijo.
Miley tuvo ganas de contestarle que esa era la última cosa que ella deseaba, pero se calló, demasiado conmocionada para hablar.

-Estaríamos más cómodos para hablar si nos sentáramos-propuso Nicholas extendiendo su chaqueta sobre la hierba.

-Prefiero seguir de pie-replicó 
Miley con desdén.

-¡Siéntese!

Impresionada, ella obedeció pero se sentó en la hierba.

-Tiene razón-dijo Nicholas-es mejor ensuciar ese vestido que mi chaqueta favorita.

Recogió la prenda y se la puso sobre los hombros a ella, sentándose a continuación a su lado.

-No tengo frío-dijo la joven intentando soltarse.

-Muy bien, entonces puede quitarse esa ridícula cofia.

Uniendo el gesto a la palabra, le quitó la prenda lo la hizo enrojecer de cólera.

-Es usted un...

Se calló al ver en sus ojos grises un brillo de diversión.

-Continúe por favor.

Ella hubiera querido pegarle.

-Me gustaría encontrar las palabras para expresar el odio que siento por usted y todo lo que representa.

-Estoy seguro de que las encontrará.

-¿Sabe? Le detesto desde el día que nos encontramos en el baile de máscaras.

-Me entristece saberlo-dijo el después de mirarla un momento-Yo en cambio pensé que era usted la persona mas encantadora que Dios ha creado.
Miley se sintió tan asombrada por su voz acariciadora, que giró rápidamente la cara y estudió su expresión esperando encontrar una mirada sarcástica. El acarició con suavidad su mejilla y su barbilla.

-Varia veces, cuando estuvo en mis brazos, me pareció que no me detestaba, de hecho parecía apreciar...

-¡Nunca he apreciado sus atenciones! Siempre las encontré... -
Miley buscó desesperadamente la palabra adecuada sabiendo que el duque no se dejaría engañar.-Siempre las encontré muy turbadoras.

El continuó acariciándola, llegando hasta el lóbulo de la oreja. Un escalofrío recorrió a 
Miley.

-Yo también estaba turbado querida pequeña.

-Y usted continuó mientras yo le pedía que se detuviera, en este momento siento que está esperando la oportunidad para saltarme encima.

-Es cierto-confesó el con voz ronca-Me atrae usted como un imán. Y es recíproco.

-¡Es usted odioso!

El puso un dedo sobre los labios de la joven y le sonrió. 
Miley se levantó rápidamente.

-Estoy cansada, voy a entrar, no puedo soportar todo esto.

Con un salto, el la cogió por los brazos y la obligó a mirarle.

-Déjeme enumerarle todos los horrores que la he hecho soportar. Soy un ser sin corazón que ha salvado a su padre de ir a prisión pagando sus deudas. Soy tan egoísta que la he visto coquetear sin avergonzarse con Sevarin en el picnic mientras todavía sentía el sabor de sus besos en mis labios. Y todo esto ¿por qué? Porque soy lo bastante cruel para querer darle mi nombre, mi rango y mi lujosa vida. ¿realmete me merezco su hostilidad?
Miley tragó saliva y volvió la cabeza, ya no sabía que pensar.

-Ignoro lo que usted merece-dijo.

-Entonces yo se lo diré-respondió Nicholas levantándole la barbilla-Merezco que deje de odiarme y que no me haga responsable de la conducta de borracho de ayer de su padre.

Mortificada, 
Miley noto que las lágrimas le subían a los ojos, sacudió la cabeza para rechazar el pañuelo que le tendía Nicholas.

-Es el cansancio-explicó ella-No he dormido bien esta noche.

-Yo tampoco-dijo el acompañándola a la casa.

Por la puerta abierta se oía el murmullo de las risas y de las conversaciones.

-Daremos un paseo a caballo mañana por la mañana. Si queremos evitar las murmuraciones de los invitados es mejor que nos encontremos directamente en los establos a las diez.

Sola en su habitación, 
Miley se quitó el vestido, se sentía abatida, sin embargo debía aparecer por el salón. Se metió en la cama y cerró los ojos. Cuando despertó la luna llena iluminaba el cielo.



Nicholas bromeaba con Thomas apoyado en la barrera. 
Miley consiguió sonreir a este último pero su rostro se puso serio en cuanto miró al duque. Nicholas dio un suspiro resignado.

-Su caballo está preparado-dijo señalando a Khan con un movimiento de la cabeza.

Galoparon uno al lado del otro por el campo, poco a poco el aire fresco devolvía a 
Miley toda su energía. En el borde del bosque, allí donde la pradera descendía hacia el río, Nicholas bajó del caballo y después ayudó a Miley a bajar.

-El paseo le ha sentado bien-dijo al ver las mejillas enrojecidas de ella.

-Me siento mejor, en efecto-respondió ella intentando no poner mala cara-Adoro la equitación.

Y yo adoro mirarla-dijo el dirigiéndose al río-Es usted de lejos la mejor amazona que he visto nunca.

-Gracia-respondió 
Miley lanzando una inquieta mirada al sicomoro bajo cuyas ramas Nicholas la había besado.

El dejó la chaqueta en la hierba en el mismo sitio de su encuentro anterior.

-Prefiero quedarme de pie-dijo ella rápidamente

Retrocedió y se apoyó en el tronco de un árbol. Nicholas puso un pie sobre una roca y la miró sin decir nada. 
Miley empezó a sentirse incómoda.

-¿Por qué no montó este caballo en la carrera?-preguntó para romper el silencio-Es mucho más rápido.

-Vi que su semental se cansaba rápidamente-respondió el duque con una sonrisa divertida-Escogí ese porque tenía las mismas fuerzas que el suyo, así teníamos igualdad de oportunidades.

-Me hubiera gustado ganarle aunque hubiera montado usted una cabra-dijo ella riendo.

-Hace tres años que la conozco y me sigue divirtiendo de la misma manera.

-¿Tres años? ¿Cómo es eso posible?

-La primera vez que la vi estaba en una tienda con su tía. La vendedora intentaba que comprara un horrible sombrero cubierto de frutas diciendo que los hombres caerían a sus pies si lo llevaba.

-No me acuerdo-dijo 
Miley-¿Lo compré?

-No. Le replicó que si los hombres caían a sus pies sería solo para evitar que les picara el enjambre de abejas que se verían atraídas por tal cantidad de fruta.

-No me extraña-admitió 
Miley confundida por la ternura que notaba en la voz de Nicholas-¿Fue entonces cuando deseó conocerme mejor?

-Desde luego que no-respondió el-No me hubiera gustado enfrentarme al brillo de sus ojos verdes.

-¿Qué estaba haciendo usted en una tienda de modas?
Miley se arrepintió de inmediato.¿Qué podía estar haciendo sino esperar a una de sus amantes?

-Veo que se ha respondido usted a si misma.

Extrañamente, 
Miley se sintió fastidiada al saber que el había estado con otra mujer.

-¿Nos volvimos a encontrar? Quiero decir antes del baile de máscaras.

-La vi algunas veces, cuando paseaba por el parque y después un año más tarde en el baile de los Dupré. Había usted cambiado mucho.

-¿Estaba solo?-preguntó 
Miley mordiéndose inmediatamente los labios.

-No-confesó Nicholas-Pero usted tampoco. Estaba rodeada de una corte de suplicantes-sonrió al ver la expresión indignada de ella-No se enfade. Usted opinaba lo mismo que yo, la oí decir a un hombre que estaba extasiado con el perfume de sus guantes que si el olor del jabón le emocionaba tanto, o bien estaba loco o bien era muy sucio.

-Soy incapaz de tal descortesía-protestó 
Miley-Es imposible...

De pronto tuvo un recuerdo.

-¿Andaba de un modo extraño?

-Lo ignoro, yo estaba más interesado por su cara que por los pies de el-respondió el duque-¿Por qué?

-Ahora lo recuerdo. Le mire alejarse y vi un hombre alto y moreno en la puerta, sonreía como si la escena le hubiera divertido mucho. ¿Era usted que me estaba espiando?

-Yo no la espiaba, estaba a punto de ayudar a ese pobre chico.

-No era un pobre chico, el día anterior había intentado besarme y me pareció que tenía las manos demasiado atrevidas.

-Es una pena que no recuerde usted su nombre-dijo Nicholas con un tono repentinamente ácido.
Miley se sintió feliz al ver que le había llegado el turno de estar celoso, quizá si le hacía creer que era un poco ligera de cascos, el cambiaría de idea en cuanto a su matrimonio.

-No es necesario que le diga que no fue el único caballero que intentó conseguir mis favores en Paris. Tenía muchos pretendientes, ni siquiera me acuerdo de sus nombres.

-Déjeme que le refresque la memoria-propuso el duque con calma.

Bajo la mirada desconfiada de ella, el enumeró todos los nombres de los jóvenes que habían pedido su mano.

-No mencionaré a de la Ville ya que sigue esperando que llegue el momento. Quizá deba añadir a Sevarin, no estuvo usted muy acertada en la elección de sus admiradores.

-Si se refiere a Alexander de la Ville, debe saber que pertenece a una familia francesa muy antigua.

-Estoy pensando en Sevarin y usted lo sabe. De todos los que he citado es de lejos el menos conveniente, y sin embargo es hacia quien usted se inclinaría. No 4está a la altura de su inteligencia ni de su espíritu, además no sabría hacer de usted una mujer.

-¿Qué quiere decir con eso?-preguntó 
Miley.

Los ojos de Nicholas se posaron en lugar donde la había golpeado con la fusta y consolado después en sus brazos.

-Lo sabe muy bien-respondió al verla enrojecer.

-¿Por qué no pidió mi mano en Francia?-preguntó ella para cambiar de conversación.

-¿Para que su tío me dijera que era usted demasiado joven o cualquier otra tontería por el estilo?

-El hecho es que usted me consideró indigna de serle presentada y...

-Fuimos presentados-cortó Nicholas-En casa de los Dupré. Usted no prestó atención a mi nombre y apenas me concedió una mirada antes de volverse a sus admiradores.

-¿Me propuso usted un baile?-preguntó ella alegrándose en su interior.

-No-respondió el secamente-Mi cuaderno de baile estaba lleno.

En otras circunstancias, 
Miley  se hubiera reído de esta broma, pero ahora eso le recordó que el duque también tenía mucho éxito.

-Me imagino que si los hombres tuvieran un cuaderno de baile el suyo, en efecto, estaría siempre lleno. ¿qué hace un hombre cuando quiere bailar con una mujer que no sea su amante?

-Eso no me ha dado demasiados problemas en el baile de máscaras de los Armand cuando baile con usted.

-¿Cómo puede usted ser tan grosero?

Los guantes de 
Miley  cayeron al suelo.

-¿Es usted quien ha preguntado no?-dijo el divertido.

-Usted quizá pueda reirse de su escandalosa conducta pero yo no. No deja de provocarme-se agachó para recoger los guantes-Solo Dios sabe lo que planea después.

Esas palabras hicieron que en los ojos grises del duque apareciera un destello de lujuria. 
Miley se dijo que ya era el momento de irse y se dirigió a su caballo pero Nicholas la retuvo cogiéndola por la muñeca y la atrajo hacia el.

-Con excepción del baile de máscaras de los Armand, siempre la traté como se merecía, y siempre será así, no tengo ninguna intención de dejar que me maneje, sino acabaría usted por tenerme tan poco respeto como a Sevarin si tiene la desgracia de casarse con el.
Miley sintió nauseas ante tanta presunción. Notó que el la abrazaba.

-¿Le da igual saber que no le amo?

-Usted no me ama, usted me detesta, me lo ha dicho cien veces, incluso en este mismo lugar, sin embargo, instantes después era una mujer apasionada entre mis brazos.

-¡Deje de recordarme lo que pasó aquí! Quiero olvidarlo.

El la atrajo hacia si y la miró con ternura.

-Querida pequeña, le daré todo lo que esté en mi poder, pero nunca la dejaré olvidar ese momento. Pídame cualquier otra cosa y la tendrá.

-¿Cualquier cosa?-repitió ella intentando soltarse-Muy bien. No quiero casarme con usted ¿Me librará de su acuerdo con mi padre?

-No.

Tù eres mi Amor - Cap: 14



Lady Anne se despertó con un sonido de voces familiares saludándose en el vestíbulo. Fue Miley quien tuvo la idea de hacer una fiesta para celebrar el cumpleaños de su padre, y entonces Anne había aprobado el proyecto, pero ahora, temía que algún invitado reconociera al duque de Calymore.



Ya era casi de noche cuando Sewell llamó a la puerta de la habitación de 
Miley para anunciarle el regreso de su padre. Esa hubiera sido una buena ocasión para anunciarle su compromiso con Paul ya que toda la gente importante estaría allí. Quizá Paul pudiera hablar con su padre esta noche.

Después de arreglarse, la joven dio una vuela delante de Clarissa, quien inspeccionó su aspecto. Su elegante vestido de satén color marfil caía perfectamente y el escote realzaba maravillosamente su pecho. Además llevaba las joyas de topacios y diamantes.

-Parece una princesa-dijo orgullosamente Clarissa.

Se oía a los invitados abajo, había pedido a su padre que bajara a la siete para reunirse “con algunos invitados”, solo quedaba media hora. 
Miley salió de su habitación para ordenar a Sewell que rogara a los invitados que hicieran menos ruido.

Su padre, apoyado en la barandilla, miraba a la gente con una ligera mueca de disgusto. Se había terminado la sorpresa.

-Han venido para celebrar tu cumpleaños, padre-dijo 
Miley depositando un beso en su mejilla.

-Supongo que era una sorpresa-respondió el emocionado a pesar de su aspecto hosco-¿Tengo que simular no haber visto nada?

-Exactamente.

-Lo intentaré-prometió el dándole palmaditas en el brazo.

Se oyó un ruido de vidrio roto.

-¡Dios mio!-gritó una voz estridente.

-Es Laetitia Pinkerton-dijo Martín-Es su expresión favorita. A veces hago rabiar a su madre amenazándola con enseñarle a decir “en nombre de Dios”.

Se alejó hacia su habitación, dejando a 
Miley con una sonrisa en los labios.

Martín bajó a la hora prevista con 
Miley en un brazo y Anne en el otro, Sewell abrió las puertas del salón y todos gritaron a coro:

-Feliz cumpleaños!

Anne estaba apunto de empezar a hacer su papel de anfitriona cuando un lacayo le dio una carta, reconoció la letra familiar de Edward y la abrió enseguida.

Al no encontrar a Paul, 
Miley fue al comedor para asegurarse de que todo iba bien. La casa estaba lujosamente decorada y todo parecía preparado.

-Te he echado de menos hoy-dijo la voz grave de Paul detrás de ella.

El admiró su figura y luego su mirada subió hasta su rostro radiante.

-¿Quién habría podido adivinar que te convertirías en una belleza?-preguntó atrayéndola a sus brazos para besarla.

Anne tenía la vista todavía clavada en la carta de su marido cuando vio el vestido color marfil de su sobrina en la habitación de al lado.

-Querida-dijo alegremente-tengo por fin noticias de tu tío-Estaba de vacaciones...

Levantó los ojos justo a tiempo de ver a dos jóvenes soltarse de su abrazo.

-No pasa nada tía Anne-explicó 
Miley enrojeciendo-Hace días que me muero de ganas de anunciártelo, Paul y yo vamos a casarnos en cuanto padre nos dé su consentimiento. Va a intentar hablarle esta noche. ¿Tía?

Lady Anne había dado rápidamente media vuelta y ya se alejaba simulando no haber oído nada.

-¿Dónde vas?

-Voy a beber un vaso de Burdeos-respondió

Para gran sorpresa de 
Miley, vio como su tía se servía generosamente.

-Y cuando me haya bebido este vaso, me tomaré otro. Buenas noches señor Sevarin-dijo dejando la estancia.

-Si sigue tendrá un horrible dolor de cabeza mañana por la mañana-comentó Paul.

-¿Cómo?-preguntó 
Miley molesta e inquieta a la vez.

-Y tu vas a estar desbordada esta noche, tengo la impresión de que tu tía no tiene ganas de hacer de anfitriona.

Esta afirmación se reveló cierta. En la entrada a la casa, 
Miley se encontró sola recibiendo a los retrasados. Ordenó a un criado que trajera bebidas y se giró hacia lady Eubank. Sus ojos se detuvieron horrorizados al ver el vestido violeta y el turbante rojo de la anciana dama.

-Buenas noches milady-consiguió decir.

Ignorando este saludo, lady Eubank ajustó su monóculo y escrutó la sala.

-No parece que vaya a ser una buena velada, estoy viendo al Sr Sevarin en compañía de Courtney Ashton y de Margaret Merryton y Westland ni siquiera está aquí.-dejó caer su monóculo y miró a 
Miley con disgusto-Creí que tenías coraje pero me has decepcionado. Creí que ibas a cazar al mejor partido de toda la fiesta bajo los ojos de todos estos vecinos tan molestos. En vez de eso te encuentro sola aquí.Miley sonrió, radiante.

-Pero lo he cazado milady, y pronto tendrá usted la confirmación oficial, si no es esta noche será cuando Paul vuelva.

-¿Paul?-repitió la anciana, sorprendida-¿Paul Sevarin?-de pronto sus ojos brillaron con una luz extraña-¿Va a venir el señor Westland?

-Si.

-Mejor, esta va a ser una fiesta muy divertida-añadió alejándose.

A la nueve y media, casi todos los invitados habían llegado, fue entonces cuando 
Miley vio a Nicholas Westland. Estaba terriblemente atractivo con un traje negro que realzaba sus anchos hombros y sus largas piernas. Al acordarse de la amistad que les unía ahora, Miley le tendió las manos en un gesto de bienvenida.

-Empezaba a creer que no vendría.

-¿Me estaba esperando?

-Si ese fuera el caso, no lo confesaría-dijo 
Miley riendo.

Mirándole, le costaba creer que solo era un libertino sin moral. Se dio cuenta que el todavía la tenía cogida de las manos y que las chorreras de su camisa tocaba su vestido y dio un paso hacia atrás. El le dirigió una mirada burlona pero no hizo ningún comentario.

-Si el hecho de perder al ajedrez la pone en tan buena disposición conmigo, le prometo que la voy a dejar ganar en el futuro.

-No me dejó ganar esa partida-le recordó ella fastidiada.
Miley llamó a un lacayo para que se acercara y le pidió un coñac para el señor Westland. Este pareció sorprendido al ver que ella se acordaba de sus gustos.

-Estamos empatados-dijo-gané la carrera y usted la mayor parte de las partidas de ajedrez. ¿Cómo podremos saber quien es el mejor de los dos?

-Es usted imposible, el que yo crea que las mujeres deben recibir la misma educación que los hombres, no quiere decir que yo quiera ser la mejor.

-Estupendo-dijo el mirando su escote.

El pulso de 
Miley se aceleró. En la otra punta de la sala, vio a Paul dirigiéndose hacia su padre y creyó que el iba a hablar con el, pero dos invitados se adelantaron.

Nicholas sabía que estaba monopolizando la atención de la joven quien tenía que atender a los invitados, pero ella estaba coqueteando con el y eso le gustaba. 
Miley vio a uno de sus ancianos tíos acercarse a un grupo.

-¿Conoce usted las diferente épocas prehistóricas?-preguntó Hubert Pinkerton en voz alta-Es un tema apasionante. Déjeme decirle dos palabras. Empecemos por la era primaria...

La atmósfera del grupo decayó instantáneamente. Ella que deseaba una fiesta alegre...Se volvió hacia Nicholas decidida a dejarle para intentar desviar la atención de su tío.

-Perdóneme, debo...

-¿Dónde está su tía?-pregunto el recorriendo la sala con la mirada-¿Por qué no la está ayudando?

-Está ligeramente indispuesta-explicó 
Miley  mirando a su tía que se asomaba por la ventana-Ahora discúlpeme, debo librar a esa gente de mi tío, es un pesado que solo habla de la prehistoria y tienen aspecto de estar aburridos.

-Preséntemelo-dijo Nicholas-le distraeré para que pueda ocuparse de los otros invitados.
Miley obedeció llena de gratitud.

-Le estaba diciendo a la señorita Stone lo mucho que me gustaría hablar con usted de nuestra pasión común: la era primaria. ¿Nos disculpa señorita Stone? Su tío y yo tenemos mucho de que hablar.

Miley se quedó admirada por la manera en la que simuló estar interesado por la conversación.



La tensión de ese día empezaba a pesar en 
Miley mientras se dirigía con los invitados al comedor.

-¿Dice usted que el duque de Claymore ha desaparecido?-lo bastante fuerte como para ser oído por todos-Lo decían en los periódicos de ayer.

Las conversaciones se animaron, cada uno queriendo saber mas. 
Miley estaba en compañía de su tía, lady Eubank y Nicholas mientras que Paul intentaba abrirse camino entre la gente acompañado por Peter Redfern y Courtney Ashton.

-En esta época, Nicholas generalmente está en Francia-hizo notar un invitado.

-¿De verdad?¿Usted cree?-preguntó lady Anne con el rostro enrojecido por culpa del vino.

Martín parecía nervioso.

En cuanto a 
Miley  esta encontraba el asusto totalmente carente de interés y ahogó un bostezo.

-Esta usted cansada querida-murmuró Nicholas a su lado.

-Si-admitió 
Miley.

Nicholas le cogió la mano y la puso en su brazo, no debería comportarse así, pensó 
Miley  pero le estaba tan agradecida por su ayuda que no se detuvo en esos detalles.

-He oído que su amante vive ahora en Paris-dijo Margaret Merryton-Parece ser que Claymore la despidió. Está destrozada y ha anulado su gira por Europa y...

-Y-cortó secamente Amelia Eubank-ella está ahora gastando una fortuna para renovar una propiedad que acaba de comprar en el campo. ¿No creerás que se ha convertido en un fantasma, pobre pequeña idi/ota?

Ofendida, Margaret buscó la mirada de Nicholas.

-Señor Westland, usted acaba de volver de Paris y de Londres ¿Ha oído hablar de su suicidio?

-No-respondió Nicholas-no he oído anda de eso.

El padre de Margaret pensaba otra cosa.

-Entonces, ¿St Allermain ha comprado una propiedad en el campo?-dijo riendo-Se diría que Claymore le ha dado una renta por sus buenos y leales servicios.
Miley, notó que los músculos de Nicholas se tensaban y vio como su mirada se llenaba de disgusto. El la miró y sonrió mecánicamente, tendría que llamar la atención a su secretario por no haber hecho correr el rumor de que se encontraba en alguna parte, de pronto se dio cuenta de que los invitados habían empezado a especular sobre el nombre de su próxima amante.

-Apuesto cinco libras a que será la condesa Dorotea-dijo el señor Ashton.

-Yo no-respondió Merryton-hace cinco años que ella le persigue, incluso le siguió a Francia. Nicholas la rechazó delante de todo Paris. Yo creo que será Vanessa Standfield, pero esta vez, se casará con ella. Le está esperando desde hace años.

La conversación era de lo más inconveniente, 
Miley notó que su tía iba a intervenir.

-Señor Merryton-dijo Anne-le apuesto diez libras.

Ante una propuesta tan chocante, se hizo el silencio. Nicholas ahogó una risa.

-¿Y usted señor Westland?-preguntó Anne-¿estaría dispuesto a apostar que lady Stanfield será la próxima duquesa de Claymore?

-Desde luego que no-respondió-Se de buena fuente que el duque espera casarse con una joven que conoció en Paris.
Miley vio a lady Eubank traspasar a Nicholas con la mirada.

-Ustedes tienen el mismo nombre-dijo otro invitado-¿es usted pariente del duque señor Westland?

-Somos más que hermanos-respondió este con una ancha sonrisa.

Las conversaciones giraron entonces sobre las propiedades del duque, sus establos y sus innumerables amantes. Nicholas miro a su prometida para ver si esta escuchaba con atención, ella ahogaba otro bostezo.

-¿No está interesada en la futura duquesa de Claymore querida?

-Por supuesto que si-respondió ella con una sonrisa que hizo hervir la sangre de Nicholas-Tengo mucha compasión por quien se case con ese seductor inmoral y desagradable.

Después de decir eso, se alejó para dar instrucciones a los músicos.

Miley miraba las agujas del reloj marcando los minutos sin que Paul hubiera ido todavía a hablar con su padre, después de su único baile juntos, Miley siguió discretamente a Paul a distancia mientras el dejaba la estancia.

Con un hombro ligeramente apoyado en una columna, Nicholas se llevó el vaso a los labios y vio con una mezcla de orgullo y de irritación como
Miley desaparecía. Cuando un invitado la detuvo, Paul abandonó toda discreción y la cogió por un brazo para sacarla de la sala.

Este gesto posesivo encolerizó a Nicholas, le dieron ganas de seguirles para decirle a Sevarin que no tocara a su novia.

-Margaret-dijo súbitamente lady Eubank con tono ácido-deja de colgarte de los faldones del señor Westland y ve a retocar tu peinado. ¡Sucia chica!-resopló mientras la joven se alejaba furiosa y sonrojada-Esta chica es la maldad en persona. Sus padres hacen de todo para que ella frecuente la alta sociedad, pero ese no es su lugar, lo sabe y eso la tiene amargada.

Se dio cuenta de que Nicholas no la estaba escuchando y movió la cabeza.

-Bien Claymore-dijo al ver volver a 
Miley -Si la joven con la que va a casarse es la que yo creo, llega tarde. Va a anunciar su compromiso con Sevarin en cuanto este vuelva de su viaje.

-Perdóneme por favor-dijo el duque con una mirada cínica.

Dejó su vaso y se alejó bajo la mirada satisfecha de Amelia Eubank.

Al sentir el ligero contacto de la mano de Nicholas en su brazo, 
Miley se volvió y le dirigió una sonrisa llena de gratitud, el se había comportado, en efecto, como un verdadero caballero durante toda la velada.

-Debe estar cansada-le murmuró en la oreja-Ahora podría desaparecer.

-Si, creo que voy a ir a acostarme-respondió ella con un suspiro.

Casi todos los invitados se habían retirado y Anne podría encargarse de los que quedaban.

-Gracias por su ayuda-dijo alejándose.

Nicholas se acercó a Martin Stone.

-Es absolutamente necesario que hable con usted y con lady Anne esta noche-dijo secamente.
Miley subió los escalones con dificultad. Una vez en su habitación empezó a desabrocharse el vestido de satén y vio un objeto brillante caer de su escote. Con una ternura infinita recogió la joya de ópalo que Paul acababa de regalarle.

-Te recordará que eres mía-le había murmurado.

Se estremeció al deslizar el anillo en su dedo, todo su cansancio pareció desaparecer para dejar sitio a una intensa felicidad. Tarareando se sentó delante de su peinador y se peinó la larga cabellera, imaginándose ya casada con Paul murmuró:

-
Miley Allison Sevarin...

Se rió al recordar el pequeño trozo de papel que había escondido en su Biblia. Cuando tenía quince años, había hecho una solemne declaración en la cual se comprometía a convertirse un día en la esposa de Paul y había firmado “
Miley Allison Sevarin” varias veces.

Al mirar el anillo su corazón estaba tan lleno de alegría que experimentaba el deseo de enseñar la joya a alguien. Tenia que dar la noticia, era necesario. Después de algunos minutos de duda, decidió decir a su padre que Paul iba a pedir su mano. Vería que su hija había conseguido lo que quería. Después de comprobar su aspecto en el espejo, salió de su habitación.

La casa estaba ahora silenciosa, con mano temblorosa, la joven llamó a la habitación de su padre.



-El señor está en su despacho señorita-dijo un lacayo en la penumbra del vestíbulo.

-¿Mi tía está acostada?-preguntó prefiriendo hablar antes con Anne.

.No señorita, lady Gilbert está con el señor.

-Gracias, buenas noches.
Miley bajó deprisa y llamó a la puerta del despacho. Cerro detrás de ella y se quedó apoyada en la puerta de roble. Sonrió a su padre que estaba sentado en el escritorio frente a ella, a su izquierda Anne parecía inquieta. La estancia solo estaba iluminada por la luz del fuego de la chimenea por lo que no vio que el sillón que estaba frente a su tía estaba ocupado.

-Si hija ¿Qué pasa?-preguntó Martín jovialmente sirviéndose una copa de coñac.

-Tengo que darte una maravillosa noticia padre-dijo la joven cogiendo aire-Estoy encantada de que tu estés también aquí tía, así podré compartir este momento con los dos.

Se dirigió hacia su padre, apartó la copa de coñac y se inclinó sobre el escritorio, se acercó a el y depositó un beso en su frente.

-Te quiero mucho padre-dijo suavemente-estoy muy apenada por haberte causado tantos disgustos en mi juventud.

-Gracias-dijo su padre enrojeciendo.

-También a ti te quiero mucho tía Anne, pero ya lo sabes. Y también amo a Paul Sevarin-continuó después de hacer una profunda inspiración-El también me ama y quiere casarse conmigo. Cuando vuelva va a pedirte mi mano padre. ¿Qué pasa tía Anne?
Miley vio a su tía mirando frente a ella con un aspecto horrorizado y se volvió para ver lo que miraba.

-Lo siento-balbuceó al descubrir a Nicholas Westland en la penumbra-Siento haber interrumpido. Ignoraba completamente que estaba usted aquí, espero poder contar con su discreción en cuanto a mi cercano compromiso.

Martín se levantó arrastrando su sillón por el parquet.

-¿Cómo te atreves?¿Qué es lo que has querido decir?

-¿Cómo?-preguntó 
Miley asombrada.

Su padre estaba frente a ella con las manos sobre el escritorio, temblando de rabia.

-Paul Sevarin me ha pedido que sea su esposa-explico ella-Eso es todo, y tengo intención de hacerlo.

-Paul Sevarin tiene unos ingresos que son una miseria-contestó muy lentamente Martín como si se dirigiera a una idi/ota-¿Entiendes lo que te digo? Sus tierras están hipotecadas y los acreedores le persiguen.

-Ignoraba que Paul tuviera problemas financieros-consiguió responder la joven con voz calmada a pesar de la impresión-Pero eso no tiene importancia. Tengo el dinero de mi abuela además de mi dote. Lo que es mío será también de Paul.

-Tu no tienes nada-silbó su padre-estoy en una situación todavía más catastrófica que Sevarin. Mis acreedores me acosan, he utilizado tu herencia y tu dote para pagarles.

Desconcertada, 
Miley buscó apoyo en Anne.

-En ese caso, Paul y yo tendremos que llevar una vida normal y olvidarnos de todo el lujo que ese dinero hubiera podido darnos.

Anne estaba inmóvil con las manos crispadas en los brazos del sillón.

-Padre-dijo 
Miley desesperada-deberías haberme hablado de tus dificultades, he gastado una fortuna en Paris antes de volver. Si hubiera...

Se dio cuenta de que algo se le escapaba. Repentinamente comprendió.

-Los establos están llenos-dijo con cuidado-Tenemos más criados de los que nos hacen falta ¿Por qué este tren de vida?

Su padre enrojeció, abrió la boca para decir algo pero se calló.

-Tengo derecho a saberlo-continuó 
Miley  - Acabas de decirme que ya no tengo dote ni herencia ¿Cómo puedes vivir así?

-Mi situación mejoró-explicó su padre.

-¿Cuándo?

-En julio.

-¿Entonces porque no me devuelves mi dote y mi herencia?-preguntó 
Miley incapaz de contenerse.

-Esta comedia ya ha durado bastante-dijo Martín cerrando los puños-Estás prometida a Nicholas Westmoreland. Ya nos hemos puesto de acuerdo.
Miley no presto atención de momento al apellido de Nicholas.

-Pero...¿Por qué? ¿Cuándo ha sucedido?

-En julio, y es definitivo ¿lo entiendes?
Miley le miró horrorizada.

-¿Quieres decir que lo organizaste todo sin consultarme? ¿Cediste mi dote y mi herencia a un perfecto desconocido sin preocuparte por mis sentimientos?

-Fue el quién lo organizó todo ¡Por Dios!-respondió el apretando los dientes.

-Debiste quedar realmente aliviado en julio-murmuró 
Miley con voz rota-Te deshiciste de mi y ese “caballero” incluso te pagó por eso. ¿Dios mío!

Todas las piezas de rompecabezas encajaban.

Cerró los ojos para contener la lágrimas, luego los abrió y vio la mirada empañada de su padre.

-¿Entonces lo pagó todo? Los caballos, los sirvientes, los muebles nuevos, los trabajos-balbuceó ella-Todo lo que he comprado en Paris todo lo que llevo.

-Si. Yo lo había perdido todo. Ya había vendido todo lo que había podido.

-Y al no tener nada más para vender, vendiste a tu hija. ¡A un perfecto desconocido!-hizo una pausa-¿Estas seguro de haber obtenido el mejor precio por mi? Espero que habrás negociado bien.

-¡Te prohíbo hablar así!-gritó Martín abofeteándola con violencia.

Levantó la mano para volver a golpearla pero la voz furiosa de Nicholas se lo impidió.

-Si la toca una sola vez más, lo lamentará toda la vida.

Martín se hundió en el sillón mientras 
Miley se dirigía hacia Nicholas temblando de furia.

-¡Es usted un indeseable! ¿Qué hombre es usted para tener la necesidad de comprar una esposa? ¿Qué clase de animal es usted para comprarla sin haberla visto siquiera? ¿Cuánto ha pagado por mi?

Sus hermosos ojos lanzaban rayos pero Nicholas también veía brillar las lágrimas.

-No voy a responder.
Miley intentó hacerle daño, romper la seguridad en si mismo que demostraba.

-No debí costarle muy cara. Vive usted en una casa bastante modesta. ¿Se gastó usted todos sus ahorros?

-Ya basta-dijo el firmemente mientras se levantaba.

-Puede darte todo lo que quieras-dijo su padre a su espalda-Es duque 
Miley, no te faltará de nada.

-¡Un duque!-dijo ella con disgusto-¿Cómo ha conseguido hacerle creer eso, sucio mentiroso?

Su voz se rompió. Nicholas la cogió por la barbilla y la obligó a mirarle.

-Soy duque querida. Se lo dije hace varios meses en Francia.

-¿Cómo? Es usted inmundo. No me casaría con usted ni aunque fuera el rey de Inglaterra-gritó moviendo la cabeza-Y gracias a Dios nunca he tenido la ocasión de verle en Francia.

-Le dije que era duque en el baile de máscaras de los Armand en Paris.

-¡Mentirosa! No le conocí.

-Querida-dijo tía Anne prudentemente-acuérdate de esa velada. En el momento de irnos me preguntaste si conocía a uno de los invitados. Un hombre muy grande con los ojos grises y vestido con una larga capa negra.

-¡Tía Anne por favor!-cortó la joven impaciente-Te digo que jamás había visto...

Se interrumpió al recordar como en un calidoscopio el baile de máscaras de los Armand.

-¡Era usted quien se escondía detrás de esa máscara! Es usted el más vil y sucio...

No encontraba palabras lo suficientemente fuertes para expresar su odio. Sintió que las lágrimas le subían a los ojos.

-Lord Westmoreland-escupió con asco-déjeme decirle que he encontrado todas esas conversaciones sobre usted esta noche no solo aburridas sino también descorazonadoras.

-Yo también-admitió el con una sonrisa sardónica.

-¡Le odiaré mientras viva!-gritó 
Miley sin más argumentos.

-Debería irse a acostar y descansar un poco-le aconsejó el sin tener n cuenta sus palabras, deslizó la mano bajo su brazo y la retuvo con firmeza-Volveré por la tarde. Tengo que darle algunas explicaciones pero esperaré a que esté dispuesta a escucharme.
Miley arrancó el brazo que el le cogía y se alejó de el.

-
Miley deseo que estés preparada cuando llegue-añadió Nicholas con firmeza.

La mano de la joven se crispó sobre el picaporte y tuvo dificultades para cerrar de un partazo. En el pasillo, ella redujo el paso para evitar darle la satisfacción de oirla huir.



En el despacho se hizo un pesado silencio.

-Es culpa del coñac-dijo Martín dejando caer las manos sobre el escritorio-Nunca le había levantado la mano, no se que hacer para...

-Ya ha hecho bastante-respondió Nicholas-Ella va a casarse conmigo pero se lo va a hacer pagar. A partir de hoy diga lo que diga usted se callará ¿está claro?.

-Si, está claro-murmuró Martín molesto.

-Nicholas saludó a Anne con la cabeza y se dirigió hacia la puerta.

-Tiene suerte de tener veinte años más que yo-dijo Nicholas volviéndose hacia Martín-Sino le juro que...

Se alejó sin concretar la amenaza. Delante de la casa, James McRae, el cochero, estaba esperando. No estaba disgustado por el hecho de que su señor se entretuviera en casa de Martin stone, ya que había apostado una fortuna con el ayuda de cámara del duque a que 
Miley sería la futura duquesa de Claymore.

-Vámonos de aquí-dijo el duque cerrando de un golpe la puerta.