miércoles, 6 de julio de 2011

Protegeme: Cap 8

Podía ser un bruto, pero la palabra ‘no’ era sagrada para él. Una mujer le decía ‘no’ y él no la obligaría a nadie. No atravesaba las barreras del límite. Pero esta era una situación crítica. Si Miley se oponía, no podría terminar de cerrar ese agujero. 

Se incorporó y cogió la cara de Miley por las dos mejillas.

-          Escúchame, tienes que relajarte y dejar que termine… tu pierna esta en mal estado y la herida se tiene que cerrar.

-          Pero duele demasiado. – dijo ella agarrándolo del jersey. Las lágrimas le corrieron por la sien, mojando el pelo que caía encima de la cama.

Estaba nerviosa, tensa. Y Nick no sabía qué hacer. Su pierna seguía sangrando. Se inclinó hacia Miley y le acarició el pelo.

-          Tranquila…

Se levantó, recordando donde había dejado un pote de anestesia de recambio. No era fuerte pero haría que Miley solo sintiera pinchazos suaves. Cogió una jeringa y le mojó con alcohol un trozo de la pierna clave para que se le durmiera. Llenó parte de la jeringa con la anestesia y la clavó suavemente en el muslo de Miley. 

Apretó lentamente, haciendo que el líquido entrara en el cuerpo de ella. Miley respiró hondo. Nick volvió a mirarla.

-          ¿Mejor? – dijo acariciándole la cara.  

Miley asintió, intentando aguantarse las lágrimas. Nick no pudo más, no podía aguantar verla así… mal, nerviosa. Se sentía tan culpable por no haber estado allí cuando ese hijo de pu.ta le disparó. Pudiera haber muerto. 

Se inclinó y besó sus labios. Miley abrió los ojos y aun se tensó más. Intentó apartar a Nick pero le quedaban tan pocas fuerzas que lo único que hizo fue dejar las manos quietas. La lengua de Nick atravesó su boca y Miley pudo sentir su exquisita y húmeda lengua. 

La misma que ayer por la noche… Miley se empezó a excitar de una manera sobrenatural. No tendría que haber rechazado a Nick. Pero… pero había tenido miedo. 

Aquello hubiera llegado a más… y ella… ella era una inexperta que guardaba su pureza para el hombre de su vida. Y Nick no era el hombre de su vida. Nick se separó al verla ya más tranquila. Ella no había contribuido en el beso, pero le daba igual. Había podido saborear su boca, y con eso le bastaba. 

Se puso como antes y prosiguió con los puntos del muslo de Miley, hasta cerrar completamente la herida.

El agua cayó por su cuerpo.  La venda que cubría el trozo de muslo se había mojado, pero se secaría de nuevo. La sangre seca que se había pegado en su piel  cayó, navegando por el desguace, hasta perderse con otros restos. Miley cogió el champú que había en la parte alta del mueble de la ducha. Un mal movimiento de su, aún dolorida, pierna y resbaló, cayendo  en la bañera. Nick apareció con la misma cara de preocupación de antes.

-          ¿Qué ha pasado? – dijo intentando no mirar… pero era inevitable no fijarse en aquella mujer… desnuda, empapada… y expuesta.

Miley se tapó los senos y cruzó las piernas.

-          Nada, me resbalé. –

-          ¿Estás bien? – dijo Nick teniéndole una mano para ayudarla.

Ella asintió. La tomó y se puso en pie. Nick no pudo evitar dirigir sus ojos hacia un fino vello… que adornaba el deseable monte de Venus de Miley.  Sus ojos se volvieron a llenar de lujuria. Miley fijó sus ojos en los de él. Nick no tardó nada en quitarse los pantalones y las botas militares.

-          ¿Qué haces? – dijo Miley sin quitar la mirada de la protuberante erección que ahora solo estaba cubierta por un bóxer de licra que no dejaba mucho a la imaginación.

-          ¿Qué pasa? ¿No puedo compartir mi propia bañera contigo? – se metió dentro y corrió la cortina para que las miradas estuvieran concentradas en ellos, y no en alguna parte fuera de la bañera. El agua caía y Miley aun estaba perpleja por lo que Nick estaba haciendo.

-          Nick, por dios…

-          Nada… - le alzó el mentón – y hazme el favor de corresponderme el beso esta vez.

Inclinó la cabeza y tomó sus labios con toda su boca, saboreándola al máximo.
Miley esta vez introdujo su lengua en la boca de Nick.  

Delicioso

Se sintió húmeda, y no precisamente por el agua de la ducha. Entreabrió los ojos. Los músculos de los brazos de Nick se tensaban, marcando aún más. 

El agua los recorría, y a Miley se le antojó pasar la lengua por todo el magnífico cuerpo masculino. Nick se separó de sus labios, aun teniendo su saliva en su propia boca. Se agachó para quitarse los bóxers empapados. Pero no volvió a incorporarse… no volvió a subir. 

Miley pronto sintió como le abría las piernas.

-          Y esta vez si me vas a dejar que te coma como dios manda. – Sonrió. Y a
Miley le pareció la sonrisa más excitante que había visto – No pienso quitarme el caramelo de la boca. Y tu tampoco lo harás cuando sientas lo que yo, y solo yo, te haga sentir.

Nick le cogió los muslos con delicadeza y los puso en sus hombros. 

Estaba completamente excitada, y él estaba más duro que nunca. Maldijo para sus adentros… si Miley lo tocaba ahora mismo no tardaría nada en correrse. 

No pudo contener las ganas de saborear a Miley. Ella gimió al sentir la cálida lengua de Nick rozar una y otra vez su clítoris. Sus dientes, sus labios, toda su boca jugaban con ella. No pudo evitar agarrar los rizos de Nick y acercarlo más. 

Quería que se lo diera todo, quería correrse en su boca, lo necesitaba.

-          Oh dios mío… - gimió sintiendo como Nick metía dos de sus dedos en ella y los empezaba a sacar y a meter de nuevo… una y otra vez, acompañando los perfectos movimientos de la lengua.  - ¡Oh dios mío!

Su cuerpo se convulsiono, arqueándose automáticamente. Nick se separó con gran parte de su humedad en su boca. La saboreó toda. Y al fin le murmuró, sin dejar de tocarla:

-          Córrete para mí.

Y volvió a su tarea, desatando el gran orgasmo de Miley. Cerró los ojos, abrió la boca, apoyando la cabeza contra la pared de la ducha. Intentaba agarrarse a algo, pero todo estaba mojado, incluido Nick. Y él no tenía compasión, la seguía torturando, más y más. Una mezcla entre el cielo y el infierno, hasta terminar, cayendo por un precipicio. 

Nick sintió como se descargaba en su boca, mientras el gran gemido de
Miley era melodía para sus oidos. Tragó. 

Se separó de ella y la dejó, de nuevo, delicadamente en el suelo. Aun que tuvo que sujetarla para que no se cayera. Las piernas le temblaban. La besó de nuevo. Para que ella misma sintiera su propio elixir.

Nick ahora la agarró del trasero. Miley se vió obligadoa a entrelazar sus piernas alrededor de la cadera de Nick. Gimió de nuevo al sentir como el duro pene de él pulsaba contra su, ahora, sensible clítoris. 

Pero él necesitaba desahogarse, quería más… quería follarla. Lo había puesto duro como una piedra y no consentiría que lo dejase marchar así. Inclinó la cabeza para morder uno de esos tentadores pezones.

Miley, gimió de nuevo extasiada. Se le endurecieron aun más en la dominable boca de Nick. Él no pudo aguantar más. Un ligero movimiento de caderas y metió gran parte de su potencia dentro del cuerpo de Miley. Maldijo de nuevo.

-          Eres estrecha. – jadeó metiendo toda su longitud hacia las entrañas de
Miley. – húmeda y caliente. Joder, me podría correr ahora mismo. – musitó en el oído de Miley. 

Ella se contrajo de placer al oír sus palabras y Nick jadeó al sentir como lo apretaba aún más. Era cierto, no podría aguantar mucho más… y eso que se
había tirado horas podiendo penetrar un hermoso cuerpo sin correrse. 

Pero Miley lo superaba.

La cogió de los muslos, y la penetró, intensamente. Ella gimió arqueando la espalda.
Nick la empezó a embestir, rápidamente. Sentía cada caricia que las paredes vaginales de Miley le daban a su pene.  Y sentía… sentía la llegada del mayor orgasmo de su vida.

Entonces despertó.  

Temblaba, estaba completamente envuelto en sudor y con el pene completamente empalmado, casi se salía del bóxer. Ahora sí que se jodía en todo.

Solo un puñetero sueño… ¡toca cojones! ¿Por qué tenía que ser así? Quería poseer a Miley en la vida real, y lo iba a conseguir.  

Fue hacia la habitación de Miley.
Sintió que ella caminaba, se había despertado también. Tocó en la puerta.

-          Pasa. – dijo ella. Nick entró. Miley también estaba muy sudada… y precisamente no hacía calor esa noche. Miley lo miró con ojos como platos.

-          ¿Cómo está tu muslo? – dijo Nick mirándola, extasiado aun por el sueño.

-          Eh… bien. – dijo ella aun algo desconcertada.

Después de lo mojada que estaba por culpa de que Nick se metiera en sus sueños… no podía concentrarse en lo que le decía. Y la erección que guardaba él en sus bóxers, tampoco ayudaba mucho a que Miley se olvidara del mismo sueño -que había parecido del todo real- que acababan de tener, tan uno como otro.

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espero que les guste dedicado mi sis sarita

Protegeme: Cap 8

Podía ser un bruto, pero la palabra ‘no’ era sagrada para él. Una mujer le decía ‘no’ y él no la obligaría a nadie. No atravesaba las barreras del límite. Pero esta era una situación crítica. Si Miley se oponía, no podría terminar de cerrar ese agujero. 

Se incorporó y cogió la cara de Miley por las dos mejillas.

-          Escúchame, tienes que relajarte y dejar que termine… tu pierna esta en mal estado y la herida se tiene que cerrar.

-          Pero duele demasiado. – dijo ella agarrándolo del jersey. Las lágrimas le corrieron por la sien, mojando el pelo que caía encima de la cama.

Estaba nerviosa, tensa. Y Nick no sabía qué hacer. Su pierna seguía sangrando. Se inclinó hacia Miley y le acarició el pelo.

-          Tranquila…

Se levantó, recordando donde había dejado un pote de anestesia de recambio. No era fuerte pero haría que Miley solo sintiera pinchazos suaves. Cogió una jeringa y le mojó con alcohol un trozo de la pierna clave para que se le durmiera. Llenó parte de la jeringa con la anestesia y la clavó suavemente en el muslo de Miley. 

Apretó lentamente, haciendo que el líquido entrara en el cuerpo de ella. Miley respiró hondo. Nick volvió a mirarla.

-          ¿Mejor? – dijo acariciándole la cara.  

Miley asintió, intentando aguantarse las lágrimas. Nick no pudo más, no podía aguantar verla así… mal, nerviosa. Se sentía tan culpable por no haber estado allí cuando ese hijo de pu.ta le disparó. Pudiera haber muerto. 

Se inclinó y besó sus labios. Miley abrió los ojos y aun se tensó más. Intentó apartar a Nick pero le quedaban tan pocas fuerzas que lo único que hizo fue dejar las manos quietas. La lengua de Nick atravesó su boca y Miley pudo sentir su exquisita y húmeda lengua. 

La misma que ayer por la noche… Miley se empezó a excitar de una manera sobrenatural. No tendría que haber rechazado a Nick. Pero… pero había tenido miedo. 

Aquello hubiera llegado a más… y ella… ella era una inexperta que guardaba su pureza para el hombre de su vida. Y Nick no era el hombre de su vida. Nick se separó al verla ya más tranquila. Ella no había contribuido en el beso, pero le daba igual. Había podido saborear su boca, y con eso le bastaba. 

Se puso como antes y prosiguió con los puntos del muslo de Miley, hasta cerrar completamente la herida.

El agua cayó por su cuerpo.  La venda que cubría el trozo de muslo se había mojado, pero se secaría de nuevo. La sangre seca que se había pegado en su piel  cayó, navegando por el desguace, hasta perderse con otros restos. Miley cogió el champú que había en la parte alta del mueble de la ducha. Un mal movimiento de su, aún dolorida, pierna y resbaló, cayendo  en la bañera. Nick apareció con la misma cara de preocupación de antes.

-          ¿Qué ha pasado? – dijo intentando no mirar… pero era inevitable no fijarse en aquella mujer… desnuda, empapada… y expuesta.

Miley se tapó los senos y cruzó las piernas.

-          Nada, me resbalé. –

-          ¿Estás bien? – dijo Nick teniéndole una mano para ayudarla.

Ella asintió. La tomó y se puso en pie. Nick no pudo evitar dirigir sus ojos hacia un fino vello… que adornaba el deseable monte de Venus de Miley.  Sus ojos se volvieron a llenar de lujuria. Miley fijó sus ojos en los de él. Nick no tardó nada en quitarse los pantalones y las botas militares.

-          ¿Qué haces? – dijo Miley sin quitar la mirada de la protuberante erección que ahora solo estaba cubierta por un bóxer de licra que no dejaba mucho a la imaginación.

-          ¿Qué pasa? ¿No puedo compartir mi propia bañera contigo? – se metió dentro y corrió la cortina para que las miradas estuvieran concentradas en ellos, y no en alguna parte fuera de la bañera. El agua caía y Miley aun estaba perpleja por lo que Nick estaba haciendo.

-          Nick, por dios…

-          Nada… - le alzó el mentón – y hazme el favor de corresponderme el beso esta vez.

Inclinó la cabeza y tomó sus labios con toda su boca, saboreándola al máximo.
Miley esta vez introdujo su lengua en la boca de Nick.  

Delicioso

Se sintió húmeda, y no precisamente por el agua de la ducha. Entreabrió los ojos. Los músculos de los brazos de Nick se tensaban, marcando aún más. 

El agua los recorría, y a Miley se le antojó pasar la lengua por todo el magnífico cuerpo masculino. Nick se separó de sus labios, aun teniendo su saliva en su propia boca. Se agachó para quitarse los bóxers empapados. Pero no volvió a incorporarse… no volvió a subir. 

Miley pronto sintió como le abría las piernas.

-          Y esta vez si me vas a dejar que te coma como dios manda. – Sonrió. Y a
Miley le pareció la sonrisa más excitante que había visto – No pienso quitarme el caramelo de la boca. Y tu tampoco lo harás cuando sientas lo que yo, y solo yo, te haga sentir.

Nick le cogió los muslos con delicadeza y los puso en sus hombros. 

Estaba completamente excitada, y él estaba más duro que nunca. Maldijo para sus adentros… si Miley lo tocaba ahora mismo no tardaría nada en correrse. 

No pudo contener las ganas de saborear a Miley. Ella gimió al sentir la cálida lengua de Nick rozar una y otra vez su clítoris. Sus dientes, sus labios, toda su boca jugaban con ella. No pudo evitar agarrar los rizos de Nick y acercarlo más. 

Quería que se lo diera todo, quería correrse en su boca, lo necesitaba.

-          Oh dios mío… - gimió sintiendo como Nick metía dos de sus dedos en ella y los empezaba a sacar y a meter de nuevo… una y otra vez, acompañando los perfectos movimientos de la lengua.  - ¡Oh dios mío!

Su cuerpo se convulsiono, arqueándose automáticamente. Nick se separó con gran parte de su humedad en su boca. La saboreó toda. Y al fin le murmuró, sin dejar de tocarla:

-          Córrete para mí.

Y volvió a su tarea, desatando el gran orgasmo de Miley. Cerró los ojos, abrió la boca, apoyando la cabeza contra la pared de la ducha. Intentaba agarrarse a algo, pero todo estaba mojado, incluido Nick. Y él no tenía compasión, la seguía torturando, más y más. Una mezcla entre el cielo y el infierno, hasta terminar, cayendo por un precipicio. 

Nick sintió como se descargaba en su boca, mientras el gran gemido de
Miley era melodía para sus oidos. Tragó. 

Se separó de ella y la dejó, de nuevo, delicadamente en el suelo. Aun que tuvo que sujetarla para que no se cayera. Las piernas le temblaban. La besó de nuevo. Para que ella misma sintiera su propio elixir.

Nick ahora la agarró del trasero. Miley se vió obligadoa a entrelazar sus piernas alrededor de la cadera de Nick. Gimió de nuevo al sentir como el duro pene de él pulsaba contra su, ahora, sensible clítoris. 

Pero él necesitaba desahogarse, quería más… quería follarla. Lo había puesto duro como una piedra y no consentiría que lo dejase marchar así. Inclinó la cabeza para morder uno de esos tentadores pezones.

Miley, gimió de nuevo extasiada. Se le endurecieron aun más en la dominable boca de Nick. Él no pudo aguantar más. Un ligero movimiento de caderas y metió gran parte de su potencia dentro del cuerpo de Miley. Maldijo de nuevo.

-          Eres estrecha. – jadeó metiendo toda su longitud hacia las entrañas de
Miley. – húmeda y caliente. Joder, me podría correr ahora mismo. – musitó en el oído de Miley. 

Ella se contrajo de placer al oír sus palabras y Nick jadeó al sentir como lo apretaba aún más. Era cierto, no podría aguantar mucho más… y eso que se
había tirado horas podiendo penetrar un hermoso cuerpo sin correrse. 

Pero Miley lo superaba.

La cogió de los muslos, y la penetró, intensamente. Ella gimió arqueando la espalda.
Nick la empezó a embestir, rápidamente. Sentía cada caricia que las paredes vaginales de Miley le daban a su pene.  Y sentía… sentía la llegada del mayor orgasmo de su vida.

Entonces despertó.  

Temblaba, estaba completamente envuelto en sudor y con el pene completamente empalmado, casi se salía del bóxer. Ahora sí que se jodía en todo.

Solo un puñetero sueño… ¡toca cojones! ¿Por qué tenía que ser así? Quería poseer a Miley en la vida real, y lo iba a conseguir.  

Fue hacia la habitación de Miley.
Sintió que ella caminaba, se había despertado también. Tocó en la puerta.

-          Pasa. – dijo ella. Nick entró. Miley también estaba muy sudada… y precisamente no hacía calor esa noche. Miley lo miró con ojos como platos.

-          ¿Cómo está tu muslo? – dijo Nick mirándola, extasiado aun por el sueño.

-          Eh… bien. – dijo ella aun algo desconcertada.

Después de lo mojada que estaba por culpa de que Nick se metiera en sus sueños… no podía concentrarse en lo que le decía. Y la erección que guardaba él en sus bóxers, tampoco ayudaba mucho a que Miley se olvidara del mismo sueño -que había parecido del todo real- que acababan de tener, tan uno como otro.

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espero que les guste dedicado mi sis sarita

lunes, 4 de julio de 2011

Protegeme: Cap 7

Nick no pudo pegar ojo en toda la noche. Sabía las cualidades que tenia Delta… y lo que menos le preocupaba en esos momentos, era él. Su familia… sus conocidos.
Aquella sádica loca era capaz de todo. Había nacido para trabajar en agencias de espías. Había nacido para ser una de las mujer seductora y con grandes cualidades para matar… a hombres, en un abrir y cerrar los ojos. No tenía remordimientos, y mucho menos, conciencia.

Las siete de la mañana. Nick se levantó, harto de dar vueltas en la cama. Toda su familia sabía protegerse, pero si a Delta se le ocurría ponerles un dedo encima… intentar siquiera algo, él no tendría ningún miramiento por que fuera mujer. Por que terminaría en la tumba, junto con su hermana y Alexander Donovan.

Se preparó un café solo. Para ver si se despejaba un poco. Miley tenía el sueño ligero y no pudo evitar despertarse. Se levantó y fue hacia la cocina.

-          Buenos días. – murmuró Nick. ¿Por qué estaba avergonzado? Nunca había estado avergonzado de lo que había hecho. Pero al ver a Miley aparecer con su jersey, despeinada… inocente, hizo que se ruborizara. Él no se ruborizaba, eso era de nenazas.

-          Buenos días. – le sonrió ella, como si ayer por la noche no hubiese pasado nada.

La observo. Ella buscó algo en la nevera y vertió algo de leche en un bol. Y pensar que aún podría estar más despeinada si hubiera pasado la noche conmigo. Nick dejó su
taza de café en el friega platos. Nick cogió las llaves del enorme llavero en la entrada.
Miley alzó la vista.

-          ¿Dónde vas? – le dijo.

-          ¿Tanto te importa? – dijo Nick arqueando una ceja.
Ella frunció el ceño, cabreada por su arrogancia. Pero no quiso discutir. Se encogió de hombros.

-          No, la verdad es que no. – puso una expresión indiferente y siguió desayunando.

Lo que no sabía es que a Nick le quemaba por dentro que pasaran de él de ese modo. Apretó la mandíbula y se contuvo las ganas de seguir con la conversación.

-          Me voy… al pueblo… tengo que comprar algunas cosas. – suspiró. Miley lo miró de nuevo – y tengo que pasar por la casa de mis padres. – sus hermanos tenían armamento de sobras y seguro que ya estaban allí. Kevin y Joe habían trabajado con él durante un año y medio. La mayoría de cosas las había aprendido de ellos.

-          ¿Pasa algo? – Nick iba a responderle con otra pregunta: ¿eres adivina?

-          Si… hay una mujer que quiere matarme… bueno, hacerme sufrir… y temo que vaya en busca de mi familia.

-          Oh dios mío. – dijo Miley tapándose la boca con las manos – ten cuidado.

Nick se tensó ante esa otra muestra de afecto.

-          No te preocupes. A mí no me hará nada. – miró a su alrededor – si por algo aparece algún secuaz de Donovan por aquí… aun que no lo creo… estarás a salvo, Liam fue militar… y trabajó algunos años para mí. Es muy bueno. - Miley sonrió. Él intentó sonreír, pero le salió una mueca. Miley ahora se rió. Buen intento… Se le puso la piel de gallina al pensar que Nicholas había intentado sonreír para ella.

Nick fue hacia el pueblo más cercano, donde vivian sus padres, con la lancha. La ató en un pequeño poste del puerto. De un saltó, bajó a tierra firme. Atravesó las calles. Tenía un aspecto muy sensual y misterioso… con su chupa negra, los pantalones grises y las gafas de sol Ray Ban aviator. Razón por la que muchas mujeres se giraban un par de veces a observarlo. Vió algunas tiendas donde podría comprarle algo de ropa a Miley, mientras permaneciera bajo su responsabilidad. Pero prefirió ir mañana o más tarde con ella… suponía sus tallas, pero era malo en escoger ropa del sexo opuesto. Renovó el cargamento de alguna de sus armas y fue a visitar a sus padres.

-          Nicky… - dijo Denise pellizcándole una mejilla - ¿Qué te trae por el pueblo?

Nick pasó adentro.

-          ¿No están Joe ni Kevin?

-          Si, Joe salió un momento… iba a ir a comprar, pero él me dijo que ya lo hacía.

-          ¿Y Kevin?

-          Kevin vino ayer por la noche… no sé qué es esto… tantas visitas de repente. – se quejó Paul

-          Papá, tened cuidado… - dijo Nick sentándose en una de las butacas.

-          ¿Ha pasado algo, hijo? – dijo Paul quitándose la pipa de la boca.

-          Si… hay una mujer que me quiere… hacer sufrir. – rectificó. – y puede que os quiera hacer una visita… así que será mejor que tengáis cuidado… por eso Kevin y Joe
están también atentos. No salgáis solos a la calle, hasta que consigamos detenerla…

Estuvo por una hora más en la casa de sus padres, hablando con ellos y con Joe, hasta que decidió que tenía que irse. Había bastante distancia con la lancha, hasta la cala de Nick, así que aún tardaría un rato en volver. Cuando paró el motor del vehiculo en frente de su casa de la playa, tubo un mal presentimiento. 

Cargó su calibre del 38 y abrió la puerta. Un gemido provino de la habitación de Miley. Fue directo hacia allí. 

Pero antes de llegar al cuarto de su testigo, se encontró con un hombre en el suelo. Un pasamontañas tirado más allá. Nick le tomó el pulso. 

Estaba muerto, pero no sintió nada. Seguro que era uno de los hombres de Alexander. Prosiguió, atravesando el salón y el pasillo. Abrió la puerta y se acercó hacia Liam y Miley. Nick sintió un tirón en sus entrañas al ver a Miley llena de sangre.

         ¿Qué ha pasado? – dijo preocupado. Se puso en cuclillas en frente a ella, al lado de Liam.

Vio que Liam tenía una aguja y algo de hilo en la mano. Atravesando la pierna de Miley.

-          Le han disparado. Tuve que sacarle la bala y hacerle un torniquete. Pero
pronto la presión cesó. Nick, tengo que cerrar esta herida antes de que se desangre.

Miley se arqueó.

-          ¿Lo estás haciendo a carne viva, bruto? – dijo Nick alterándose

-          No, le inyecté anestesia, pero no había suficiente para que no sintiera nada.
Nick apartó a Liam y se puso donde él estaba.

-          Miley... – dijo acariciando su brazo.
-          Que…

-          ¿Estás bien?

-          De puta madre. – dijo ella irónicamente.

-          Oh, veo que aun te quedan fuerzas para picarte conmigo… así que te quedaran fuerzas para aguantar… unos cuatro puntos más.

Nick acarició su muslo, intentando tranquilizarla. Parece que eso sirvió de algo. Pasó aguja y hilo, cerrando el corte que había hecho la bala. Miley gritó.

-          ¡joder!

-          No te muevas… - Nick volvió a acariciarla. Sentía como Miley estaba llorando. Le sabía mal ¿Por qué? Nunca había sentido pena por nadie. Estaba nervioso, no quería causarle dolor. Y él nunca se había puesto nervioso. Y menos… se había alterado con Liam. Ahora recordaba… que le había casi gritado a uno de sus mejores amigos, aun que él no lo tuviera en cuenta. Pasó de nuevo la aguja.
Miley volvió a gemir.

-          Para… para… - sollozó – no puedo más…

-          Cariño… ya queda poco, venga… aguanta. – Nick acarició una vez más su muslo.

-          No… Nick para… - dijo temblando.

Protegeme: Cap 6

Nick se encogió de hombros, ayudando a recoger los platos y meterlos en el lavavajillas. Un hombre duro, pero no le quitaba el ama de casa que llevaba dentro. 

Cuando terminó se dirigió al cuarto donde estaba Miley. Dormida. Estaba tumbada con una pierna arqueada. Su propia camisa subida, dejando ver el plano vientre con el ombligo.

Se acercó, con silencio – por algo era agente de la CIA porque sabía tener cuidado – . La tenue luz de la lámpara resaltaba sus rasgos. Su pelo caía despeinado y natural por la almohada. Su piel ligeramente bronceada, los parpados cerrados, la respiración pausada y tranquila. La excitación volvió al ver toda la imagen, acompañada de el aroma a mujer que desprendía, que había impregnado una de las habitaciones de su propio chalet el que solo olía a testosterona de Liam y él. 

Se inclinó para olerla. Melocotones, fresas, todas las flores del mundo juntas. Se subió con cuidado en el pie de cama y se quitó el jersey. Demasiado calor. Siguió avanzando y se inclinó, subiendo con sumo cuidado el jersey de ella hasta por encima del pecho. Los observó con cautela, embobado, y nunca mejor dicho. 

Y Miley seguía plácidamente dormida. La pausada respiración hacia que los pechos subieran y bajaran rítmicamente. Nick se tuvo que desabrochar los pantalones, no podía más. Si seguía así le quedaría la cremallera de los pantalones marcada de por vida. Sintió un gran alivio. Se inclinó, quería probar esos estupendos pezones. 

Quería que la suave piel de Miley se erizara por su culpa, quería que sus deseables pezones se erectaran a causa de su lengua. Tenía ganas, pero si hacia algo así, la despertaría. Se contuvo y la siguió observando. Bajó la mirada hacia el bóxer. 

Se colocó entre las piernas separadas de Miley. Quería acariciarlas, quería tocarla, toda. Rozó sus labios contra ese bóxer tan jodidamente conocido. Ahora impregnado de la feminidad, de la flor de Miley. 

Estaba duro, estaba más que eso. 

Miley sentía la respiración de Nick. Hacía rato que sentía su presencia, no estaba del todo dormida, y eso la había acabado de despertar. ¿Qué haría? Ella se había dejado desnudar casi completamente. Nick le había echado un vistazo a sus pechos, y ella no se lo había impuesto. 

Estaba tan sumamente excitada que aceptaría cualquier cosa que Nick le ofreciera. A él le vino ese dulce y fuerte olor de nuevo. Sonrió. Excitada, caliente. Eso fue la gota que colmó el vaso, Nick iba a correrse antes de mojar. Sonrió de nuevo y miró la supuestamente cara dormida de Miley. Volvió a inclinarse, deseaba con todo su ser saborear a Miley, hasta la última gota de ese manjar delicioso que emanaba de su pura feminidad. Le arrancó los bóxers, bajándolos con los dientes. 

Todo pasó tan rápido, que cuando Miley se dio cuenta, ya tenía la lengua de Nick paseándose, disfrutando, de arriba abajo por toda esa mojada hendidura.

Sintió como los espasmos recorrían su cuerpo, sintió a Nick entre sus piernas. Se inclinó, respirando agitadamente.

-          Nick… - gimió. Y él lo deseaba, deseaba que gritara su nombre. La cogió de los muslos apretándola más contra su boca. Ella jadeo de placer. Pero a pesar de todo, aun le quedaba algo de cordura, antes de que pasara lo peor, antes de que el placer la dominara. – No… Nick…

Él se asomó entre sus piernas, relamiéndose los labios. Ella aprovechó ese momento para apartar las piernas y cruzarlas. Nick se sentó a su lado, saboreando hasta el último hilo de flujos de Miley que aún yacían en su boca.

-          ¿Qué pasa? – le dijo apartándole el pelo, acariciándole el cuello con los hinchados labios, llenos de la propia lujuria.

Miley no pudo evitar mirar el esbelto torso sin el jersey. Musculado, trabajado… perfecto. Entraban ganas de sobarlo hasta cansarse.

-          No… no tengo ganas. – mintió.

Nick arqueó una ceja. Luego se hechó a reir.

-          ¿Qué no tienes ganas? – dijo poniéndose en frente de ella - ¿Qué no tienes ganas de echar un buen polvo conmigo?

Miley negó con la cabeza.

-          Es imposible.

-          No, eres creído.

-          Si casi, casi te tenía… estabas súper excitada… no puedes decirme que no tienes ganas. – dijo inclinándose para besarla, pero Miley lo rechazó. – Ah… ¿con que esas tenemos?

-          ¿No que separabas la faena de las relaciones? Pues olvídate de mi ¿vale? – dijo ella con arrogancia – te odio, no quiero nada de ti, ni tus besos, y menos tu cuerpo.

-          Mentirosa. – dijo Nick sonriendo – me deseas más que a nada.

-          No, eso es lo que tú te crees. Te crees que eres el centro de atención, que cualquier mujer se acostaría contigo. Y no es así. Yo no me acostaré contigo, no me gustas. Si quieres echar un polvo te buscas una muñeca hinchable.

-          Oh, muñeca… - dijo Nick ahora serio. ¿Por qué las palabras de esa mujer lo afectaban? Nunca había sido así – No tengo por qué comprarme una de esas estu.pideces cuando tengo a un tercio de la población femenina de Los Ángeles
queriendo follar conmigo.

-          Entonces cógete a una de esas putas. Pero a mí, déjame.

Nick enfadado por el rechazo, se dirigió a la puerta y se fue de la habitación donde se encontraba Miley

Miley se encogió de piernas rápidamente. Dios mío… no creía lo que Nick acababa de hacer…

Pero le había gustado, mucho. Nunca se había sentido tan excitada. Sentía como la humedad se esparcía más y más. Debía hacer algo… antes de acostarse.

Nick se tumbó en la cama. Se relamió los labios una vez más. Dios mío, sabe tan bien.
Pero Miley no lo había saciado. Al contrario, lo había rechazado. Y a Nick le daba rabia ¿Por qué no quería…? Escuchó algún quejido.

Apoyó la oreja contra la pared que daba a la otra habitación, a la de Miley.  

Gemidos… se está masturbando. Nick aún se excitó más. 

Imaginar el esbelto cuerpo de Miley contrayéndose y arqueándose, dándose placer ella misma, era demasiado. ¡Pero no!

Era él quien quería darle placer. ¿Por qué le había dicho que no tenía ganas? Cuando ahora se satisfacía sola… mientras él podría ser el que produjera esos gemidos. Bufó cabreado y orgulloso a la vez.

Además que él también necesitaba que le echaran ‘una mano’. Tenía la erección más grande de su vida. Ni Delta consiguió empalmarlo de esa manera. Hablando de
Delta… Joe le estaba llamando al teléfono. Descolgó.

-          Que.

-          Uy… que borde. – se rió su hermano - ¿Qué pasa? Necesitas follar más, eh.

-          Ni que lo digas. – dijo Nick pasándose una mano por el pelo. - ¿Qué quieres?

-          Surgió un problema.

-          ¿Cuál? – Eso le sonaba mal. Cada vez que Joe le decía ‘hay un problema’ equivalía a ‘el mundo está patas arriba o estamos a punto morir por un asesino en serie’. O algo por el estilo.

-          Esta mañana te acostaste con Delta. – dijo su hermano en tono burlón.

-          Si… ¿y?

-          Ella es una de las que están entrometidas en la mafia rusa de Donovan.

-          ¿Qué?

-          Era una infiltrada, joder. – Joe parecía más alterado – todo fue para distraerte, así se llevaban a la chica. Sabes que Donovan es el violador que coleccionaba a las mujeres que se había tirado. Un pirado total.

-          Si, si…

-          Pues si no llega a ser por ti, ella ya estaría muerta y en un armario junto con los otros cadáveres que hemos encontrado. – Joe suspiró – ese no es el punto. Delta estaba compinchada con él porque… - hizo una pausa – Ostia, parece que decirte esto me jode más a mí que a ti.

-          Suéltalo de una vez.

-          Delta es la hermana de Selena.

-          No puede ser… - la voz de Nick se ahogó.

-          Busca la venganza de su hermana. Por eso se infiltró en la CIA para dar contigo… te quiere muerto, Nick.

viernes, 1 de julio de 2011

Protegeme: Cap 5

Nick fue a coger una de sus camisas viejas. También cogió unos pantalones cortos, aun que a Miley le irían como unos piratas. Una toalla de cuerpo. Mujeres… ¿una ducha en medio de toda esta mier.da? Eso es lo último que me gustaría a mí en este momento de presión. Abrió la puerta del baño, sabiendo que Miley ya estaba dentro de la ducha, con el agua tibia recorriendo su cuerpo. Nick pensó que no le importaba, había visto muchas –demasiadas – mujeres desnudas en toda su vida, y ya no le sorprendía nada. O eso es lo que pensaba él antes de entrar en el cuarto de baño.

-          Te lo dejo aquí. – dijo dejándolo en la encimera.

-          Vale… - la voz de Miley parecía tan relajada y excitante que Nick no pudo evitar sonreír.

Levantó la tapa del váter, se bajó la bragueta y se dispuso a mear.  Cuando
Miley lo escuchó asomó la cabeza por la cortina.

-          ¿Qué haces? – dijo molesta.

-          ¿Mear? – dijo él con énfasis, y dejándoselo ver todo.

-          Joder Nick,  no podrías esperarte…

-          ¿Y me meo encima, guapa? - Miley se ruborizó.

Sin querer discutir más se metió de nuevo, tapándose con la cortina. Nick se dispuso a salir, pero vió que la cortina de la ducha no cubría del todo, había un sitio que no tapaba. Se apoyó en la puerta y observó a Miley enjabonándose. Estaba agachada, con todo su hermoso culo desnudo a la vista. Nick no apartó la vista de ella.
Resiguió la mirada, por su estrecha espalda, por las torneadas piernas. Todo brillante por el agua. Jodidamente excitante, más que una película porno de Jenna Jameson. 

Miley se incorporó de nuevo. Echó champú en sus manos y empezó a frotarse el pelo. Cerrando los ojos para que no el entrara el jabón, se puso de perfil, debajo del chorro de agua.

-          Madre mía… - masculló Nick fijándose en su plano vientre, subiendo hasta la vista que tenia de sus perfectos pechos, sus oscuros pezones de punta.

Se fijó en su pubis, depilado. Nick sintió algo que nunca había sentido. Nunca lo había puesto -ni gustado- tanto ver una mujer desnuda, y más, sin hacer siquiera nada. Su pene empezó a latir con brutalidad, se endureció contra los pantalones. 

Quería liberarlo, quería quitarse la ropa, meterse en su bañera con esa diosa afrodisiaca y follarla sin compasión. Antes de hacer una locura semejante, Nick se retiró, ajustando la puerta, dejando que Miley se duchara tranquila. Ahora el problema era como iba a bajar aquella enorme erección, si lo que más le confortaría es que Miley se abriera de piernas para él – y solo para él – y dejara que se desahogara en sus entrañas, mientras ella gritaba su nombre una y otra vez, gozando como nunca, mientras él se hundía completamente en su torneado cuerpo.

-          ¿Qué te pasa? – se rió su compañero Liam, al verlo tan agitado.

Nick bufó. Siempre se lo contaban todo, hasta las aventuras con las tías.

-          Hace mucho, mucho tiempo que no te veo ruborizado, amigo. – Retomó Liam.

-          Lo sé. Hasta yo me sorprendo a mi mismo – Dijo Nick parpadeando para que se le fuera la tontería.

-          ¿Entonces? ¿Has visto a Elsa Pataki en bolas o algo así?

-          Lo que he visto le da mil vueltas a la Pataki. – masculló Nick riendo.

-          No puede ser.

-          Asómate por la puerta del baño y lo compruebas tu mismo. – le sugirió Nick.

-          Oh dios, ¿espiando a tu clienta?

-          No es mi clienta, es un caso…

-          Da igual… ¿te pone, eh? No está mal.

-          ¿Qué no está mal? – espetó Nick – Bueno, dejemos el tema…

-          ¿Qué pasa? Siempre te gusta opinar sobre las mujeres conmigo.

-          Lo sé, pero no… de clientas o casos o testigos…

-          Temes que pase lo mismo que pasó con Selena. – No fue una pregunta, fue una afirmación. Nicholas no dijo nada, pero eso mismo lo delató. – No tiene por qué…

-          Lo sé, pero des de entonces… he aprendido la lección, nada de acostarse con la faena…

-          Tomate un descanso. – suspiró Liam – Lo necesitas. Y si no lo haces tú – se rió – pronto me veras a mi entre sus piernas.

El apuesto alemán se levantó y se fue riendo, hasta su habitación. Miley apareció entonces. Con el pelo mojado y solo con el jersey de Nick que le llegaba un poco por encima de las rodillas.

-          ¿Qué tal la ducha? – se atrevió a decir Nicholas.

-          Muy, muy bien. – dijo estirándose y mostrando algo más del muslo – estoy súper relajada.

Pues, si supieras que tanto tenso estoy yo, muñeca...

-          ¿Tienes algo para beber?

Nick arqueó una ceja.

-          Acabas de llegar aquí y, ¿ya pidiendo? – masculló.

-          ¿Qué quieres? Tengo sed… y ya sabes que hacer, sé que no te caigo bien. – le dijo mirándolo con ojos de niña inocente – Y sé que no me quieres aquí, que es solo
por tu… trabajo. Pero solo tienes que meterme en tu precioso coche y devolverme a la ciudad.

-          No haré eso. ¿Para que? ¿Para que te maten? – dijo con una sádica sonrisa –
Entonces no cobraría por este caso.

Miley suspiró y se dirigió hacia la nevera.

-          Te importo solo por el dinero ¿cierto?

-          Claro. No sabes el dinero que gano en mi faena, por algo tengo todo esto. – abrió los brazos – Y si tengo protegida una testigo como tu… - puso los ojos en blanco. – Además, arriesgo también mi vida en este trabajo.

-          Es lo que tú elegiste.

Nick la miró serio. Mal, frio, como él era. Nada de sentimientos, nunca.

-          ¿Tienes que tener siempre la última palabra? – preguntó retóricamente.

-          Si. – le contestó, enfadándolo, dando un trago a un zumo de melocotón. Nick observó cómo se relamía los deseables labios.
-          Hum… - murmuró Nick acomodándose los pantalones.

-          ¿Por casualidad… - dijo volteándose hacia él de nuevo – no tendrás ningún tipo de lencería femenina, maquillaje… algo para mí?

¿Algo para ti? Ven, bájame los pantalones, y verás lo que tengo para ti nena.

-          ¿me ves con cara de coleccionar las bragas de las tías que me tiro? – dijo
Nicholas dando un trago de su cerveza. Y reprendió – para luego dejárselas a las mujeres que yo mismo protejo. O bueno, también exceptuando a los contados homosexuales que también me piden lencería de mujer.

-          ¿Tienes que ser tan arrogante conmigo? – dijo ella negando con la cabeza.
Nick la ladeó, afirmando su pregunta. – Vete a la mier.da. – le dijo sin más – eres tu quien me ha llevado aquí. Por lo menos podrías tratarme mejor.

-          Nena, yo solo se tratar bien a las mujeres en un sitio, y ese es en la cama. – sonrió – si quieres... te trato bien.

-          Encima guarro.

-          ¿Guarro? No, por dios. Realista. – la miró descaradamente – mírate, tu cuerpo me pide que me lo coma. Vas provocando como una cualquiera. – le espetó sin remordimientos - ¿Por qué no te has puesto los pantalones?

-          Porque me van enormes.

-          Mira por donde… ¿Y que llevas debajo? – le dijo, sabiendo  la respuesta. Ella se ruborizó.

-          Nada.

-          Eso afirma lo que digo.

-          No soy una cualquiera, no voy provocando, y no es mi culpa si solo se te ocurre dejarme ropas tuyas, que me van cuatro tallas mayores.

Protegeme: Cap 4

Miley se sonrojó. En cambió observó a Nick por el rabillo del ojo. Él no estaba ruborizado, para nada. Después de la acusación del policía... se imaginaba ¿y si aquello hubiera sido cierto?. Sin pensarlo, se aferró más a la chupa de Nick. Olía bien, olía a hombre, mezclado con un perfume viril y excitante.

-          ¿A dónde vamos? – preguntó Miley pensativa.

-          A una casa que tengo en mi cala privada. – dijo orgulloso. Miley supo que a aquel individuo que la había raptado le sobraba el dinero.

-          ¿Por qué no me llevas a mi casa y olvidamos lo sucedido? – suspiró – yo como si no te hubiera visto nunca.

-          Nena, eso es imposible. – en su rostro se dibujó una sonrisa espectacular. La ronca voz estremeció la espina dorsal de Miley, produciéndole un delicioso escalofrió. – Además, los secuaces de Alex, una de las bandas de una mafia rusa, te estarán buscando, ahora que ya has tenido trato con él.

-          ¿Pero por qué? Yo no hice nada.

-          Bastó con las relaciones que tuviste con Alexander Donovan, para que te involucraran con él. Ahora eres tú a la que buscan. Son así de sádicos... – Nick tragó saliva, a Miley le extrañó, y con un hilo de voz terminó la frase – los rusos...

A Miley se le llenaron los ojos de lágrimas.

-          No me llores, ya te he dicho que no me gustan las lágrimas. – Dijo Nick entrando en un gran subterráneo donde había un BMW plateado, igual de bonito que el caro Lamborgini. – Conmigo estás a salvo, mi jefe me encomendó que te protegiera e intentara sacar de ti más información sobre la mafia de Donovan. Y así lo haré.

Salió del coche y se dirigió al copiloto. Miley se había olvidado de todo, hasta de desabrocharse los pies. Nick abrió la puerta y al ver que aun seguía con la cuerda se agachó y se la desabrochó. Miley se sonrojó al sentir la respiración de la boca de
Nick, chocando contra su muslo. Pronto la cuerda cayó al suelo.

-          Habrá un par de normas. – dijo Nick, estricto – No intentaras huir, a no ser que quieras que te maten – rió – Aun que es prácticamente imposible, el acceso aquí es muy difícil hay muchas armas de protección contra personas alienas. Esta enorme cala es mía, todo lo que tiene me pertenece a mí. – la miró – Ahora tú estás incluida a la lista.

-          No te pertenezco – musitó Miley.

-          Ahora sí. Estas en mi propiedad, eres de mi propiedad. – la miró – prométeme que por tu seguridad no saldrás de la isla.

Miley agachó la mirada.

-          Miley. – la primera vez que decía su nombre. Y fue como el mejor de los roces, su piel se erizó.

-          Bueno... – dijo con énfasis en la segunda vocal.

-          Miley. – volvió a repetir con más seriedad – si te pasa algo yo seré el responsable.  

-          De acuerdo… - suspiró - ¿Hasta cuanto tendré que quedarme aquí?

-          Hasta que cojamos a los cabro.nes que van a por ti. – empezó a caminar hacia una puerta – O los mataran mis compañeros… - la miró sonriendo – o vendrán y me cargaré a los siete secuaces de Donovan, uno por uno.

Miley tuvo otro escalofrío. Nick era un tipo duro, no le importaba matar a la gente.

-          ¿Te gusta tu trabajo? – dijo Miley con expresión preocupada.

-          ¿Te refieres a matar a la gente? – entró en el ascensor, cogiendo del brazo a
Miley. - ¿O a ser un agente secreto?

-          A lo primero…

-          No gusta nunca matar a la gente, a no ser que seas uno de esos terroristas, que siguen matando aun que les cueste la vida a ellos.

Miley  observó los limpios trechos de su cara. Era guapo… no, guapísimo. Unos ojos marrón oscuro penetrantes, que clavaban la vista al vacio, una nariz recta y unos labios generosos. Nick le pilló la mirada con la suya. Ella agachó la vista enseguida. Él sonrió.

-          ¿Qué mirabas? – dijo gracioso. El simple tono de frialdad con la que la trataba antes desapareció.

-          Na…nada.

-          ¿Te gusto? – preguntó sin más, abriendo los brazos. - ¿te gusta esto, muñeca?

Miley no pudo evitar morderse un labio.

-          Me deseas. – sonrió Nick – deseas mi cuerpo ¿verdad?

En ese momento se abrieron las puertas. Miley salió rápido de allí, más roja que un tomate. Nick era un creído. Un creído con el cuerpo de Dios griego. Y la cara de ángel.  Topó con algo.

-          Perdón. – masculló, aun con la imagen de Nick abduciendo su mente. Un hombre apuesto, fuerte, de rasgos germánicos, rubio y con pequeños pero preciosos ojos azules yacía estático en frente de ella.

-          Perdóneme a mí, señorita… - se inclinó para besarle la mano.

-          Bueno, ya, ya… cursileras. – dijo Nick poniéndose entre medio –Él es Liam, un compañero mío, el cual me debe una muy gorda y de momento le dejo que se ocupe de esta casa… pocas veces vengo. Muy pocas. Y ella es Miley.

-          ¿La de Dovone? – dijo el supuesto alemán sonriendo y mostrándose aun más guapo.

-          Y dale, que no tengo nada que ver con Alexander. – dijo Miley cruzándose de brazos.

Tenía enfrente a un hombre salido del propio infierno y a otro caído del cielo. Los dos supuestos agentes de la misma agencia, con habilidades y fuerza bruta. El cuadrado alemán se la quedó mirando, descaradamente.

-          Alex se habrá puesto las botas – dijo centrando sus ojos en sus muslos desnudos.

-          Ya basta, Liam. – le dijo Nick. – ella dice que no ha tenido ninguna relación con Alex.

-          Entonces, que desperdicio. – sonrió relamiéndose.

-          Oh dios, quiero irme a mi casa ¡ya! - Miley se echó el pelo hacia atrás, abriendo la chaqueta de nuevo, sin querer y dejando ver sus pechos cubiertos por el sujetador negro. Los dos hombres se la quedaron mirando.

Era un peligro, un verdadero peligro, dos hombres que rebosaban de testosterona, con una sola mujer encerrada en aquella casa de la Isla o cala de Nick.

-          Será mejor que te calmes.

-          Si, será mejor que me tome una ducha… - dijo bufando - ¿Tienes?

-          ¿Por quién me tomas? Tengo hasta piscina. – masculló Nick – Primera puerta a la izquierda. Ahora te traigo las toallas y algo de ropa… - la miró de arriba abajo – aun que con el tipito que tienes mi ropa te irá grande… tendré que comprarte algo, aun no sabemos el tiempo que te pasaras aquí.

Miley asintió y se dirigió a la ducha, dejando caer antes la chaqueta, dejando ver un culo deseable y unas buenas piernas, moviendo las caderas. Dejando a Nick aturdido – y eso que para mujeres, él había visto de todo tipo -, aquello lo ponía, aquella mujer lo excitaba, más de lo que pudiera llegar a pensar.