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miércoles, 31 de agosto de 2011

The έναν εξαπατώντας σύζυγο: Final

La compra de Harvey's?.
Miley siempre había pensado que había sido Liam el que proponía comprar aquella empresa, y no al revés.

Liam asintió, sin saber que Miley estaba asombrada con la nueva visión de los hechos.
-Fue amarga y muy dura -dijo- Y tuve que asumir riesgos que me hacer temblar cuando pienso en ellos, ahora que terminó todo hace tiempo. 



En otros periodos difíciles, siempre te tuve a ti para encontrar alivio, pero estabas ocupada con William y con el sarampión de los mellizos. Sé que suena muy egoísta, pero los envidiaba porque ellos obtenían tus cuidados y yo no. 


¡Te necesitaba, Miley, pero no podías ayudarme! Y, que Dios me perdone, Selena sí podía -dijo y suspiró con angustia- Con la brillante ayuda de Selena, gané la batalla de Harvey's. Pero sabe Dios por qué razón, me sentí tan aliviado que perdí el control y caí en sus brazos.
-¿Cuánto tiempo?
Liam la miró con asombro. -¿Cuánto tiempo qué?
-¿Cuánto tiempo fuisteis amantes?
Liam sacudió la cabeza con una extraña expresión. -Nunca lo fue, al menos, no en el sentido en que tú lo dices. He intentado decírtelo alguna vez, pero te negabas a escucharme ... Dios sabe que no te culpo. Al fin y al cabo, te he sido infiel en todo menos en hacer el amor. Salía con Selena en lugar de volver a casa. La invitaba a cenar, a bailar...
-Tay me dijo que te había visto saliendo de su apartamento -dijo Miley con voz grave.
Liam asintió.

-Después de la batalla con Harvey's me volví un poco loco -dijo sin poder ocultar cierto desprecio por sí mismo--. 


-Me quedé sentado aquí bebiendo hasta que no pude volver a casa conduciendo. Selena me recogió y me llevó a su apartamento hasta que estuve sobrio. Oh! -añadió con una sonrisa cínica-, no me entiendas mal. Ella sabía lo que estaba haciendo y yo sabía lo que se proponía, pero ... no pude. No eras tú y, borracho o no, la idea de acariciarla me ponía enfermo. Debió darse cuenta, porque salió de la habitación. Yo me quedé dormido y no me desperté hasta la mañana siguiente. No tengo ni idea de dónde durmió ella aquella noche, pero entró en la habitación mientras yo trataba de recordar lo que había ocurrido, horrorizado por mi comportamiento incluso antes de que me dijera que no me había portado mal para haber bebido tanto.

Se detuvo para tragar saliva y Miley se puso muy pálida.
-Dejó que me atormentara durante meses antes de decirme la verdad. Fue su forma de vengarse de mí por quitarle la representación de mi empresa y dársela a uno de sus socios. La noche que habló contigo no fue más que un intento de vengarse de mí. Cuando la llamé, le dije que iba a retirar mis negocios de su esfera. Estoy hablando de mucho dinero, Miley, de una cuenta muy lucrativa. Que la firma perdiera la representación de mis negocios completamente no iba a sentar muy bien a sus socios, que la temen, sobre todo, porque se puede ir de la lengua. Los insultos que cruzamos son tan viles que no quiero repetirlos, pero me dijo que no la había tocado nunca, lo que me hizo sentirme mucho mejor. 



Me dijo las peores cosas que se le pueden decir a un hombre, pero a mí me sonaron a música celestial, porque me di cuenta de que estaba diciendo la verdad cuando decía que no la había tocado.
-y esa es la verdad desnuda ... -dijo mirando a Miley a los ojos- Espero que la creas, pero no te culparé si no quieres hacerlo.

Miley agachó la cabeza, mirándose las manos que tenia apoyadas sobre el regazo. Quería creerlo, necesitaba creerlo, pero ...
-Puedes quedarte con todo mi dinero y todo mi poder -dijo Liam con voz grave-, a cambio de tu perdón.
-Ya tienes mi perdón -le dijo Miley con irritación, pero las dudas no la abandonaban.



Vámonos a casa. A la nueva. Le dejaremos los niños al ama de llaves e inauguraremos una de las habitaciones, así podré enseñarte la más valiosa de mis propiedades.
-Parece interesante -musitó Miley.
-Será algo más que eso.
-Estoy en una condición muy delicada, ya lo sabes.
-Lo que no ha supuesto ningún problema hasta ahora. De hecho, te recuerdo que sueles ser más sensible cuando estás así.
En aquel momento, se abrió la puerta del despacho y los niños entraron corriendo.
Liam agarró a William, que estaba muerto de sueño.

El niño apoyó la cabeza en el hombro de su padre, y Miley no pudo evitar una sonrisa al ver la escena.
Bajaron en ascensor y se dirigieron al aparcamiento.

Liam llevaba a William en un brazo y con el otro rodeaba los hombros de Miley. Lucas se había convertido en un piloto de caza que amenazaba con atacarlos según avanzaban y Marie iba agarrada con fuerza de la mano de su madre.
-Nunca volveré a hacerlo, mamá -le había dicho hacía unos instantes. Y Miley sabía que cumpliría su promesa.

Era un día soleado y la mitad de los empleados de Hemsworth Holdings estaban asomados a las ventanas para ver a la familia del dueño de la empresa.
-No puedo creerlo -dijo un hombre- Sabía que estaba casado, ¡pero cuatro hijos!
-Llevo años trabajando para él -puntualizó otro- Y no sabía que estaba casado. Siempre ha sido demasiado duro, no sé cómo una criatura como ésa puede haberse casado con un hombre así.
-Ahora no parece tan duro -señaló el primero-.
Al revés, tiene un aspecto muy amable. Puede que en su casa sea diferente.
- puede que ella no sea tan dulce como parece -dijo el segundo-. Después de todo, si tienen cuatro hijos, significa que ...
-¿Y mi coche? -preguntó Miley.
-Haré que lo lleven esta tarde.
-No mientras tenga las llaves aquí mismo -dijo
Miley con un aplomo muy femenino.

Liam murmuró algo entre dientes, cambió al pequeño William por las llaves del coche de Miley, y después de abrir el coche les dijo a los mellizos que se metieran en el asiento de atrás. Abrió la puerta del acompañante y ayudó a Miley a entrar.
Los empleados que miraban desde las ventanas, lo vieron volver al edificio y aparecer al cabo de unos segundos con Archer, del departamento de ventas, el joven que había acompañado a Miley hasta su despacho.

Liam le dio las llaves y señaló el coche blanco.
Liam montó en el BMW y, un momento después, salió para abrir la puerta de atrás. Los niños salieron a toda velocidad y él fue a abrir la puerta del acompañante. Recogió a William y todos juntos se dirigieron hacia el Escort. Liam cruzó unas palabras con Archer y se intercambiaron las llaves. La razón del cambio de coche quedó clara cuando sentaron a William en su sillita. Archer se dirigía al BMW cuando Marie lo detuvo. La niña miró a su padre, que a su vez miró a Archer, quien se encogió de hombros, sonrió y la agarró de la mano. Los dos se dirigieron al BMW y los demás al Escort.

-Santo Dios -dijo alguien- ¡Lo tienen en el bote! Me pregunto cómo lo hacen. Saberlo puede valer una fortuna.
-Ojos azules, pelo rubio y un cuerpo delicioso, aunque esté embarazada, ésa es la fórmula.
-Yo creía que tenía una aventura con Selena Gomez
-murmuró otro.
-¡Selena Gomez!
-Perdón. Es verdad, es una idea muy estúpida.
-Qué niños tan guapos -dijo alguien.
-Qué mujer tan guapa -dijo otro.
-Qué coche tan bonito -dijo riendo el siguiente.
-¿Su casa es bonita?
-Su negocio es bonito -dijo algún bromista.
-Bonito panorama. Venga, todos a trabajar -gritó un jefe.
-Recuérdame que compre una sillita para mi coche -dijo Liam.
-¿Qué? ¿Y echar a perder tu imagen de despiadado hombre de negocios?
-¿Qué imagen de despiadado hombre de negocios? ¿Te has molestado en mirar a las ventanas del edificio? -No, ¿por qué? -dijo Miley, volviéndose a mirar en aquellos instantes y observando a los curiosos- ¿Te van a gastar bromas sobre nosotros?
-En mi cara, no, si tienen un mínimo instinto de supervivencia. Aunque sabe Dios lo que dirán a mis espaldas.
-No importa -dijo Miley, apoyando una mano sobre la pierna de Liam-. Despiadado o no, todos te queremos.
-Deja la mano donde está y dirán que soy un maníaco sexual.
-¿Qué es un maníaco sexual? -preguntó Lucas. 



Miley profirió una risita y apartó la mano. Liam miró al cielo y suspiro.
-Cuando seas mayor, hijo -dijo- Te lo explicaré cuando seas mayor.
-¿Me lo vas a explicar a mi también cuando sea mayor? -dijo Miley.
Liam le dirigió una ardiente mirada.
-Haré algo mejor que eso. Te haré una demostración en cuanto estemos a solas.
-Con la luz encendida, para que pueda ...
-¡Miley! -exclamó Liam, cerrando los ojos- No sabes cuánto deseo hacerlo.
-Sí que lo sé -le dijo Miley, y su mirada le dijo por qué.
La mirada de Liam se ensombreció.
-Sigue pensando lo que estás pensando -dijo, y aceleró.



Fin
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Y termino aaaa espero que les aya gustado, y pronto comenzare un nueva novela Miam
gracias por sus comentarios y su apoyo las quiero 

sábado, 27 de agosto de 2011

The έναν εξαπατώντας σύζυγο cap: 30

¿Y eso qué significaba para ella?, se preguntaba Miley, sintiendo que la ira se agitaba en su interior.
-y ahora, yo tengo que perdonar y olvidar -dijo- Y sentarme a esperar la próxima vez que estés bajo presión y sientas la necesidad de encontrar otra válvula de escape.
-No -dijo Liam con tranquilidad-, porque no volverá a ocurrir.
Miley lo miró con escepticismo.
-No volverá a ocurrir -repitió Liam-, porque la primera vez no funcionó.
Observó el rostro de Miley para ver si entendía lo que quería decir. Sonrió al comprobar que no era así.
-Tú y tu eterna inocencia -murmuró secamente. -Dejé de ser inocente, Liam, a los dieciseis años. ¡Tú me quitaste la inocencia!
-Tú me la diste, Miley. Me la diste libremente. 



Miley se sonrojó. Liam tenía razón. No solamente se la había dado, sino que se la había entregado alegremente.
-Y, lo creas o no -continuó Liam-, la acepté cuando no tenía intención de hacerlo. No ... no pienses mal. Te deseaba. ¡Dios mío, siempre te he deseado! Tenía veinticuatro años y cierta experiencia. Sabía que debía apartarme de ti y marcharme antes de que las cosas llegaran a ser demasiado serias. Pero no pude, así que decidí que lleváramos una relación inocente, pero tampoco pude conseguirlo -dijo apretando la mandíbula- Al final, estaba tan obsesionado contigo que mi trabajo se resintió. Y el tuyo también. Tenías sobresaliente en todo hasta que aparecí yo. Pero, en lugar de sumergirte en los estudios, que era lo que debías hacer, empezaste a salir conmigo. Y tus padres hablaron conmigo ...

Miley se quedó muy sorprendida ante aquella noticia. Siempre había pensado que sus padres se habían limitado a saludar a Liam con una sonrisa cuando iba a recogerla a casa.

-No querían que saliéramos. Y tenían razón, yo ponía en peligro tus estudios. Y por ti, yo pospuse los grandes planes que tenía para mi futuro.
-¿Esto? -preguntó Miley, refiriéndose al despacho en el que estaban.
- algo como esto -asintió Liam.
-Así que al final alcanzaste tu sueño, a pesar de mí -dijo Miley amargamente- Pero a expensas del tuyo -dijo Liam.
-¿Los míos? ¿Cómo sabes cuáles eran mis sueños si nunca te molestaste en preguntar?
-Estudiar Arte primero y luego, ganarte la vida como artista. En publicidad, tal vez, o en diseño. No pensabas en otra cosa.
-¿Ah no? -dijo Miley, burlándose de la excesiva confianza de Liam-. Eso demuestra lo poco que me conoces.
Un brillo cruzó la mirada de Liam.
-Entonces, ¿qué querías? -preguntó Liam con cierta incomodidad, como si no quisiera escuchar la respuesta.



Miley le dirigió una mirada desafiante. «A ti», quería decirle, «todo lo que he querido en la vida eres tú». -Digamos que he obtenido lo que merecía -dijo, y se dio cuenta de que a Liam le dolieron aquellas palabras.

-Estuve a punto de desaparecer de tu vida hace ocho años, cuando me dijiste que estabas embarazada -dijo Liam, y Miley cerró los ojos, aceptando que le correspondía a él hacerle daño- Pasé aquella noche aquí, en Londres, pero lo que no sabes es que tuve varias entrevistas en las que me ofrecieron irme a trabajar al extranjero.
Miley lo había sospechado. 



Desde que supo su aventura con Selena, sospechó que Liam se había visto atrapado por su embarazo. Liam no se habría casado con ella, pero no tuvo elección.
-No ... -dijo Liam agarrándole las manos otra vez... estás confundiendo mis razones. ¡No quería dejarte! Pero estaba preparado para salir de tu vida por tu propio bien. Eras demasiado joven como para decidir tu vida tan pronto. Aquellas ofertas de trabajo eran una encrucijada. Acepté una de ellas, porque creía que era lo mejor para los dos. Pero no era una decisión fácil y me sentía muy mal, ensayando un montón de adioses.

Se detuvo, recordando.
-y allí estabas tú -murmuró--, de pie delante de mí, mirándome con esa ... con esa -dijo, cubriendo con una mano los ojos de Miley por un instante- Y allí estaba yo, muriéndome por dentro porque tendría que abandonarte. Y lo que ocurrió a continuación ... -dijo tragando saliva- ... fue que hicimos el amor cuando no debimos hacerlo, porque, ¿cómo le dices a la mujer que amas que vas a dejarla? -dijo, tan perdido en sus propios recuerdos que no se daba cuenta de que Miley estaba pálida y quieta- Entonces, cuando trataba de decirte que me iba, apoyaste la cabeza en mis rodillas y dijiste: «Estoy embarazada, Liam, ¿qué vamos a hacer?».



Rió ligeramente, sacudiendo la cabeza.
-Fue como la anulación de una condena a muerte cuando el verdugo está a punto de ponerte la soga al cuello. Me sentí libre, vivo. Tan vivo que lo único que pude hacer fue quedarme allí sentado y dejarme invadir por la alegría. No tenía que dejarte marchar porque me necesitabas. ¡Me necesitabas! Podía dejar de pensar en tus estudios, en lo joven que eras. Y podía hacer lo que más deseaba, que era casarme contigo y cuidarte y guardarte, para que nadie supiera el maravilloso tesoro que tenía.

Respiró profundamente y luego, dejó escapar el aire muy despacio.
-Entonces, nos casamos -continuó con menos emoción-. Y nos vinimos a vivir en aquel piso tan pequeño de Camden Town. No teníamos dinero ni propiedades, pero creo que no he sido más feliz en mi vida. Entonces, llegaron los mellizos y empecé a hacer algo que siempre había pensado, empecé a jugar en la bolsa. Compré acciones, y un día, un paquete me dio un gran resultado. Podía hacer dos cosas: comprar una casa para ti o reinvertirlo todo. Lo invertí todo -confesó--, y me sentí como si hubiera cometido un pecado mortal.

A Miley le habría gustado que, al menos, consultara con ella lo que debía hacer. Pero, pensó, tal vez, Liam no habría llegado a ser el que era si hubiera tenido que consultar a otros cada vez que tomaba una decisión arriesgada.

-Pasé un año sintiéndome culpable cuando se hizo tan difícil vivir en aquel piso con los dos niños. Pero entonces, las acciones empezaron a dar dividendos y alcanzaron un precio tan alto que las vendí para invertir otra vez. Y después de aquello, nunca tuve que mirar atrás. Compramos la casa y fundé mi propia empresa, que ha crecido hasta llegar a convertirse en lo que es hoy. Aunque todo eso, no sin sacrificios. Cuanto más crece la empresa, más tiempo tengo que pasar trabajando. Y la naturaleza de mi negocio supone que tengo que moverme por ciertos círculos sociales para enterarme de lo que pasa en el mundo de los negocios. Pero, cuanto más conozco ese mundo, más decidido estoy a que no te toque ninguna de sus bajezas. Tú has sido el jardín de rosas en medio de la jungla urbana en la que me desenvuelvo. Tú has sido la única constante de mi vida. Siempre que vuelvo a casa, veo a la chica de diecisiete años de quien me enamoré y sé que sería capaz de luchar contra el mismo diablo para conservarte así.


De nuevo, respiró profundamente. Miró a Miley con alguna timidez, porque le estaba revelando demasiado del hombre que normalmente guardaba escondido en su interior, el hombre que Miley siempre había querido conocer, pero que nunca parecía estar lo bastante cerca de ella.

-Creo que allí arriba, alguien debía pensar que era demasiado feliz, porque tuviste un embarazo y un parto muy difícil con William, y uno de mis últimos negocios se vio metido en un escándalo de fraude, que llevó meses resolver. Pasé más tiempo fuera que en casa, que era donde debía estar, ayudándote. Porque muchas veces eres demasiado terca, Miley. Teníamos más dinero del que podíamos gastar y te negaste a contratar una asistenta.

Miley se irguió.
-Puede que tú no puedas dirigir este lugar tú sólo, pero yo sí puedo ocuparme de una casa y tres niños.
Liam suspiró.
-Pero todos tenemos un límite de resistencia -señaló-. Tú casi alcanzaste el tuyo cuando nació William y nos dio cuatro meses de tormento.
-y me enteré de tu aventura con Selena -añadió Miley con frialdad.

Pero Liam negó con la cabeza.
-No. Ése fue el resultado de sobrepasar mi límite de resistencia, Miley. Casi lo pierdo todo en la compra más difícil en la que he estado metido. Harvey's, un grupo de empresas más grande que el mío, decidió que quería quitarme de la circulación y me atacó con todas sus armas. Incluida una acusación de fraude.



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como están espero que bien 
mañana subo el final de esta novela 
Grasias por sus comentarios

The έναν εξαπατώντας σύζυγο cap: 29

-Mareada -dijo Miley, luego miró a sus hijos mayores-. Lo siento -dijo con un susurro y recibió dos sollozos como respuesta.

Aquel sollozo expresaba su arrepentimiento, sus disculpas, su amor y su miedo al veda desmayarse. Luego, le contaron su aventura atropelladamente: habían llamado a un taxi, reunido sus ahorros para pagado, y habían llegado a la oficina de su padre antes de que él llegara, con la consiguiente preocupación para todos los empleados.
-y metiendo el miedo en el cuerpo a vuestra madre
-dijo Liam, y se quedaron callados.

Dirigió una seria mirada a Miley, que agachó los ojos.
-Lo planearon todo muy concienzudamente -añadió-.Llamaron a la compañía de taxis a la que tú llamas cuando yo estoy de viaje. Dijeron que estabas enferma y que querías que los llevaran a mi oficina. Incluso le entregaron al taxista una de mis tarjetas de visita para que todo fuera más creíble.

-h, Marie -dijo Miley, recordando lo importante que se sentía la niña cuando le encargaba que llamara a un taxi para llevados al colegio cuando Liam no estaba.
La pobre niña agachó la cabeza.
-Yo pensé en usar la tarjeta de papá -intervino Lucas, compartiendo valientemente las culpas con su hermana.

Aunque todos sabían que el cerebro de aquella operación había sido la revoltosa Marie.
-Lo siento -susurró la pequeña, y Miley vio con una punzada en el corazón cómo se limpiaba las lágrimas con su pequeña manita.

El hecho de que no se acercara a su padre para buscar su reconfortante abrazo, le decía a Miley que, antes de su llegada, Liam los había reprendido severamente por su aventura.
Miley observó a Liam. Estaba pálido y tenía los labios fruncidos, signo de una rabia contenida. 



Sostenía a William, abrazándolo como si necesitara el calor de su cuerpecito para consolarse de lo que realmente deseaba ... abrazar a los mellizos.

Se dio cuenta de que Miley lo estaba observando y frunció el ceño.
-Mi secretaria está haciendo café -dijo- En cuanto venga, le diré que baje con los niños a la cafetería para que coman algo. Tenemos que hablar.

Aquello sonaba como una amenaza. Miley agachó la vista y se incorporó. En ese momento, llegó una joven de rostro muy agradable con una bandeja llena.

Sin dejar a William, Liam se levantó y se acercó a ella. Mientras dejaba la bandeja en la mesa, le dijo algo en voz baja y llamó a los mellizos. Los niños le obedecieron con tal presteza que se vieron confirmadas las sospechas de Miley de que les había estado regañando.

Un momento después, William reposaba confiadamente en los brazos de la joven, que salió de la habitación dejando paso a los mellizos. Liam sirvió el café.

No dijo nada hasta que le ofreció una taza a Miley, sentándose a su lado para comprobar que la apuraba hasta el último sorbo.

-Bueno, ¿qué ha pasado? -le preguntó entonces. Miley reconoció sus culpas.
-He sido muy impaciente con ellos -admitió-. Más de lo normal. Supongo que se han ofendido, así que se han ido a buscar consuelo a otra parte -dijo y dejó la taza en el suelo. Estaba a punto de llorar otra vez- Pensé que habían ido a casa de tu madre ... los he buscado por todas partes ... Pero no se me ocurrió que fueran a venir aquí.



Está bien -dijo Liam, agarrándole las manos-
No te atormentes más. Están bien, ya lo has visto.
Miley asintió, tratando de tranquilizarse. -Lo siento -dijo al cabo de un rato.
-¿Por qué?
-Por no ser una buena madre para tus hijos -dijo-. Por... venir aquí.
-Algunas veces, Miley -dijo Liam, perdiendo la paciencia-, me pregunto qué pasa por esa cabeza tuya. -¿Les has pegado?
Liam frunció el ceño.

-No, me contuve -dijo secamente- ¡Pero los he regañado muy seriamente! Lo que han hecho ha sido estúpido y peligroso, y además, no había razón para hacerla -dijo sacudiendo la cabeza- Lucas ha encajado bien la bronca, pero Marie estaba consternada. Creo que nunca le había gritado así.
-Te perdonará -le aseguró Miley. Marie adoraba a su padre.
-No, si es como su madre, no lo hará -dijo Liam, y Miley agachó la mirada.
-No se trata de ... perdonar -murmuró- Lo que me pasa es que no puedo olvidar. Has ensombrecido mi mundo, Liam.
-Lo sé -dijo Liam, observando con tristeza sus manos entrelazadas- Y el mío también. No es que importe, pero yo me lo merezco, tú no.
-Entonces, ¿por qué lo hiciste?

Liam suspiró profundamente y soltó la mano de Miley para pasársela por la cabeza.
-Porque ella estaba allí -respondió de manera brutal, y frunció el ceño al ver que Miley se sobresaltaba: -Debes haberla hecho mucho daño.
-¿Sí? -dijo Liam-. No es como tú, Miley. Las mujeres como Selena tienen la piel curtida, no se les hace daño tan fácilmente.
-y con eso te justificas, ¿no?
-No -dijo Liam y se apoyó los codos en las rodillas y se quedó mirando al suelo sobriamente- 

Pero no puedo sentirme culpable por sus sentimientos cuando no ha tenido en cuenta los míos.
Miley frunció el ceño, sin entender a qué se refería. Liam la vio y suspiró.
-Si trato de explicártelo todo, ¿me escucharás? -dijo. ¿Lo escucharía? ¿Quería saberlo todo? ¿Podría aceptar la verdad? Apartó los ojos de él. Le temblaban los labios y estaba llena de incertidumbre.

Liam le agarró la mano y la estrechó.
-Por favor -le pidió de nuevo- Eras y sigues siendo la única mujer a la que he amado, Miley. Si no puedes oír nada más, por favor, oye eso, porque es la verdad. -Entonces, ¿por qué te acostaste con Selena?



Liam se irguió y frunció los labios. Retiró la mano y la dejó caer entre sus rodillas.
-Porque, por un corto periodo de tiempo, perdí el control. No sólo con lo que estaba ocurriendo entre tú y yo, sino también aquí, en este despacho. Selena fue una válvula de escape. Así de simple -dijo mirando a Miley con pesadumbre-. Estaba bajo mucha presión y, sinceramente, la utilicé para librarme de alguna de esa presión.

The έναν εξαπατώντας σύζυγο cap: 28

La apartó de su lado, mientras Miley trataba de asumir sus palabras. Liam le había dado un ultimátum, se dijo mientras le observaba dirigirse al baño. 


Le había dicho que ya había pagado su infidelidad. Le había dicho, en definitiva, que tenía que volver a confiar en él o tendría que olvidarse de sus relaciones sexuales.

No podía creerlo, no podía creer cómo se las había arreglado Liam para darle la vuelta a las cosas. Parecía ser ella la que tenía que hacer concesiones si quería que tuvieran una relación normal en el futuro.

El resentimiento se apoderó de ella, aunque se preguntó si Liam no tenía razón y ella tendría que aceptarlo tal como era, con sus culpas, si quería salvar su matrimonio. Pero aquello sólo añadió confusión a sus pensamientos.
Seguía buscando una respuesta cuando sucedió algo que hizo que olvidara todos sus problemas.
Los mellizos desaparecieron.



******


Miley se dijo a sí misma en el momento en que se dio cuenta de que se habían ido. La semana había transcurrido con una tensión insoportable. Liam se comportó de un modo frío y distante, sin preocuparse de ocultar su enfado con Miley, así que, todos suspiraron aliviados cuando se marchó a Manchester por un par de días.

Pero no se trataba sólo de eso. Era Semana Santa y los niños estaban de vacaciones, así que pasaban todo el día en casa. Su excitación ante el inminente cambio de casa no ayudaba a que Miley estuviera tranquila. Muchas veces se entrometían en su trabajo y ella no tenía la paciencia suficiente. Acabó por darles algunos cachetes que no merecían.

Estaba cansada de guardar cosas en cajas cuando oyó el teléfono. Profirió un juramento y se dirigió a contestarlo, pero dejó de sonar.
Volvió a su tarea sin dejar de maldecir.
Todavía estaba jurando entre dientes, cuando los mellizos entraron en la habitación.
-Era papá -dijo Lucas con el semblante muy serio.

No había olvidado la bronca que le echara Miley por tirar su zumo de naranja sobre el suelo de la cocina. Para Liam había sido una injusticia, porque lo había tirado cuando lo tomó para William, de modo que su intención había sido ayudar a su madre, pero Miley vio el pequeño accidente y perdió los nervios.


-Ha dicho que te diga que está volviendo de Manchester -dijo el pequeño con frialdad- Y que primero irá a la oficina, así que llegará tarde.
«Al cuerno con él», pensó Miley. Que se quedara en su oficina mientras ella se encargaba de la mudanza. «¿Haciendo el papel de mártir, Miley?», oyó que le decía la voz de Liam en el interior de su cabeza.
-Le dije que viniera a jugar con nosotros -intervino Marie.
-y supongo que él colgó enseguida, muerto de miedo-dijo Miley con sarcasmo.

Los mellizos no fueron ajenos a la crudeza de aquella expresión. Marie se puso roja de ira.
-¡No, no dijo eso! -exclamó- ¡Dijo que prefería jugar con nosotros a trabajar! ¡Y tú no eres una buena mamá! 


Miley vio que a Marie se le llenaban los ojos de lágrimas antes de salir corriendo de la habitación y bajar las escaleras como un rayo seguida de Lucas.
Suspirando, apoyó una mano sobre su vientre hinchado y la otra en la frente. Reconociendo que, probablemente, merecía las palabras de Marie, se dirigió al piso de abajo. Los mellizos la ignoraron, fingiendo estar concentrados en la televisión.

Levantó a William del suelo, donde había estado jugando alegremente con su juego de construcción y miró a Marie y a Lucas, con la esperanza de que le devolvieran la mirada para poder decirles que lo sentía. Pero pensó que, tal vez, aquello aumentaría su irritación y salió del salón con el pequeño.

Una hora más tarde estaba a punto de volverse loca.
Los buscó por todas partes, pero los mellizos habían desaparecido de la faz de la Tierra. Fue en coche hasta el parque, pensando que podrían estar en los columpios. Fue a la casa de la madre de Liam, sabiendo que Anne estaba fuera visitando a unos amigos, pero pensando que los mellizos no lo sabrían y que habrían podido dirigirse allí. 



Inspeccionó la casa de arriba abajo por dos veces, buscó en el jardín, y llegó a llamar a la nueva casa pensando que podrían haber ido hasta allí de alguna manera. Pero no había sido así. Se disponía a llamar a la policía cuando sonó el teléfono.
Contestó al instante. Estaba temblando de tal manera que le costaba apoyar el auricular en la oreja. -¿Señora Hemsworth?
-Sí -respondió con un susurro.
-Señora Hemsworth, soy la secretaria de su marido ...
Le dio un vuelco el corazón. -¿Está Liam ahí? -preguntó.
-No, todavía no ha llegado -respondió la mujer-
Pero sus hijos acaban de aparecer preguntando por él y he pensado que ...
-¿Están ahí?
-Sí -dijo la secretaria amablemente, dándose cuenta de la preocupación de Miley-. Sí, están aquí.
-¡Oh, Dios mío! -exclamó Miley, tapándose la boca con la mano, conteniendo un torrente de lágrimas- ¿Están bien?
-Sí, están bien.



Miley se sentó en la escalera, invadida por una sensación de alivio. Pero se puso en pie casi al instante. -¿Puede decirles que se queden ahí, por favor?-dijo casi en un susurro- Voy enseguida, voy enseguida ...

Colgó el teléfono, profirió una pequeña risa nerviosa y se apresuró a preparar a William.
Miley llegó al edificio de Hemsworth Holdings justo cuando finalizaba la hora de descanso para comer. 



El moderno vestíbulo estaba repleto de gente que volvía a sus respectivas oficinas.
Tenía las mejillas sonrosadas por el sofoco de la prisa y, en su expresión, se veía que había sufrido un gran disgusto. Iba vestida con un pantalón blanco ajustado, que se ponía para estar en casa, y con una camisa vieja de Liam. Se detuvo en la entrada y miró con asombro a su alrededor.

No podía ver a los niños. Sintió una punzada en el corazón y avanzó hacia el mostrador de recepción que había al otro lado del amplio vestíbulo, donde una chica coqueteaba con un joven que estaba apoyado en su mesa.
-Perdóneme -dijo Miley sin aliento- Soy Miley Hemsworth. Mis hijos. Yo ...
-¡Señora Hemsworth! -exclamó la chica, poniéndose en pie y observando a Miley como si no pudiera creer lo que veía. 



Miley no la culpaba, sabía que su aspecto era horrible. Pero no la importaba, lo único que quería era ver a Lucas y a Marie, necesitaba verlos.
-Mis hijos -repitió--. ¿Dónde están? -preguntó sin darse cuenta de que la exclamación de la recepcionista se había oído en todo el vestíbulo y todo el mundo la estaba mirando.
-Oh, el señor Hemsworth ha llegado hace diez minutos -le dijo la chica- Los ha llevado a su despacho y ha dicho que usted ...
-La acompañaré a su despacho, si quiere -dijo el Joven.
Miley lo miró distraídamente y asintió.
,-Gracias -susurró y lo siguió a los ascensores, demasiado turbada para darse cuenta de las miradas curiosas.

El ascensor los llevó muchos pisos más arriba y los dejó en una planta cuyo suelo estaba cubierto por una gruesa moqueta gris que amortiguaba el sonido de sus pasos. Se acercaron a un par de puertas de color gris mate. Miley aminoró el paso, sintiéndose extraña, débil. El joven golpeó la puerta con los nudillos, esperó unos instantes y abrió. Luego se apartó para dejar paso a Miley.

Miley se detuvo en el umbral y miró a Liam con cautela. Estaba apoyado en una gran mesa de despacho, con los brazos cruzados. Los niños estaban sentados, muy juntos, en un gran sofá de cuero. Se le llenaron los ojos de lágrimas. Dejó a William en el suelo, tragó saliva y exclamó:
-¡Oh, Lucas, Marie!
y se desmayó al instante.

Cuando volvió en sí, estaba echada en el sofá y tenía algo frío y húmedo sobre la frente. Cuatro rostros con reconocible parecido entre ellos la miraban con preocupación. Sonrió débilmente y recibió cuatro sonrisas en respuesta.

Liam estaba de rodillas a su lado y agarraba a William con un brazo. Con una mano, agarraba la de Miley. Lucas y Marie estaban a su lado, cada uno apoyado en uno de los hombros de su padre. Era una imagen muy dulce y deseó tener papel y lápiz para poder inmortalizada.
-¿Cómo estás? -le preguntó Liam.

The έναν εξαπατώντας σύζυγο cap: 27

Había un retrato de Lucas, con el ceño fruncido y una mirada solemne. Era igual que Liam, tanto, que a Miley le dio un vuelco el corazón al comparar el retrato con él.

Marie parecía satisfecha de sí misma. Su pelo rubio era como un halo alrededor de su cara. Tenía una mirada traviesa la misma con que había recibido la noticia de que su padre iba a comprarle un pony, y sus rasgos expresaban que era independiente y extrovertida. Se parecía a Miley, pero no era Miley. En aquel aspecto, se parecía más a su padre.

Había más retratos de William, porque Miley pasaba más tiempo con él. En uno estaba durmiendo, boca abajo, con el beep en pompa y abrazado a su osito. Había otro dibujo en el que estaba riendo, y sus pequeños dientes asomaban en un rostro lleno de luz. En otro estaba muy serio, concentrado en dar sus primeros pasos.

-Son buenos -dijo Liam. Miley suspiró.
-Gracias -dijo e hizo ademán de tomar el bloc antes de que Liam volviera la hoja- Disfruto al hacerlos.

Liam no le devolvió el bloc. Al volver la siguiente página, se quedó muy quieto.
Esperaba ver algún dibujo de él mismo, pensó Miley más tarde. Era la conclusión lógica después de ver dibujos de todos los miembros de la familia. Pero no había ningún retrato suyo.

Era un autorretrato. El retrato de una mujer joven, con el pelo corto y el rostro terso. Una mujer que había cambiado poco a lo largo de los años. Su boca era pequeña y suave y tenía la nariz delicadamente recta. Pero sus ojos, los miraban con una tristeza que conmovía el alma. Para ella, fue como mirar a una extraña. Había odiado aquel retrato nada más terminarlo. Por eso lo había tachado con dos rayas de esquina a esquina de la página.

-¿Por qué lo ha tachado? -preguntó Liam con seriedad, siguiendo una de las rayas con un dedo y deteniéndose en la boca.

Miley se aparto un poco de él. -No soy yo, no me gusta.
Liam no hizo ningún comentario, pero se quedó mirando el dibujo durante largo tiempo. 

Miley se levantó de la cama y trató de concentrarse en la ropa que tenía extendida sobre el suelo de la habitación.

-De mi no has hecho ningún dibujo -dijo Liam, cuando acabó de examinar el cuaderno.
Miley le dirigió una sonrisa forzada.
-¿Cómo que no? -dijo- ¿Y ese diablo? Así es como yo te veo.

No podía explicar por qué no había intentado dibujarlo. Sabía las razones, pero no habría sabido decirlas con palabras. Liam era distinto. Era y no era de la familia. Los demás rostros del bloc eran parte de ella. 


Liam lo había sido, su parte más importante, pero ya no lo era. Se había alejado, se había convertido en una imagen borrosa.
No lo quería tanto como a sus hijos.



 Él era el eslabón roto de la cadena.
Se estiró para agarrar el cuaderno. Liam se lo dio, observando en silencio cómo lo guardaba en el último cajón del armario y cerrando la puerta antes de mirarlo a él de nuevo.
Él seguía tumbado en la cama, cubierto sólo por la toalla.

-¿Dónde está William? -preguntó suavemente.
-En casa de tu madre.

Cruzaron una mirada y el tiempo se detuvo. La mirada de Liam no dejaba lugar a dudas, la deseaba. Ella estaba a un metro de él, nerviosa, insegura. Se sonrojó sintiendo que el deseo también se apoderaba de ella.

Se fijó en el  vello rizado que cubría el pecho de Liam y que descendía en forma de flecha, perdiéndose por debajo de su cintura. Liam era alto, esbelto y muy masculino. Sus piernas eran poderosas y con unos muslos bien formados, y estaban cubiertas de vello. Miley casi podía sentir el roce de aquel vello sobre su piel suave y delicada.



La pálida luz del sol entraba por la ventana, y se dio cuenta, con un pequeño sobresalto, que hacía muchos meses que no miraba a Liam tan abiertamente. La necesidad de hacer el amor a oscuras le había privado de aquel placer. Y también del placer el ver arder el deseo en los ojos de Liam.
El estiró el brazo, invitándola a tenderse a su lado. Miley le dio la mano en silencio, llevada por una fuerza contra la que era imposible luchar. Liam entrelazó los dedos con ella, con cuidado de no romper el hipnótico contacto de sus miradas. Se sentó muy despacio y separó las piernas para que Miley se deslizara entre ellas. Miley sólo llevaba un vestido muy ancho y las braguitas. Liam la agarró por la cintura y le acarició la cadera y las piernas hasta alcanzar el borde del vestido.
Miley contuvo la respiración y dio un respingo.
Liam se detuvo y la miró para comprobar el significado de aquel gesto. Miley dejó escapar el aire de sus pulmones lentamente y cerró los párpados inclinándose para besar a Liam en la boca.
Liam se echó hacia atrás y ella se echó con él.
Sin dejar de besarla, Liam le quitó el vestido. Al instante, se perdieron el uno en el otro, hambrientos, ansiosos, llenos de deseo, sumergiéndose en una cascada de sensualidad y de caricias, sin dejar nunca de besarse.
Miley estaba preparada para recibirlo, y sus sentidos se ahogaron en un dulce pozo de deseo. Liam se colocó encima de ella y Miley lo agarró por la cadera para que la penetrara.
Entonces, ocurrió. 

Amándolo con cada poro de su piel, con cada uno de sus sentidos, abrió los ojos muy despacio y miró el hermoso rostro de Liam, su pelo, bañado por la tenue luz del sol, y vio la ferocidad de su pasión en el brillo fulminante de sus ojos. Entonces, el fantasma de su infierno volvió para atemorizarla y cerró los ojos, gimoteando con frustración y poniéndose completamente rígida.
-¡No! -exclamó Liam con violencia, porque se daba cuenta de lo que le estaba ocurriendo a Miley-. ¡No, maldita sea, Miley, no!

Miley luchó con todas sus fuerzas, apretándose a él y sin dejar de jadear.
-¡Mírame! -le exigió Liam-. ¡Por lo que más quieras, mírame!
Miley abrió los ojos lentamente. 

Liam tenía los párpados entrecerrados, con una evidente expresión de deseo. Tal vez Liam no la amara, pero la deseaba apasionadamente a pesar de que llevaban ocho años casados, a pesar de que su embarazo era evidente, a pesar de todo lo que había ocurrido entre ellos en durante los últimos meses. Liam todavía la deseaba con una gran intensidad, y, tal vez, eso fuera suficiente 

-¡No! -exclamó Liam al ver que Miley cerraba los ojos otra vez- ¡No, esta vez no me puedes dejar así, Miley!
Tomó el rostro de Miley entre sus manos y le apretó el rostro hasta conseguir que abriera los ojos.
-Me deseas -dijo con violencia-, pero no me tendrás a no ser que abras los ojos y aceptes a quien deseas. ¡A mí! -exclamó- ¡A mí, Miley! ¡A mí, el hombre que yo era antes de hacerte daño y el hombre que soy ahora!
-¿Y si no puedo? -susurró Miley desconsoladamente- ¿Y si no puedo superar lo que nos hiciste?
-Entonces, nunca me tendrás otra vez -respondió Liam con pesar- Porque sé que no puedo seguir haciendo el amor con una mujer que tiene que cerrar los ojos para hacer el amor conmigo.

domingo, 21 de agosto de 2011

The έναν εξαπατώντας σύζυγο: cap 26

-¿Una tregua? -le preguntó Liam, rozando su boca con los labios.
-Sí -murmuró Miley y cerró los ojos.
-¿Por mis millones?
-Por supuesto -dijo Miley sonriendo-. ¿Por qué otra cosa iba a ceder?

Liam se rió, porque, si conocía en algo a Miley, sabía que no era interesada. La besó en la frente y se dio la vuelta agarrándola de la mano.
-Entonces, ven y charla conmigo mientras me cambio -le dijo.
La habitación estaba bañada, como de costumbre. por una tenue luz anaranjada.
-Esta noche, por supuesto, podemos dormir en nuestra cama -comentó Miley distraídamente, y recibió una palmadita en las nalgas.
Entraron en el cuarto de baño riendo.
 

********
Fueron unas Navidades felices, tranquilas, alegres, pero terminaron enseguida. Llegó el momento en que Miley tuvo que decidir si iba a volver a las clases de Josh. Liam no hizo ningún comentario, pero Miley no tuvo la menor duda de su opinión al ver su cara cuando la sorprendió con su bloc de dibujo. Además, ella se negó a comentárselo porque quería que fuera una decisión exclusivamente suya.
 
Muy lentamente, volvieron a ser dos extraños que vivían bajo el mismo techo. Miley pensaba que el noventa por ciento de la culpa la tenía el hecho de que no había conseguido una relación satisfactoria en la cama. Liam era un hombre muy sensual y su propia y continua incapacidad para entregarse por completo debía desafiar su virilidad. Odiaba las restricciones que ella imponía: la oscuridad, el silencio, su reticencia a dejarse llevar por sus sensaciones. Miley temía que, si no podía solucionarlo, una vez más, él se fuera en busca de la satisfacción a alguna otra parte.
¿La abandonaría alguna vez aquel miedo? Se preguntó una mañana, después de una noche especialmente desastrosa.

Liam había sufrido tanto como ella después de su aventura con Selena, pero saber que podía volver a caer en la tentación cuando la presión fuera demasiado fuerte, acababa con la necesaria confianza que Miley necesitaba para volver a sentirse segura con él.

Miley era presa de una terrible inseguridad, una inseguridad que la mantenía continuamente irritada. Volvió a tener dolores de estómago, unos dolores que ya duraban meses.
Y, cuando pensaba en aquellos meses, se le helaba la sangre en las venas.

Eran las dos en punto de la tarde de un miércoles. Liam estaba en su despacho, recogiendo los documentos en los que había estado trabajando para preparar su próxima reunión cuando sonó el teléfono.
-Una señora le llama por teléfono, señor Hemsworth, dice que es la señora Hemsworth.
A Liam le dieron escalofríos. Miley nunca lo llamaba al despacho. ¿Habría ocurrido algún accidente?, se preguntó con alarma. ¿Le habría ocurrido algo a sus hijos?
-Pásemela -le pidió a su secretaria.
 
Cuando recibió la llamada, había considerado tantas posibilidades que se desconcertó cuando no oyó la voz de Miley sino la de su madre.
Sacudió la cabeza y dijo:
-Empieza otra vez, mamá. Me temo que no he entendido una sola palabra.
Al cabo de unos minutos, estaba en su coche, pisando el acelerador en dirección a su casa. Su madre le abrió la puerta.
-Está ahí dentro -le dijo Anne con gesto de preocupación y con signos de haber llorado-. Está muy enfadada, Liam-añadió susurrando.

Liam hizo un gesto de dolor al abrir la puerta del salón y ver a Miley sentada en una esquina del sofá. Tenía el rostro enterrado en un cojín y no paraba de sollozar. Se acercó a ella con cuidado. Se quitó la corbata antes de intentar tocarla, le temblaron las manos.
 
-Miley-susurró agachándose y apoyando la mano en su hombro.
-Vete -dijo ella sin dejar de sollozar.

Liam frunció el ceño, desconcertado y temeroso.
Nunca la había visto así, tan destrozada que ni siquiera podía decirle lo que le ocurría. Permaneció allí, acariciándole los hombros con ternura mientras se preguntaba qué podía haberla llevado a aquel estado. Pensó en Joshua Browman y se le hizo un nudo en el estómago. Si aquel canalla había hecho daño a Miley cuando se estaba recuperando del daño que él mismo le había ocasionado ...
 
- Miley... -dijo aproximándose y acariciándole el pelo. Se sorprendió al comprobar que estaba húmedo. ¿Cuánto tiempo llevaba así?-. Por Dios Santo. Háblame, dime qué ocurre.

Miley sacudió la cabeza. Liam tragó saliva sin saber qué hacer. Luego, con resolución, se levantó para estrecharla entre sus brazos y volvió a sentarse con ella hecha un ovillo sobre su regazo, con cojín y todo.
Al menos, no trataba de separarse de él, advirtió Liam que permanecía impotente escuchando los sollozos de Miley.
-Tú tienes la culpa -dijo ella por fin.

Liam suspiró, recordando los últimos días, tratando de averiguar si había hecho algo que pudiera causarle a Miley tanto dolor. En realidad, había sido muy cuidadoso. Ni siquiera había dicho una palabra sobre su maldita clase de dibujo. Tampoco habían hecho el amor.
-Se suponía que eras tú el que iba a tener cuidado
-añadió Miley con aquella voz rota que le partía el corazón.
Acarició su pelo con la mejilla. -¿Tener cuidado de qué? -le preguntó.
Miley sollozó todavía más, amenazando con ahogarse si no se calmaba. Liam la agarró por los hombros y la sentó, tirando el cojín lejos de allí.

-Miley -le dijo con firmeza, muy preocupado por su estado.
Pero, gracias a aquella firmeza, Miley trató de tranquilizarse y quiso contener las lágrimas. Liam tomó un pañuelo, apartó las manos de Miley de su rostro y le secó las mejillas. Estaba tan caliente que le quitó el jersey de lana que llevaba. Miley se estremeció al quedarse sólo con la blusa y sentir algo de frío.
-Ahora -dijo Liam-, cuéntame qué ocurre. Has dicho que era algo que yo he hecho.


Miley lo miró. Tenía los ojos bañados en lágrimas e hizo un puchero con la boca. A Liam casi le dieron ganas de sonreír, porque Miley era la viva imagen de Marie. Pero era Miley, no su pequeña hija, y Miley era fuerte, a pesar del aire de fragilidad que la rodeaba.
-No llores -murmuró, al ver que Miley volvía a llorar- Miley, por el amor de Dios, tienes que decirme qué te pasa para que pueda ayudarte.
-¡No puedes ayudarme! ¡Nadie puede ayudarme! ¡Estoy embarazada, Liam! ¡Embarazada! -dijo Miley sin dejar de sollozar y luego tragó saliva- ¡Dijiste que ibas a tener cuidado!
 

Fue él el que debió tener cuidado cuando se quedó embarazada de los mellizos, a partir de ese momento fue ella quien se ocupó de todo. Hasta que la píldora le produjo una reacción, así que Liam volvió a ocuparse de todo, y entonces, nació William.
-¡Eres un inútil! ¡Puede que sepas dirigir un millón de empresas, pero en todo lo demás eres un inútil! ¡Sólo tengo veinticuatro años, por el amor de Dios! -dijo balbuciendo---. A este paso me vas a enterrar antes de llegar a los treinta.


Liam no pudo evitar una sonrisa, pero apretó la cabeza de Miley contra su pecho para que no pudiera verla.
-Chist -dijo- Todavía estoy intentando asumido. Pero Miley estaba enfadada y se irguió, para decirle todo lo que llevaba atormentándola durante tanto tiempo.
-¡Me he convertido en una fábrica de niños! -gruñó-. Ahora me explico por qué me tienes aquí encerrada. 

Tus amigos, esos grandes hombres, se quedarían boquiabiertos cuando descubrieran que también has montado una fábrica en casa. Apuesto a que ... si consultamos a un sindicato, te denunciaría por abuso de contrato.
-¡Cállate, Miley! -dijo Liam, que ya no pudo contener la risa por más tiempo---. ¡No puedo pensar si me lanzas todas esas acusaciones!
-¡Piensa sólo en que estoy embarazada y no quiero estarlo!
«¡Piensa en eso todo lo que quieras!», se dijo Miley con amargura.
-¿De cuánto? -le preguntó Liam, después de una larga pausa. Tenía un nudo en la garganta y estaba pálido.
-De tres meses -le respondió ella, sintiéndose estúpida.
-Tres meses -repitió Liam, relajándose- ¡Dios Santo! -exclamó tan sorprendido como Miley aquella mañana cuando había visto al médico-. Eso significa ... -Sí.
 

Significaba que debió ser la primera vez que dejó que se acercara a ella, después de enterarse de lo de Selena.
-Dios mió, ahora me acuerdo de que no se me ocurrió pensar en ...
Se hizo el silencio, mientras los dos reflexionaban.


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bueno ya solo faltan un par de capitulos para el final porfa comenten