viernes, 23 de noviembre de 2012

Catch Me Cap: 4

Como si ella tuviera alguna intención de obedecer cualquier orden que diera Nicholas Tyler, pensó Miley, todavía más que furiosa más tarde esa noche tras unirse a las patrullas de montaña que vigilaban la propiedad.
Él no le había ordenado su regreso a casa. No hubiera servido de nada y él era lo suficientemente listo para no hacerlo. Daba gracias a Dios por ello. Su cuerpo se amotinaba, y el hecho de que ahora sabía que él era consciente de su excitación física solamente servía para empeorar la situación.

Demasiados años célibes, ése era el problema, intentaba convencerse mientras se movía entre los árboles, consciente del silencio de la noche, de la calma que acariciaba sus sentidos. Esto le recordaba a Nicholas. Todo le recordaba a Nicholas.

Tócame, Miley. Su voz la había acariciado como la brisa más suave cuando su mano agarró su erección, haciendo estremecer su carne con el placer. Él había estado duro, caliente y grueso. Un pe/ne que habría complacido a la mujer más exigente. Y estuvo más que complacida con él.
Ella tembló, su sexo se humedecía solo de pensar lo bien que la había complacido en los laboratorios. Moviéndose dentro de ella, su cuerpo lo había apretado con el esfuerzo por controlar la necesidad de precipitarse en su propia liberación, mientras él la conducía más alto cada vez.
Detente, se ordenó a sí misma suspirando. Recordar solamente la haría más débil, más hambrienta. No podía permitirse estar más hambrienta.
Miley tenemos movimiento no identificado que se dirige hacia a ti, por el este. ¿Estás segura?

Tamber Mason, una tímida y pequeña miembro de la Especie Leona, habló por el canal de comunicación con una voz llena de tensión, mientras Miley se tranquilizaba contra la amplia base de un árbol.
—¿Cómo de cerca?—susurró Miley mientras comprobaba su reloj. Hacía poco más de una hora que se había escapado de la amenaza de Nicholas.
—A menos de medio kilómetro, moviéndose en diagonal a las tres en punto de donde estás ahora. Un recorrido que siguiendo su actual curso le conduce directamente hacia las puertas traseras del complejo principal—el intercomunicador hizo clic varias veces, mientras el canal seguía emitiendo, para asegurar la privacidad mientras Tamber hablaba.

Miley sacó su arma fácilmente de la pistolera y, comprobando el percutor, se desplazó silenciosamente. Su cuerpo felino estaba listo para cualquier tipo de amenaza que se encontrara. Rápidamente empezó a moverse a la posición indicada.
—Mantenme informada del rumbo y la distancia—murmuró en el micrófono. Se colocó las gafas de visión nocturna sobre los ojos y recorrió con la pantalla del radar el lugar.

Dos pequeños puntos destellaron inmediatamente en un pequeño mapa en la periferia de su ojo derecho. El suyo propio en azul y la fuente desconocida en color rojo. Ella se desplazó a lo largo de la montaña, manteniéndose agachada, caminando entre la densa maleza y el espeso follaje, mientras se dirigía hacía el intruso.

En secreto Tamber había comprobado cada enlace y posición de las Especies que estaban en sus puestos en la montaña. Había un punto de más en movimiento del que debería haber, sin confirmación por parte de los guardias que había comprobado antes de consultar con Miley.
—Todo lo que recojo ahora es una anomalía—dijo Tamber silenciosamente mientras Miley se movía acercándose, mirando cautelosamente la sombra verde fluorescente de las gafas que ahora protegían la parte superior de su rostro.—Pero esto apareció de la nada. Un minuto no había nada, al siguiente estaba allí.

Confiando en la otra mujer para que guardara su espalda, Miley advirtió varios puntos azules moviéndose también en otras posiciones. Rodeando un montículo de altas rocas redondas y grandes, continuó avanzando hacía la anomalía, vigilando cuidadosamente con un ojo el pequeño punto rojo que se deslizaba a lo largo del mapa, acercándose cada vez más a la puerta que conducía al complejo principal. Eso tampoco tenía sentido, era algo incoherente. Habría sido más fácil para un intruso, entrar por muchos otros puntos antes que por la puerta trasera.

Tan suavemente como la brisa, se deslizó agachándose entre el espeso follaje, esquivando fácilmente las ramas superiores que habrían alertado a un rastreador con experiencia que estaba siendo acechado.
Del Consejo o un fanático, eso no importaba, solo seguían intentándolo. Las tentativas para poder entrar en el complejo parecían empeorar con cada noticia que se emitía por televisión. Algunas de las insinuaciones en aquellos llamados informes eran más que insultantes, eran categóricamente peligrosas. Mantenerse al corriente de todos ellos era casi imposible y contrarrestarlos venía siendo cada día más difícil.

Y ellos seguían intentándolo. Las tentativas de matar las nuevas especies humanas parecían ser diarias. Avanzando lentamente acercándose, Miley pasó fácilmente entre unos pinos jóvenes y se movió despacio detrás del intruso. Cuando lo tuvo a la vista, el terror se cernió de un golpe duro y pesado en su corazón.
—Yo no lo haría—ella apuntó su arma automática cuando él se disponía a levantar el lanzamisiles, un tubo largo y cilíndrico, a su hombro.
Él se congeló durante un largo segundo. Ella olió el miedo que irradiaba de su cuerpo al igual que podía sentir su determinación para asesinar.
—Un solo movimiento y te abro la cabeza—le ladró ella.—Tamber, alerta a la casa, mie/rda. Tenemos un lanzamisiles.
No tenía ni idea si podría derribarlo antes de que él lanzara el misil. Su mano estaba en el gatillo, el arma apuntaba a un lugar que golpearía directamente en la casa.
—Evacuar, Tamber. Evacuar—Miley dio la orden de vaciar la casa, escuchando de fondo el caos que hizo erupción en la sala de control.
—¿Vale la pena morir por eso?—le preguntó al atacante, viendo como su mano se cerraba sobre el gatillo.—Puedo arreglarlo, compañero, si bajas el arma ahora.
—Abominaciones…—Su mano se apretó.

Miley disparó inmediatamente, pero antes de que él cayese el gatillo del lanzamisiles se hundió, causando el lanzamiento del misil.
—¡Lanzado! ¡Lanzado!—gritó.—¡Por Dios, salid de la casa ahora! ¡Ahora!

Ella sabía que no habían tenido tiempo para evacuar la casa, ningún modo de conseguir que todo el mundo estuviera a salvo. Corrió hacía el hombre caído, consciente de que no estaba completamente muerto. Sentándose en un instante a horcajadas sobre su espalda, no hizo caso de la sangre que mojaba su hombro y el grito de dolor, cuando ella tiró sus brazos hacía atrás y aseguró sus muñecas con unas esposas de acero antes de ponerse rápidamente en pie.
—Traigan a ese bastardo—gritó a dos de los hombres mientras oía a lo lejos la explosión montaña abajo.—El resto de ustedes, vengan conmigo.
—Tamber, informa—gritó por el intercomunicador, mientras corría montaña abajo.—¡Por Dios, informa!
Podía oír los gritos de fondo cuando las órdenes fueron transmitidas, pero no a Tamber.
—Ningún herido—de repente una voz gritó en su oreja, haciendo que casi tropezase ladera abajo, teniendo ya la casa a la vista.—No tenemos ningún herido. Ningún herido. Misil abortado.

Algo lo había abortado. La montaña poblada con exceso de árboles había salvado sus pellejos. Dos viejos robles con siglos de antigüedad y gruesos troncos ardían en la base de la montaña, el impacto había detonado los explosivos del misil. Las Especies se apresuraban alrededor de los patios, tirando de mangueras con bocas de riego que estaban localizadas en la periferia de la propiedad, para apagar las llamas antes de que prendieran fuego a la montaña entera.
—Comprueba como están todos—clamó Miley por el intercomunicador, mientras daba media vuelta y se apresuraba, deshaciendo el camino por donde había venido.
Mataría al bastardo.

 Cuando se acercó a los dos Especies que arrastraban a la figura que chillaba montaña abajo, se permitió un gruñido felino, la furia se escapó entre sus dientes. Ellos se detuvieron, dejando caer su carga y quedándose de pie un poco apartados, mientras ella se acercaba.
Él sollozaba. Como un niño atrapado en alguna indiscreción que sabía que traería un castigo. El bastardo no estaba arrepentido aún, sólo aterrorizado.
—Hola—susurró la palabra con un peligroso gruñido, era como un depredador mientras se encorvaba arrodillándose para mirar fijamente la cara pálida.—¿Qué tenemos aquí? ¿Un pequeño bocado de medianoche?—Mostró sus dientes, viendo como sus ojos se fijaban en los agudos colmillos de ambos lados de la dentadura. Ella era uno de los raros casos con dos hileras llenas de afiladas armas. Conservar los largos colmillos escondidos detrás de pequeñas sonrisas y el pretexto de la timidez no había sido fácil, viviendo en una pequeña ciudad del este de Kentucky, en la que antes habían estado escondiéndose.

No había ninguna necesidad de esconderse ahora. Retiró hacia atrás sus gafas, consciente de que ahora sus ojos brillaban sorprendentemente a luz de la luna llena que brillaba en lo alto.
Él gritó un segundo antes de que sus ojos girasen, echando la cabeza atrás y perdiera el conocimiento. Miley gruño fríamente.
—Arrástralo a las celdas—se levantó mientras daba la orden tajante a los dos guardias.—Estoy segura que Nicholas y Callan le están esperando.
Misiles, ahora. Sacudió la cabeza mientras luchaba por respirar a través de las palpitaciones de su corazón. ¿Cómo diablos había logrado pasar las alarmas externas y llegar tan lejos montaña abajo, antes de que el radar lo detectara?
—Necesito dos unidades más aquí fuera. Necesitamos comprobar las cercas externas, así como las alarmas de seguridad—gritó Miley en el intercomunicador para estar segura de que era oída por encima del alboroto en la sala de comunicaciones.
—Ponte en camino—la voz de Callan llena de furia atronó por el micrófono.—Trae tu cu/lo aquí ahora. Te necesito aquí. Tenemos heridos.
—¿Quién?—el miedo se abatió de golpe sobre su corazón pensando en su familia mientras empezaba a bajar la montaña a paso rápido.
—La metralla causada por la explosión golpeó a varios guardias y Merinus está despotricando sobre ti al estar allí fuera. Regresa aquí y apacíguala. No necesito que tenga el bebé antes de lo debido.
Lo que significaba que Merinus estaba más que enfadada. Lo que significaba que era alguien cercano a Merinus…
—¿Dónde está Nicholas?—ella respiró duramente.
Se hizo el silencio.
—Oh, Dios—sus rodillas se debilitaron debido al miedo. Reuniendo su fuerza, Miley corrió hacía abajo el resto de montaña, hasta la puerta abierta que la esperaba.
Ella no podía pensar, no podía respirar. Rechazó reconocer el dolor abrasador que se instaló en su pecho y que hizo que quisiera aullar por el sufrimiento. Ignoró la desesperación, no hizo caso al miedo y corrió todo lo que podía para regresar a casa y a su compañero.

*****

—Demonios del infierno, si no dejas de hurgar en mí voy a romperte los dedos—lanzó Nicholas a Doc Martín cuando él le arrancaba un larga astilla de madera de su hombro, restañando la sangre con una gasa gruesa.
La carne del hombro estaba toda desgarrada y manando sangre, mientras Doc trabajaba para limpiar el área.

Miley se paró dentro de la bien equipada sala médica y contempló las heridas llena de horror. El músculo liso, perfecto, se apretó dolorosamente cuando el Doctor insertó otra inyección de anestésico para amortiguar el dolor antes de sacar más astillas de madera de la carne.
Las heridas nunca la habían afectado en particular. Había estado ayudando al Doctor durante años con las de Callan y a menudo también con Taber. Pero viendo a Nicholas, su perfecta carne rasgada y tratada tan brutalmente, sintió amenazadoras nauseas en el estómago.
Miley, necesito más vendas—le gritó Doc cuando ella hizo una pausa detrás de él.—He tenido casi que sedar a Merinus cuando ha visto esto y todos los demás están ocupados.
Apresurándose a ir al fregadero, Miley rápidamente se lavó a fondo las manos y los brazos, enjuagándolas y secándolas antes de volver de prisa a la camilla. Quedándose frente de Nicholas, preparó las gasas, mirando fijamente los utensilios y el pequeño cubo de metal lleno de fragmentos de madera.
—Maldito Dr. Jekyll—masculló Nicholas con una mueca de disgusto cuando la exploración empezó de nuevo.

Él conservaba su cabeza agachada, encorvando el hombro como por el dolor, aunque ella sabía que el área debería estar correctamente entumecida en aquel punto.
—No es tan malo. Solo necesitará unos puntos—murmuró el Doctor.—Tuviste suerte, hijo. Estas astillas volantes podrían haber perforado un pulmón.
Miley luchó por controlar la sensación de horror ante el pensamiento. Su estómago se contrajo cuando tragó fuertemente y preparó las suturas que el doctor necesitaría.
—¿Estás bien?—le preguntó Nicholas, en un murmullo, su cabeza todavía agachada.
—Muy bien—dijo ella con una voz espesa. Aún no podía creer que él estuviera sentado allí, que el ataque casi lo hubiera matado. El hecho de que estaba consciente y relativamente ileso la asombraba.—¿Y los demás?—sus ojos se levantaron para mirar al doctor.
Doc Martín gruñó con irritación mientras sacaba otra astilla.—Daños menores. Limb cogió a uno de ellos. El otro fue lanzado dentro de un edificio. Es el que se llevó la peor parte. Si sobrevive podría conseguir sacarle las malditas astillas antes de la próxima semana.
Nicholas se había movido otra vez, girando ligeramente más lejos de Miley

Ella miró ceñuda su cabeza inclinada. ¿Estaba más herido de lo que había dejado ver? Él estaba actuando tan inusualmente que ella se movió hasta encontrarse cara a cara con él, inclinándose sobre su pecho desnudo para inspeccionar sus heridas.
Ella se congeló de horror mientras él finalmente levantaba la cabeza y lanzaba un suspiró de resignación. Las cicatrices eran horrendas. Grandes líneas cortadas irregularmente entre la carne se extendían de un lado a otro de su oscuro pecho. Una corría sobre un pequeño pezón masculino, las otras entrecruzaban la piel como un mapa loco de violencia. Él no había tenido aquellas cicatrices en los laboratorios. Y ella sabía sobre cicatrices; aquellas eran viejas.

Dayan dijo que él atacó a Nicholas aquella noche. Que él debería estar muerto. Ahora sé por que él estaba tan mal todos esos meses que estuvo en el hospital, Miley. Ellos no me dejaron verlo entonces. Pero las heridas eran terribles. miley recordó a Merinus contando el mal que hizo Dayan cuando intentó matarla junto al niño recién concebido con Callan.
La mirada fija de Nicholas era dura cuando él la miró.
—¿También vas a desmayarte?—le pregunto cautelosamente.—Con Merinus ya he tenido suficiente. No creo que mi hombro pueda soportar otra hembra desmayándose ahora mismo.
Su expresión era salvaje. Sus ojos brillaban intensamente con dolor y furia.
Miley, necesito aquella gasa—le gritó el Doctor.—Deja de comerte con los ojos este pecho y dámela.

Ella avanzó a trompicones, consciente de que Nicholas lentamente se enderezaba tanto como le permitía el Doctor. Ella le dio la gasa, su mente era un revoltijo de confusión. Nunca había esperado ver semejantes cicatrices en el hombre que había creído invencible durante los meses pasados. Aparte de su propia cólera y emociones confusas, sabía que nunca había imaginado un tiempo en que pudiera concebir que nadie dañara a Nicholas seriamente. No había creído completamente a Merinus hasta ahora.

Estaba de pie allí, incrédula, ayudando al Doctor automáticamente. Dándole lo que necesitaba cuando se lo pedía, luchando contra la culpa y la rabia que la llenaba cada vez que los músculos de él se contraían. Él no gemía o se estremecía; soportaba el dolor como si sólo fuera una pequeña irritación.
—No necesitas demasiados puntos, pero esta herida es un tanto irregular—dijo el Doctor cuando aplicó la última puntada.—Debes permitirle descansar durante un rato, sin embargo. Cambiaré el vendaje diariamente, te daré una inyección para calmarle el dolor esta noche y vigílalo. Si se infecta tendremos dificultades. Y no queremos que esto ocurra.
Nicholas solo gruñó.

Miley se levantó silenciosamente cuando Doc le puso una inyección para el dolor y luego vendó el hombro.
—¿Puedes llevarlo a su habitación?—le preguntó a Miley.—Todos los demás corren de un lado a otro como pollos a los que se les haya cortado la cabeza. Ellos le dejarían regresar mas bien a la lucha antes de acostarlo donde él pudiera recuperar fuerzas.
—Me encargaré de ello—dijo asintiendo con la cabeza firmemente, encontrándose con la sonrisa satisfecha de Nicholas, cuando levantó su cabeza. Maldito fuera, hasta herido tenía que ser un asno burlón.
—Estará bastante aturdido hasta que se duerma. Quédate con él—la mirada de ella voló hacia el doctor mientras empezaba a preparar excusas.
¿Estaba loco? ¿Quedarse con Nicholas? Él era bien consciente del efecto que estar juntos les causaba. Sabía condenadamente bien que lo mismo pasaría en su habitación.
—No me mires así, muchacha—le dijo el Doctor.—Alguien tiene que quedarse con él y no queda nadie más. Ahora sácalo de aquí.
—Vamos, gatita—la voz de Nicholas sonaba cansada cuando él se levantó para ponerse de pie, mientras que con la otra mano se agarraba el brazo herido.—Ven a mimarme toda agradable y tranquila y dejaré que te vayas pacíficamente.
—Quédate con él—volvió a decir el Doc cuando terminó Nicholas de hablar.—Sin discusión.

El mundo estaba contra ella, decidió Miley cuando se colocó al lado de Nicholas, pasando su brazo alrededor de su desnuda cintura.
—Quiero un baño, maldita sea—le informó rígidamente mientras salían de la habitación.—No voy a tocar mi limpia cama tal y como estoy.
Ella suspiró. Sí, el mundo estaba en su contra. Ella rezó para que alguien, cualquiera, estuviera disponible para ayudarle aparte de ella. Entraron en el ascensor y apretó el botón para subir hasta el piso principal donde Nicholas había tomado una habitación. Por suerte, las puertas no se abrirían muy lejos de su cuarto.
—¿Cogiste al bastardo?—le preguntó él cuando entraron en el ascensor.
—Sí. Le gruñí y le mostré algunos dientes. Paso más miedo que si hubiera estado en el infierno. Desearía que al menos enviaran a alguien más entero. Estos mariquitas se desmayan si les sonríes de manera equivocada.
Nicholas gruñó. Él se apoyaba pesadamente contra ella mientras se abrían las puertas, lo que era una indicación de que el analgésico comenzaba a afectarlo.
—Vamos a acostarte—lo condujo del ascensor hacia su habitación.
—El baño primero—le recordó respirando profundamente.—Juro por Dios que este día ha sido un infierno.
Era un nuevo día, pero ella no iba a indicárselo. Eran poco más de las dos de la mañana y el alba no estaba lejos. Ella sabía que él se levantaba antes de las cinco cada mañana y por lo general todavía estaba despierto a medianoche. Trabajaba tan duro, si no más, que cualquiera de su familia.
—Bien, un baño—¿Qué podía pasar? Ella lo metería en la bañera, lavaría su espalda y se aseguraría de estar allí cuando estuviera listo para salir. Ningún trato más. Ella conocía las drogas del Doctor. Lo aturdirían un poco, pero podría ponerse de pie por si mismo.
Ella no anticipó lo que vendría.
Él no podía desabotonar sus vaqueros demasiado ajustados. Su brazo era inútil. Tragando fuertemente, ella los desabotonó con dedos temblorosos, más que consciente de la gruesa protuberancia bajo ellos. Cuidando de mantener sus ojos apartados, se los deslizó junto con los calzoncillos por sus poderosas piernas antes de que él se sentara en la pequeña silla al lado de la bañera para dejarle que desatara sus botas.
Finalmente, gloriosamente desnudo y con movimientos lentos, él fue capaz de entrar en la bañera y apoyar trabajosamente su espalda contra el respaldo. Su cabeza descansaba hacía atrás, mientras sus ojos se le cerraban.
—No puedes dormirte, Nicholas—ella se estremeció mientras observaba la cabeza de su pe/ne oscilar arriba y abajo a lo largo de su abdomen bronceado. Sólo Nicholas podía ponerse duro estando medio muerto. Simplemente era su suerte.
—Estoy despierto—refunfuñó él.—Sólo dame un minuto.
Él levantó su brazo bueno, sus dedos frotaban perezosamente su pecho lleno de cicatrices. Ella siguió la acción, sus ojos mirando fijamente las delgadas cicatrices, su corazón encogiéndose de dolor al pensar lo que él tuvo que sufrir.
—Él me atacó fuera del edificio del laboratorio—dijo Nicholas suavemente, provocando que ella levantara su cabeza, encontrando su mirada.
Sus ojos estaban ahora dilatados y adormecidos.
—Lo siento—ella no sabía que decir. No sabía que sentir.
—El bastardo pensó que podía enterrarme y luego dar media vuelta y marcharse—dijo suavemente aunque su voz palpitaba de cólera y dolor.—Logré salir yo mismo y gatear a través de la maleza. Finalmente me encontraron unos excursionistas. Medio muerto y febril.

Catch Me cap: 3

Su mandíbula casi golpeó el suelo cuando él se dio la vuelta y volvió a entrar en la cocina. ¿Qué no le hiciera ir a buscarla? Pensó incrédulamente. Hijo de pu/ta, iba a matarle.
Entrecerrando los ojos se dirigió rápidamente a su habitación. Se cambió velozmente, vistiéndose con unos cómodos pantalones negros y una camisa deportiva ajustada. Se colocó el cinturón de la pistolera en la cadera, ató la daga a su muslo, se recogió el pelo bajo la gorra negra de béisbol y salió furtivamente de la casa. Le permitiría que viniera a buscarla. Se iba a encontrar un infierno mayor que el que esperaba.
* * * * *
— ¿No tienes miedo de empujarla demasiado lejos? —preguntó Taber varios minutos después de que la familia saliera de la cocina y regresara a sus respectivas habitaciones.

Por una vez, no se encontraba acompañado de su nueva compañera y esposa, Roni. Es más, se dedicaba a vigilar a Nicholas con esos extraños ojos verdes, con un indicio de censura observándose en sus profundidades.
— ¿No tienes miedo de que Roni se niegue a aceptar tu decisión de alejarla de su familia? —Nicholas volvió en sí, expresándose con la misma educación.— Yo no te digo a ti como manejar a tu compañera, Taber. No trates de decirme como manejar a la mía.

Los labios de Taber se elevaron, mostrando los peligrosos caninos de su boca. Nicholas sonrió burlonamente.
— Es más erótico cuando Miley los enseña. No te tomes la molestia de tratar de intimidarme, niño gato. Simplemente trato de ser suave contigo porque eres lo suficientemente susceptible como para ofenderte y no quiero perder el tiempo necesario para limpiarme los puños contigo.

Nicholas se levantó lentamente de la silla, recogiendo su taza se encaminó hacia la cafetera, esperando tener la paciencia necesaria para hablar con Taber. De todos los machos de las Especies, Taber era el más temperamental. Y Nicholas creía que fue precisamente su suerte la que había resuelto que fuera él quien interviniera y le recriminara su comportamiento con Miley.
— ¿Liarte a puñetazos conmigo? —gruñó Taber.— Lo haces sonar como una sesión de lucha. Podría arrancarte la garganta, Nicholas.
— Podrías intentarlo —Nicholas se sirvió el café y contraatacó, con el cansancio avanzando lentamente en su mente.
Parecía que llevaba despierto meses. La necesidad sexual le despertaba todas las noches, manteniéndole alejado del sueño y consumiéndole la paciencia.

Cuando Taber no contestó, Nicholas se dio la vuelta, levantando una ceja y esperó. Los machos de las Especies podían ser imprevisibles en el mejor de los días; aunque hacían un trabajo admirable evitando la violencia, era consciente de que el potencial estaba allí.

Taber cambió de posición, fijando su mirada durante un segundo, su espeso y oscuro cabello cayó por su cara antes de que se inclinara descuidadamente hacia atrás y se girara de regreso para afrontar a Nicholas.
— Estaba allí cuando se dio cuenta de que no ibas a volver. Estaba allí cuando perdió ese niño y casi murió —rugió Taber.— No fuiste. Estoy cansado de verte lastimarla, Nicholas. Déjala.
— Vuelve con tu compañera y utiliza con ella tus trucos de gatito —replicó Nicholas, aumentando su enojo mientras el otro hombre le observaba.— ¿Crees que no me imagino el infierno que atravesó, tú, ronroneante saco de genética alterada? ¿Crees que hay una oportunidad en el infierno que haga que le permita seguir torturándonos por ese terco orgullo? Coge esta pista, Reynolds. Ni un momento más.

El cuerpo de Taber se movió peligrosamente, sus ojos brillaron intensos con una furia que los transformó en jade y un gruñido retumbó en su pecho.
— Eres un bastardo de mente ágil, Tyler. Date por afortunado de ser el cuñado de Callan y el compañero de Miley o te mataría por eso.
Nicholas bufó.
— No dejes que eso te impida intentarlo. Estoy seguro de que Merinus te perdonaría rápidamente —colocó la taza en la pequeña mesa del centro y se giró para pelear. Pronto estaría dándole de patadas en el cu/lo a esa pantera arrogante que le observaba en ese mismo momento.
— Déjala, Nicholas —le ordenó de nuevo.— No tienes que quedarte tanto tiempo pegado a su cu/lo.
— Todavía tengo que montar su cu/lo —dijo Nicholas sonriendo entre dientes.—Y cuando lo haga, no estarás invitado a mirar. A diferencia de tu otro hermano, no necesito audiencia ni ayuda ninguna.

Las practicas sexuales de Tanner estaban descontroladas, pero no más que lo que lo estaba la libido de Nicholas. Si no metía a Miley en una cama rápidamente, le iban a dar el certificado de demente.
— Esto no va de Tanner —le recordó Taber furioso.— Se trata de Miley. Y te advierto…
— No cometas ese jo/dido error —la voz de Nicholas bajó peligrosamente.— No trates de hacerme una advertencia de mie/rda, Taber, porque entonces pelearemos. Ella es mi mujer, mi compañera, mi asunto. Métete en tus propios asuntos y mantente alejado del infierno de los míos.
— La vas a matar —el gruñido sonó más profundo, más rudo.—No te dejaré continuar con esto, Nicholas.
— Te desafío a que me detengas —se burló Nicholas.— Patearé tu cu/lo de gato por toda la cocina, Taber, si lo intentas.
— Muy bien, niños, acaben con este infierno —dijo Roni apareciendo por la puerta, con las manos en las curvilíneas caderas, los azules ojos brillando con cólera cuando recorrió con la mirada a su compañero.— ¿Qué demonios pasa con los dos? No es momento de esto.
— Roni, esto no es asunto tuyo —advirtió Taber suavemente, mientras Nicholas negaba con la cabeza, mientras elevaba la mano irritado hasta el puente de su nariz.
— Señor sálvame —murmuró Nicholas.— ¿Está la fase lunar en un lugar jod/idamente incorrecto o algo así? ¿Algo parecido a un extraño síndrome premenstrual que afecta a los machos Felinos? —preguntó enfrentándose a Taber.— Hombre, el apareamiento no ha enfriado nada tu cu/lo.

Empujaba al otro hombre y Nicholas lo sabía. Lo sabía y rehusaba echarse atrás. Estaba cansado de escucharle refunfuñar, gruñir y el resentimiento general que recibía de él la mayoría de las veces.
— ¡Taber! —gritó Roni agarrando el brazo de su compañero un segundo antes de que brincase hacia Nicholas.
Nicholas mostró una lenta y fría sonrisa en sus labios.
— Déjale Roni. Te entregaré su pellejo más tarde.
— Maldito seas, Nicholas, cierra esa endiablada boca —gritó Roni cuando Callan, Merc, Tanner y unos cuantos más entraron en la cocina, deteniéndose sorprendidos ante la escena que se encontraron.
— ¿Qué diablos pasa aquí?—preguntó Callan suavemente, haciendo que su voz retumbara, con su mirada ámbar nada complacida.
— Oye, Garfield, este hermano tuyo cree que puede ordenarme que deje a mi compañera puesto que él es un feliz y ronroneante niño gato con la suya. Quizá deberías aconsejarle de otra manera—Nicholas apoyó la cadera contra la pequeña mesa, aunque observó a la furiosa pantera cuidadosamente.— Simplemente le estoy diciendo que puede besarme el maldito cu/lo hasta el infierno ida y vuelta porque es jod/idamente imposible que la deje—dirigió su nada educado comentario a la gruñona pantera en cuestión.
Roni había colocado su cuerpo delante de su compañero, y sujetó aún más fuerte sus brazos.
— Callan, haz algo—recurrió al líder de la Manada cuando su compañero le ordenó en voz baja que le soltara inmediatamente.

Nicholas observó a su cuñado por el rabillo del ojo, vio la tensión que mostraba la cara del otro hombre, la indecisión. Tanner negó con la cabeza y masculló por lo bajo algo que hizo que Callan le lanzara una aguda mirada.
— Nicholas, déjala ir—dijo finalmente de manera significativa.— Simplemente date la vuelta y márchate, hombre. Por todos nosotros.
Había rendida resignación en la voz de Callan, una tristeza que hizo que los instintos de Nicholas reaccionaran violentamente.
—¿Por qué?—preguntó Nicholas suavemente.— No la dejaré ir, Callan, como tú no dejarías ir a Merinus…
— Callan no destruyó a Merinus—dijo Taber con una primitiva furia.— No te observaré destruirla de nuevo, Nicholas. Vete al infierno hasta que esto sea más fácil para ella. Ahora, antes de que tengamos que echarte a la fuerza.
Ahora fue Nicholas el que mostró los dientes.
— Roni, será mejor que le sujetes fuerte—le dijo a ella suavemente.— Porque puedo enseñarle a tu pequeño gato algunos modales.

Nicholas no pudo entender su furia más de lo que entendía la de Taber, pero le fue imposible no observar el asesinato en los ojos del hombre cuando éste dejó de lado a su esposa y le enfrentó.
Girando, Nicholas cambió inmediatamente de posición para enfrentarle, mientras los demás saltaban asustados entre ellos. Tanner y Merc agarraron a Taber, mientras Roni gritaba alarmada y Callan se colocaba delante de Nicholas.
— Basta—no había cólera en la voz de Callan, ni resentimiento. En lugar de eso le observaba apesadumbrado.— El derramamiento de sangre no arreglará esto, Nicholas. Pelear no lo arreglará.
— Ella es mía—dijo Nicholas mordiendo las palabras.
— Y por esa razón me he mantenido apartado, de la misma manera que Tanner y Dawn lo han hecho, mientras la veíamos sufrir desde que llegaste—dijo quedamente.— Para Taber es una lucha más dura. Para que lo sepas, fue Taber el que la encontró desangrándose cuando involuntariamente abortó. Fue Taber el que escuchó su llanto y las que hubieran sido sus últimas palabras si no hubiera actuado tan rápidamente como lo hizo. Fue a Taber, Nicholas, al que ella le rogó que la dejara morir porque no podría vivir sin ti o sin su hijo. Y fue Taber el que juró vengarla. No puedes borrar ocho años de dolor, furia y odio simplemente porque fue un malentendido.
Nicholas clavó los ojos en él en estado de shock, antes de que sus ojos se giraran hacia la furiosa mirada de Taber que le atravesaba. Sus manos se abrieron y se cerraron, su mandíbula se tensó con agonía.
— La amo—dijo, con voz tensa, sintiendo un dolor en el pecho al darse cuenta de su afirmación.— Siempre la he amado, y sus amenazas no van a cambiar eso. Ni lo hará su odio. Lo mismo que no va a cambiar el hecho de que no me voy y no la dejo. Cada uno de ustedes se tienen que ir acostumbrando a eso.
Salió de la habitación, su propia cólera, su propio dolor, abrumándole. Necesitaba ver a Miley, para asegurarse de que todavía vivía llevándole, empujándole… Destruyéndole...

*****
 
La noche era su amiga. Miley se movió a lo largo de la montaña sobre la hacienda de las Especies. Ella a menudo daba por sentado la clara visión que poseía en la oscuridad. Podía ser tan perfecta como a la luz del día, a pesar de la falta de iluminación procedente del cielo sin luna. Se encontraba cómoda en la oscuridad. Un lugar para esconderse e intentar ponerle sentido a las crecientes demandas de su cuerpo.

Las demandas que Nicholas hacía eran cada vez peores. Luchó contra la inexplicable conciencia que crecía dentro de ella diariamente. Luchó contra su necesidad de tocarle, no por hambre o lujuria, sino solamente para asegurarse a sí misma que él estaba allí. Que él vivía. Que él respiraba. Luchaba contra esto hasta el punto de que temía incluso el contacto más ligero entre ellos, porque esto hacía más difícil cada día el negar el frágil lazo que ella podía sentir formándose dentro de su alma.

El frío era más que bienvenido ahora. El borde crujiente, afilado de la temperatura ayudaba a aclarar su cabeza, a agarrarse a sus defensas. Ella podía resistir mejor las temperaturas que el resto de su familia. Aunque no tenía la piel peluda del leopardo de nieve, tenía una tolerancia para el clima frío que el resto de las Especies no tenía. Aunque el calor que surgía dentro de ella podía tener mucho que ver.

El calor copulativo estaba peor de lo que incluso había pensado que podía ser. Como si la presencia de Nicholas en cierta forma hubiera avivado los fuegos más ardientes dentro de ella. Su lengua estaba hinchada ahora; las glándulas en los lados estaban inundadas, pulsando por la necesidad de soltar la rica hormona contenida dentro de ellas.

Esto la había sobresaltado, el conocimiento de que ella estaba exteriorizando alguna de las características de los varones. Su consorte no era uno de las Especies. La hormona afrodisíaca propulsaría su sexualidad más alta, como lo haría con la de ella. Cerró sus ojos ante ese pensamiento. Doc Martin la había advertido que esto seria como llenar a Nicholas de súper Viagra, asegurándose de que él podía funcionar lo suficientemente a menudo como para asegurar la concepción.

El pensamiento de Nicholas perpetuamente duro era más de lo que ella podía profundizar. Demonios, él mantenía una erección ahora la mayoría de las veces. Cada vez que le veía, sus ojos refulgían con excitación y la protuberancia de sus pantalones parecía ponerse más grande. Tentándola. Oh señor, cómo la tentaba.

Se relamió los labios mientras se abría camino a lo largo de la montaña. Recordó claramente la dureza de acero que crecía entre sus muslos. La forma y el largo, el espesor de la carne, la percepción de él. Ella quiso gemir de necesidad ante el recuerdo de su sabor cuando se corrió pulsando a través de su lengua y bajo su garganta. O la percepción de él empujando entre sus muslos. Su co/ño lloró al pensar en aquello.
Miley apretó sus dientes y se mantuvo en movimiento. Estaría condenada si cedía en esto. Ella podía ver a Nicholas, tan dominante y autoritario como cualquiera de los miembros de las Especies. Él se convertiría en el mismo tipo de monstruo que Callan y Taber.

Ella bufó. Como si pudiera sobrevivir estando recluida en esa casa mientras el peligro crecía alrededor de ellos. En las pasadas dos semanas allí hubo tres intentos de romper los perímetros exteriores de la cerca de seguridad que corría alrededor de la montaña. Ellos aún tenían que atrapar a quienquiera que hubiera tratado de romper la seguridad, sin embargo. Miley no se podía imaginar escondiéndose dentro de los confines de la hacienda durante tanto tiempo. Callan y Taber habían perdido ambos sus mentes en sus intentos por proteger a Merinus y Roni. Esto la volvería loca.

Ella no podía detener su lamento por no poder concebir, su pena por la pérdida del niño que una vez había llevado. Su vientre se flexionó como advertencia, un preludio para los duros espasmos que sabía llegarían pronto… la demanda de su cuerpo para que una nueva vida fuera creada, que la concepción fuera permitida. Ella había destruido cualquier oportunidad de eso en sus años anteriores de ignorancia. Y ella se estaba cansando de luchar con Nicholas y contra el calor que crecía dentro de ella.

Él era su compañero. Ella supo esto desde que reconoció la profundidad de la verdadera unión entre Merinus y Callan. Esto no hizo la situación más fácil para manejarla. Para saber que él era el único hombre al que ella podría permitirle tocarla, abrazarla, no podría ser de buen agüero para su futuro.
— ¿Puedes ser aun mas terca, Miley?—La voz rota de Nicholas en el enlace de comunicación en su oreja la hizo tensarse mientras hacía una pausa en su camino montaña arriba.

Con una silenciosa maldición ella colocó los prismáticos de la parte superior de su cabeza sobre sus ojos y activó el preciso localizador. Ella rezó para que él estuviera en el edificio de comunicaciones en vez de capitaneando arriba en la montaña. Maldición. Ahí estaba él. Observó su único localizador mientras éste se movía firmemente más cerca de ella. El otro miembro de las Especies que patrullaba estaba retrocediendo, dándole vía libre mientras él iba directamente hacia ella.
— Probablemente podría—gruñó ella por la frustración.
Ella podía sentir la anticipación aumentando en ella ahora. Como si su voz hubiera activado un interruptor que hacía que su cuerpo supiera que él se acercaba. Sus pechos estuvieron repentinamente sensibilizados, inflamados otra vez, los pezones empujaban contra el material de su top mientras hacia una pausa y se sentaba en una roca redonda, grande, musgosa. No serviría de nada huir de él. Era asombrosamente persistente.

Miley tomó aire profundamente, atrapando la débil huella de su perfume mientras él se acercaba a ella. Sus ojos se cerraron en respuesta al torrente de sangre que comenzó a resollar con furia a través de sus venas. Él olía delicioso, oscuro y excitante, su lujuria desbordando peligrosamente por su olor acalorado.
Él sería duro, pensó con un suspiro. Su po/lla presionaría apretada contra sus pantalones vaqueros, desafiándole a que lo soltara, para que le tomara como ella lo necesitaba. Sacudió la cabeza ante este pensamiento. Su autocontrol flaqueaba. La falta de sueño y el creciente calor comenzaban a tomarse su precio en ella.

Miley apartó el micrófono del enlace del comunicador de su cara, aislando a los demás de cualquier cosa que ella dijera. Los audífonos estaban todavía en posición, sin embargo, y ella era capaz de mantenerse en contacto con los otros guardas así como también con el centro de comunicaciones. Se quitó de encima las gafas mientras veía la marca de Nicholas en el localizador acercándose firmemente. Él sabia dónde estaba ella. El receptor pequeño abrochado en la parte de atrás de sus pantalones vaqueros le permitía ser rastreada fácilmente por las gafas computarizadas que la fuerza de seguridad de las Especies usaba. Ella puso sus gafas en el bolsillo de su cinturón y esperó a Nicholas. La noche de invierno se llenó repentinamente de un calor bochornoso, evocativo que le pen/etró hasta los huesos y le hizo querer relajarse en el toque que ella sabía que Nicholas estaría ansioso por darle. Él podría estar más loco que el infierno, pero cuando él se introdujo el área donde estaba la roca grande y redonda en la que ella se sentaba, su lujuria se enrolló en sus sentidos como una ola de lava ardiente de hambre.
— No te tomé por una cobarde, Miley—Las primeras palabras que salieron de su boca pusieron el pelo detrás de su cuello erizado por la furia. Ella fue incapaz de contener el bajo gruñido de cólera que vibró en su pecho.
— Hay una diferencia entre la cobardía y la indiferencia, Nicholas—mordió ella mientras cruzaba los brazos sobre su pecho, observando mientras él se acercaba.— No te tengo miedo en lo más mínimo. ¿Por qué me seguiste hasta aquí arriba? Cualquier cosa que tengas que decirme pudo haber pasado a través del comando.
— ¿De verdad?—gruñó él mientras se detenía a centímetros de ella.— ¿De verdad quieres que el resto del equipo me escuche mientras te digo simplemente lo duramente que tengo la intención de golpear tu trasero por irte así? ¿Y hasta dónde tengo la intención de tener mi po/lla enterrada en tu co/ño resbaladizo mientras hago eso?

Ella se hubiera sentido insultada si la imagen repentina que pasó como un relámpago por su cabeza no hubiera aumentado el pulso en su co/ño en respuesta. ¿Pulsando? Infiernos, palpitaba como una herida abierta y cruda, implorando ser llenada. Pero eso no quería decir que ella tenía que dejarle saber eso.
— ¿Oh, no eres valiente?—ella levantó una ceja desdeñosamente. Estaría condenada si no se tomaba la molestia de enojarse realmente. Como si necesitara que la sangre se apresurara más duro en su clít/oris, llevando los vestigios débiles de la hormona que escapaba de las glándulas en su lengua hacia el resto de su cuerpo rápidamente.— Sabes, Nicholas, podría arañar tus ojos fácilmente. Soy un Felino. ¿Recuerdas?

Él gruñó sarcásticamente.
— Pretenderé ser tu lobo y te comeré entonces—él disparó.— Ábrete.
Su brazo se movió antes de que ella pudiera pensar, su mano se dirigió a su cara. Increíblemente, él la atrapó un segundo antes del impacto.
— Estás fuera de línea—ella explotó furiosa.— Estoy harta de oírte gruñir y de tus velados insultos, Nicholas.
— Y yo estoy malditamente harto y cansado de ser atacado física y emocionalmente por una gata del infierno que no tiene el sentido común de cuidarse—él gruñó en respuesta.— ¿Piensas que no he aprendido lo que has pasado todos estos años, Miley? ¿Lo malo que se hace el calor y su duración aunque tú te empeñes en negarlo? Pudiste haberme encontrado en cualquier momento.

La rabia brillaba intensamente en sus ojos ahora. El azul profundo relumbraba con furia mientras sus labios se apretaban. Esto la excitó, la enfureció.
— Oh, sí, realmente iba a hacer eso—ella sacudió con fuerza su brazo hacia atrás, su cuerpo zumbando, su corazón doliendo aún por ese toque.— Ir llorando a ti por este complejo, creyendo que tú me habías traicionado, para empezar. Iba simplemente a marchar hasta tu puerta y pedirte dulcemente que me foll/aras y me lo hicieras más fácil. Aun si hubiera sabido lo que era el calor, no había ni una sola oportunidad en el infierno de que sucediera—mantener su voz baja, conservar la furia moderada detrás de un rudo gruñido fue una de las cosas más duras que ella alguna vez había hecho en su vida. Ella necesitaba gritar, enfurecerse, golpear y lastimarle tanto como ella había sido herida cuando ella creyó que él la había abandonado.
— Sabías que yo sencillamente no me alejaría de ti, Miley—él no se echaba atrás. Estaba directamente frente a su rostro, el calor de su cólera y su lujuria enrollándose alrededor de ella como cadenas invisibles mientras sus manos agarraban sus brazos.

Su carne ardió en la de ella. Ella pudo sentir cada uno de sus dedos, cada célula cuando ellos entraron en contacto con su cuerpo y se volvió desproporcionadamente sensibilizada. Ella peleó inhalar suficiente aire como para aclarar su cabeza, reforzar su autocontrol, pero todo lo que ella podía oler era a Nicholas y su caliente lujuria masculina.
Miley clavó los ojos en él, aspirando el perfume de él, intoxicada por la repentina necesidad, abrumadora de tocarle. Eso la hacía temblar, se dio cuenta. La miraba fijamente de manera que ella pensó que quería sacudirla hasta dejarla sin sentido. Sus ojos se estrecharon, se oscurecieren y apretaron sus mejillas, sus labios usualmente sensualmente y llenos se contrajeron en una línea delgada de cólera. Y ella quiso su beso.
Su lengua latió mientras se esforzaba por alejarse de él. Ella podría saborear la hormona llenando su boca mientras las glándulas inundadas comenzaron a llenar y requerir ser compartidas.
— Apártate de mí—ella trató de empujarle hacia atrás, negar la necesidad y el hambre que barría todo a través de ella y la furia que se demoraba justo bajo la superficie.— Si te hubiera importado, entonces me habrías llevado contigo cuando te lo rogué, Nicholas, pero en vez de eso me dejaste—incluso ella estaba sorprendida por el sonido gutural de su voz, el dolor inesperado y rudo que resonaba en ella.
— ¿Dios mío, piensas que no me odio lo suficientemente a mí mismo por eso, Miley?—sus ojos eran tristes, llenos con su propio dolor, su propio arrepentimiento.— ¿Piensas que no he rezado literalmente por volver atrás y actuar de modo diferente? ¿Por asegurarme de que salías de allí?
Él la soltó, como si no pudiera aguantar tocarla más. Sus manos se abrieron camino entre las cortas hebras de su grueso pelo mientras él soltaba una respiración rota. Él luchaba por controlarse tanto como ella.
— Mira, Nicholas—miley se movió hacia atrás, luchando por respirar a través de las emociones que rasgaban a través de ella y que el emitía.— Es demasiado tarde para volver atrás, y ha pasado demasiado para seguir adelante…
— Y un infierno que ha pasado demasiado—gruñó él mirándola fija e implacablemente. ¿Piensas que busqué todos estos años, Miley, arriesgando mi vida y la de mi familia y me conduje a mí mismo hacia la locura para que así tú me pudieras alejar como si nada de esto fuera malditamente importante?—una ruda risa hizo eco a través de la noche.— No lo creo, nena. Y creo que tú también sabes que eso no va a ocurrir. De otra manera, tú no estarías corriendo como un pequeño gato asustado en la dirección opuesta cada vez que me acerco.

Su voz había aumentado, pero aún más, él se había movido. Miley se alejó, dándose cuenta de que se estaba retirando un segundo antes de que se topara con una roca grande detrás de ella.
— Trato de ser sensata—ella mordió.— Algo que tú no eres, Nicholas. No tienes ni idea de lo que podría ocurrir. No sabes cómo esto te podría afectar…
— Sé cómo me afectas tu—él gruñó.— Sé que mi po/lla está como el acero en mis pantalones el noventa por ciento del tiempo, estoy ardiendo por entrar en ti. Sé que cada vez que veo un arañazo en tu piel quiero matar a alguien. Una magulladura me pone rabioso. Recuerdo cada jod/ida cosa que ocurrió aquella noche en ese laboratorio, nunca lo he superado, Miley. Nunca lo he olvidado. Y, por Dios, nunca me rendí. Tú te rendiste.
— Yo lo acepté—áspera, ronca, su voz reflejó todo el dolor y la furia de los años pasados.— Y ahora es tu turno, Nicholas. Es hora de aceptar que ha terminado. Se acabó la noche en que esos bastardos me violaron… Oh, Dios—ella presionó su mano sobre su boca cuando le observó palidecer, observó el dolor que cruzaba su cara.
Apartándose violentamente de la roca grande, se alejó lo suficiente de él para evitar su toque, para aspirar el aire bochornoso de la noche en vez del tinte amargo de su dolor.

Ella apenas recordaba esa noche. Había sido nebulosa, brumosa. Las drogas habían reaccionado con las hormonas que surgían a través de su sistema. Los científicos no tenían ni idea del error que habían cometido hasta que ella empezó a convulsionarse bajo el bastardo que la violaba.
Miley. Hubiera dado mi vida por haberte salvado de eso—él murmuró detrás de ella.— Y esa es la verdad absoluta.
Ella negó con la cabeza con un sentido de fatalidad.
— No, Nicholas. Casi diste tu vida, de cualquier manera, y nunca la supimos. No fue tu culpa. No te culpo por eso—y no lo hacia. Simplemente lo aceptaba.— No soy la chica que tú amaste entonces. La chica que te amó no existe ya. Ella murió con el niño que perdió. Todo lo que quedo fue la asesina—ella se giró hacia él, viendo ensombrecerse su cara, la amargura en su mirada.— Soy una de las Especies, Nicholas. Nada más. Nada menos. Y estoy en celo. Es físico. Es biológico. Y no tenemos idea de cómo esto te podría afectar. No estoy dispuesta a correr el riesgo.
Una risa corta, sarcástica escapó de él.
— Debes tomarme por un imb/écil, Miley—dijo moviendo la cabeza, asombrándola con el toque de diversión que notó en su voz.— Eres buena, nena. Tan buena, que creo que incluso te has engañado a ti misma. Pero no me has engañado a mí. Piensa en eso, Miley. Y empieza a contar los días. Porque estaré condenado si te dejo correr mucho más tiempo.

Catch Me Cap: 2

  — Ése está bastante bien, Nicholas —inhaló por la nariz con tanta dignidad como pudo reunir en medio del hambre abrumadora que ondeaba dentro de ella.— Puedes simplemente disfrutar de tus pequeñas perversiones solo. Dios le dio una mano al hombre y cinco dedos por una razón, sabes.
      — Hmm. Yo sé. Y sé justamente lo bien que puedo hacer esos dedos encajar en mi favorito y pequeño coñ/ito, también. Ven aquí, nena ronroneante, déjame mostrarte.
      

 Peligroso. Una advertencia. Su voz era como un narcótico adictivo inundando su sistema a pesar del borde de furia que ella podía ver en su mirada fija.
      La crema inundó su co/ño. Ella podía sentirla rezumando de su vag/ina y suavizando sus pliegues  con su espesa esencia. Mantener el control no fue fácil de lograr. No cuando su lengua literalmente latía por compartir su dolor con él y su vag/ina se apretaba en asentimiento. Maldito fuera. No necesitaba esto ahora mismo.


     Le serviría bien a él si ella le diese eso con lo que él seguía tentándola. La rica potencia de la hormona sería un castigo apropiado para los meses de excitación en los que él la había colocado.
      — Nicholas. Miley. No peleen hoy —Callan la salvó de tener que arrastrar una mordaz réplica de su mente repentinamente vacía cuando él entró en la cocina, seguido por su esposa y el resto de los principales de la Manada.—Pongámonos a trabajar en serio y veamos si podemos lograr terminar cualquier cosa esta vez.


     Las últimas reuniones habían sido tan improductivas como para hacer una burla de su determinación de asegurar a los Especies un lugar en la sociedad. No como unas especies separadas, sino como seres humanos dignos de vivir. Ese parecía ser el debate actual emprendido entre los círculos internos de más de un cuerpo de gobierno.
      — ¿De acuerdo, qué tenemos? —Preguntó Callan cuando todos ellos se sentaron.— Miley, ¿obtuviste esas estimaciones?
      — Todo —ella empujó uno de los archivos a su hermano de Manada.— Farside hace un trabajo de construcción excelente, Callan. He indagado cada ángulo y ellos lucen como nuestra mejor opción.
      — Disiento —Nicholas hizo solamente lo que ella esperaba mientras tomaba su lugar igualmente. Estaba en desacuerdo con todo lo que decía.— Precisaría demasiados desconocidos en la propiedad de inmediato y crearía un riesgo que no necesitamos. Eso los hace más que poco fiables; les hace peligrosos.

      Miley rechinó sus dientes por largos segundos antes de volverse hacia él con un gruñido.
      — Construcciones Farside es una de las más respetadas firmas de construcción en la nación. Sus edificios tienen valoraciones muy altas por sus acabados, no contratan a subcontratistas y se aseguran de que el trabajo es de excelente calidad de principio a fin. Decir que ellos son poco fiables podría ser considerado difamatorio, Nicholas—Miley terminó furiosamente.
      Él estaba otra vez siendo difícil. Por alguna razón pensaba que su trabajo en la vida era hacerle vivir un infierno aún mayor del que ya había vivido. A este paso, ella iba a perder toda semblanza de control y terminar por sacarle los ojos minutos antes de tratar de fo/llar al tonto.

      La adrenalina bombeaba a través de sus venas, haciendo sus entrañas temblar, a su vientre doblarse de necesidad. La cólera siempre lo empeoraba. Hacía que el calor se propagara a través de su cuerpo como un incendio que ella no tenía la esperanza de controlar.
      — Cálmate, Miley. Él dijo que no confiaba ellos —Callan le recordó mientras la mirada de ella se cerraba sobre Nicholas.— Tenemos que estar seguros de con quién estamos negociando antes de permitirles entrar en la propiedad. Especialmente con Cassie aquí.
      Como si ella no supiera eso. Sentía como si siseara de pura frustración.
      — Es una reunión —argumentó ella, volviéndose a Callan.— He reventado mi trasero para reunir estos archivos y venir con la mejor opción para el trabajo que tiene que ser acabado. Si él continúa derribándolos a disparos, construiremos las malditas casas nosotros mismos.
      — Lo que tendría más sentido, nena ronroneante—Nicholas disparó, con su siempre presente sonrisa de sabiduría inclinando sus labios.
      — No tenemos suficientes manos aquí y no es que ellos estén adiestrados en una maldita cosa parecida a eso.
      — ¿Con qué fin desaprovechar dinero, así como también mano de obra, cuando de fuera no necesitamos más que los materiales para hacerlo nosotros mismos? —la irritación comenzaba a espesar la voz de Nicholas, como si él estuviera cansándose de la continua batalla entre ellos. Lo cual era una lástima. Él la comenzó, sus disparos y comentarios burlones continuamente la golpeaban y estaba enfermándose con eso.
      — Porque eso nos alejaría de la defensa del mismo complejo—ella se recobró rápidamente.
      — Estu/pideces —él fruncía el ceño ahora, sus ojos azul oscuro resplandeciendo.— Olvidas que quien lidera la seguridad está aquí, gatita. Yo. Sé exactamente lo que cuesta defender este complejo en cualquier tiempo dado. Deja a la gente hacer el trabajo. Eso fortalecerá un sentido de responsabilidad así como también enorgullecerá en la casa que ellos hayan tomado parte en esto.
      — Pareces olvidar el hecho de que la mayor parte de esos hombres y esas mujeres de quienes hablas necesitan una oportunidad para descansar y recuperarse, no trabajar fuera como burros todo el día —ella plantó sus manos sobre la mesa, gruñendo hacia él mientras pensaba en los hombres de ojos embotados y las mujeres que habían sido rescatadas de diversos laboratorios en los meses pasados.
      — No puedes consentirlos así, Miley —él estaba casi en su cara ahora mientras los demás observaban con interés.— Tú no vas a ayudarlos mimándolos como si todo fuera a estar de ahora en adelante muy bien. Eso no es así. Lo que ellos enfrentan no va a ser un infierno mucho más seguro que esos malditos laboratorios en los que estaban si no son cuidadosos. Tú no les puede dejar pensar que eso será así.
  

    Miley podía sentir la sangre repentinamente bombeando a través de sus venas, calentando sus ijares, sus pechos hormigueando en respuesta al enfrentamiento entre ellos ahora. Una punzante embestida de excitación apretó su vientre, casi quitando su respiración mientras la adrenalina corría a través de su corriente sanguínea.

      Nada había tan excitante como una pelea con este hombre. Normalmente lo evitaba a cualquier coste, pero hoy… la frustración era como un animal rabioso amenazando su autocontrol. Estaba enferma por sus ataques velados. Enferma de morder su lengua y mantener su boca cerrada en vez de empujarlos a ambos en algo que ella temía que lamentaría.
      — Estaré condenada si los usara como mano de obra esclava, como tú sugieres —Miley sonrió con desprecio hacia él.— Ésta no es la Edad Media y no eres algún pequeño tirano teniendo permiso de asumir el control.
      Nicholas se sentó en su silla, sus ojos estrechándose con rabia mientras la vigilaba. Ella podía sentir su intencionada mirada fija, casi como una caricia sobre su cara, evaluando su respuesta. Viendo demasiado. Él hacía eso bastante últimamente, vigilándola como un condenado bic/ho bajo el microscopio siempre que estaban en el mismo cuarto juntos.
      — De modo que les pagaremos un salario —finalmente él habló lentamente y de manera burlona.— Nadie ha sugerido que lo hagan gratis. De todas formas así nos evitaremos el peligro añadido que los otros traerán dentro del complejo.
      — Basta, Miley —Callan contuvo las palabras furiosas que estaban listas para salir de sus labios. Ella quiso embestir a Nicholas con una desesperación que hacía que sus dedos se curvaran en garras contra la mesa.— Ambos tienen un buen argumento, pero tenemos que llegar a una decisión esta noche.
      — Buena suerte —gruñó Nicholas sarcásticamente mientras la miraba.— Aquí la gatita parece más determinada a vernos a todos muertos por el momento que a tener casas construidas.
       

Miley sintió una gota de sudor formándose en su frente mientras él sonreía burlonamente hacia ella. Sus ojos estaban oscuros, atentos, vigilándola estrechamente. Podía sentirlo presionándola, sabía él que lo estaba haciendo y estaba indefensa contra el deseo de contraatacar. Tenía que contraatacar. Tenía que mostrarle que no era débil, ni tímida.
      En la base de ese pensamiento le llegó el conocimiento de que su calor era lo que realmente estaba presionándola. El instinto. Probarle que era lo bastante fuerte para someterlo, lo bastante fuerte como para luchar y desafiar su fuerza, y la necesidad de hacer eso se estaba volviendo más fuerte. Diariamente, ella podía sentir su propia agresión despertándose en su cuerpo y eso la aterrorizaba.
      — Él es irracional, Callan —ella peleó para recostarse y relajarse mientras recorría con la mirada la cabeza de la mesa donde Callan les vigilaba ceñudo a ambos.—El hombre es tan malditamente paranoico que tú estarás allí golpeando las uñas en lugar de tomar decisiones para la Manada pronto.
      — Déjalo en paz, Miley —la voz de Nicholas estaba llena de impaciencia.—Necesito que Callan cuide a Merinus. Tú no pareces mantenerla apartada de los problemas.
      Miley se volvió hacia él, incrédula ante la acusación. ¿Repentinamente ella había pasado de mimar a las exhaustas Especies a ser incapaz de proteger a Merinus?
      — ¿Yo? —ella gruñó, agarrando la mesa con furia.—No fui la que la sacó en la motocicleta el otro día. Ese fuiste tú. Todo lo que hice fue ayudarle a limpiar el *beep* armario.
      —Ella casi cayó de cabeza, maldición. Te dije que mantuvieras a esa mujer fuera de los espacios cerrados. Ella está en peligro en ellos, ¿no prestaste atención?
      — ¡No soy el guardián de tu hermana! —gritó.— ¿Cómo debo adivinar el sentido de las cosas locas que ella quiera hacer? Ella es tu maldita hermana.
      Ella estaba de pie ahora, sus dedos señalando a través de la mesa en acusación mientras lo confrontaba. Estaba aburrida de hacer de niñera para alguien de ocho años que sabía más de lo que debería, así como también de una mujer que no parecía saber como mover sus pies en un armario.
      — Infiernos, discúlpame, pensé que ustedes dos deberían tener bastante en común para al menos poder caminar y hablar al mismo maldito tiempo juntas —él arrastró las palabras burlonamente.— Deberías tomar lecciones de ella, Miley. Estando en calor de la forma en que tú lo estás, deberías tener el sentido común para al menos prestar atención cuando ella se vuelve del revés. Tú podrías querer aprender de eso.
      Ella sintió que la sangre se iba de su rostro. La realidad se vio invadida por la oscuridad, conociendo las profundidades de sus ojos y el desafío chispeando allí.
      — Estás loco —ella trató de encontrar la furia de momentos antes, pero en lugar de eso apenas podía lograr respirar después del sobresalto.
      Él se rió entre dientes ligeramente, aunque el sonido era burlón, lleno de cólera mientras él se ponía de pie y la confrontaba con una sonrisa apretada.
      — ¿Lo estoy? —le dijo.— ¿O piensas que puedes esconder alguna otra cosa de mí? Lo siento, nena, no soy tan *beep* como pareces pensar. ¿Y quieres saber de qué más soy consciente? —él se inclinó acercándose más, sus manos aplastadas sobre la mesa mientras se pegaba casi nariz con nariz con ella.
      Sus sentidos se llenaron del perfume de él. El olor de varón ardiente, furioso envolviéndose alrededor de ella, casi asfixiándola con hambre.
      — ¿Qué piensas que sabes? —ella trató de gruñir, pero su voz fue débil, cautelosa.
      Ahora ella entendió el brillo de advertencia de la cólera que ardía en sus ojos cuando ella entró en la cocina. Nicholas estaba completamente furioso. Y ésa no era una cosa buena.
         — Lo que sé —dijo con claridad brutal— es que estás en celo, Miley. Y sé quién es tu consorte. Lo sé, porque soy yo —él se enderezó entonces, quedándose con la mirada fija en ella, pareciendo más enojado por ese conocimiento que por cualquier otra cosa.— Así como sé lo del bebé, la esterilización y tu obstinación en los últimos pocos meses. Lo sé todo, y que me condenen si tú te escaparas con todo eso ni siquiera por un solo día más. 


Podía parecer muy trillado decir que se podía haber oído caer un alfiler, pero fue lo primero que se le ocurrió a Miley después de escuchar el furioso anuncio de Nicholas. Estaba de pie frente a él, observó como se contraía un músculo en su mandíbula, las llamas que ardían en sus ojos, y escuchó el absoluto silencio de la habitación. Había otras seis personas además de ellos. Conmocionados, silenciosos, observando su completa humillación con autentica sorpresa.

Respirando con dificultad, se enfrentó al hombre que había desgarrado su corazón tantos años antes, el hombre que había jurado sería su presa, para terminar enterándose de que su hermano casi había hecho eso por ella. Atrajo hacia sí toda la fuerza, el orgullo, el dolor y la determinación que la habían ayudado a sobrevivir todos esos años. Levantó la cabeza hasta que pudo mirarle a los ojos regiamente, asegurándose de que su expresión fuera únicamente de arrogante indiferencia.
— Evidentemente, no pensé que esto fuera asunto tuyo, Nicholas —dijo inmediatamente, empujando las palabras fuera de sus labios, mientras veía como aumentaba su cólera.— Si hubiera creído que necesitabas saber algo, te habría informado yo. —Dirigió una mirada significativa a Merinus antes de que su mirada regresara a Nicholas.— Sencillamente no pensé que necesitaras saberlo.

Era muy consciente de quién, con toda probabilidad, había vertido todos los secretos que había luchado por mantener. Merinus quería más a su familia que a cualquiera, a excepción de Callan y su hijo por nacer.
Los labios de Nicholas se elevaron por encima de sus dientes con un notorio gruñido que habría hecho sentirse orgulloso a cualquier miembro de la raza felina.
— Adivina de nuevo, gatita —dijo, mordiendo las palabras.— Me importa un bledo lo que pienses que debería o no saber. Te he dado la oportunidad de venir a mí, todo un año de oportunidades, y en vez de eso te has escondido. Ahora puedes hacer frente a las consecuencias.
Su risa fue breve y burlona.
— ¿Que haga frente a las consecuencias? Lo siento, Nicholas, ya hice ese viaje. Fue de lo peor. No pagaré otra vez. Ahora si me perdonas, tengo mejores cosas que hacer. Callan puede informarme sobre lo que decidas acerca de Construcciones Farside. En realidad me importa un bledo como lo manejes.
—Aléjate de mí y lo lamentarás—su advertencia, pronunciada en voz baja, detuvo el giro que le habría permitido hacer justamente eso.
Le recorrió con la mirada, observando la determinación en su dura expresión, la furia que rugía en sus oscuros ojos azules. Ella le dio permiso a sus labios para que se alzaran en una amarga sonrisa, dejando que su mirada le recorriese fríamente.
— ¿Lo lamentaré, Nicholas? Simplemente hubiera deseado haber hecho esto la primera vez. Habría sido mi mejor apuesta.
Después dejó que su mirada abarcara a todos los miembros de su familia. Esos con los que ella se había criado, y los que habían entrado como consecuencia de sus emparejamientos con sus hermanos. Fue consciente de su incredulidad, su simpatía y su shock.
— Buenas noches, socios. Mi cuota de entretenimiento para la noche ha terminado. Tal vez pueda hacerlo mejor mañana.
La cólera ardió en ella, calentando sus mejillas, y haciéndola temblar, harta de que la observaran.
— ¿Crees que será tan fácil, Miley? —dijo Nicholas ásperamente, latiendo en su voz la lucha por mantener el control.— ¿Crees que, aunque sea durante un maldito minuto, te dejaré escapar de esto?
— La verdad, no creo que tengas otra opción —anduvo con paso majestuoso por el cuarto, manteniendo la cabeza en alto.
No le importaba nada lo que pensara que podía o no podía hacer. Había aguantado ocho años de infierno físico, de dolor emocional, de luchar por tratar de entender por qué su cuerpo la traicionaba exigiéndola desesperadamente su toque y rebelándose ante el contacto de cualquier otro hombre.

Entendió la razón de por qué no había ayudado su fortaleza emocional. Pero saber que fue un apareamiento en vez de un antojo, una necesidad que, hasta ahora, no había disminuido, no la había servido de nada. Callan estaba furioso con ella por lo que le había contado sobre los problemas físicos que había sufrido, y que se había atrevido a intentar la esterilización para aliviar el dolor. La decepción que le había provocado la avergonzaba más de lo que esperaba.
Cuando dejó la cocina, escuchó la voz de su hermano riñendo con Nicholas, mientras Merinus le defendía. Los demás, claro está, lo comentaban. No le importaba. No habían vivido los últimos ocho años en su piel. No habían tenido hambre sin saber de qué, ni habían ansiado un toque que no estaba nunca allí.

Agarró la barandilla y comenzó a correr escaleras arriba. La necesidad de escapar latía en sus venas, golpeando en su corazón.
Miley —su voz la alcanzó cuando llegó al descansillo.
Se detuvo, las ventanas de su nariz le ardieron cuando apenas tomó aire, y apretó los dientes luchando por no ponerse a gritar. Girándose lentamente, miró hacia abajo, a Nicholas.
Su cuerpo tembló hambriento. Su boca se hizo agua cuando su lengua palpitó, con las glándulas doloridas por soltar la odiada hormona. Bastante malo era que la volviese loca, pero sabía malditamente bien y estaba segura de lo que pasaría si Nicholas la ingería.

La reacción química no había sido tan fuerte en Callan y Taber como lo había sido en sus compañeras. Si se cumpliera la norma, el sistema de Nicholas se encontraría peor que si hubiera tomado la súper Viagra. Ese pensamiento hizo que su co/ño llorase de necesidad. Como si fuese otro ser con mente propia, pareció como si gritase en protesta a su negativa de permitirle alivio.
Nicholas era malditamente atractivo, alto y fuerte, un macho perfecto, con fuertes músculos bien trabajados. Delgado y exudando sexualidad. Con el cabello oscuro muy corto, y unas pestañas que oscurecieron sus mejillas cuando la observó.
No le contestó, simplemente se quedó observándole fríamente, con los labios hambrientos.
— Estaré levantado hasta tarde. No me hagas venir a buscarte.

Catch Me Cap. 1

Cinco Meses Más Tarde

      — Buenas tardes, gatita —la voz deliberadamente arrastrada de Nicholas mientras Miley entraba en la cocina, preparada para la reunión semanal en la que Callan insistía, hacía que el pelo detrás de su nuca se erizara en defensa instantánea. Esa voz arrastrada nunca indicaba una agradable conversación cuando Nicholas estaba involucrado.
      
No era como si cualquier conversación que ella tuviera con él fuera siempre agradable, sin embargo, se recordó a sí misma sarcásticamente. Él insistía en provocarla en cualquier oportunidad y generalmente hacía sus mejores intentos para ver simplemente lo enojada que la podía poner.
      
 Sus ojos azules eran indiferentes, calculadores, mirándola con una mofa divertida que le hacía querer arrancarla. Esa necesidad estaba en conflicto directo con el deseo abrumador de fo/llar a ese tonto. Estaba en celo. Odiaba eso pero no tenía opción excepto admitirlo. Después de ocho largos años de dolor y miedo, ahora sabía porqué su cuerpo la traicionaba, comenzando con una abrumadora excitación y terminando con un yermo, casi agonizante dolor antes de disminuir lentamente. Por un mes, cada año, había estado entrando en calor. Y había sufrido porque su consorte ya la había tomado, ya había programado su cuerpo para no aceptar otro toque que el de él.
      
Si él hubiera sido uno de la Especie, ella podría haberlo entendido. Merinus y Roni habían sido marcadas por sus consortes, sus cuerpos condicionados por los fluidos hormonales que liberaban las glándulas hinchadas justo debajo de las lenguas de los hombres. Pero Miley sabía que en la única noche que ella había pasado con Nicholas sus propias glándulas hormonales no habían sido activadas. Y ella sin duda alguna no había cometido el error de besarlo desde que él había irrumpido de vuelta en su vida. No desde que había aprendido los signos del calor copulativo y había sabido más allá de una sombra de duda que Nicholas era su consorte.
      
Él se apoyaba negligentemente contra el mostrador de la cocina, taza en mano, su cuerpo alto, esbeltamente musculoso, relajado y tentador. Sus pantalones vaqueros hinchados en lo alto de sus muslos. Ella tragó apretadamente mientras arrastraba su mirada sobre él. Él estaba duro y listo para fo/llar. Y sólo Dios sabía justamente cuán perversamente quería que él viniera a ella. Fuerte y grueso, su pe/ne entrando en su mojado co/ño hasta que ella gritara. Casi tembló ante el pensamiento mientras sintió una corriente de calor fluyendo en ella.
— Oh, ahora hay algo interesante —su voz divertida bajó un tono mientras él obviamente notaba el traicionero color.— ¿Por qué el sonrojo, gatita? ¿Estás acalorada?
      

Apartándose de él rápidamente, ella fingió indiferencia mientras colocaba los archivos sobre la mesa en preparación para la llegada del resto de la Manada.
      — Nicholas, estás comenzando a irritarme —le dijo serenamente sin volverse.—Tus pequeños y astutos comentarios me ponen los nervios de punta. Sigue, y te mostraré cómo pelea un Felino realmente.
      Él gruñó, el sonido lleno de sarcasmo.
      — Sé buena, Miley, o mandaré a nuestro pequeño ángel sobre ti. Ella te morderá, ¿recuerdas?
      
Cassie realmente le había gruñido el día anterior cuando Miley le había contestado bruscamente a Nicholas acerca de algo que él le dijo. La niñita era asombrosamente protectora con él.
     
Miley miró hacia Nicholas mientras negaba con la cabeza compasivamente. Pobre Cassie. Estaba aprendiendo tantos malos hábitos de él.
      — Prometimos mantenerla alejada de ti —le dijo. Nicholas no era una buena influencia sobre la niña, eso parecía.—Vas a convertirla en un pequeño monstruo si continúas echándola a perder en la forma en que lo estás haciendo.
      Él sonrió con presumida diversión.
      — Combate a la pequeña muñeca en la que tú y Merinus la querrían convertir —replicó él.— Deja a la niña ser una niña, diablos. No es que ella haya tenido mucha oportunidad en los pasados dos años.
     

 Eso no era más que la verdad. Según las informaciones de Dash Sinclair, la niñita había vivido una pesadilla de constantes ataques y huidas desesperadas mientras su madre luchaba por mantenerla segura. Ella era la primera niña de la Especie Lobo conocida concebida fuera de un tubo de ensayo, y el precio sobre su cabeza debido a eso era astronómico. Pero eso no quería decir que Nicholas tenía que convertir a una niña perfectamente dulce en algo como un pequeño marimacho.
      — Ella es un niña pequeña, no un rufián —Miley se volvió contra él ceñuda.— Nicholas, la tuviste en una pelea de barro ayer. No hay excusa para eso a estas alturas del año.
      Él sonrió. Una deliberada y lenta curva de sus labios mientras sus ojos cafes se llenaban de regocijo.
      — Lo sé. Maldición, la chica tiene buena puntería, ¿no es así? Y no estaba frío, hacía calor como el infierno y ella estaba pasando un buen rato. Eso es todo lo que necesitaba.
      

Nicholas y Cassie, ambos, estuvieron cubiertos de barro de la cabeza a los dedos de los pies. En el momento en que Miley se había acercado a la puerta, recriminando a Nicholas por el desorden, una masa informe de tierra firme pegajosa había salpicado contra un lado de su cabeza. El pequeño ángel, una vez conocido como Cassie Colder, le había informado muy ferozmente que ella era un lobo y Miley una gata y si ella no era muy simpática con Nicholas entonces iba a morderla.
      — Al ritmo que ella está llevando voy a tener que ponerlos a ambos una correa —le dijo acaloradamente.— Deja de alentarla. Ella es simplemente una niña.
      En un segundo su expresión pasó de una risa presumida a una de intensa y oscura sexualidad.
      — ¿Una correa, eh? —Su voz se volvió ronca, aterciopelada, su mirada cayendo sobre sus pechos mientras ellos se alzaban bajo la camiseta de algodón que ella llevaba puesta. Ella podía sentir sus pezones endureciéndose.— ¿Podemos incluir esposas? Tengo algunas, sabes.
      

 El calor hizo erupción entre sus muslos. Maldito él y sus burlas. Él sólo estaba alimentando la progresión de su calor, haciendo más duro para ella luchar. E iba a insistir en empeorarlo. ¿Podía ponerse el día mejor? Se preguntó sarcástica.
      — Sólo si tú eres el que está en ellas —ella retrocedió de golpe, tratando de ignorar la imagen de él encadenado a su cama, estirado bajo ella mientras se bajaba a sí misma sobre la rígida longitud de su erección. La vista era demasiada tentadora para permitírsela por mucho más tiempo.
      Desafortunadamente, sus palabras cáusticas tuvieron poco efecto en él. Sus insultos raramente obtenían más que un tenue vislumbre de irritación dentro de esos ojos oscuros. Pero eso le trajo a ella la esencia de varón ardiente, excitado.
      

Ella podía oler su lujuria ahora, como la ráfaga de una tormenta repentina cerrándose de golpe en sus sentidos. Sus ojos brillaron intensamente, su expresión oscureciéndose con excitación. Si ella miraba más abajo, entonces sabría que la protuberancia en sus pantalones vaqueros parecería una gruesa barra acerada ansiosa por la liberación.
      — Eso podría arreglarse —murmuró el en forma cálida, mientras daba un paso más cerca, su cuerpo pesado moviéndose con fluida gracia y poder masculino.— ¿Mi cuarto o el tuyo?
      

Ella se acercaba al orgasmo sólo por la pura intensidad de su voz. Miley sintió su co/ño inundarse con sus jugos, sintió el duro dolor de sus pezones bajo la tela de su camisa y quiso sisear de furia. ¿Por qué no podía la vida, sólo por un año, ser amable con ella? se preguntó abatida. ¿Qué había hecho para merecer esto?
      — Sólo en tus sueños —ella logró arrastrar las palabras burlonas más allá de sus labios.
      Él se rió ahogadamente entonces. El sonido era bajo, exaltando sus ya inflamados nervios mientras él se acercaba más. Ella no estaba a punto de retirarse. Si lo hiciese, entonces sólo la seguiría. Si él la siguiese sabría justamente lo desesperada que estaba por mantener tanta distancia como fuera posible entre ellos.
      — No tienes ni idea, nena. ¿Quieres que yo te cuente un poco sobre ellos?

      Él hizo una pausa ante ella, su ancho pecho a no más que unos milímetros de sus pechos. Ella luchó por mantener su respiración lenta y pareja, pero era consciente del hecho de que estaba fallando. Tal como sabía que él lo sabía. Su cabeza descendió mientras veía el pecho de ella subir más fuerte que antes de que él levantara sus pestañas, fijando su mirada en la de ella de manera sugerentemente.
      — No —negó con la cabeza, tratando de apartarse de él. No necesitaba saber de sus sueños. La tentación de su toque era demasiada grande.
      — Uno de mis favoritos… —él ignoró su negativa mientras movía su mano, sus nudillos subiendo ligeramente sobre el brazo de ella— es uno donde te tengo extendida sobre mi regazo, volviendo tu trasero de un vibrante rojo por fastidiarme por tanto tiempo. Tú retorciéndote y mendigando por mi po/lla cada vez que yo palmeo una de esos pequeños y redondeados cachetes. Estaría más que feliz de representarlo para ti —ofreció con toda la apariencia de considerada educación.


     Ella debería estar indignada. En lugar de eso, Miley se quedó sobresaltada y lucho contra la presión de sus nalgas al pensar en sus manos cayendo sobre ellas de tal modo. Oh, sí, ella podía imaginar eso también. Demasiado bien.

Catch Me: Prologo


Miley estaba en las sombras del motel en silencio, observando con cuidado, entrecerrando sus ojos cuando los nueve hombres se separaron y fueron a sus respectivas habitaciones. Estaban furiosos, pero sólo uno de ellos exudaba peligro. Ella los había visto en el aeropuerto después de dejar al Doc en la casa de seguridad, luego los había seguido al motel y había visto como se registraron.

Nicholas no se parecía a Merinus de ningún modo. Él tenía el cabello más oscuro, color casi negro, ojos intensos, fríos azules. Su mandíbula fuerte y pómulos altos daban una pista de su ascendencia nativa americana, su cuerpo duro, lleno de gracia, insinuaba el extenso entrenamiento militar. Ella conocía esa mirada, el modo en que el asesino se movía. Ella había crecido entre ellos, había sido violada por ellos más de una vez. Pero a éste, ella lo conocía personalmente.

Este hombre había traído su placer. A pesar de sus súplicas, a pesar de sus deseos de lo contrario, él la había tomado bajo el ojo insensible de una cámara, llevándola de un clímax a otro, su lujuria igualada por la suya, y la suya por su toque.

¿Esto sólo había sido hacía siete años? Dulce cielo, aquella noche la atormentó siempre, incluso ahora, como si hubiera pasado sólo ayer. El soldado oscuro que había jurado ayudarla y rescatarla. Él había venido, sosteniendo la libertad en una mano, su corazón en la otra, y había pasado la noche enseñándole los placeres del cuerpo a la mujer. Cuando se marchó, nunca volvió. Pero los doctores si. Con el vídeo, vinieron las risas, las burlas de las cosas que Nicholas Tyler le había hecho, lo que ella le había hecho, todo en nombre de la ciencia. La violación no la había fecundado. Ellos se preguntaban si el placer lo haría.

Sus manos se apretaron en puños de rabia cuando el salió fuera de su cuarto, perezosamente terminando un cigarrillo que había encendido momentos antes. Ella quiso matarlo ahora. Había jurado que lo mataría si alguna vez lo encontraba. Había jurado que él pagaría cada momento de dolor que ella sufrió todos aquellos años. Había jurado que él pagaría por mentirle, y por hacerlo tan fácilmente sin su conocimiento. Él la había traicionado, tal como había traicionado a su hermana.
Su expresión se endureció cuando la última puerta finalmente se cerró y quedo a solas con ella.
— ¿Dónde está Merinus? —Su voz era salvaje, pulsando con una furia que envió un resquicio de inquietud a su cuerpo.—¿Y por qué demonios no nos encontramos en el aeropuerto como lo prometieron?
— Tengo una pregunta mejor —le contestó desde la seguridad de las sombras.—¿Por qué un hermano traicionaría a la hermana que él jura amar en lugar de llegar con la ayuda prometida?
Él giró despacio, casualmente, hasta que la enfrentó. Ella vio la dureza en su expresión y la sorpresa.
— ¿De qué diablos está usted hablando?
— Un equipo entero de soldados barrió la casa de Callan. Una docena de hombres. Todo lo que sé seguro es que ellos no los atraparon. Pero sé que ellos la quieren. Ellos saben sobre ella.
— ¿Saben qué, por Dios? —Él pasó sus dedos por su cabello, su voz era tranquila, pero a un paso de la furia.— ¿Por qué demonios ellos atacarían ahora?
— Ellos saben que su hermana es la compañera de Callan —le dijo con cuidado.—Tal como usted debe saberlo.
¿Lo sabía él? Ella miró su cara pálida alarmada, sus ojos azules abiertos con sorpresa.
— ¿Aquel bastardo la tocó? —Mordió entre dientes.
— No —habló ella arrastrando las palabras burlonamente.— Él se emparejó con ella. ¿Seguramente usted recuerda el concepto? Y ahora el Consejo no se preocupa de si el está vivo o muerto. Ellos quieren a la mujer y cualquier niño que ella pudiera llevar. Pero usted ya sabía eso, ¿no señor Tyler? ¿Por qué atacarían ellos sólo unas horas después de que ella se comunicara con usted?
Él sacudió su cabeza despacio.
— Nunca traicioné a mi hermana. No lo haría. —Su voz envió una frialdad sobre su espina dorsal.
Miley frunció el ceño.
— Vine para matarlo, Nicholas Tyler —le dijo con cuidado.
Él no pareció sorprendido ahora. Su boca se torció con una mueca burlona.
— Quizás usted podría retrasar su pequeño intento durante el tiempo que me tome salvar a la tonta de mi hermana —ladró.— ¿Qué es esa mie/rda del acoplamiento?
— Más tarde —contestó Miley.— Ahora no hay tiempo para explicaciones. Ahora es tiempo para que usted me diga como supo el Consejo del acoplamiento, si Merinus no se lo dijo a usted.

Y Miley estuvo casi segura de que él ciertamente no lo sabía. Él era un mentiroso, pero en este caso, decía la verdad. Sus dones habían crecido con los años, con la madurez y a fuerza de desesperación. Ella ahora podía oler una mentira como los otros podían oler la basura.
— ¿Quien es usted? —su voz chisporroteó.— Y usted va a tener que acercarse más mujer. No puedo ayudar a Merinus o Callan con tan poca información.
Suspirando, Miley dio un paso de las sombras. Ella miró sus ojos agrandarse cuando la reconoció.
— No estás muerta —susurró, parpadeando, intentando asegurarse de que ella estaba allí.
La amargura la llenó con una ola de dolor tan intenso, que amenazó con ahogarla.
— No, amor, no fui asesinada. Pero esto no significa que tenga mucho por lo que vivir.

Y Miley afrontó su pasado como nunca lo había hecho antes. Las pesadillas y esperanzas rotas se fragmentaron alrededor de ella, haciendo entrar su alma en un vacío triste, oscuro del que ella temió nunca poder escapar. Sintió la lujuria avanzar por su cuerpo, la necesidad, tal como Callan y Merinus la sentían, tronando a través de su sangre, a través de su mismo ser. Ante ella se encontraba el hombre que la había traicionado años atrás. En un laboratorio triste, frío, su cuerpo respondiendo aún sin su consentimiento, lanzándola hacia el placer a pesar de cada barrera que ella presentó contra eso. Su compañero. El padre del niño que ella había perdido. Un hombre al que había jurado matar.

Happy Birthday Destiny Hope Ray Cyrus

hoy mi pequeña princesa cumple 20 años no puedo creer lo grande que esta me parece que fue ayer cuando la vi cantando 7 Things y me enamore de ella y ahora ya tiene 20 años como pasa el tiempo por ella e conocido a muchas personas maravillosas solo queda decir Gracias Destiny Hope gracias MILEY cabio mi vida para siempre :"D





PD: se vale llorar