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martes, 12 de junio de 2012

En su Cama Cap: 14


No fue capaz de dormirse. Dio vueltas y vueltas hasta que se levantó a tomarse algo para el dolor de cabeza. Finalmente, debió de quedarse dormida por que se despertó fuera de su cama, entre los brazos de Nick que la llevaba por un pasillo en penumbra.
—¡Suéltame! —su voz era poco más que un siseo mientras luchaba contra él sin éxito.
En unos segundos, estaban en la habitación de él.
Cerró la puerta y la dejó de pie en el suelo. Miley lo miró desafiante.
—Esto es ridículo. Eres imposible —dijo ella con un gruñido de frustración.
—¿Eso es lo mejor que se te ocurre?
Ignoró su comentario y se lanzó a una diatriba en la que recurrió a todos los adjetivos que pudo recordar. Nick la miró, alzó una ceja y dijo tranquilamente:
—¿Has terminado?
—Sí, ¡maldita sea!
—Bien.
La agarró de los hombros, se acercó y le cubrió la boca con la suya. Lo golpeó con los puños hasta que desistió y dejó caer los brazos a los lados del cuerpo.
Nick quería una respuesta espontánea y la buscó deliberadamente, flotando la protesta ahogada en la garganta de ella mientras intentaba no capitular. Pronto, la lengua de ella buscó la suya y se le aceleró la respiración cuando él inclinó la cabeza y profundizó el beso.
Llevó una mano a la nuca mientras con la otra bajaba por la espalda y se colaba debajo de la camiseta holgada para acariciarle las nalgas.
Nick notó como su cuerpo se tensaba y la levantó, le separó los muslos y la colocó de modo que pudiera recibirlo en toda su longitud. Mientras se deslizaba en su cálida suavidad oyó sus gemidos… y entró por completo.
Entonces fue su turno para gemir cuando los músculos de la vagina rodearon su sexo y él empezó a moverse con un ritmo creciente que los llevó hasta el límite desde donde ambos se lanzaron a un clímax sobrecogedor.
En algún momento del proceso, Nick le había quitado la camiseta, aunque ella no era consciente de cuándo, sólo de que estaba desnuda entre sus brazos y que sus labios la estaban torturando, a lo que ella respondió con tal erotismo que pensó que iba a volver a poseerla, pero lo que Nick hizo fue acercarse a la cama y tumbarse de espaldas con ella a horcajadas.
La boca de Miley estaba ligeramente hinchada y la mirada de Nick se oscureció cuando se apartó el pelo de la cara y se lo colocó detrás de las orejas.
Ese movimiento levantó sus pechos. El los recorrió con la yema del dedo demorándose en los pezones… y vio como los ojos de ella se ponían vidriosos.
Estaban ambos a merced del otro, y ella se movió deliberadamente y notó como se incrementaba la oscuridad de la mirada de él, entonces dejó escapar un grito cuando él tiró de ella hacia a abajo y se metió uno de los pezones en la boca.
Una espiral de intenso placer recorrió su cuerpo mientras él chupaba y apretaba el pezón con los dientes llevándola hasta un punto en que placer y dolor se rozaban.
Nick rodó en la cama hasta que ella quedó debajo. Se detuvo a contemplarla un instante, el pelo revuelto, el sensual brillo de su piel y la mágica pasión que compartían.

Miley se humedeció los labios y él se deslizó dentro de ella una y otra vez, incrementando el ritmo hasta que ella se unió a él en un clímax más intenso incluso que el anterior.
Después, la abrazó y le dio un beso en la sien con la pereza propia de después de la pasión.

Miley estaba a punto de dormirse cuando él la puso bocabajo y empezó a darle un masaje en el cuello y en los hombros que después fue llevando hasta los pies. Recorrió con besos las piernas, le mordió suavemente las nalgas y después subió hasta la nuca. Ella se dio la vuelta y lo besó en la base del cuello, murmuró algo incomprensible y después se quedó dormida.


La gala, que se celebraba en uno de los espléndidos teatros de a ciudad, parecía haber sido un completo éxito. Una competición de vestidos de diseño y joyería.
La crime de la crime de la sociedad madrileña, mecenas del arte que pagaban una exorbitante cantidad de dinero por asistir al montaje clásico de esa noche.
En parejas o grupos reducidos cruzaban el amplio vestíbulo. Miley, de pie al lado de Nick, dibujó una sonrisa en sus labios mientras se mezclaban con el resto de los asistentes.

Alto, moreno e impecable con su esmoquin, Nick era el paradigma del varón poderoso y sofisticado. Destacaba de entre el resto. No tanto por sus atractivas facciones o su ropa, sino por el aura que irradiaba debajo del musculoso aspecto… una perturbadora y amenazadora sensualidad que lo prometía todo. Atraía a las mujeres como la miel a las abejas.
Al principio de su matrimonio había abrigado en su corazón la certeza de que él era suyo y que nadie podría amenazar lo que compartían. ¡Qué ingenua había sido!
—Ah, aquí estás.
Miley se dio la vuelta y se encontró con Penélope, que se acercaba a ella para darle los dos besos en el aire obligatorios.
—¿Cómo está Ramón?
—Se apaga. Los médicos esperan que entre en coma en pocos días. Joe y Luisa (jajajajaj me encanta esto) se han quedado con él.
—Lo siento tanto… —la compasión de Miley era sincera.
—El de esta noche puede que sea el último acto público al que asista la familia. Respetaremos el luto acostumbrado.
—Por supuesto.
—Voy a saludar a Pablo y Angélica Santana —anunció Penélope y desapareció entre la multitud.
Las enormes puertas se abrieron y los asistentes fueron entrando lentamente al auditorio para ocupar sus localidades.
La obra clásica era soberbia. Conmovedora, apasionada y con un toque de patetismo. Tras el primer acto hubo un intermedio.
—¿Te traigo algo de beber? —preguntó Nick a Miley en el vestíbulo.
—Algo frío y sin alcohol —respondió ella con una sonrisa mientras él señalaba al camarero.

Fue sólo un minuto después cuando se dio la vuelta y se encontró a Alisson. ¡Qué alegría!
Parecía una perfecta muñeca latina, vestida con un vestido de chiffon de inspiración española, con unos sorprendentes volantes blancos y rojos del mismo tejido que se movían con una exquisita fluidez a cada paso.
Atractiva, reconoció Miley en silencio. Muy atractiva, desde el pelo primorosamente peinado hasta las uñas de los pies pintadas de rojo.
—Miley—el saludo fue amable, breve, después dedicó su completa atención a Nick—. Querido.
—Alisson.
¿Había habido un sutil tono de advertencia en el saludo de Nick?, pensó Miley mientras ofrecía una sonrisa amable que Alisson ignoró por completo.
—Estábamos pensando en ir a una discoteca después, a lo mejor os apetece venir…
—No, gracias —respondió Nick educado a lo que Alisson respondió con un mohín.
—Tu esposa… —dio un énfasis especial a la palabra mientras golpeaba con el dedo la solapa del esmoquin— te acompaña y no eres tan divertido.
—Quizá… —dijo Nick arrastrando las vocales mientras le apartaba el dedo— ella me proporcione toda la diversión que necesito.

—¿Sí? —dijo mirando a Miley con tono burlón.
En algunos momentos, el silencio era de oro, pensó Miley. Ese no era uno de ellos.
—Nick es un profesor soberbio, ¿no te parece?
La mirada de Alisson se dirigió a Nick mientras se pasaba la punta de la lengua por los labios y sonreía.
—El mejor, cariño.
Era todo una actuación, se dijoMiley. Un intento deliberado de socavar su confianza. Cuatro años antes hubiera picado, en ese momento, sencillamente dijo con calma:
—Pero eligió no casarse contigo, ¿por qué sería?
El gesto de incredulidad que apareció en el rostro de Alisson y tardó unos instantes en desaparecer debería haber sido una fuente de satisfacción para Miley, pero su instinto le decía que esperaría su momento para vengarse.
—Puede que yo decidiera que no era el mejor hombre para casarse —esperó unos segundos y luego afinó—. ¿No lo dejaste tú por eso?
—No —dijo Miley tras pensar unos instantes, después olvidó la amabilidad—. Vete a buscar a tu marido, Alisson —la inferencia «deja al mío tranquilo» era evidente.
Con una sonrisa burlona, se dio la vuelta con un movimiento deliberadamente sensual y se mezcló ondulante entre los mecenas.
—Tu apoyo ha sido gratificante —apuntó Miley tranquilamente sin estar segura de si eso le agradaba o no.
—Lo estabas haciendo muy bien tú sola.
—Es una…
—Mujer fatal —cortó Nick— a la que le gusta jugar con la gente vulnerable.
—El término «vulnerable» ya no se me puede aplicar a mí —dijo ella alzando la barbilla y mirándolo a los ojos.

Nick le dedicó una sonrisa mientras le agarraba la mano y le acariciaba con el pulgar la muñeca, donde el pulso desmentía su aire de tranquilidad.
Los años transcurridos le habían dado una madurez y una independencia que él no podía hacer otra cosa que admirar. Cada día que pasaba sus ansias de venganza se reducían y eso le fastidiaba, porque quería hacerle pagar haberle negado la experiencia de su embarazo, del parto, de los primeros meses de su hija.

Había un elevado nivel de rabia bajo esa superficie de control mezclado con una incontenible necesidad física que luchaba por controlar.
Como ella.
Dos fuerzas opuestas atrapadas por sucesos del pasado y luchando por hacer compatible su futuro. Un futuro que él estaba decidido a asegurar.
Miley se sintió aliviada cuando llegó el momento de volver a su asiento. Nick le agarró la mano y se la llevó a los labios, después la dejó en su regazo mientras el corazón de ella galopaba durante lo que le pareció una eternidad.

Su erección bajo la ropa era una poderosa fuerza oculta y le supuso un considerable esfuerzo concentrarse en el escenario hasta el final de la obra.
 no se movía, apenas podía respirar y nunca se había alegrado tanto de que los teatros estuvieran a oscuras. ¿Se daría cuenta la tía? Tenía la sincera esperanza de que no, pero no miró en dirección a Penélope.
Fue un tremendo alivio cuando cayó el telón, se pusieron de pie para aplaudir y se encendieron las luces.

Salir del auditorio fue un proceso lento, ruidoso por la charla del público mezclado con la música de fondo; además estaban las paradas obligatorias en el vestíbulo mientras se dirigían a la entrada principal. Penélope se despidió de ellos cuando su coche llegó a recogerla. Unos minutos más tarde, apareció Carlos con el suyo.

Estaban ya sentados cuando Nick le agarró la mano y enlazó los dedos con los suyos. Miley intentó sin éxito soltarse y lo miró en una pregunta silenciosa. ¿Qué estaba haciendo? No había público, no impresionaban a nadie con su fingida reconciliación.
Cuando llegaron a la mansión, la llevó adentro, después se la echó al hombro y le subió las escaleras.
—¿Qué demonios haces?
—Llevarte a la cama.
—Puedo andar —dijo casi a gritos mientras él se reía.
—Ya lo sé.
—¿Eres consciente de que podría darte una patada donde más duele?
—Ni lo intentes, cariño. Estropearías la diversión y te prometo que no te gustarían mis represalias.
—¿Diversión? ¿Crees que es divertido que te lleven como a un saco de patatas?

Atravesaron el pasillo y llegaron al dormitorio, donde la dejó en el suelo. Sin decir ni una palabra, la abrazó y la besó suavemente al principio, saboreando la textura de sus labios, su boca, después con una intensidad que le llegó hasta el alma.

Estaba perdida, confusa y apenas era consciente de que le estaba desabrochando la cremallera del vestido… hasta que cayó al suelo formando un montón de seda. El sujetador fue lo siguiente, seguido de las bragas de satén. Gimió cuando le agarró un pecho y, agachando la cabeza, le lamió el pezón.
Una mano se deslizó por su vientre abajo y llegó hasta el húmedo calor de la unión de sus muslos. Se quedó sin respiración.
—Desnúdame.
La ayudó con la ropa, los zapatos, mientras ella se quitaba los tacones. Después la levantó en brazos y la llevó a la cama y se tumbó a su lado.

Los labios siguieron el mismo camino que antes habían recorrido sus dedos y la llevó al clímax una y otra vez hasta que gritó pidiendo una liberación que sólo él podía darle. En ese momento acercó a su húmedo calor su erecto pene y la penetró de una sola embestida. Esperó a que ella recuperara el aliento e inició el ritmo que siempre llevaba a los dos a increíbles alturas y lo mantuvo hasta que alcanzaron un espectacular clímax tras el que ambos entraron en caída libre.

En su Cama Cap: 13

Los siguientes días transcurrieron según un esquema similar con visitas matutinas a Ramón seguidas de salidas, acompañadas por Carlos, para el disfrute de Destiny. Pasaron horas y horas en el Parque de Atracciones.

Un momento mágico para una niña, reconocía Miley cuando cada noche Destiny se quedaba dormida antes de que acabara la primera página del cuento.

Y sobre las noches… Intentar dormir en su propia habitación para acabar despertándose en la cama de Nick se convirtió en un ejercicio inútil. Reconoció que no era rival para su insoportablemente fastidioso marido.

Finalmente, accedió a meterse entre las sábanas de la cama de Nick al final de otro agotador día sólo para demostrarse que podía mantenerse acostada a distancia y… al final dormirse.
Sólo esperaba que él sufriera… al menos tanto como ella cuando se acercaba, cuando una mano se apoyaba en uno de sus pechos o en una cadera y se quedaba ahí, quieta.

¿La estaba poniendo a prueba? A lo mejor ella podía hacer lo mismo y ponerlo a prueba. Pero algo así podía ser arriesgado, ¿qué pasaba si él lo interpretaba como una autorización para practicar sexo? Entonces no sólo habría perdido la batalla, habría perdido la guerra.
Y eso no podía suceder.

El fin de semana llegó con la asistencia obligatoria de Nick a una gala en homenaje a los hijos predilectos de la ciudad. Sólo por invitación y de etiqueta. Miley fue informada por Penélope, que había pasado a visitar aDestiny, de que tenía que ponerse algo impresionante.

El mensaje era muy claro y llevó a Miley al límite de sus nervios durante una expedición de compras de tienda en tienda hasta que compraron un vestido de Armani de seda color melocotón. Era extremadamente elegante y Miley tuvo que reconocer lo acertado de la elección de Penélope. Unas sandalias y un bolso a juego se añadieron a la bolsa que Carlos llevó al coche.
Penélope estaba en su elemento haciendo de gran dama con las vendedoras.
—Joyería mínima —dijo la tía de Nick—. El vestido requiere pocas mejoras. Tienes que llevar el pelo recogido. Un maquillaje que realce ojos y boca.
—Estoy de acuerdo.
—Pareces pálida —la miró con ojos penetrantes—. ¿No te deja dormir mi sobrino?
Un «sí» o un «no» serían ambas respuestas pésimas. La tía afiló la mirada.
—¿Estás embarazada?
—No —negó con contundencia.
—Deberías tener otro hijo —dijo Penélope sin tapujos—. Nick necesita un hijo para mantener el apellido Jonas.
—Ya tiene una hija —no pudo evitar decir.
—Un hijo —insistió Penélope— que se llame Ramón en honor a mi padre.
—¿Qué pasaría si estuviera pensando en pedir el divorcio? —decidió no decirle que ya había empezado con los trámites.
—Para un Jonas el divorcio no es una opción, Nick no aceptaría algo así —parecía realmente sorprendida—. No seas tonta. ¿En qué estás pensando? Puede darte todo lo que desees.
«Excepto lo único que quiero: su corazón», pensó. «Le entregué el mío sin condiciones, pero descubrí que él no lo valoraba».
—Creo que ya está —dijo Miley en voz alta y esbozó una sonrisa mientras Carlos añadía otra bolsa a la colección.

Carlos dejó a Penélope en casa de Ramón y después siguió hacia La Moraleja.
Destin
y estaba en la cama y Nick sentado en el borde con un cuento en la mano cuando Miley entró en la habitación. El llevaba unos vaqueros negros y una camisa blanca, y estaba totalmente relajado. Miley tuvo que reprimir la reacción emocional que su visión provocó en su interior.
Las feromonas… era pura atracción, y muy peligrosa. Y deseo, un deseo básico que latía en su cuerpo. Recordó cuando sólo tenían que mirarse para obtener todo lo que necesitaban el uno del otro… Hasta que aparecieron las dudas y todo cambió.
—¡Mamá! —se abrazaron y besaron antes de que Destiny volviera a la cama—. Papá y yo hemos nadado en la piscina y luego yo me he bañado y cenado —abrió mucho los ojos—. Y me he lavado los dientes.
—Muy bien —dijo Miley mirando a ambos de forma valorativa—. Muchas gracias —añadió.
—No hay de qué —notó en ella una sombra de dolor, las señales de una tarde con Penélope—. ¿Una tarde productiva?
—Creo que hemos fundido tu tarjeta de crédito.
—Lo dudo —dijo con una ligera sonrisa.
—Gracias. La ayuda de Penélope ha sido inestimable.
Pero habría sido insoportable, pensó él consciente de la incontinencia verbal de su tía, con opinión sobre cualquier asunto y formas intransigentes.
—¿Puedo ver lo que has comprado?
—Por la mañana, pequeña —dijo Nick besando la frente de la niña—. Ahora vamos a ver lo que pasa con Cenicienta.
—Va al baile y vuelve a casa en una calabaza —dijo Destiny con solemnidad y Nick sonrió.
—Creo que ya has oído este cuento antes.
—Es mi preferido.
Miley se sentó del otro lado de la cama mientras Nick terminaba de leer. La niña se quedó dormida y su madre apagó la luz y salió de la habitación antes que Nick.
—Voy a cambiarme y me reuniré abajo contigo.
No le apetecía mucho cenar, si hubiera podido elegir habría preferido merendar tarde conDestiny.
Se dio una ducha rápida y se puso unos vaqueros y una camiseta de punto, se recogió el pelo y se puso un poco de brillo de labios.
La cena consistió en una tortilla con ensalada seguida de fruta. Durante la cena hablaron de sus actividades vespertinas.
—¿Penélope ha estado comedida?
—¿Quieres que te diga la verdad?
—Ya conozco la inclinación de mi tía a hablar claro.
—Resumiendo: estoy paliducha… y la causa es o que me mantienes despierta por las noches o que estoy embarazada. Mejor lo segundo ya que es mi obligación darte otro hijo, un varón.
—Me muero de ganas de escuchar tu respuesta —se apoyó en el respaldo de la silla.
—Digamos que ella me recordó que un Jonas jamás contempla la posibilidad del divorcio.
—Puedes tener todo lo que quieras, Miley—la miró a los ojos—, menos el divorcio.
—No quiero regalos, alta costura ni vida social. Todo eso no significa nada para mí. Nunca lo ha significado.
—Pero compartimos el regalo de una hija.
—Lo único que no dejaré que me quites —le recordó Miley y algo pasó por el fondo de los ojos de Nick antes de que rápidamente lo ocultara.
—Nunca ha sido mi intención hacer algo así.
—Pero nos haces a los dos fingir un matrimonio de conveniencia sólo por la imagen pública —su mirada se oscureció—. ¿Con qué propósito, Nick? —su respiración se aceleró—. ¿La venganza… porque no te informé de la existencia deDestiny?
—¿Es eso lo que crees?
—Creo que estás jugando a algo —dijo mientras se ponía de pie.
Orgullo y dignidad. Ella tenía las dos cosas y se marchó sin importarle si él la seguía o no.


lunes, 28 de mayo de 2012

En su Cama Cap: 12


Miley se despertó por el sonido sordo de la ducha, registró la enorme cama, las sábanas revueltas… cerró los ojos y la memoria la obsequió con una vívida imagen de lo que había ocurrido y con quién. Por si quedaba alguna duda, su cuerpo mostraba numerosas señales para despejarlas. La menor de ellas era la necesidad de ducharse y de volver a su habitación a vestirse.
Destiny.
Buscó el reloj y después respiró aliviada. Eran las seis. Destiny raramente se despertaba antes de las siete.
La ducha se cerró y ella se apresuró a salir de la cama. ¿Dónde estaba la camiseta? Miró el suelo, pero nada. ¿La habría recogido Nick?
Horror, no habría sido María… Era demasiado temprano, así que descartó la posibilidad. ¿Entonces dónde demonios estaba? Tenía que cubrirse con algo, así que se acercó al armario de Nick y tomó la primera camisa que tocaron sus dedos, metió un brazo en cada manga y después volvió a la habitación al mismo tiempo que Nick salía del cuarto de baño con una toalla en las caderas.

Ya no tenía ninguna oportunidad de escapar sin que la viera. Una sonrisa se dibujó en los labios de él al ver cómo lo miraba.
—Buenos días —dijo con voz íntima mientras se acercaba a ella y la besaba sin que pudiera hacer nada por evitarlo.
Sus ojos se abrieron por la compleja mezcla de emociones que la asaltaba. En ese momento, separó sus labios de los de ella un instante.
—Nick…

Interrumpió su frase volviendo a besarla y sintió más que oyó la protesta de ella. Miley cerró los ojos para volver a abrirlos de repente un instante después cuando una de sus manos cubrió un pecho y le acarició suavemente el pezón antes de deslizarse por el abdomen hasta los suaves rizos de la unión de sus piernas. Su caricia era increíblemente suave, deslizó los dedos hasta encontrar su sensible capullo y absorbió su aliento mientras la iba llevando por la espiral del clímax, después la sostuvo entre sus brazos hasta que los últimos espasmos cesaron.
Por un momento, el pasado no existió mientras la besaba en los ojos antes de soltarla.
—Te veo muy a la moda —recorrió el borde abierto de la camisa con un dedo—, aunque te prefiero sin nada.
Ella se cerró la camisa en un ataque de pudor y se apartó de él. Nick esperó hasta que alcanzó la puerta, después advirtió con tranquilidad:
—De ahora en adelante dormirás conmigo.

Ella no respondió, no fue capaz de encontrar las palabras adecuadas, así que abrió la puerta y salió de la habitación.
Fue un alivio descubrir que Destiny aún dormía. Se duchó deprisa, después se puso una falda tipo cíngara de tonos marrones y una blusa muy a la moda, se secó el pelo, se recogió el pelo de modo informal, se puso brillo en los labios y oyó que su hija se despertaba.
Desayunaron en el porche cerrado y Miley se esforzó por concentrarse en la animada conversación de Destiny con Nick al enterarse la niña de que después de ver a Ramón irían al Aquopolis.

Si miraba a Nick, sus ojos la traicionarían al recordad el erótico sabor de su boca, cómo sus manos habían recorrido su cuerpo y le habían regalado un placer indescriptible.
Aquello no debería haber sucedido. No podía permitir que él supiera que estaba intoxicada por el deseo de unirse a él una y otra vez en un clímax primitivo e hipnótico.
Su cuerpo le recordaba dónde había estado él y dónde volvería a estar. A menos que ella se negara, pero negarse supondría negarse a sí misma.
—Mamá, no me estás escuchando.
Miley fingió una sonrisa y siguió evitando la mirada de Nick mientras ponía toda su atención en la niña.
Sabía lo que él vería, y no quería que le leyera la mente, porque él siempre se las arreglaba para saber lo que estaba pensando por mucho que ella intentara ocultarlo.
—¿Tenemos que preparar la bolsa de baño para ir al Aquopolis? —se arriesgó a adivinar y oyó la risita de él por el suspiro de Destiny.
—Papá dice que mañana podemos comer en otro parque. Mañana no, pasado.
—Eso es estupendo, cariño —vio el cuenco vacío de cereales—. ¿Qué quieres que te ponga en la tostada?

La vuelta a la normalidad podía engañar a la niña, pero no al hombre que tenía sentado frente a ella. Fue un alivio cuando terminó el desayuno.
Ramón parecía haber empeorado un poco, su aspecto de fragilidad había aumentado, aunque su sonrisa seguía siendo cálida y en sus ojos se apreciaba la felicidad de ver a Destiny. La vista fue breve por prescripción médica. Cada día se cansaba más.
El Aquopolis resultó ser maravilloso. Había muchas atracciones que tuvieron entretenida a Destiny varias horas.

Volvieron a casa y, tras un baño y una cena rápida, la niña se quedó dormida en cuanto tocó la almohada con la cabeza. Miley se retiró a su habitación a ducharse y cambiarse para la cena… y descubrió que sus cosas ya no estaban allí. ¿Nick? ¿O María cumpliendo sus instrucciones?
Daba lo mismo… aquello no iba a permitirlo. Una trasgresión de una noche era más que suficiente. No iba a repetirse.

Con eso en mente cruzó el pasillo hasta la habitación de él y entró sin molestarse en llamar. Sonaba la ducha. Cruzó en silencio la habitación y entró en el armario, sacó su ropa y la echó encima de la cama, después reunió sus objetos de aseo personal, se los llevó a su habitación y volvió a buscar lo que quedaba.
Estaba recogiéndolo todo cuando una voz profunda hizo que parara.
—¿Buscando algo?
Se tomó un segundo para respirar hondo y después se dio la vuelta. Sintió un súbito estremecimiento en su interior al ver su cuerpo casi desnudo.
—No me voy a venir a tu habitación.
—¿Prefieres que me cambie yo a la tuya?
—Entonces tenemos un problema.
—No, no lo tenemos.
—¿Pretendes escabullirte hasta aquí todas las noches y después volver a tu cuarto al amanecer?
—Lo de anoche fue… —lo miró fijamente.
—¿Un error? —su tono estaba llevando los nervios de Miley al límite—. ¿Nos dejamos arrastrar por el deseo?
—Sí —dijo a pesar del nudo que tenía en la garganta.
—Justifica lo de anoche como quieras, eso no cambiará dónde vas a dormir —vio cómo se quedaba pálida, pero se mostró inflexible—. La cama es grande y el sexo —enfatizó ligeramente la palabra— no estará en el menú a menos que tú decidas que esté.
—¡Tienes que estar de broma!
—No —se dio la vuelta y se dirigió a su armario—. Voy a vestirme para cenar —hizo una pausa—. Lleva las cosas a tu habitación si es lo que quieres, pero si te acuestas allí, te despertarás en la mía.
Miley se limitó a mirarlo y se metió en el cuarto de baño donde se desnudó y se dio una larga ducha caliente con la esperanza de que eso aplacara su rabia.
Muy bien, así que era la guerra, pensó mientras se secaba y después envolvía con una toalla sujeta encima de los pechos antes de volver a entrar en la habitación.
Nick la miró con gesto humorístico mientras se remangaba la camisa y se ponía unos cómodos mocasines de cuero.
—¿Te ha dicho alguien que eres imposible?
Touché… —tuvo la satisfacción de reconocer él.
Ella parecía mucho más joven con el pelo revuelto y sin maquillaje. Tuvo que reprimir el deseo de quitarle la toalla y besarla.
—María espera con la cena.
Miley estuvo a punto de decirle qué podía hacer con la cena, pero no confiaba en ser capaz de hablar. En lugar de eso, sacó ropa interior limpia de un cajón, eligió un vestido y volvió a desaparecer en el baño.
En un acto de desafío, dedicó a vestirse más tiempo del necesario y, cuando salió, se lo encontró hablando en francés por el móvil. Se puso unas sandalias.
—¿Problemas? —preguntó en tono dulce cuando él terminó de hablar.
—Nada que no pueda manejar.
—Oh, ¡qué satisfecho de ser el paradigma de la profesionalidad!
Nick casi se echó a reír. No se parecía a ninguna otra mujer que conociera.
—¿Bajamos a cenar?
—Oh, sí.
Refrescante, ella era definitivamente refrescante. Se preguntó si sería tan valiente cuando volvieran al piso de arriba después de cenar.

Refrescante, ella era definitivamente refrescante. Se preguntó si sería tan valiente cuando volvieran al piso de arriba después de cenar.
—Me gustaría llevar mañana por la tarde a Destiny al centro —dijo Miley mientras le servía café y ella se tomaba un té.
—¿Una excursión de compras?
—No, algunos regalitos para los amigos de Destiny algo especial para Annie.
—Con la condición de que os acompañemos Carlos y yo.
—Podemos ir en metro.
—No.
—¿Con limusina y guardaespaldas? —dijo en tono de broma.
—Una precaución necesaria.

El dinero de los Jonas estaba invertido en numerosas corporaciones en todo el mundo, eso había hecho que la fortuna personal de Nick se hubiera incrementado considerablemente en los últimos cuatro años. Eso hacía de la familia un objetivo potencial.
—Si insistes —concedió Miley sabiendo que discutir con él sobre ese tema era perder el tiempo—, pero con una condición: que yo decida lo que se compra. No quiero que Destiny se crea demasiado importante y se convierta en una niña malcriada.
—Iremos a la ciudad después de visitar a Ramón.
—Gracias.

Miley se terminó el té, después pasó todo de la mesa a una camarera de ruedas y la llevó a la cocina. Metió la comida en la nevera y los platos en el lavavajillas.
—Tengo que hacer unas llamadas internacionales y mandar unos correos electrónicos —le informó Nick cuando volvió al comedor.
Mejor, pensó, con un poco de suerte estaría dormida cuando él subiera.
Como plan, estaba bien, excepto que no había considerado que él seguiría adelante con su amenaza: se despertó de pronto cuando se encendió la luz y Nick la tomó en brazos para llevarla a su cama.
—Eres un demonio —dijo con voz ahogada mientras le golpeaba con un puño en el hombro.
Una acción que no tuvo ningún efecto, así que inclinó la cabeza y le clavó los dientes en el brazo. Nick ahogó un gemido, cerró la puerta tras ellos y la puso de pie en el suelo.
—¡Métete en la cama! —hizo una pausa—. Y cierra esa boca antes de que me sienta tentado de cerrártela yo.
—Vete al infierno —dijo mirándolo con furia.
Sin decir ni una palabra, se la echó al hombro, la acercó a la cama, la metió entre las sábanas y la sujetó con el peso de su cuerpo. Apagó la luz.
—Duérmete.
Claro, como si fuese tan fácil. ¿Al lado de él, notando el calor de su cuerpo, intentando ignorar lo sensual de la situación? No se iba a dormir pronto. Pero los acontecimientos de la jornada junto a la noche anterior finalmente pudieron con ella. Lo último que recordaba antes de dormirse era que se sentía… segura.


Una vez más, Miley se despertó sola en la enorme cama. De pronto fue consciente de todo. Era por la mañana. Aparentemente había dormido toda la noche, acurrucada al lado del hombre con el que se había jurado no… sintió que la ira la inundaba, aunque dormir seguía siendo la palabra adecuada, porque ellos no habían… No, por supuesto que no. El sexo con Nick no era algo que se olvidara.

Que Nick hubiera mantenido su palabra hizo que aumentara su resentimiento. Lo mismo que, a pesar de que ella había estado en todo momento pegada a él, no hubiera intentado seducirla durante la noche. Si lo hubiera hecho, se dijo mientras recorría el pasillo, se habría resistido con uñas y dientes. Entonces… ¿por qué esa ligera sensación de decepción? No tenía sentido.
Echó un vistazo a Destiny, vio que seguía dormida y rápidamente se lanzó a su rutina matutina habitual, después se vistió.

Cuando Destiny se despertó, Nick no estaba por ningún sitio, así que bajaron a desayunar. Él se reunió con ellas con una disculpa cuando Miley estaba ayudando a la niña a pelar un huevo. Nick besó a Destiny en la mejilla y después, algo inusual en presencia de la niña, hizo lo mismo con ella. ¿A qué estaba jugando?

El desayuno lo dedicaron a comentar el programa de la jornada y por la mañana hubo tiempo para que Destiny desarrollara su técnica natatoria antes de que subiera al piso de arriba a cambiarse. Comieron en el porche y después la niña se echó la siesta.
Una parte de ella quería hacer de turista: pasear sin rumbo, entrar en cualquier café o comprar baratijas, pero con Nick y Carlos detrás eso era algo imposible.
Habían acordado reunirse en el vestíbulo a las cuatro para ir a ver a Ramón y después ir al centro. Se puso una falda negra y una blusa blanca, una pizca de maquillaje y se recogió el pelo. Unos zapatos de tacón y un bolso completaron su atuendo. Bajó con Destiny al vestíbulo, donde las esperaba Nick.
—¿Listas?
Ramón parecía tener un día no muy malo y Destiny lo alegró con sus narraciones sobre el Aquopolis y su emoción por ir a conocer el centro de Madrid.
El placer del anciano por la visita de su bisnieta era evidente y, a pesar de la diferencia de edad, la compenetración era sorprendente.
Incluso la más breve de las visitas cansaba a Ramón, así que se marcharon cuando se lo indicó su cuidadora.
Una vez en el coche, Nick le tendió a Miley una carpeta de cuero.
—Para ti.
Dentro había una lista de números personales, de negocios y de emergencias. Una cuenta bancaria con una tarjeta de crédito asociada a nombre de Miley.
Evidentemente algo excesivo para una estancia de unas pocas semanas. Lo miró con precaución, pero fue incapaz de interpretar su expresión.
—Gracias —dijo con tranquilidad—, pero tengo mi propio dinero.
La miró de un modo completamente enigmático, Miley pensó que iba a insistir, pero sólo dijo:
—Es prerrogativa tuya.

Miley volvió su atención a la niña a la que su padre le señalaba algunos lugares de interés.
Carlos los dejó en un sitio y se fue a aparcar. Nick tomó a Destiny en brazos.
Recorrieron las exclusivas tiendas de la calle Serrano y aledaños. Carlos se reunió con ellos mientras paseaban.

Aquello le recordó las prendas que Nick le había regalado cuando se casaron… todas las había dejado al marcharse. ¿Las habría donado?
Nick le compró algunas cosas a Destiny. «Su prerrogativa», había dicho al regalarle a su hija un bonito vestido, unos pantalones pirata, algunas camisetas y zapatos, ignorando las protestas de Miley.

A las ocho cerraron las tiendas y fueron a una cafetería, donde pidieron algo ligero para que cenara Destiny mientras Carlos y Nick tomaban un café y Miley, un té.
Eran pasadas las nueve cuando llegaron a La Moraleja. Nick llevó a Destiny al piso de arriba, donde Miley la bañó y la metió en la cama.

La perspectiva de una cena formal no seducía mucho a Miley, que hubiera preferido una ensalada, quitarse la ropa y meterse en su propia cama. Pero Nick habría ido a sacarla de allí y no se sentía dispuesta a tener otra discusión con él esa noche.
Los horarios de las comidas resultaban excesivamente tardíos para las costumbres de una australiana, así que picó un poco de ensalada, no probó el solomillo y se comió un excelente melocotón de postre.
—Gracias por regalarle a Destiny la ropa.
—Ha sido un placer.
La felicidad de su hija y el modo como le había agradecido los regalos no tenían precio, lo mismo que el amor de una hija, una hija a la que no renunciaría a ver durante meses sólo porque su madre viviera en el otro extremo del mundo.
Terminaron de cenar y Nick se disculpó porque tenía que trabajar en su despacho. Tras terminar de quitar la mesa, Miley subió a echar un vistazo a Destiny, después se metió en su habitación, se quitó la ropa menos las bragas, se desmaquilló y después se metió en la cama.
Allí fue donde la encontró Nick dos horas más tarde, quien la contempló en silencio exasperado pos su tozudez. Con cuidado, se agachó, la tomó entre sus brazos y la llevó hasta su cama completamente consciente de que estaba prácticamente desnuda y del deseo que sentía por ella.

domingo, 13 de mayo de 2012

En su Cama Cap: 11

—¿Se va a morir Ramón?
El tono lastimero de la pregunta hizo que Miley se arrodillara y abrazara a su hija.
—Está muy enfermo —dijo con cariño.
—Como Fred.
Fred era un hámster que había desarrollado un tumor y al que había sustituido, tras una ceremonia de duelo, por un pez de colores.
—Como Fred —reconoció solemne.
—Me pondré triste —dijo Destiny, Miley la abrazó más fuerte y para cambiar de tema le propuso bañarse en la piscina.


Era un día cálido. Fueron a por las toallas, avisaron a Carlos de dónde iban a estar y bajaron a la piscina.
Destiny  era como un pez en el agua, buceaba, flotaba y nada increíblemente bien para la edad que tenía.
—¡Papá!
Miley se dio la vuelta lentamente en la dirección que indicaba Destiny y vio la alta figura de Nick caminando por el césped en dirección a la piscina.


Vestido con un albornoz negro y con una toalla colgando del hombro, parecía evidente que su intención era unirse a ellas, y Miley trató de ignorar la convulsión que experimentó en su interior. No quería sentirse así y odiaba que su cuerpo fuera tan traidor. Era terrible que le recordara constantemente el calor y la pasión que corría por sus venas y que cada día que pasaba se volvía más intenso. Por las noches era peor, sola en la cama, consciente de que estaba en una habitación al lado de la suya. ¿Dormiría él bien o permanecería despierto durante horas como ella?
«Basta», dijo una voz interior.


Una parte de ella deseaba que Nick se fuera todos los días a la ciudad a trabajar en vez de aprovechar las nuevas tecnologías para poder hacerlo desde casa, pero tenía que reconocer que era lógico que se organizara del modo que le permitiera pasar el mayor tiempo posible con su hija.


Y allí estaba, a punto de quitarse el albornoz y unirse a ellas en el agua.
Agotada, Miley apreció el respetable bañador negro. Se le aceleró el corazón al ver el musculoso cuerpo. La miró a los ojos un instante antes de que Miley volviera de nuevo su atención a Nicki.
—Papá, mira cómo nado.
Así lo hizo mientras se metía en el agua y aplaudía los esfuerzos de su hija.


Miley era consciente de lo escaso de su bañador, cortado bastante alto en las caderas y con un escote en V muy marcado entre los pechos, un poco más llenos desde el nacimiento de Destiny. ¿Se habría dado cuenta él?
«Oh, por Dios, para», se reconvino en silencio. ¿En qué estaba pensando?


La calidez de su contacto cuando la había acunado en la limusina había avivado algo dentro de ella, le había recordado vívidamente lo que habían compartido… y nunca volverían a compartir.
—Destiny es una maravilla —dijo Nick con tranquilidad—, obediente y educada. Lo has hecho muy bien con ella.
—¿Un cumplido, Nick? —lo miró desconfiada.
—¿Es tan difícil aceptar que pueda dedicarte uno?
Estaba cerca, y Miley tuvo que reprimir la casi irresistible necesidad de alejarse de él.
—Dadas las circunstancias, sí —afirmó con frialdad.
—Quizá sería lo más sabio ignorar las circunstancias —hizo una pausa cargada de significado— e intentar seguir adelante.
—Así lo estaba haciendo —dijo en tono dulce—, hasta que me arrastraste hasta aquí con amenazas —dio un par de brazadas para alejarse e ignorarlo.


Algo difícil cuando Destiny no hacía más que atraer su atención con gritos y risas cada vez que él la salpicaba o dejaba que lo atrapara.
Era bueno con ella. Amable. Jugaba con ella y se había convertido en su ídolo. «Papá» aparecía en su conversación con frecuencia.


María sirvió el té en la sala al mismo tiempo que la cena de Destiny cuya hora de acostarse se iba retrasando gradualmente para adaptarse a las costumbres locales. Donde Miley había previsto dificultades, no aparecían: Destiny se había adaptado felizmente a su nuevo modo de vida y aceptaba los cambios con sorprendente facilidad.


Era ella quien estaba teniendo problemas al ser invadida por emociones ambivalentes que hacían que su torbellino interior creciera cada día que pasaba.
—Esta noche le toca a mamá —dijo Destiny mientras Miley la llevaba a la cama y después elegía uno de los cuentos.
Nick se sentó cerca.


Era complicado abstraerse a la presencia de él y concentrarse en leer el cuento. Él estaba ahí, era una entidad física imposible de ignorar y era completamente consciente de su mirada, de su presencia dinámica.


Destiny escuchaba atenta luchando contra el sueño hasta que se le cerraron los párpados y se le acompasó la respiración. Miley cerró el libro con cuidado, recolocó la ropa de la cama, comprobó el intercomunicador y la luz de noche y se detuvo un momento en el umbral antes de cerrar la puerta.


Nick la siguió, se dieron la vuelta a la vez y se rozaron. De los labios de ella surgió una disculpa automática y se desplazó rápidamente para aumentar la distancia entre ambos mientras atravesaban el corredor que conducía a las escaleras.
—Destiny tiene mucha suerte de tenerte de madre.
—No puedo imaginarme mi vida sin ella.
—Hay una solución —dijo él mirándola mientras bajaban las escaleras.
—¿Cuál…? —se detuvo al llegar al amplio vestíbulo.
—Quédate.
—¿Contigo? —cerró los ojos y luego los abrió—. No creo.
—Es una casa grande. Vivirías de un modo envidiable y nunca tendrías que separarte de Destiny —añadió.
—Define envidiable —dijo en tono glacial.
—Una cuenta sin límite. Joyas. El vehículo que quieras. Un guardaespaldas personal. Todo lo que merece la esposa de un hombre muy rico.
—¿Crees que me importan los vestidos de diseño, los Manolos, las joyas? —hizo una pausa para recuperar el aliento—. ¿Ir a la ópera, el teatro, las recepciones benéficas, esas fiestas que son lo último? —se sentía llena de rabia, incapaz de contenerla—. ¿Vivir en esta mansión y tener tiempo para participar en comités benéficos y convertirme en la esposa ejemplar dentro y fuera del dormitorio? ¿Crees que algo de eso es importante para mí?
—¿Ni siquiera lo del dormitorio? —dijo en tono divertido.
—No —mintió.
—Entonces —su voz era peligrosamente suave—, quizá no te importaría explicarte con más detalle.


Miley alzó la barbilla y le lanzó una mirada abrasadora. Si fuera posible dar marcha atrás al reloj, recuperar el amor que habían compartido. Pero eso era imposible.
—Crees que puedes comprar cualquier cosa que quieras. Todo tiene un precio. Incluso yo. ¡Te equivocas! —sus ojos tenían un tono desvaído—. Y sobre tu sugerencia… —casi no podía hablar—. ¡Olvídate! —respiró hondo para recuperar el control—. Ni siquiera por Destiny me dejaré atrapar en un matrimonio sin amor —añadió con vehemencia.


Nick alzó burlón una ceja en silencio.
—Ya me has roto el corazón una vez —cualquier esperanza de que cicatrizara se había evaporado cuando había oído su voz y visto su imagen en el monitor del portal de su casa unas semanas antes—. De ningún modo te daré la oportunidad de que vuelvas a hacerlo.
—Ya veo que no me he explicado bien —dijo morosamente—. No sólo viviríamos bajo el mismo techo, también compartiríamos dormitorio, cama.
—A ver si te entiendo: ¿me estás ofreciendo el sexo como un extra?
—Un matrimonio normal. La posibilidad de que nuestra familia crezca.
—Perdona —estaba desbocada, no podía parar—, pero ya he experimentado tu versión de la normalidad y la aborrezco.
—¿Y nada que diga podrá convencerte de lo contrario?
Miley se irguió todo lo que pudo y lo miró de un modo que hubiera abrasado a cualquiera.
—No —dicho eso se dio la vuelta y empezó a subir las escaleras.
No le apetecía sentarse a cenar con él. Además, no tenía hambre. Prefería buscar un libro y sentarse a leer en cualquier sitio. Habría sido un buen plan si hubiera sido capaz de concentrarse en el texto.


Después de un momento, dejó el libro a un lado, encendió la televisión y buscó algo que le interesara. Un programa de cocina le pareció bien, aunque sólo sirvió para recordarle que no había cenado.
«De acuerdo», se dijo, «admítelo, estás loca por él».


Pero pensar en acceder a su proposición le pareció un insulto. No había sido ni su dinero ni su posición lo que la había atraído. Maldición, ni siquiera sabía quién era.
Las siguientes semanas pasarían deprisa y después volvería a casa con Destiny y recuperaría la normalidad.

Debió de quedarse dormida, porque se despertó sobresaltada por el sonido del llanto de una niña. Destiny. Salió corriendo y se encontró a la niña sentada en la cama en un mar de lágrimas. La abrazó.
—Corazón, ¿qué ha pasado?
Apenas había terminado de decir esas palabras cuando Nick entró por la puerta y se colocó al lado de ellas.
—¿Una pesadilla?
—Nunca le había pasado antes —dijo Miley con gesto sombrío—. Cuéntaselo a mamá, cariño. Así —murmuró suavemente—. Así está mejor.

Nick se sentó y tomó la mano de su hija para enmascarar sus sentimientos mientras Miley lo miraba con ojos tristes.
—No quiero que el bisabuelo Ramón se muera como Fred.
Nick miró de reojo a Miley y después acarició la cabeza de la niña y explicó:
—Algunas veces cuando las personas y los animales están muy enfermos y las medicinas no pueden hacer que mejoren, van a un sitio especial donde ya no sufren más.
—Como Fred.
—Sí —sonrió—, como Fred.
—Hablé con Fred cuando estaba enfermo.
—¿Cómo cuando vamos a visitar a Ramón?
—¿Podemos verlo mañana? —preguntó la niña con una mirada que taladraba el corazón.
—Por supuesto.
—¿Todos los días?
—Todos los días, te lo prometo.
—Me gusta mucho.
—Y él te quiere mucho a ti.
—Creo que voy a dormirme otra vez —dijo a su madre.

La lógica de los niños, pensó Miley mientras precedía a Nick de camino al pasillo y cerraban la puerta tras ellos. El estaba cerca… demasiado cerca y ella era plenamente consciente de cómo remarcaban sus músculos la camiseta negra y los vaqueros que se había puesto a toda prisa al oír el llanto de Destiny. ¿Seguiría durmiendo desnudo?

Trató de ignorar la imagen que se estaba componiendo en su cabeza… pero no lo consiguió. ¿Cómo era posible que deseara tanto las caricias de un hombre a quien supuestamente odiaba?

No tenía sentido que se derritiera de ese modo, que deseara tanto abrazarlo, unir su boca a la de él, saborearlo.

Nick notó la oscuridad de su mirada, el modo en que le temblaba el labio inferior… y bajó la cabeza hasta la de ella, saboreó esa dulzura que sólo ella tenía, escuchó el aliento en su garganta y empezó a explorarla suavemente hasta que ella se abrió e inclinó la cabeza para ajustarla a la de él.

Delicioso. El era delicioso. El modo en que sus manos se deslizaban por sus hombros hasta llegar a la cintura la llevó hasta un lugar más allá de lo racional e hizo que se acercara más a él. Notó su necesidad, sabiendo que era como la suya propia.
La boca de Nick se volvió sensual hasta hacerle olvidar todo y llegar a un punto donde nada importaba… excepto la necesidad de más, de mucho más.

La camiseta suelta que llevaba no suponía ninguna barrera para las manos de él cuando se colaron por debajo del tejido. Una mano agarró las nalgas mientras la otra acariciaba los pechos recorriéndolos enteros mientras el pulgar se demoraba en los pezones.
Liberó la boca de la de ella y recorrió la línea que iba desde los labios hasta la base del cuello. Un beso en el hueco de la clavícula hizo que la recorriera un estremecimiento que le hizo arquear la espalda mientras sus dedos le desabrochaban el vaquero ansioso por explorar su musculoso y cálido cuerpo.

Con un rápido movimiento le quitó la camiseta y recorrió el musculoso pecho con las yemas de los dedos hasta el ombligo para bajar después y acariciar su sexo y apretarlo ligeramente.
Nick dejó escapar un ronco quejido mientras deslizaba un brazo por detrás de las rodillas de ella y la levantaba del suelo para llevarla a su dormitorio.

Las manos febriles se deshicieron rápidamente de la ropa que les quedaba y Miley gritó cuando Nick la levantó mientras ella rodeaba su cintura con las piernas antes de que él cubriera sus pechos con la boca.

Las sensaciones irradiaban desde el sensible centro y no podía evitar gemir mientras él tomaba un pezón entre los dientes y lo apretaba ligeramente llevándola hasta un punto donde el placer casi rozaba el dolor.

Ella lo mordió en el cuello. Nick se movió ligeramente y fue bajando la parte más sensible de la anatomía de ella hasta apoyarla sobre su sexo en erección. Ahí se detuvo y ella dejó escapar un quejido de frustración.
—Ya —rogó ella en un agónico murmullo mientras enterraba los dedos en el pelo—. Por favor.
Con un movimiento suave la dejó bajar y luego la levantó y después centímetro a centímetro la fue llenando.

Oh, se sentía tan bien. Unida a él, inundada de sensaciones, de una creciente pasión y queriendo más. En ese momento, Nick se acercó a la cama y con cuidado la dejó encima de las sábanas, después empezó a recorrerla con besos, deteniéndose a saborear los pechos, bajando al vientre.

Quería que la besara en la boca, pero él tenía otra idea y Miley dejó escapar un grito cuando él bajó la cabeza y dio vibrante y erótica vida al clítoris, haciendo que le recorrieran el cuerpo espasmos de placer tan intensos que no podía evitar gritar cuando cada oleada la recorría y le llegaba hasta el alma.

Entonces, sólo entonces, entró de nuevo en ella de una sola embestida y Miley sintió como si no tuviera esqueleto, quedó tan a merced de su propio abandono que ya no sabía quién era… sólo sabía que no quería que aquel éxtasis terminara jamás mientras arqueaba el cuerpo para recibirlo una y otra vez hasta que llegaron al borde del abismo al que ambos se lanzaron en un glorioso éxtasis.

Le llevó su tiempo recuperar el aliento y volver a algo parecido a la normalidad y aguantó mientras él, con cuidado, rodó para ponerse de espaldas y la llevó con él, abrazándola y con los labios apoyados en su sien.

Fue en ese momento cuanto Nick notó la humedad en las mejillas, le acarició la cabeza y le colocó un mechón de pelo tras la oreja mientras le buscaba los llorosos ojos con la mirada.
—¿Te he hecho daño?

No confiaba en ser capaz de hablar, así que se limitó a negar con la cabeza.
Le pasó una mano por la mejilla, después le acarició los labios con los suyos con tanta ternura que las lágrimas corrieron libremente por las mejillas hasta llegar a las comisuras de los labios.

Miley no quería moverse. Se sentía como si no pudiera. En un momento, se dijo en silencio, se liberaría de sus brazos en silencio, se pondría la camiseta y volvería a su habitación, pero de momento prefería disfrutar del momento de después del sexo, del buen sexo, se corrigió mientras notaba doloridos unos músculos faltos de uso y disfrutaba de la euforia de sentirse llena.

Debía de haberse quedado dormida pensó al despertarse y sentir el calor de un cuerpo al lado, el latido de otro corazón en su espalda… y los recuerdos fueron haciéndose visibles en su mente.

No. Tenía que ser un sueño. Uno más de tantos que la asaltaban en las oscuras noches.
Pero aquello no era un sueño. Los brazos que la rodeaban eran reales. Se quedó paralizada unos interminables segundos, después intento soltarse. Los brazos se tensaron.
—No vas a ir a ningún sitio.
—Por favor —dijo con voz estrangulada y notó un beso en la nuca—. ¿Qué pasa si…?
—¿Destiny?
Oh, Dios, Destiny, ¿en qué estaba pensando?
«Sé sincera», le dijo una voz interior, «no estabas pensando en absoluto».
—Si se levanta y no estoy allí… —dijo hasta que Nick le cubrió la boca con una mano.
—No —dijo él mientras le sujetaba el rostro con las dos manos y la besaba.
El cuerpo de él se endureció de deseo por la respuesta de ella. Con cuidado empezó a acariciarla provocando en ella una tormenta de emociones y la poseyó en un acoplamiento que superó al que acababan de compartir.


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Bien espero te aya gustado te quiero mucho y felicidades otra vez :D