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viernes, 22 de julio de 2011

Protegeme: Cap 21

Miley seguía  en la casa de Nick, intentando distraerse con algo. Pero no podía.
Las horas le parecían años enteros, sin él no era lo mismo. Sin su mal genio de vez en cuando, o sus momentos picantes, sin sus sonrisas, ni sus miradas que tanto la excitaban. Sin sus abrazos… sin nada. La casa parecía vacía. Ni el televisor podía sacarla del aburrimiento y la preocupación. Hasta que pasaron las noticias… dentro de los tres días que Nick había prometido y más. Ya había pasado una semana, y nada.

-          Se organizó una guerra en Rusia… - decía la joven reportera. Miley solo podía ver cadáveres y incendios –…había agentes y soldados de por en medio, prominentes sobre todo de Estados Unidos… – a Miley se le puso la piel de gallina, deseando que Nick estuviera bien. Siguió escuchando atenta - … trena y dos muertos y siete heridos graves, otros tantos desaparecidos.

Los ojos de Miley se humedecieron. ¿Ninguno que no hubiera sufrido daños?
¿Alguno siquiera que solo fuera herido leve? Dios mío, rezaba que al menos, Nick fuera uno de esos siete. Llamaron a la puerta. Miley fue a abrir a toda prisa.

-          ¡Liam! – lo abrazó con todas sus fuerzas. Él sonrió amargamente.

-          Vigila, nena… - ella se apartó. Observó que estaba algo mal herido y sobre todo, lleno de polvo.

-          Perdóname… - sonrió, buscando algo de esperanza en los ojos del compañero de Nick. Pero no vio nada. Solo un destello. ¿Es que acaso ese rudo hombre estaba a punto de llorar? La chispa de esperanza que le quedaba a Miley se esfumó. Los ojos se le inundaron de lágrimas, sintió una gran opresión en el pecho, el aire le faltó.
La garganta le ardía, tenía un nudo en el estómago. Negó con la cabeza, apretando los labios. Y murmuró su nombre – Nick…

-          Lo siento… - Liam la miró, la abrazó, y él también… dejó que salieran las lágrimas – Lo siento, nena…. – hasta a él se le ahogó la voz. – me dijo que te diera esto… - se sacó un sobre de su pantalón y se lo entregó a Miley. – Al menos, a muerto dignamente.

******************

Si estás leyendo esto… es porque… algo salió mal, cariño…
Siento no estar aquí a tu lado ahora mismo, pero… no quiero que llores ¿eh? Que sepas que te estoy viendo des de arriba y por la noche tendré que hacerte alguna travesura, castigándote por llorar por un estúpido como yo.
¿Sabes? Las horas me parecen años aquí, me cuesta tanto seguir adelante sin ti. La comida está asquerosa, nada se compara a los platos que tu… mi amor, sabes hacer.
Además estoy rodeado de gilipo.llas pajeros… y pensar que yo podría tenerte entre mis brazos ahora mismo… si les enseñase una foto tuya, se les caería la po.lla al suelo. Pero paso… no quiero que tengan sueños eróticos con mi nena.
¿Sabes otra cosa? Quiero que seas feliz, que rehagas tu vida… y que te acuerdes de este testarudo hombre de vez en cuando. Quiero que tengas hijos… entre ellos una hija, que salga a su madre, que tenga esa mirada limpia, y ese gran corazón que tú tienes. Quiero que disfrutes, en otro hombre, de lo que a mí no me ha dado tiempo de darte.
Y quiero que sepas, que yo… estando ahí arriba… o en todo caso, ahí abajo, donde pertenezco más, estaré pensando en ti, en cada hora, cada minuto, cada segundo.
Te amé… te amo… y te amaré. Siempre.
Nicholas Jonas.


Era la séptima vez que leía la carta. El pañuelo estaba empapado, y ella, sentada en el peldaño de la casa de Nick, no sabía qué hacer. Se sentía acabada, se sentía sin vida.

Un brazo, algo tembloroso la rodeó por detrás.

-          Te dije que no lloraras por un imbécil como yo. Te tendré que castigar.

Miley abrió la boca, de par en par se giró, y se lanzó encima de Nick.

-          Eres tonto… dios mío… no sabes lo mal que lo he pasado… - Miley empezó a llorar, de nuevo, como nunca lo había hecho.

Nick estaba herido, pero lo más importante es que estaba vivo. Nick la besó, tiernamente. Los besos que ella había echado tanto en falta.

-          Te dije que… te dije que volvería. Y esta vez, para quedarme, para estar contigo. Para siempre.

Fin

martes, 19 de julio de 2011

Protegeme: Cap 20

Miley despertó, lentamente.  Se sintió feliz, al saber que lo primero que sus ojos veían, era a Nick. Y quería que fuera así por mucho tiempo… por no decir, por el resto de los días que le quedaban de vida. 

A Miley se le iluminó la mente. Se escondió, debajo de las sabanas…

Era la primera vez que Nick s despertaba jadeando.

-          Oh, si… - quitó de una ventilada las sabanas de encima suyo y vió a Miley, practicándole una perfecta mamada. Gimió ante la imagen.

¿Cuándo ha sido tan bueno el sexo oral?  Él había podido aguantar hasta media hora en boca de una mujer. Pero con Miley... era distinto. Solo acababa de empezar… y ya lo tenía palpitando, más duro que una piedra. Temía no durar ni cinco minutos.
Sentía los dulces labios de Miley encerrándolo en su húmeda boca, succionándolo, pidiéndole que se corriera en su garganta. Se contuvo las ganas de coger a Miley del pelo y apretarla contra él. 

El placer era… era inmenso. No podría aguantar más. Y no era justo, esta vez le tocaba a Miley tener un orgasmo que le hiciera ver las estrellas. Le apartó la cara, y ella de mala gana se levantó, después de un gracioso ‘plop’ producido por la liberación del pene de Nick de la boca de Miley.

-          Ven aquí… ven aquí. – dijo cogiéndola de la cintura y subiéndola hasta su altura. - ¿No crees que ya es suficiente? Ya me he dado cuenta de que puedes hacer que me corra con solo rozarme con tu dulce boca… ahora es mi turno.

La tumbó bajo él y levantó sus piernas, colocándolas en sus hombros. Cogió el pote de lubricante de su mesita, aun que sabía… que no haría mucha falta, porque… estaba empapado de la saliva de Miley.  

Ella sonrió, abriéndose aun más de piernas. Nick no pudo apartar la vista. Se aplicó algo de lubricante. Volvió a mirarla a los ojos. Esos ojos que pedían que la penetraran hasta el fondo. Miley alzó las caderas, en una descarada invitación que enloqueció a Nick. Lo puso a un punto, tan excitado, que le dolía.

-          Ah… dios… - gimió, embistiéndola de una entera vez.

Miley gimió. Nick paró en seco.

-          ¿Te he hecho daño?

-          No… ¡Sigue!- le rogó, encogiendo los dedos de los pies por el gusto.

Nick sonrió, se retiró completamente… haciendo que Miley perdiera el control, que gimiera, que le rogara que entrara de nuevo en ella. Luego… volvió a meter, lentamente, cada y uno de los veinticinco centímetros por los que Miley moría.

-          Si... sigue... – Nick la levantó. – más… rápido. – le pidió ella mordiéndole el hombro. – Ah, ah… si…

Nick la apoyó contra la pared, así, teniendo una mejor postura para follarla. 

Miley se retorcía contra su cuerpo. Le mordió de nuevo el hombro, le arañó la espalda.
Quería que supiera lo que era tener sexo con él, quería que supiera lo mucho que la deseaba, lo mucho que quería que disfrutara a su lado. Lo mucho que, además, la amaba.

Le agarró las piernas y se hundió, completamente en ella.

-          ¡Oh, sí! ¡Nick! – jadeó Miley contrayéndose alrededor del pene de Nick, ciñéndole con tanta fuerza que él pensó que iba a correrse en ese mismo instante.

Vamos a ver… Nick intentó pensar, entre aquella nube de lujuria que cubría su vista. A diez centímetros de su vagina. Esto es fácil para mí. Nick movió circularmente las caderas y volvió a embestirla, Miley se intentó agarrar a la pared. Gritó. Te encontré.

-          Dios mío… - murmuró con la respiración agitada.

Nick volvió a tumbarla en la cama. Volvió a colocar sus piernas verticalmente contra su torso. Sentía como el coño de Miley palpitaba, encerrándolo en sus entrañas. Le besó las piernas.

-          ¿Quieres más? – dijo Nick besándole el cuello.

-          Si… si…

-          ¿La palabra mágica?

-          Por favor…

-          Falta algo…

-          ¿Qué? – dijo Miley, abriendo los ojos.

-          Di que me amas. – sonrió.

-          Te amo. – ella le devolvió la sonrisa.

Nick volvió a torturar ese lugar, hasta estar totalmente dentro de Miley. Ella lo sentía tanto… que pensó que iba a perder el conocimiento. Y él… a él lo apretaba, como un puño, cada vez que la embestía, cada vez que embestía el punto G de Miley. Y más, ahora. Ahora… sintió como ella se deleitaba en él, sintió como se corría, como le entregaba hasta el alma. Y él le otorgó lo mismo, dejando que Miley lo ordeñara hasta la última gota de semen.

Miley  terminó de vestirse junto con Nick.  En el preciso instante en el que ella se abrochaba los pantalones, Liam entró, corriendo.

-          ¡Nick!

-          ¡Joder! Te he dicho mil veces que piques a la puerta antes de entrar. – llega a ser cinco minutos antes y nos pilla en el polvo del siglo.

-          Lo siento, lo siento. – dijo apresurado.

-          ¿Qué quieres? – Nick se puso el jersey. Miley no dejaba de observarlo.  
Perfecto. Era la mejor palabra que lo describía.

-          Snade nos vino a buscar. El helicóptero está allí… afuera. – Nick observó por la ventana. Vio uno de los helicópteros de la agencia, en funcionamiento, en su pequeño
y privado aeropuerto. ¿Cómo era posible que no se hubiera dado cuenta? Eso era… otra prueba más de que, cuando esta con Miley, lo demás, le importa una mier.da.

-          ¿Nos vino a buscar?

-          Nos surgió un imprevisto… en Rusia.

-          ¿Qué dices?

-          Pues eso… nos necesita. Dice que solo serán unos días.

-          Siempre hace lo mismo…

-          Ya, pero… sabes que estamos en medio de unos conflictos con los rusos…

-          ¿Y a mí qué?

-          Pues que dice que eres uno de los mejores con… manejo de armas… que nos necesita Nick.

Él quedó pensando por un momento.

-          Dile que ahora voy.

-          No hace falta que cojas nada, él ya… ya tiene todo lo necesario.

-          De acuerdo.

Liam desapareció por donde había entrado. Miley se acercó a Nick.

-          ¿Tienes que irte? – murmuró, preocupada.

-          Si… - le acarició la mejilla – pero te prometo que en tres días, como mucho, estoy aquí.

-          No te vayas… - le suplicó Miley. – ¿Si te hieren? Estarás en medio de una guerra…

-          No me pasará nada.

-          ¿Y lo de ayer?

-          Fue un despiste.

-          Llévame contigo.

-          No mi amor… si te pasara algo, si te hicieran daño, no me lo perdonaría nunca.

-          Pero…

-          Nada de peros. – le acarició los labios  y la besó, lentamente, saboreando hasta la última gota de ese tiempo que compartían juntos – volveré.
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Hola chicas solo queri informarles que solo falta un capitulo para terminar esta temporada de la novela y tambien queria preguntarles si les guta la otra novela

Protegeme: Cap 19

La desnudó. Sin dejar de besarla. La tumbó en la cama. Ella le apartó el albornoz.
Tuvo el placer de contemplar el bello cuerpo de Nick. Era completamente perfecto.
Nick sonrió y volvió a besarla, colocándose entre sus piernas. La acarició, toda… toda suya. Sus pezones ya estaban erguidos, y su sexo ya estaba mojado, invitándolo a entrar. Quería hacerla suya… dios… no deseaba nada más en estos momentos.
Mordisqueó el cuello de Miley haciendo que ella alzara las caderas. Nick buscó un preservativo, no aguantaba más sin poseer el cuerpo de su amada mujer.

-          No. - Miley lo detuvo. – Tomo la pastilla. – Rodeó su espalda con sus brazos y lo acercó a ella. – Quiero sentirte… completamente. Sin… sin barreras de látex de por medio.

Nick gimió escuchando sus palabras. ¿Hacerlo sin condón? A carne viva… sentirla, a ella, a su interior, sin algo que lo cubriera… era la mejor propuesta que le habían hecho nunca.

-          ¿Estás preparada para mí? – murmuró Nick besándole la frente.

Miley asintió. Si hablaba se pondría a llorar. Apoyó la cabeza contra el hombro de
Nick y se lo besó. Sintió como él empezaba a abrirse adentro de su propio cuerpo.

Nick no pudo evitar gemir al sentir… como la húmeda y estrecha carne de Miley comenzaba a ceñirle el pene. Pero algo lo detuvo. Había… alguna cosa allí. El corazón le latió fuerte. Ahora lo entendía todo, ahora entendía por qué Miley no había querido sexo con él, ahora… encajaban las piezas del puzle. La miró, conmocionado.

Ella tenía los ojos inundados en lágrimas. Aquel día la había visto llorar demasiado, y eso le dolía. Otra muestra de que lo que había allí, de lo que sentía, era mucho más que simple afecto. Miley abrió la boca para decir algo. Quizás otro ‘te amo’.

-          No me dejes… - murmuró, abrazándolo por la espalda, aún más fuerte. Nick le apartó un mechón de la cara y se lo colocó detrás de la oreja. La miró, con los ojos humedecidos.

-          ¿Por qué te iba a dejar? Si esto es lo más hermoso que he vivido nunca…

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Nick se tumbó detrás de Miley abrazándola. Le besó el cuello, el hombro. Ella sonreía. Los tapó a los dos.

-          ¿Te ha dolido mucho? – murmuró en su oreja.

-          ¿Te so sincera? – se giró y apoyó su cabeza en el pecho de Nick. Él le acarició el pelo. – La verdad es que empezar… con una cosa como la tuya… duele bastante.

Nick se rió. Miley También.

-          Lo siento.

-          No pidas disculpas. Tendrás que compensarme. – se sentó encima de él. Y lo besó. Pasando los dedos entre los adorables rizos del pelo de Nick.

-          Eso ni lo dudes… - la apretó más contra su abdomen. – no has llegado… -
murmuró, entristecido.

-          La primera vez no se acostumbra a tener orgasmos… - Miley cogió la cabeza de Nick y la apoyó contra su pecho.

-          Pero yo no quería que te doliera…

-          Lo sé… has sido muy… cariñoso. – besó su cabeza. – Al menos tu sí.

-          Intenté que no.

Miley se rió.

-          ¿Por qué?

-          Me parece feo correrme antes que tu, o aun peor… que tu no lo hayas hecho.

-          Bueno, estos días has hecho que me corra de lo lindo… así que estamos en paces.

-          No es lo mismo.

 Miley se tumbó encima de Nick. Entrecerró los ojos. A pesar de la conversación, ella estaba feliz. Ya no era virgen, y el hombre que se la había arrebatado, había sido él… había sido Nick.

-          ¿Por qué me dijiste que no te dejara? – dijo Nick apartándole el pelo.

-          Porque… - Miley bostezó. – Con mi último novio lo estuve a punto de hacer… y él… cuando supo que yo era virgen… se fue. No volvió a llamarme… no volví a saber de él. Se ve que… buscaba alguna mujer con más experiencia.

-          Pues no sabe la joya que se ha perdido. – sonrió, sin dejar de acariciar a
Miley. Nunca había sido un hombre romanticón, ni cursi… pero eso era… hermoso. Estar así, hablando, con la mujer a la que más amaba, con la mujer, a la que había hecho, ahora sí, completamente suya, suya para siempre.

Protegeme: Cap 18

Nick se tuvo que tomar un par de tilas para calmar las emociones que tenía dentro. Creía que eso lo hacía el efecto de la granada, o alguna de esas mier.das. Pero en el fondo sabía que no era así. ¿Selena no estaba muerta? ¿Qué hacía allí?

Dejó que el agua caliente le recorriera el cuerpo, quitándole los restos de sangre que tenía. Salió de la ducha y pasó una mano por el empañado espejo. Observó su cuerpo, bronceado y fuerte… ahora adornado por decenas de cortes. Suspiró y se frotó con fuerza el pelo con la toalla. ¿Por qué no había salido corriendo detrás de Selena en cuanto la había visto? Durante casi tres jodidos años había pensado que ella estaba muerta, y ahora… ahora que había conocido a Miley, que sabía que Delta era su hermana mayor y que ellas habían tenido mucho que ver con Alexander Donovan… volvía a aparecer. ¿Por qué?

Se metió dentro del albornoz, cubriéndole el dolorido cuerpo. Salió de allí. Los ronquidos, delataron que Liam, baldado, ya estaba durmiendo. Con la dura piel que tenía su compañero, y la masa de puro musculo que tenía en los brazos, le había costado un poco cerrarle la brecha del brazo.

Supuso que Miley también estaría durmiendo. Había tenido un duro día, y las copas de más se le habían bajado de golpe con la mar de sustos y altibajos que habían tenido aquella tarde.

Se dirigió hacia su habitación.

-          ¿Qué haces? – dijo, mirando a Miley que estaba sentada en su cama, mirando no se qué. Nick se enfadó cuando vio lo que era.

-          ¿Es esa Selena? – dijo mirando el retrato de esa chica que Nick tenía guardado en uno de los cajones de la mesita de noche.

Nick se lo arrebató de las manos.

-          No puedes entrar aquí sin mi permiso. – dijo Nick – mi habitación… es mi intimidad, joder.

Miley pudo ver de nuevo aquella persona fría que había conocido en un principio. Se dio una bofetada mental a si misma, por gilipo.llas, por *******, por haber pensado… que Nick podría sentir algo más por ella que buscar simple satisfacción o… o tan solo un caso más de faena. Pero ahora veía lo tonta que había sido. Caer de nuevo… no era ninguna novedad para ella.

-          Lo siento… - murmuró, apretando los labios para intentar no llorar. Se dirigió a la puerta, deseando que Nick la detuviera.

-          Miley... – ella se giró, sonriendo, al escuchar su voz, llamándola de nuevo.  Llenando su corazón de alguna pequeña esperanza.

-          ¿Sí? – dijo sin dejar de mirarlo. Pero él… él la miraba serio.

-          Ahora que todo ha terminado, podrás irte ya a tu casa… - se sentó en su cama, guardando la foto de Selena de nuevo a su mesita de noche. - ¿No es lo que querías? Mira… al fin y al cabo no ha durado mucho más de dos semanas. Ya podrás volver a tu vida normal. Mañana por la mañana te ayudaré a que recojas todo y te llevaré a tu apartamento de nuevo.

A Miley se le encogió el corazón al escuchar todo lo que Nick le dijo. Solo se le escapó un ahogado ‘vale’ de la boca. Se fue, ágilmente, hasta su habitación. Y allí… ya no pudo contener más las lágrimas.

Nick no podía dormir. Se había pasado con Miley, estaba confuso, cabreado  por todo… pero no con ella. Ella era lo único que se salvaba, era lo que le había hecho reír, lo que le había traído alegría… lo que había acaparado su atención durante esas dos escasas semanas. Y ¿Ahora? ¿Ahora la tenía que devolver a la ciudad, a donde pertenecía? ¿Para qué? ¿Para que los dos siguieran como si nada? ¿Para olvidarse de todo? ¿Para negar que no hubiera pasado nada? ¿Para… para seguir fingiendo que no se había enamorado?  ¿Qué si dejaba ir a Miley, el recuerdo le carcomería para el resto de su vida? El recuerdo de… ¡Por qué no fuiste detrás de ella! ¡LA AMAS!

-          Nick… - la temblorosa voz de Miley sonó, mientras su silueta se dibujaba con la tenue luz del pasillo. La vio apoyada en el marco de la puerta de su habitación. - ¿estás… durmiendo? – supo que estaba llorando.

Se le encogió el corazón. Todo aquello era por culpa suya.

-          No… - dijo quedándose sentado en el pie de la cama – No puedo dormir.

-          Yo… tampoco. – dijo ella frotándose los ojos para enjugar las lagrimas.

-          ¿Por qué lloras? – dijo Nick ladeando la cabeza y levantándose.

-          Porque estoy hasta las narices de tener que esconder siempre lo que siento. –
Lo miró fijamente. Una mirada que dejó captivado a Nick, que le llegó al corazón aún más. – Porque estoy harta de escapar, de ser siempre la que pierde… de ser siempre a la pobrecita a la que le rompen el corazón, la que no tiene tiempo de decir… de decir que está enamorada. A la que no la quiere nadie, porque tiene una imagen distinta, que luego resulta inocente. – se acercó a Nick, con los ojos aguados. Él la seguía mirando – Porque soy una completa inútil… a la que creía que tu amabas… - Nick pudo ver el destello de las lagrimas. Le entraron ganas de abrazarla, fuerte. Para que nunca marchara. Para hacerle el amor ahí mismo, demostrarle que era exactamente lo que sentía. – pero ya veo… que lo único que quieres es terminar con tu misión… que me vaya, y que tanto tu como yo, nos olvidemos de todo lo sucedido. Pero ¿sabes? Yo no podré. Tú has pasado a formar parte de mí. – se quedó esperando, un segundo, que se hizo completamente eterno. Pero Nick, no supo que contestar. Miley suspiró – Lo dicho, siempre la ca.go… olvida lo que te he dicho. – murmuró sin dejar de llorar – mañana a primera hora haré la maleta y me iré.

Se giró para irse de nuevo. Pero Nick la cogió del brazo, cerró la puerta y la apoyó contra su cuerpo, entre él y la madera maciza de esta. Acarició su mejilla. Y sobraron las palabras. Nick empezó a comerle la boca, desesperadamente. No había luz, apenas, solo por un par de agujeritos de la persiana de la ventana de la habitación de Nick. Miley rodeó su cintura con los brazos. Nick la abrazó. Ella apoyó su cabeza contra
su hombro y empezó a llorar de nuevo.

-          No vuelvas a decir eso, no vuelvas a insultarte. – dijo contra su cuello – tu eres lo más perfecto que mis ojos han visto nunca… y yo… yo…

-          ¿Tu? – murmuró Miley, separándose y mirándolo. Sus pupilas se habían acostumbrado a la oscuridad y podía distinguir la figura de Nick, y viceversa.

-          Te amo, joder… te amo más que a nadie en este puto mundo. – volvió a besarla.

Y en ese instante, nada importó. Solo ella, ella… Miley, que estaba entre sus brazos, que la quería, que la amaba, y se lo quería demostrar de todas las maneras posibles. No la dejaría marchar, no… porque sabía, ahora lo veía claro, no tenía dudas, de que… de que su corazón la había estado esperando a ella, y solo a ella… Miley, que había llamado su atención des del primer momento en que Snade le había enseñado la sencilla foto. Ahora solo tenía ojos para ella, su corazón solo latía por ella, su respiración solo se agitaba por ella. Se había olvidado… hasta de Selena.

Protegeme: Cap 17

Miley sintió como unos brazos la rodeaban. No hizo falta que alzara la vista para saber que era Nick. Tembló contra su piel. Sabía que él se estaba mojando con ella,
hasta que paró el agua.

-          ¿Estás bien?

Un silencioso ‘si’ salió de los dulces labios de Miley. Nick no pudo hacer más que alzarle la cara  y besarlos, tan tiernamente, como solo él sabía hacerlo, para calmarla.
Nick se separó un poco de ella.

-          Estás mojado. – murmuró, sonriendo un poco. Nick le devolvió la sonrisa.

¿Por qué ya no es aquella persona fría que yo conocía?¿por que al menos conmigo ya no?...

Miley fijó la vista en su cuerpo. Estaba manchado de sangre. Las lagrimas volvieron a sus ojos.

-          No te preocupes, no hay nada mío, aquí. – mintió Nick, pues estaba claro que él había recibido también.

Miley suspiró. Cuando se escuchó un gemido prominente de la sala. Liam.

-          Mier.da – Nick se levantó de golpe y fue hacia el salón. –

Miley enroscó una toalla en su cuerpo y salió pisándole los talones a Nick.

-          Quédate en mi habitación, enciérrate allí, y no salgas. – le dio un beso en la frente – Ahora vuelvo, amor.

Frotó sus brazos con una suave fricción y dio un pequeño empujón a Miley para que se dirigiera hacia su cuarto. Aun que fuera imposible, Miley le hizo caso. Aun que la preocupación no se iba de su mente, de su cuerpo. Se acurrucó, cogiéndose de las piernas, en la cama matrimonial de Nick. Nunca había entrado  a la habitación de Nick. Era una habitación hermosa, las entonaciones blancas, negras y granates eran las que predominaban. 

Había un pequeño despacho, un armario grande. Las paredes eran adornadas con papel de un color beige, mientras que el suelo era cubierto por parquet de madera marrón, y una gran moqueta granate. La mesita de noche, en frente de ella, le llamó la atención. La curiosidad mató al gato, pero… había algo que la incomodaba mucho más. Se levantó y se fue otra vez hacia el salón.
-          Cuidado Nick… - masculló Liam tirado a un lado, cogiéndose del brazo. – Está por aquí… es… es peligroso.

-          Cállate, ahora me las arreglaré con este pedazo de cabrón. – ató el cinturón alrededor del fuerte brazo de Liam para detener la hemorragia. – No te muevas. –

Nick se levantó, des de detrás del sofá donde se encontraba Liam.

Parecía imposible, pero la casa no estaba hecha una mier.da, como pasaba casi siempre.

-          Hostia ¡Nick! – exclamó Liam. - ¡Granada!

Cuando se dio cuenta de que la bomba había caído a centímetros de sus pies, ya fue demasiado tarde. Pequeña, pero no dejaba de ser una explosión. El cuerpo de Nick cayó, contra una de las paredes laterales. Se quejó, no podía levantarse.

En un segundo lo habían dejado hecho polvo. Intentó coger la goncz hi tec que le había prestado a Liam, la cual se encontraba ahora a unos centímetros de donde él se encontraba. Pero le pisaron la mano. Dolor. Mucho dolor, eso era lo único que sentía ahora mismo Nick. 

Iba a dar la vida por Miley si hacía falta. Pero sabía que Liam no podía hacer nada con el brazo como un colador y una costilla rota, y el… estaba hecho una mier.da. En ese momento el hombre que estaba a punto de atravesar el propio cráneo de Nicholas, abrió los ojos, a través del pasamontañas. Nick se extrañó.
¿Estaba alucinando?. Ese hombre boló en mil pedazos. Nick cerró los ojos, sintiendo como la sangre de ese hombre lo salpicaba.

Luego volvió a abrirlos. Vio a Miley, a unos metros de él. Tenía los ojos, de nuevo, inundados en lágrimas. Liam y Nick la miraban, estupefactos. Miley se tiró el pelo hacia atrás, la gran arma de explosivos yacía a su lado y dejó que las lágrimas cayeran, en pequeñas gotas repartidas por sus mejillas.

-          Eso pasa... por no hacerte caso... y por dejar... la puerta de tu galería... abierta – murmuró mirando el arma que ella misma había usado, aún sin saber como – no vuelvas a decirme que me quede en tu puta habitación, cuando tú estás dando la vida por mí.

Liam se levantó a duras penas y se acercó hacía Miley.

-          Eres la mujer más valiente que he visto en mi vida.

Miley lo miró, sintiéndose halagada.

-          Envuelta en una simple toalla de baño, descalza, medio mojada y con un bazooka de explosivos en la mano. Estoy orgulloso de ti. – la abrazó y besó su frente – gracias.

Ella tiró los mocos hacia arriba e intentó hacer desaparecer las lágrimas. Demasiadas cosas en tan solo un par de semanas. Demasiadas emociones en poco tiempo. Pero el suficiente para que su corazón volviera a tener esperanzas de amor. Miró el tocado brazo de Liam.

-          Tenemos que hacerte mirar esto… - dijo pasando la yema de los dedos por los alrededores.

-          Luego Nick me dará unos puntos. – sonrió – si tu vieras… tengo cicatrices por todo el cuerpo. Una más no hará daño. Y por lo de la costilla…

-          ¿También te has roto una costilla? - Miley parecía preocupada.

Nick no podía moverse. Le dolía todo el cuerpo. Sonrió al ver que Miley estaba bien. Aun que no se centraba en la conversación que mantenían ellos dos. Ya habría tiempo para que él hablara con ella.

Sus ojos tuvieron un reflejo. Miró hacia el lado, donde había el tocador de la entrada.
Le hubiera sorprendido menos ver a Marilyn Monroe sentada allí. Se puso hasta pálido.
Ella yacía, allí, inocente, sonriendo. Con su preciosa melena oscura que le caía por encima de los hombros, con las pecas que Nick tantas veces había besado salpicándole parte de la cara, del cuello y de los hombros descubiertos. Y con esos… ojos  oscuros que tantas veces había quedado él mirándoselos, enamorado. O al menos eso creía… cuando Selena se encontraba entre sus brazos. No dijo nada, y él tampoco. Simplemente, desapareció por la puerta, tal y como había entrado, sin que nadie se percatara de que ella… estaba allí.
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un Mini maraton dedicado a Eugenia Feliz cumple

lunes, 18 de julio de 2011

Protegeme: Cap 16

Pero no quería que Miley a la mañana siguiente se arrepintiera. Se aguanto las inmensas ganas de arrancarse el pantalón y penetrarla hasta el fondo, hasta hacerla gritar su nombre, como nadie nunca lo había hecho y metió un par de dedos en el coño de Miley. Ella se arqueó.

-          Nick… - jadeó.

-          Dime… - mordió el cuello femenino, impregnado del dulce olor del deseo.

-          Yo no quiero… esto… - aun que las manos de Nick… eran perfectas, lo que ella quería era otra cosa.

-          No puedo darte lo que quieres… - la mano de Nick se empapó. Hasta a él le sorprendió que Miley estuviera tan excitada. Lo que llegaba a hacer el alcohol.
Un tercer dedo fue a parar en esa obertura. – Pero si mañana… si mañana me lo pides, no dudes en que te daré eso y más…

Miley arqueó la espalda contra el tórax de Nick.

-          Sigue hablando… - le pidió ella.

Nick sonrió.

-          ¿Qué quieres que te diga?

-          ¿Qué es lo que me vas a dar? – murmuró, moviendo las caderas, al ritmo de la mano de Nick. Agarró su pene, liberándolo del bóxer. Nick gimió. – Dímelo…

-          Todo lo que desees… hasta la última imagen de tus fantasías.

Miley lo besó. A pesar de estar borracha, sentía muchísimas cosas a la vez.
Dios, ese hombre… la enloquecía. Nick la alzó con un fuerte brazo, poniendo en
bandeja sus pechos. Envolvió uno de los durísimos pezones con su lengua.
Miley gimió, agarrando a Nick del pelo, intentando que se acercara más a ella, si eso era posible. Unir sus cuerpos en uno solo, aun que para eso… aun faltaba romper una barrera.

-          Joder, maldito sea… ¿Qué es lo que te hicieron tus ex novios para que tuvieras tanto miedo al sexo? – murmuró a su oreja. A Nick le vino a la cabeza… ‘los borrachos siempre dicen la verdad’. – Dime, cuéntame tu pasado.
Miley no podía hablar en esos instantes. Así que Nick la hizo estallar rápidamente. Los dedos hasta le goteaban. Miley se tumbó en la cama, a su lado, satisfecha.

Nick se apoyó en su mano, arqueando el brazo y la miró, apartándole los cabellos de la cara.

-          Di…

Miley lo miró.

-          Nick, yo… - suspiró y los ojos se le humedecieron. A Nick se le encogió el corazón. – Yo soy vi…

-          ¡NIIIIIICK! – La voz de Liam los sobresaltó a los dos.

Nick se alzó de mala gana de la cama y se dirigió hacia a fuera.

Miley sopló. Estaba muy... demasiado mareada. Y desnuda. Abrió la puerta del baño, dejando uno de los grandes jerséis de Nick, unas bragas y una toalla grande encima de la encimera del lavamanos y la alcachofa de la ducha empezó a expulsar el agua. Un entremedio. Esperó hasta que estuvo tibia.



-          ¿Qué pasa? – dijo Nick semi-cabreado.

-          Los sensores de movimiento han detectado alguna cosa… - miró a Nick – exactamente… dos cosas…

Nick alzó una ceja.

-          ¿Crees que pueden ser los secuaces de Donovan? – dijo cogiendo las llaves del armario del cargamento. Liam lo siguió.

Nick no tardó mucho en abrir el armario. Los dos se metieron dentro del gran almacén.

-          Esto es una mina. – sonrió Liam. – tienes de todo, querido Nick.

-          Por algo soy uno de los más… - levantó un par de cajas. – destacados. –
sonrió y le lanzó algo – toma, creo que es tu favorita.

Liam miró admirado la goncz hi tec.

-          Como me conoces…

-          Ten cuidado, no te quemes. – sonrió Nick.

-          ¿Estás gilipo.llas o qué? – farfulló Liam – se utilizar perfectamente estas cosas. Apuntó en el vacío, probando la hermosa escopeta de fuego.

Nick cogió una de sus uzi cargada a tope y se la agarró bien. Cerró la puerta del almacén detrás de Liam y él.

-          ¿Quieres alguna arma blanca por si las moscas?

-          Dame – sonrió su compañero – Sabes que puedo se cínico, y no tengo escrúpulos si tengo que acuchillar a alguien.

Nick negó con la cabeza, riendo.

-          ¿Puño americano o corvo?

-          Ya lo sabes.

Nick le lanzó el cuchillo y Liam lo cogió al vuelo, mientras él se colocaba el puño americano perfectamente en los nudillos de la mano derecha.


Miley se metió en la ducha. Cerró los ojos acariciándose el pelo y desenredándolo con los dedos. No estaba borracha, solo se le había subido un poco. Sonrió. Supongo que el jodido mareo se me pasará con la ducha. Empezó a enjabonarse el cuerpo.

De repente sintió como una mano le agarraba la muñeca. Y otra le tapaba la boca. Vio a un hombre vestido de negro, con un pasamontañas, a través del espejo. Puso los ojos en blanco. Otra vez Nick y sus bromas.

El hombre se inclinó hacia a ella. Miley intentó oponerse, aun que se le escapó una risa floja, pensando que en realidad… le gustaban aquellos juegos. Pero se puso pálida cuando escuchó aquella voz… tan diferente al confortable tono de Nicholas.

-          Para de moverte. – dijo con un acento algo extraño. Quizás ruso. – no querrás que te haga daño, preciosa…

Se levantó algo el pasamontañas. Miley pudo distinguir algún corto rizo y unos ojos azules como el cielo, a través de los agujeros en el pasamontañas. Le lamió la
cara. Miley sintió ganas de vomitar. Algo se clavó en su trasero. Y no quiso saber para nada que era. Le mordió la mano. Él la apartó.

-          Serás puta… - masculló agarrándola con más fuerza.

-          ¡Déjame! – gritó ella antes de que el secuaz de Alexander pudiera volver a taparle la boca. - ¡NICK! – gritó desesperada.

-          A estas alturas, tu Nick ya estará muerto. – se rió él, golpeando a Miley para que se callara. Pero ella hizo caso sumiso a sus palabras. No puede haber muerto
– No vuelvas a abrir la boca, zorra. - Miley  sintió como aquel hombre se bajaba los pantalones. Dios, no… no. – vas a lamentarte… voy a aprovechar este cuerpo antes de matarte como una cualquiera.

Los ojos de Miley se llenaron de lágrimas. Nick, aparece… por favor… 

La puerta del baño cayó al suelo.

-          ¡Miley! – gritó Nick acercándose al inquilino que tenía agarrada a su… a su chica. Si, joder, Miley era su chica, solo suya. – Apártate de ella, hijo de la gran puta. –

Ni la misma Miley reconoció a ese Nick… ese Nick lleno de ira. Hasta ella misma tuvo miedo. Cogió al tipo del pasamontañas, arrancándoselo de golpe, lo agarró del pelo e hizo que saliera de la ducha deprisa y corriendo. Miley cayó, sentada en las baldosas. Las piernas no le respondían. Las lágrimas se camuflaban con el agua que seguía cayendo de la alcachofa de la ducha. La mirada de Nick se cruzó una vez con la de Miley. Esa mirada, limpia, segura… la calmó. Sabía que con él, no le pasaría nada. Que estaba a salvo, que la protegería… pero no solo eso. Esa mirada le decía mucho más que aquello. Esa mirada, encerraba tantas cosas que Miley podía confundir con… amor.

Si Nick no paraba mataría al hombre a golpes. Obviamente había perdido la erección que, asquerosamente, antes le había hecho notar a Miley. Y Nick se había percatado de lo que aquel hombre había estado a punto de hacer. Por eso lo había pagado… y tan bien, torturando.

-          Jodido hijo de pe.rra, como le hubieras llegado a hacer algo… - dijo Nick encima de aquel tipo, sin dejar de golpearlo – te juro que te mato ¡te mato!

El corazón de Miley se aceleró. Las cortinas de la ducha cubrían la horrible imagen de aquella pelea en la que por supuesto, Nicholas iba por delante. Hasta se habían manchado de sangre, y Miley no quería ver ninguna de aquellas sádicas escenas. Pero esas palabras… a Nick le daba rabia… él no estaba golpeando a aquel hombre por que fuera uno de los compinches de Donovan. 

Él golpeaba a aquel hombre por que había estado a punto de violar a Miley. Y era eso lo que causaba la ira en Nick. Y Miley aun se seguía preguntando ¿Por qué? Si ellos dos… no eran nada… ¿no? Un tiroteo seguido hizo que se sobresaltara. Dobló las piernas y apoyó sus brazos en las rodillas, escondiendo su cara en aquel pequeño espacio que quedaba entre su torso y los muslos. Tenía miedo… miedo de que a Nick le pasara algo. Si a él le pasaba algo, todo lo demás le daría ya igual. Empezó a llorar, rezando por que toda esa mier.da terminara lo antes posible. Admitiendo… que por primera vez, estaba completamente enamorada del hombre que la había secuestrado… para protegerla.

sábado, 16 de julio de 2011

Protegeme: Cap 15

Tantas horas de insomnio, hicieron que Miley durmiera durante veinte horas seguidas. Todo un lirón, pensaba Nick. Pero le daba igual… era preciosa cuando dormía. ¿Preciosa? ¿Perfecta? ¿Cuando le he dicho yo eso a una mujer? Pero Miley no era una de esas mujeres con las que se había acostado. Le había practicado sexo oral, nada más… y eso ya significaba mucho para él. ¿Por qué?

Alguien abrió la puerta.

-          Hombre, amigo… - dijo Nick sorprendido – Ayer no viniste hasta las once, te volviste a ir para ocuparte del cadáver de Delta… y vuelves hoy a las diez de la noche.

-          Calla, calla… - Liam se tiró al sofá – estoy rendido… si tú supieras el peso que nos he quitado de encima.

-          A ver, cuéntame. – Nick se sirvió algo de Jack Daniels y le sirvió una copa a
Liam, el cual la aceptó con mucho gusto.

-          Aquí el otro día eliminamos a uno de los secuaces de Donovan.

-          Ajá. – dijo dando un trago.

-          Bueno… ayer mientras me llevaba a Delta se me apareció un hijo de puta de esos…

Nick abrió los ojos mientras bebía.

-          Lo dejé como un colador con mi querida AK 47 y lo metí junto con su jefa o compañera, o lo que fueran de la zorra de Delta. – suspiró y dio un lago trago de Jack
– Total, que cuando llegué a la oficina de Snade, me dijo que sus agentes habían metido en la cárcel a dos de ellos, y que habían matado a uno. – sonrió y miró a Nick con esos ojos azulísimos, de un potente y apuesto autraliano. – Echa cuentas.
Nick contó.

-          Joder, solo quedan dos. Nos hemos cargado a tres.

-          Más los que han metido en una cárcel de Rusia para cadena perpetua.

-          Toma ya. – Nick sonrió y chocó la mano con Liam. Realmente le había quitado un peso de encima.

¿Pero que pasaría cuando se cargaran a esos dos que quedaban? Como dijo Miley... volvería a su vida normal… y se olvidaría de todo.

En ese momento la vio salir. Con los ojos aún endormiscados, bostezando, un pelo de lo más gracioso y desarreglado… y su jersey. Sonrió al ver las preciosas piernas que había podido disfrutar, que había podido besar. El frágil cuerpo, pero perfecto… los pechos, que por lo que marcaban, no llevaba sujetador. Y esa carita de ángel. Puede que no fuera la mujer más atractiva del mundo. Pero para Nick, si lo era.

-          Buenos días, princesa. – Liam arqueó una ceja al oír decir eso a Nick.

-          Buenos días. – sonrió Miley.

A Nick le latió rápido el corazón. ¿Por qué? Se seguía preguntando.

-          ¿Queréis un café? – dijo Miley girándose, aun que Nicholas pudo ver un
rubor en sus mejillas. Tan inocente… se acordará de lo de anoche.

-          No, nena… tengo el gusto del Jack en la boca. – rió Liam - ¿quieres?

Miley lo miró abriendo los ojos.

-          ¿De qué? ¿De Jack Daniels?

-          Claro. – Liam levantó la copa. Nick lo miró mal.

-          Déjala si no quiere.

¿Déjala si no quiere? Nunca me he opuesto a que una mujer beba, ¿Por qué me siento mal ahora que Liam le ofrece una copa?

Miley sonrió. Solo se había emborrachado una vez. Y las había pasado bastante mal. Pero de eso hacía varios años, cuando aún tenía dieciséis. Por ponerse algo contenta… no pasaba nada ¿no?

Unas tres copas más tarde y seis cervezas de más, Miley no sabía ni donde se encontraba. Se reía a carcajadas de las tonterías que decía Liam. Nick estaba de morros. No le gustaba ver a Miley borracha. Ella estaba demasiado pedo, pero no lo suficiente como para no darse cuenta de según qué cosas.

-          ¿Nick? – dijo sonriendo y cambiándose de sofá.

-          Que. – dijo él mirándola enfadado.

-          ¿Por qué te cabreas? – se sentó en horcajadas encima de sus muslos. A Nick parece haberle pasado el enfado.

Su vista se centró en las piernas de ella. Las tenía abiertas, expuestas para él, de par en par. Y pudo saber que no llevaba bragas. Tan solo su jersey. El pene le empezó a latir, deseando apartar las mal.ditas latas de alcohol de la mesa y follarla ahí mismo.
Verla desarreglada, con la piel ruborizada y en esa postura… tan jodidamente sexy, lo ponía duro, durísimo. Y Miley ni siquiera lo había tocado.

-          ¿Eh? – remarcó ella besándole el cuello.

-          No estoy cabreado.

-          ¿Y por qué no hablas?

-          No es eso… es que no me parece bien que hayas bebido tanto.
Liam se rió.

-          Dios, la gatita está caliente… - miró a Nick – y como estás tú, romanticón no me jodas que estás…

-          No. – dijo Nick antes de que Liam terminara la oración. – ni te atrevas.

Lo miró amenazante. Pero al contrario, Liam lo miró burlón, observando la situación.

-          ¿Entonces te la has tirado? Joder, mírate, estás más empalmado que nunca.

Nick bufó, sonrojándose.

-          No, no me la he tirado.
Liam hizo una cara, como si no entendiera nada. Y de verdad, no entendía nada.

-          No te tengo que dar explicaciones. – Nick cogió a Miley, que miraba su erección, sonriendo y con los ojos muy abiertos.

Liam silbó, viéndolos desaparecer en la habitación donde se alojaba Miley .

Miley besó a Nick, en un intento improvisado. Él tuvo que apoyarse en la pared, agarrando con fuerza los muslos descubiertos de Miley. Ese beso lo pilló completamente desarmado. Joder, como amaba su boca, su lengua, sus labios. 

Su erección se clavaba en la feminidad de Miley, y ella no hizo mucho para ayudar, al contrario, se frotó contra él, gimiendo, deseándolo… Pero no puedo abusar de una mujer… borracha. La tumbó en la cama. El jersey se subió, dejando ver demasiado. Hasta por encima del ombligo. Miley miró tan inocente a Nick… creyó que la cremallera del pantalón iba a petar. Gimió al ver la posición de Miley. Rápidamente le bajó el jersey.

-          Ven aquí. – dijo Miley tirando de sus manos – quiero que me hagas el amor… - murmuró en el oído de Nick.

-          No, dios mío, Miley... – escondió su cara entre su melena, olía tan bien… - Por favor, pídeme lo mismo mañana… si, hostia, quiero hacértelo, hacértelo todo, pero cuando despiertes también quiero que recuerdes cada y uno de los detalles.

Nick besó su frente. Se retiró. Miley hizo un puchero gracioso y lo cogió de su jersey, intentando que volviera.

-          Pero yo voy a recordarlo… - Viendo que Nick no volvía hacia ella, puso en práctica otra cosa.

Miley se quitó el jersey y se tumbó, recorriendo con sus manos, su propio cuerpo. Las pupilas de Nick se dilataron, disfrutando de esa imagen.

-          Miley... – gimió pasándose una mano por el pelo, después de frotarse los ojos. Una nube de lujuria volvía a cubrirle la vista. La deseaba, la deseaba con todo su ser. Y nunca había sentido nada tan fuerte. Temía que aquello que Liam había estado a punto de decir, fuera cierto.

-          No me deseas… - afirmó Miley.

-          Claro que sí. – Nick se tumbó a su lado y le acarició la cara – pero estás borracha y no sabes lo que haces…

-          Sé muy bien lo que hago, lo que digo y lo que quiero… y lo que quiero en este momento es que me folles… dios, Nick, quiero que me cojas y me… - un salvaje beso interrumpió sus palabras.

Nick la cogió de las caderas y la apretó contra su cuerpo. Miley gimió al sentir la erección. No tardó en meter la mano en el pantalón. Nick la sintió… toda, tocándolo. Pero eso no aliviaba. 

Las manos de Miley sin duda, lo hacían disfrutar. Pero él… él quería sentir como la humedad del apretado sexo de Miley lo rodeaba hasta el último centímetro de su duro pene.

Protegeme: Cap 14

Entraron de nuevo al chalet de Nick. Él se quitó el jersey de licra, dejando ver sus músculos, tensados.

-          Son las tres de la mañana, deberíamos estar durmiendo. – dijo Nick fastidiado
– como te vuelvas a intentar escaparte, te tendré que castigar – dijo con un tono más pícaro.

Miley arqueó las cejas. Preparándose un vaso de leche caliente, porque había perdido el sueño, lo miró descarada. Aun que no estuviera excitado, los pantalones de licra negro se apegaban a los fuertes muslos de Nick… a los ejercitados gemelos… y a su potente masculinidad.

-          ¿Castigarme, tu a mi? – dijo ella riéndose – te queda bien este traje negro. – murmuró sonriente. Nick le devolvió la sonrisa.

-          Te pone. – le masculló, sin ningún escrúpulo.

-          Yo no he dicho eso.

-          Lo digo yo. – Nick se sentó en el sofá.

Miley cogió el vaso de leche de dentro del microondas. No quiso seguir discutiendo.

-          Auch. – se quemó y dejó el vaso en la encimera. Fue a sentarse al lado de
Nick, a mirar de nuevo el televisor, hasta que se enfriara un poco. Pero él la cogió y la hizo sentarse a horcajadas encima de él.

Le dio un rápido beso a la boca.

-          A mí sí me pone está Miley enfadada.

-          ¿Estás muy necesitado, verdad? – masculló alzando las cejas. Intentó levantarse pero Nick la apretó más hacia a él.

-          ¿Qué fue lo de antes?

-          ¿El qué?

-          Que te fueses de esa manera. – la miró a los ojos – no me digas que no quieres que te folle, cuando escuché que anteayer te masturbabas después de que intentara saborear tu dulce co…

-          ¿Puedes ser algo más fino? – dijo Miley más sonrojada que nunca.

-          Eres adorable cuando te sonrojas.

Miley bufó. Ese hombre la sacaba de quicio.

-          ¿Entonces? – reprendió Nick.

-          Digamos que mis anteriores experiencias no fueron muy buenas. – mintió y fue sincera a la vez.

-          Pero conmigo sería distinto.

-          ¿Cómo puedo saberlo?

-          Probándolo.

-          ¿Tantas ganas tienes de acostarte conmigo? – puso los ojos en blanco –

Ahora, va en serio Nick… eres un hombre que podría conseguir a cualquier mujer… ¿Por qué yo? ¿Por qué te rechazo y eso te pica?

-          No. Por el simple hecho de que eres especial.

Nick tumbó a Miley en la cama de la habitación de invitados, donde se había instalado ella. La besó con tanta fuerza que se quedó hasta sin aliento. Hambriento, parecía hasta desesperado. Deseaba tanto a Miley... Si, era especial… diferente.
No una cualquiera. Tenía su dulzura, su inocencia, discutía con él. Su carácter lo volvía loco y su manera de ser le encantaba, por no decir otra cosa. Miley arqueó el cuerpo, topando con el abdomen de Nicholas. Error… eso era una invitación como una casa.

-          Si no quieres que te penetre, al menos… vayamos paso a paso. – le murmuró en el oído – solo pude probarte en un escaso minuto, ahora vas a dejar que te lo haga bien, quiero que te corras en mi boca.

Miley se excitó tanto con sus palabras que hasta llegó a gemir. Nick le quitó las botas los vaqueros y el jersey, dejándola en un nuevo conjunto. La observó. Le era suficiente con eso. Miley se aguantó las ganas de cubrirse, la mirada de Nick la avergonzaba. ¿Qué pasa por esa cabeza cuando me miras? Cuanto me gustaría saberlo… Nick se inclinó y le quitó el sujetador, desabrochándolo por el encaje de delante. Gimió al ver los pechos de la joven.

-          Eres tan… - metió uno de sus caramelos en la boca y lo succionó con fuerza, haciendo que Miley jadeara de placer y dolor a la vez.

-          ¿Tan… qué? – dijo arqueándose ante él.

-          Tan… perfecta… - la miró – dios, no es bueno tener una mujer como tu metida en mi casa…

La volvió a besar. Y siguió bajando y bajando por su cuerpo. Miley estaba nerviosa… pero la excitación podía con todo. Deseaba tanto a Nick… era un hombre testarudo y odiable cuando quería… pero le encantaba. Una oleada de aire le vino de repente. Nick le había quitado las bragas. Sintió como él le levantaba las piernas y las ponía apoyadas en sus hombros, acariciando su ancha espalda. Miley se estremeció.

-          Aún no he hecho nada y ya te estás retorciendo de gusto… - dijo Nick mirándola entre sus piernas. – Tranquilízate… yo no voy a tratarte como los cretinos de tus ex novios…  la primera en disfrutar serás tú.

Sintió como la boca de Nick empezaba a besar su monte de Venus. Dios mio, no iba a poder aguantar nada con este hombre practicándole sexo oral. Sintió como Nick gemía.

-          Hueles tan bien… - se hundió en ella. Miley casi grita de la sorpresa. La lengua de Nick empezó a juguetear con su clítoris, sus dientes le rozaban la carne más sensible que tenía en el cuerpo. Sus labios, eran una tortura; su boca, el cielo. – Dios, y sabes tan bien…

Sintió como los dedos de Nick se clavaban en sus muslos, la apretaban más contra su cara. Nick la quería devorar.

-          ¡Niiiick! – gimió arqueándose entera. El cuerpo le empezó a convulsionar - ¡Dios mío, no pares!

La lengua de Nick la seguía torturando, frotándola de arriba abajo. La fricción era más que magnifica, en ese estado… Miley era tan vulnerable… tanto que si Nick la hubiera penetrado con su enorme arma no se hubiera opuesto. Nick se separó a milímetros. Ella echó en falta el contacto de su lengua.

-          ¿Puedes aguantarte? – Miley hizo fuerza en las piernas. – Así… muy bien.

Ahora supo el por qué. Nick aprovechó la mano izquierda para ayudar a su propia boca. Miley se sentía completamente llena, no iba a aguantar mucho más. Sentía como Nick gemía contra su húmeda vagina. Eso no hizo más que excitarla. Volvió a combulsionarse, más fuerte.

-          Ahh… sigue… ¡sigue! – gimió. Miley sintió como Nick sonreía. Él le metió más los dedos. Ella volvió a tener espasmos, estaba a punto.

-          Joder, tu coño es tan apretado… - murmuró tan cerca de su humedad que
Miley estuvo a punto de estallar. - ¿estás a punto de correrte?

-          ¡Sí! – gimió Miley con los ojos cerrados, cogiéndose de las sabanas. –
Dios mío, no te pares ¡Niiick!

Nick no dudó en seguir. Hundió de nuevo su boca en el dulce sexo de Miley , mientras la penetraba con los dedos. ¿Pero dónde está la otra mano? Nick volvió a gemir contra su sexo. Dios, ahora lo entendía. No lo podía ver, pero el imaginarse a
Nick masturbándose a la vez que se lo hacía a ella… era súper excitante. Se corrió en su boca. La garganta le ardía, y se dio cuenta de que era por los gemidos tan altos que soltaba. Nick aceptó gratamente su orgasmo, lo tragó como si fuera el elixir más deseado. Miley se derrumbó, sin enterarse siquiera de que Nick se había corrido también. Se incorporó en la cama y cerró los ojos con la respiración muy agitada. Nick se tumbó a su lado, rodeando su cintura con un brazo. Le besó el hombro, el cuello.

Miley sonrió al sentir los labios de Nick de nuevo contra su piel. ¿Por qué sentía tantas emociones si ni siquiera eran pareja? No encontraba respuesta a tantas preguntas… aun que muy en el fondo, se temía lo que estaba pasando.

Las caricias, los susurros y los besos de Nicholas, fueron más allá de solo sexo. Al menos para ella… le entraban, le provocaban dolor de corazón y de cabeza de lo confusa que estaba. Y al fin, se durmió.

Pensando en que… la leche que antes quemaba, volvía a estar fría.