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sábado, 18 de febrero de 2012

Undress for me EPIOLOGO


Dos meses después…

—¿Qué ocurrió en Nueva York? —me preguntó Demi.
—Jeff contrató un abogado, y declaró que nuestro encuentro fue consensuado. El fiscal del distrito echó un vistazo a mis fotografías y presentó cargos —Hice una mueca. —No había visto las fotografías hasta entonces. No recordaba haber estado tan magullada. La acusación está pendiente, pero parecen confiados en que iremos a juicio.

Subí mis piernas en el reclinable, y me encogí de hombros.
—Quiero sentirme bien con lo que estoy haciendo. Durante un tiempo me sentí culpable por ello, y sé que parece una locura. Me amenazó con ponerme una demanda civil por injurias y difamación.
—Perdió su trabajo, ¿no?
Suspiré y asentí.
—Lo suspendieron en el museo hasta la resolución del caso. La declaración oficial de Edward indicaba que no estaba dispuesto a poner en peligro a sus empleadas femeninas del museo.
—¿Por qué te sentías culpable?
—Estoy arruinando su vida —La admisión no me hacía sentirme culpable, al menos ya no. —Quiero creer que cometió un error, que no es algo que volvería a hacer. Pero no puedo.
—¿Cómo van las cosas en la galería?
—Cuando la gente se enteró de lo que me había pasado en Nueva York, comenzaron a tratarme como si pudiera romperme —Suspiré, e intenté pensar en cómo me sentía en la galería. —Los odiaba por tenerme lástima, pero entonces me di cuenta de que no era así. Solo tenían miedo. La mayoría de los trabajadores de la galería son mujeres. Cada vez que me ven, se acuerdan de que la violación no es algo distante que nunca les tocará a ellas —

Odiaba ser una estadística, pero lo era. Cada dos minutos, una mujer es violada en América. El fiscal del distrito de Nueva York me dijo eso. Aún podía oír las palabras saliendo de su boca, la rabia y la convicción que había en su voz. —Yo no soy un número.
—No.
—Ahora que soy directora, tengo muchas cosas que hacer. Siempre tengo a un nuevo artista que quiere que lo vea, o a un agente intentando hablar conmigo de una exposición. Es un mundo diferente.

Y lo era. Jane estaba floreciendo en su puesto de subdirectora y se había hecho cargo del proyecto de los institutos. Toda esa energía juvenil en la galería era increíble y refrescante
Caminé alrededor del alabastro, y tiré de la sábana. Sorprendida, solo pude seguir mirando. Había terminado. La estatua brillaba por la cera. Rocé la suave superficie de mi rostro, y entonces di la vuelta para ver la espalda. 

Como harían la mayor parte de las mujeres, comprobé lo que era visible de mi culo en la estatua, y me sentí aliviada porque no parecía demasiado grande.
—¿Qué te parece?
—Nunca me imaginé que estaría tan desnuda —respondí, honestamente, caminando alrededor para ver mi rostro. —¿Es realmente lo que ves cuando me miras?
—Sí, veo una poderosa e increíble mujer —Se acercó a mí y me atrajo entre sus brazos. —He aprendido algo de ti, Miley.
—¿Qué?
—Desnudarte no tenía nada que ver con hacer que te quitaras la ropa —Besó mi frente, y suspiró. —Sin embargo, el bronce será la pieza número veintitrés de la exposición en Holman. Nadie llegará a verte tan desnuda, excepto yo.

Me reí y miré a la mujer en el brillante alabastro.
—Nunca he estado más desnuda.
Me abrazó con más fuerza.
—¿Cómo han ido las cosas con Demi?
—Bien —Mis sesiones de terapia no eran algo de lo que me gustara mucho hablar, pero Liam aceptaba con elegancia esa parte privada de mí. La falta de presión y su completa aceptación de mi mundo siempre eran una fuente de sorpresa.


Miré la estatua de nuevo y me sentí desolada por su honestidad. Cada sentimiento que tenía estaba allí reflejado, cada victoria y cada tragedia, desnudas ante el mundo. No me sentía invadida, aunque suponía que mucha gente se habría sentido así. Me sentía liberada, libre de todas las cosas que me habían retenido durante más tiempo del que podía recordar. Sin embargo, allí no solo estaba mi pasado: mi futuro también estaba ahí. Mi esperanza, y el amor que nunca había expresado a Liam, estaban en mi rostro.
—Todo es verdad —dije, finalmente.
—Lo sé.
Cualquier otra persona hubiera dicho las palabras, yo no lo hice. Él parecía haberlas visto en mí antes de que hubiera siquiera intentado hacerlo. Me guardaría esas palabras, al menos un poco más. Sus manos acariciaron mi espalda y se metieron bajo mi camisa.
—Creía que era obvio —Cuidadosamente, sacó totalmente mi camiseta de mis pantalones. —No arruines mi fantasía. Si no puedes contribuir a ella, cállate.
Me reí. Que me devolvieran mis propias palabras normalmente me cabreaba. Cerré mis dedos sobre la parre delantera de sus pantalones, y me acerqué a él.
—Puedo hacer contribuciones que la mayoría de los mortales nunca han visto.
—Ese tipo de contribuciones serán bien recompensadas —me prometió mientras, suave pero firmemente, me guiaba hasta su butaca favorita.
Dios, adoraba esa butaca roja.

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bien espero que les haya gustado y se portan bien y comentan después subo de Secretos 

Undress for me FIN


Cuando salí del coche, la puerta de la galería estaba abierta. Me detuve y miré a Liam, que estaba mirando alrededor, y me localizó. Se metió las llaves en el bolsillo y caminó hacia mí. Ya no me preguntaba por qué acudía a él cuando estaba disgustada, por qué me parecía lo correcto; simplemente, era así.
—¿Dónde has estado?
Señalé el coche.
—Sentada en mi coche.
Me ofreció la mano, y sonrió cuando yo la tomé.
—Jane me llamó hace más de una hora. ¿Por qué no cogiste el móvil?
—La última llamada que hice me dejó sin batería.

No dijo nada mientras me guiaba a la galería tras él. Cuando entramos, cerró la puerta y se giró hacia mí. Temblando, dejé que me abrazara, y su boca acarició mi mandíbula antes de deslizarse desde mi cuello hasta mi hombro. Clavé los dedos en sus brazos mientras lo abrazaba con más fuerza. 

Una desesperada necesidad parecía haberse deslizado entre ambos. Clavé los dientes en la carne de su cuello, mis manos cayeron hasta su cintura, y las metí en los vaqueros que no se había molestado en abrochar con un cinturón. 

Liam tiró de mi blusa, revelando la piel de mi hombro. Sentí sus dientes acariciando la carne, y apreté los dedos sobre su piel. Una caliente y desesperada lujuria reemplazó mi voluntad.

El botón y la cremallera de sus vaqueros cedieron, y deslicé mi mano en el interior. Su po.lla se endureció contra mi mano, cálida y dura. Me aparté de Liam a desgana cuando se zafó de mí para sacar mi camisa de la cinturilla de mis pantalones. 

Me quité los zapatos y la camiseta por la cabeza, la tiré al suelo, y lo miré con los ojos entornados mientras seguía mi ejemplo.

Con manos cuidadosas, me atrajo hasta él y caminamos hacia las escaleras. Sabía que no íbamos a conseguir llegar al final de ellas. Conteniendo el aliento con aprobación, asentí mientras se sentaba y me atraía hasta su regazo. Presioné mis pechos contra su torso y tomé su boca con el tipo de beso que demandaba un centenar de cosas. Sabía que me daría todo lo que necesitaba, y exactamente como lo quería.

Acaricié su ***** y la presioné contra mi estómago mientras sus manos se movían desde mi espalda hasta mi culo. Pensé brevemente en un condón, pero sabía que no íbamos a ponernos a buscar uno en ese momento. Me levantó, y me arqueé en sus brazos mientras me deslizaba sobre su po.lla. 

La sensación de acogerlo en mi interior era el mayor placer que hubiera conocido nunca. Como siempre, la presión de su pene en mi interior me recordó lo vacía que había estado sin él. Rodeé su cuello con mis brazos, y me moví encima suyo.
—Tranquila —susurró contra mi cuello. —Relájate, Miley.
Comencé a cabalgarlo, y enterré mi rostro en su cuello.
—No puedo.


Se rió suavemente, arrastrando sus manos por mi espalda de un modo que debería haber sido relajante, pero no lo era. Sus manos eran rudas e inexpertas. Entonces comprendí lo que pretendía. Finalmente había conseguido llevarlo al mismo estado en el que él me dejaba a menudo. Agarré sus hombros, lo miré, y vi su cruda excitación. La violencia de nuestra necesidad estaba apartando cualquier velo de civilización que hubiéramos tenido antes.

Se levantó, agarrándome con fuerza. Me aferré a él y jadeé cuando me bajó hasta el brillante suelo de madera de su galería. La madera estaba dura bajo mi cuerpo, y, sin darme tregua, se colocó sobre mí. Con las manos colocadas a cada lado de mi cabeza, empujó con fuerza el resto de su cuerpo contra el mío.
—Miley.
—Déjate llevar, Miley.

Era lo único que podía hacer. Me aferré a él y dejé escapar todo lo demás. El dolor me embriagó, cada embiste de su ******* era un recordatorio de la unión que tanto había ansiado. La luz de las escaleras caía sobre nosotros, destacando la palidez de mi piel contra la oscuridad de la suya. Adoraba sentirlo y mirarlo. Era tan hermoso que en aquel caliente e inenarrable momento comprendí que, realmente, había estado esperándolo a él toda la vida.
Un orgasmo recorrió mi clítoris, y me arqueé con fuerza levantándome del suelo. 

Mis uñas se clavaron en su espalda, y las lágrimas corrieron por mis mejillas, mientras repetía su nombre una y otra vez como una letanía en mis labios. Resbaladizos por el sudor, nuestros cuerpos siguieron deslizándose el uno contra el otro. Sentí el cálido torrente de su semen, y cerré los ojos ante la sensación primitiva que despertó en mí.

Fin

Undress for me Cap: 31


—¿Estás segura de que quieres irte a casa?
Me reí y solté la mano de Liam mientras bajábamos las escaleras y entrábamos en la galería. Me recoloqué el bolso y asentí.
—Sí, tengo que ocuparme de algunas cosas, y preparar la reunión con Samuel Castlemen. 

Estará aquí por la mañana.
Liam me acercó a él y cogió mi rostro con sus manos. Su boca era suave y tierna. Podría haberme perdido en ella con facilidad, pero después de un momento me aparté y salí por la puerta, hacia la noche. Eché un vistazo por encima de mi hombro, le sonreí y entré en mi coche. No cerró la puerta hasta que estuve en el coche con las puertas cerradas.

Pasé la mayor parte del viaje de vuelta a mi apartamento arrepintiéndome de no haberme acostado con él antes de marcharme. En mi apartamento, encontré un pósit del servicio de mantenimiento de mi edificio. Habían arreglado mi puerta y reemplazado mi cadena con una mucho más fuerte. Después de entrar en mi apartamento y cerrar por dentro, fui hasta mi contestador automático, por costumbre, y pulsé el botón.

Había un mensaje de mi madre. Suspiré y la escuché hablar de sus compras recientes. No dejó de parlotear hasta que mi contestador la cortó.
—Así que si quieres venir sólo tienes que llamarme, y te enseñaré mi nuevo sombrero... Es de color púrpura intenso y tiene...

En el contestador sonó un clic, y agité la cabeza. No podía imaginarme qué era lo que tenía aquel sombrero, y una parte de mí no quería descubrirlo. Me aparté el cabello mientras comenzaba el siguiente mensaje. Se escuchó un sonoro suspiro, y miré el contestador, esperando a que Lisa continuara. Era la única que me suspiraba en el contestador.
—Miley, llámame cuando puedas. Ya tengo lista la última obra para la galería, y estoy cavando un agujero para un cuerpo. Dile a ese imbécil de Brooks que se quede en Boston, o acabará en ese hoyo.

Me froté la cara y me senté, debatiéndome entre reírme o llorar. Dios, odiaba la hostilidad que sentía Lisa por los hombres. La odiaba, la entendía, y quería desesperadamente ayudarla a curarse. Instintivamente, comprendía que el pasado de Lisa había sido horrible, y no quería conocer todos los detalles. Sin embargo, como amiga suya, creía que tenía la responsabilidad de ayudarla con su nueva vida.

El tercer mensaje comenzó.
—Ey, Miley. Soy Jane. Mira, cuando llegué a casa esta tarde Jeff King estaba esperándome en mi puerta. Ya se ha ido.

Escuché cómo se detenía el contestador mientras abría la puerta delantera y me ponía apresuradamente un par de zapatillas que encontré en la entrada. Una vez dentro de mi coche, me obligué a calmarme y a concentrarme en conducir. Jane solo vivía a diez minutos en coche de mi casa, pero fueron los diez minutos más largos de mi vida. Odiaba pensar que él podía estar cerca de Jane.

Su risa y su despreocupada sonrisa me parecieron muy frágiles en ese momento. Aparqué frente a su edificio y corrí al interior como si el diablo estuviera a mi espalda.
Su apartamento estaba en la primera planta; llamé a su puerta y después probé el pomo.
—¿Jane?

Se oyó la cerradura, y Jane abrió la puerta. Por un momento, me limité a mirarla. Llevaba un camisón en el que ponía QUE TE DEN, NO TE HE PEDIDO TU OPINIÓN. Me hizo un gesto para que pasara, y sus zapatillas de estar por casa con forma de bebé foca se agitaron mientras se apartaba de la puerta.
—No había visto unos calentadores rosas como esos desde... bueno, desde hacía muchísimo tiempo.
Me echó una mirada y bostezó.
—¿Qué pasa, Miley?
Tragué saliva y agité la cabeza.
—¿Jeff estuvo aquí?
—Sí —Se desperezó y se sentó en el sofá. —No sé qué quería.
—¿Cómo conseguiste que se fuera?
Jane resopló.
—Lo apunté con mi 9mm.
Me senté con la boca abierta de par en par, y me sentí aliviada cuando mi culo conectó con la silla.
—¿Tienes un arma?
—Sí —Se encogió de hombros. —Mi padre y mis hermanos son policías. De hecho, yo estuve en la academia y me gradué.
—¿Podrías ser poli?
—No, por eso es por lo que visto ropa demasiado cara y miro cosas hermosas todo el día. No podría ser policía —Se tumbó en el sofá. —Miley, me has despertado —Bostezando de nuevo, me miró. —¿Qué pasa?
—Que Jeff vino aquí.
Jane se sentó bruscamente.
—¿Estabas preocupada por mí?
Asentí y después negué con la cabeza.
—Sí. Estaba preocupada. Pensaba que te había hecho daño, o que podría hacértelo. Hubiera sido culpa mía, Jane. Si te hiciera daño. —Respiré profundamente.
Me levanté y le di la espalda. El suspiro se convirtió en un sollozo. No me di cuenta de que Jane había abandonado el sofá hasta que sus brazos me rodearon y me abrazó con fuerza. Acepté su abrazo y dejé que me guiara de vuelta a la butaca.
—Todo este tiempo consideré que lo que me había pasado era personal.
—Lo era.
—Sí—asentí. —Pero era algo más. ¿Cómo pude pensar que su castigo era menos importante que mi dignidad? —Mi demanda solo recibió silencio como respuesta. —En mi interior sabía que tenía que hacer un esfuerzo para proteger a otras mujeres de él. Al menos, si lo etiquetaran como agresor sexual, sería algo.
—¿Es demasiado tarde?
Negué con la cabeza.
No lo creo —La miré, y vi preocupación en su rostro. —Lo siento mucho, Jane. Siento que te veas expuesta a él, y que él pensara que podía venir aquí y amenazarte porque no puede llegar hasta mí.
—Llegó hasta ti —Jane se levantó y se alejó de mí. —En el momento en el que dejé aquel mensaje en tucontestador me di cuenta de que había hecho exactamente lo que Jeff esperaba. No había venido a hacerme daño, Miley; solo estaba usándome a mí, y a tu cariño por mí, como un arma.

Había sido efectivo. Miré a Jane, vi su control y su siempre presente actitud de puedo-con-todo, y supe que ya no podía permitirme el lujo de esconderme tras mi dignidad. Había otras mujeres en alguna parte; podrían ponerse en el camino de Jeff King, y él les haría daño si yo no haría nada para impedirlo.
Me levanté.
—Tengo que irme.
—¿Miley?
La miré.
—No puedo seguir guardándome esto durante más tiempo.

No me siguió inmediatamente, así que esperé tras la puerta de su apartamento hasta que escuché que cerraba con llave. Volvía mi coche, y busqué mi cartera en el bolso. Había una tarjeta en mi cartera. La llevaba desde ese primer día en el hospital. La miré, estaba destrozada y gastada por haber sido transferida de cartera a cartera al cambiar de bolso.
Durante un momento, miré el nombre de la mujer. Denise Moore. Era la detective que había intentado interrogarme. Me pregunté qué rango tendría ahora, cuánto habría avanzado en su carrera. En ese tiempo había pensado mucho en cómo me miró en la puerta de la sala de examen al girarse. Me pareció que pensaba que podía hacer que le contara lo que necesitaba saber. Cogí mi teléfono móvil y marqué el número que había garabateado en el reverso antes de cambiar de idea. Sonó varias veces, y entonces una somnolienta voz de mujer contestó. Tragué saliva y bajé la cabeza mientras ella decía "diga" por cuarta vez.
—Me llamo Miley Cyrus.
Se produjo un largo momento de silencio, y entonces la detective se aclaró la garganta. Podía escuchar cómo se movía, como si estuviera dejando la cama.
—¿Qué puedo hacer por ti, Miley?
—Puedes decirme que no es demasiado tarde para hacer que el hombre que me violó pague por ello.
—¿Cuánto tiempo ha pasado?
—Dos años.
—¿Rellenaste un informe entonces? —Sí, hice una declaración y me sometí a un examen médico, pero al final no presenté cargos —Cerré los ojos y bajé la cabeza basta que descansó sobre el volante. —Pensaba que si intentaba olvidarlo, se iría. Pensaba que él no importaba.
—Lo comprendo.
—¿Esto cambiará algo?
—Es un paso hacia la justicia, Miley. Cuando des ese paso, comenzarás a sanar. Sé que has pasado mucho tiempo reconstruyendo lo que has perdido —suspiró. —¿Qué te ha ayudado a tomar esta decisión?
—Está invadiendo mi vida. Entró en mi apartamento, y esta noche ha visitado a una amiga íntima.
—¿Dónde estás?
—¿En este momento, o geográficamente?
Se rió; su risa era un suave y hermoso sonido, y disfruté de él. Sentí que mi cuerpo se relajaba, y mi estómago, lentamente, comenzó a deshacer el nudo que llevaba allí más de una hora.
—Estoy en Boston. Dentro de mi coche, hablando por el móvil.
—Vete a casa.
—No me siento segura allí.
—¿Hay algún lugar donde te sientas segura?
—Sí.
—Vete allí, Miley. Busca un lugar donde apartarte de esto y, por la mañana, quiero que vengas a Nueva York. Comenzaremos el papeleo, y haremos que esto termine. 

Afortunadamente, yo soy de las que nunca se rinden. Tengo una carpeta con todas las pruebas que he podido conseguir de cada violación que se me asigna, incluso aquellas que más tarde eligen no presentar una denuncia.
—¿Cómo lo haces, sin rendirte?
—Me recuerdo que hacerlo puede mantener a una víctima lejos de su agresor.
—Sacaré un billete de avión para Nueva York, y te llamaré tan pronto como esté allí.