martes, 22 de enero de 2013

Catch Me Cap.12

—No necesitas una lista descriptiva, ¿eh?—Preguntó Nicholas con pena mientras ella continuaba mirándolo con una llama de furia.—Bien. Mi principal queja son tus hábitos nocturnos, que hasta ahora no han sido un problema. Pero necesito que empieces a quedarte más cerca de la casa durante la noche en vez de aventurarte por la montaña.
—¿Por qué?—Miley se movió incómoda.
Nicholas podía ver la negación creciendo en sus desconfiados ojos verdes, la necesidad de escapar que estaba creciendo en su cuerpo. Él no podía permitirlo. Casi había tenido un ataque sabiendo que ella se estaba enfrentando al bastardo lanzador de misiles. Y según Merinus, Callan estaba más que preocupado con el incremento del calor, preocupado de que disminuyera su precaución, su habilidad para rastrear y pelear efectivamente.
—Eso debería ser bastante obvio—gruñó mientras se acercaba a ella.—Si hay problemas, necesito que evacues a Merinus, Roni y Cassie. Además, necesitamos asegurarnos de que la manada principal se mantiene intacta sin importar qué. Eso significa que tú también, mi guisante de olor.
Miley hizo una mueca ante el apodo.
—Nicholas, ahórrate la mie/rda—saltó, provocando que él la mirara con divertida sorpresa.—Me quieres aquí para tu conveniencia, nada más. Sigues esperando que si estoy lo suficientemente cerca será más difícil para mí negarme a tu sesión calculada de foll/ar.
Él estaba rezando porque ella lo hiciera. Se preguntó si debería explicarle la diferencia entre una esperanza y un rezo. Entonces decidió que tal vez sería mejor, considerando el lento aumento de furia en su expresión, que se mantuviera fuera de ahí.
Él ladeó su cabeza, mirándola con curiosidad
—Bueno, está esa consideración, compañera—él arrastró las palabras.
—¿Alguna vez has considerado el hecho de que tal vez las hembras no se emparejen realmente?—finalmente le preguntó ella sardónica.—Tal vez cualquier hombre baste cuando pega. Quiero decir, hay tan pocas mujeres, y tantos hombres en esta etapa. Tal vez tengamos que concebir con todos vosotros.
Él se detuvo. Podía sentir la furia pulsando en sus venas de tan solo pensar en eso. Si otro hombre siquiera trataba de tocarla, él perdería toda semblanza de control y trataría de matarlo.
—No lo creo—dijo con los dientes cerrados mientras lo pensaba.—Si ese fuera el caso, estarías fuera foll/ando cualquier cosa con una erección. En vez de eso, estás tan húmeda por mí que apenas puedes caminar sin correrte.
Ella levantó su cabeza, mirándolo con fría burla
—Te estás sobreestimando.
—Y tú estás subestimando mi inteligencia—él saltó.—No cometas ese error, Miley. Si tienes el cerebro que sé que está funcionando en esa caliente cabecita tuya, entonces sabrás que ya revisé cada ángulo sobre este tema. Sé a quién necesitas. Sé que esa pequeña hormona flotando en mi cuerpo que nos une está ahí por una razón. No me presiones en esto.
Ella tragó tensamente.
—Eso no es posible. Fue un beso. Eso es todo.
Nicholas sonrió tenso.
—Uno es todo lo que hizo falta. No niegues que estás más caliente que nunca. Apuesto que tu co/ño está tan malditamente húmedo que podría ahogarme en él cuando ponga mi boca allá abajo.
Su cara ardió en llamas, sus ojos brillando con los fuegos que rugían dentro de ella.
—Detente—ella respiró dura y profundamente mientras se apartaba de él.
—Deja de huir de mí, Miley—susurró suavemente mientras su brazo se enganchaba en la cintura de ella, atrayéndola hacia él.—Ya no te dejaré hacer eso. No hay razón para correr.
—Mira—ella presionó sus manos contra el pecho de él como si fuera a empujarlo.—Te lo dije anoche, no puedo arriesgar esto. Ninguno de nosotros puede. No sabemos qué pasará, Nicholas.
—No me importa qué pasará, Miley—y eso era el final de la línea en lo que a él concernía.—¿No estás cansada de estar lastimada? ¿De estar dolorida? Podríamos calmar el calor, nena.
Él bajó su cabeza, mordisqueando su oreja, dejando a sus labios susurrar sobre la pequeña coraza mientras ella se estremecía en respuesta. Los dedos de ella se enroscaron contra el pecho de él, sus uñas masajeándole a través de la delgada tela de su camisa casi inconscientemente.
—Ambos podríamos arrepentirnos mucho después—su voz era un pequeño y caliente suspiro de necesidad femenina.—No puedo meterme en esto sin más, Nicholas.
—Cariño, ayer chupé cada dulce gota de esa droga de tu lengua y por la noche te fo/llé hasta que explotaste sobre mí—le dijo duramente, sus manos recorriendo su espalda, sobrevolando sus nalgas mientras permitía a sus dedos apretarse en las suaves curvas.—Si eso no era meterse dentro, entonces ¿qué es? Bésame, Miley. No sigas castigándonos así.

Ella estaba respirando tan duro y rápido como él cuando él levantó su cabeza lo suficiente para mirarla. Sus ojos estaban aturdidos, entrecerrados, sus suaves labios rosas separados y brillando con humedad. Él lamió sus propios labios, muriéndose por probarla, por hacer la única cosa que la pondría tan salvaje que los quemaría vivos a ambos.
La mirada de ella se centró en sus labios, volviéndose somnolienta, su rostro suavizándose con pasión mientras los miraba.
—Podría comerte viva—le dijo con gentileza.—Desde tus labios hasta tu co/ño, chupar cada gota de humedad de ellos y entonces ponerte caliente y húmeda otra vez antes de deslizar mi po/lla tan dentro de ti que nunca podrás imaginar rechazarme otra vez. La idea de eso, la necesidad de eso, tenía a su cuerpo en llamas, sin mencionar lo que le estaba haciendo a la erección que palpitaba agónicamente entre sus muslos. Y ella estaba pensando en eso. Él podía ver la lujuria derramándose en sus ojos, suavizándola contra él mientras un gemido escapaba de su garganta.
* * * * *

Miley miró las ardientes profundidades de los ojos de Nicholas, viendo la determinación, la lujuria bramando a través de su cuerpo. Su expresión era tensa, la carne ajustada sobre sus pómulos, sus ojos entrecerrados, sus labios cargados de sensualidad. Él estaba duro y excitado y ella presentía que él se estaba preparando para cambiar drásticamente las reglas del juego al que estaban jugando.
—Éste no es el lugar apropiado para esto—dijo empujando sus hombros.
Si ella pudiera poner distancia entre ellos entonces podría pelear contra los efectos del calor por lo menos durante otro día. Un día podría convertirse en dos, dos en más. Los fuegos hormonales rugiendo en su cuerpo nunca duraban más de un mes; ella ya llevaba dos semanas. Si pudiera mantenerlo lejos por un poco más.
—Es el lugar perfecto para ello.
Él la soltó, pero antes de que ella pudiera recobrar su libertad él estaba junto a la fuerte puerta de acero, echando la llave cuidadosamente antes de girarse hacia ella, sus dedos yendo hacia los botones de su camisa.
—¡Maldición, Nicholas!—ella saltó.—Los sillones no son cómodos para foll/ar. Espera hasta que encontremos una cama.
—Entonces ven a mí cuando esté cerca de una cama—le dijo, su voz corta e impaciente.—Ahora quítate eso, Miley, o estarás usando mi camisa y nada más cuando nos vayamos, porque te arrancaré la ropa.
Una chispeante consciencia surgió a través de su cuerpo; hasta los dedos de sus pies hormiguearon con el tono exigente en su voz.
—Cálmate—siseó.—No voy a dejarte foll/arme aquí. Todos sabrán lo que hicimos cuando nos vayamos.
—Entonces tú puedes foll/arme a mí—gruñó, avanzando hacia ella.—Pero no te irás de aquí hasta que haya disparado cada maldita gota de semilla que está atormentando a mi po/lla en tu co/ño. Así que desnúdate, nena, porque justo ahora mi control está en una rienda muy corta.
La lujuria la golpeó en el estómago. Tenía que ser el calor el que causaba semejante reacción. Si él hubiera dicho algo tan *beep* en cualquier otra ocasión ella lo hubiera pateado. Después de arrancarle los ojos. Pero ahora, sus piernas se debilitaron y su respiración se detuvo ante la exigencia sexual y ella se sintió tan estable como un fideo mientras se movía alrededor del cuarto, tratando de mantener una distancia razonable.
—Has perdido la cabeza—trató de gruñir, de inyectar algo de furia en su voz, pero en su lugar salió sin aliento y jadeante.
Él dejó caer su camisa de sus hombros. Fuertes, anchos hombros. Hombros que se flexionaban con fortaleza y brillaban con salud. Él era un excitado, determinado macho en su cúspide y había decidido foll/ar. Su co/ño dolió ante el pensamiento. La fuerza de las contracciones llenas de necesidad que flexionaban dentro de su vag/ina le advirtió de que no podría pelear tan fuertemente como necesitaba hacerlo.
—He perdido mi paciencia—la corrigió, sus ojos oscureciéndose mientras, de alguna forma, había logrado colocarla más cerca del sillón de lo que ella quería estar.—Voy a dejarte toda desnuda, Miley, y una vez que tenga mis manos sobre ti ambos sabemos que no tardará mucho. Después de que arranque esos pantalones de tus largas y lindas piernas entonces voy a enterrar mi boca tan dentro de tu húmedo co/ño que no habrá una pulgada que no conozca mi toque.
Ella se estremeció. ¿Estremecerse? Demonios, estaba temblando, al borde del clímax sólo por la fuerza de sus palabras.
—Nicholas—dijo, trató de escurrirse alrededor de él antes que pudiera detenerla. Era como si él supiera lo que ella haría antes que lo hiciera.—Esto es una locura. Nunca controlaremos esto si actúas de esta forma.
—¿Quién dice que quiero controlarlo?—le preguntó diabólicamente.—No, nena. Sin control. Sin pensar. Sin excusas. Sólo tú y yo tan calientes como la lava y quemando el mundo a nuestro alrededor. Ahora, ¿vas a desnudarte o lo hago yo?
Él se quitó las zapatillas de cuero que había usado para la junta. Fue entonces cuando ella supo que él había arreglado esto con anticipación. Nicholas nunca, nunca usaba zapatillas alrededor del complejo. Él usaba las resistentes botas de cuero que protegían sus pies y piernas mientras trabajaba.
Le hubiera replicado algo odioso si sus manos no hubieran ido a su cinturón, el cuero deslizándose de la hebilla mientras sus dedos soltaban el primer botón de sus pantalones.
—Maldita seas, mi po/lla está ardiendo.—él estaba casi gruñendo mientras soltaba el botón de sus pantalones.—Y tú aún estás vestida, Miley. No me hagas arrancarte esas ropas.
Miley tragó tensamente mientras los pantalones y calzoncillos de él eran pateados lejos de su duro cuerpo. Su po/lla se estiró hacia ella, pesada e hinchada, la morada cabeza con forma de ciruela húmeda con semen y viéndose demasiado tentadora para la comodidad de ella.
—Nicholas—susurró, apenas logrando no gemir con necesidad.—Ésta no es una buena idea.
—Es la mejor idea que he tenido en ocho años—le informó, con voz dura mientras se movía demasiado rápido para que ella pudiera evadirse.
Antes de que ella pudiera correr, antes de que siquiera considerara pelear, él la tenía acostada en el amplio sillón, las manos de él al borde de su top mientras lo empujaba por encima de sus senos.
—Demonios, sí—él murmuró, sus manos encerrando sus senos mientras sus labios bajaban hacia los de ella.
Ella podría haber peleado, se aseguró a sí misma. Podía haberlo empujado, pelear hasta la puerta; podría haber escapado. ¿Una mentira para salvar su orgullo? ¿Importaba?, se preguntó. Porque un segundo después los labios de él cubrieron los de ella y el escape fue la última cosa en su mente.Él no le dio una oportunidad de oponérsele, pero Miley sabía que nunca debería haberla esperado. Sus labios se inclinaron sobre los de ella, su lengua se sumergió más allá de sus labios cuando abrió la boca, retorciéndose inmediatamente con la de ella.
      Su lengua era fresca, tranquilizadora contra la suya cuando la caricia comenzó a rozarse contra las glándulas inflamadas, permitiendo a la hormona contenida allí liberarse. Miley había pensado que eso sería suficiente, que el pequeño alivio le daría una oportunidad de recobrar su control. Fue lo contrario a eso. Todo dentro de ella se apretó y llameó en anhelo. Necesitaba más. Lo necesitaba chupando la hormona, internándose dentro de él. Las demandas poderosas de la naturaleza fueron más de lo que pudo negar.
      Sus brazos se envolvieron alrededor de sus hombros, sus manos enredándose en su pelo mientras ella luchaba por la dominación en al menos esta única cosa. Su lengua batalló y se retorció mientras lloriqueos y gimoteos escapaban de su garganta hasta que él le permitió deslizar su lengua dentro de sus labios expectantes.
      El primer trazo de su boca sobre la extensión inflamada hizo que su cuerpo se arqueara tenso. La sensación desgarró a través de ella, un placer tan abrumador anudó su vientre con un estremecimiento convulsivo de agonizante hambre. Sus pechos estaban tan sensibles que cada toque de sus dedos sobre sus pezones causaba un grito indefenso que hacía eco dentro de sus labios, tan desesperada por el choque de su po/lla contra su co/ño que ella estaba empujando sus pantalones, batallando para quitarlos de entre ellos y que él pudiera zambullirse dentro de ella.
      Sus lenguas se retorcieron dentro de su boca mientras los labios de él chupaban el fluido especiado que provenía de las glándulas copulativas. Eso calmó la sensibilidad, el calor que parecía llenar su propia lengua, pero sólo aumentó el calor a todo lo largo de su cuerpo.
      Ella no estaba pensando, tan ávida, tan hambrienta de él ahora que ninguna cosa importaba excepto el duro empuje que sabía estaba por venir.
      —Todavía no—el gruñido que rasgó su garganta cuando él separó sus labios fue rudo, gutural.—Primero… lo que yo he soñado, Miley.
      Él desgarró el top de ella un segundo antes de que él bajara sus pantalones. Él los llevó a sus tobillos antes de darse cuenta que iba a tener que desatar sus botas y quitarlas primero.
      —Jo/der—gruñó.
      Colocando sus manos en las rodillas de ella, las subió, luego las separó todo lo que pudo mientras bajaba su boca hacia las inflamadas y húmedas curvas de su dolorido co/ño.
      Su lengua rodeó su clít/oris con un anillo de exquisito fuego mientras ronroneaba su apreciación.
      —Estás tan malditamente mojada que podría ahogarme en ti—gruñó antes de lamer otra vez.
      Fue una caricia firme y destructiva que iba aproximándose y aproximándose a su congestionado clít/oris, las sensaciones haciendo que sus caderas se contorsionaran mientras él avivaba el fuego más alto, más caliente en su vag/ina.
      —Nicholas, no puedo resistirlo—jadeó, sus manos empuñando los cojines del sofá mientras luchaba por mantener su cordura.—Por favor, no me tortures con esto.
      Una risa ruda vibró contra su carne mojada.
—¿Torturarte?—le preguntó guturalmente.—Miley, cariño, no entiendes, si no te saboreo voy a perder la razón. Todo en lo que puedo pensar es en el sabor de tu beso, de tu pequeño y caliente co/ño. Cómo gritarás por mí, cómo te correrás en mi boca. Córrete por mí, nena, sacia mis ansias y luego saciaré las tuyas.
      Ella gritó su nombre mientras su lengua se retorcía a través de su co/ño, un lametazo lento, apreciativo mientras él ronroneaba de placer.
      —Jod/er. Adictivo—gimió.—Nunca he olvidado, Miley, tu dulce sabor, tu calor. Moriré necesitándote…
      La cabeza de Miley golpeó contra el sofá mientras ella alzaba la voz en creciente demanda. Su cuerpo estaba extendido, tenso, cada célula apretándose en rápidos arcos de placer a través de ella.
      Ella luchó por acercarse más, aplastar su carne dolorida en su boca. La cercana urgencia, la necesidad de liberación, el agarre, los brutales espasmos de necesidad flexionando su vientre estaban matándola. Su clít/oris era un nudo inflamado de apasionada necesidad, su vag/ina un caldero apretado de lujuria.
      —Nicholas. Dios mío. No lo puedo aguantar…—sus piernas estaban atrapadas por su propia ropa, sus rodillas mantenidas extendidas por sus manos mientras él devoraba el espeso jarabe de su respuesta, tomándolo en su boca, lamiendo y gimiendo contra ella, ahondado en las profundidades abrasadoras de su vag/ina por más.
      —Nicholas, por favor—casi gritó su nombre. No podía padecer las convulsiones despiadadas en su vientre más ya. Su cuerpo estaba muy exigente y sólo una única cosa lo haría o la podría aliviar.—Por favor. Por Favor, Nicholas. Fóll/ame. Te lo ruego…
      Él gimió impotente, su lengua zambulléndose profunda y duramente dentro de su vag/ina, foll/ándola con una urgencia demencial. Ella nunca había sabido de cualquier cosa tan caliente, o de un hambre tan profunda.
      Su lengua atizó los fuegos más calientes, comiendo en ella, chapoteando en ella, hasta que los pequeños temblores de sensación agitaron su cuerpo despiadadamente.
      —No puedo conseguir suficiente de ti—gimió mientras arrastraba su cabeza desde su pulsante co/ño.—Estoy hambriento de ti, Miley.
      Él se elevó a la altura de sus rodillas, su po/lla pesada y congestionada cuando él la trató de alcanzar, obligándola a volverse mientras ella se quedaba sin aliento por la sorpresa. Él tiró de los cordones de una bota, la quitó y luego deslizó completamente su pierna fuera de los pantalones mientras él se ubicaba entre sus muslos.
      Hubo pocos preliminares. La necesidad era demasiada explosiva, ella los había obligado a esperar demasiado tiempo y Nicholas tenía hambre. Su pe/ne se zambulló dentro de ella, abriéndose paso a la fuerza en sus músculos apretados como un puño, estirándola con brutales choques mientras su espalda se arqueaba, sus caderas trabajando furiosamente mientras él luchaba por detener el clímax.
      Miley no pudo restringir su grito de placer o la contorsión de sus caderas. Ella ubicó su co/ño sobre el grueso émbolo de su po/lla dentro y fuera de su vag/ina. Sus piernas abrazaron las caderas de él, su espalda se arqueó, y en pocos minutos ella se disolvió. Duro, explosivo, los estremecimientos del orgasmo apretaron su cuerpo para acercarse a un punto de ruptura cuando el placer la atravesó. No sólo placer… éxtasis, una sensibilidad cegadora que nunca habría creído posible si no la hubiera experimentado por sí misma. Era casi interminable, contracción tras contracción tensándose alrededor de su pujante erección hasta que la atrapó profundo dentro de ella, ordeñando cada caída de la espesa y cremosa semilla atrapada dentro de sus pelotas.
      Las manos de él eran fuertes sobre sus caderas, su masculinidad gemía áspera y surgió bruscamente de las profundidades de su pecho cuando su cuerpo se estremeció encima de ella por largos segundos. Finalmente, dichosamente, los violentos temblores de estremecedor placer cesaron, permitiéndole a él colapsar sobre ella, la boca de él en su cuello mientras luchaba por respirar. Y estaba todavía duro.
      Miley parpadeó lágrimas de fatigado conocimiento. Los varones de la Especie eran excepcionalmente poderosos, creados para aguantar, permitiéndoles mantenerse firmes bajo el intenso erotismo del calor copulativo. ¿Cómo lo resistiría Nicholas?
      —Voy a foll/arte hasta que ninguno de nosotros pueda moverse—murmuró en su cuello mientras comenzaba a empujar dentro de ella otra vez.—Hasta que no quede nada de ti o de mí, Miley. Sólo de nosotros. Sólo el conocimiento de que nunca…—un duro empuje la elevó hacia él con un grito débil de creciente hambre—nunca—más profundo, más duro,—me negarás hacerte el amor otra vez.
Nicholas la ayudó a vestirse y la llevó a su cuarto horas más tarde. Miley estaba agotada, exhausta en sus brazos y su po/lla todavía dura, rugiente por la necesidad de enterrarse en su interior otra vez. La desnudó y la dejó arropada en la cama, se sentó pesadamente en la silla al lado de ella después de desvestirse y clavó sus ojos en ella.
Ella dormía profundamente, tan profundamente que el movimiento apenas la molestó. Las sombras oscuras debajo de sus ojos eran la prueba de las noches que había pasado sin dormir en estas semanas. Noches pasadas rondando en su dormitorio o vagando por la montaña. Exactamente como él había pasado las suyas.
Nicholas recostó su cabeza cansadamente contra el respaldo de la silla y cerró sus ojos. Su erección latió como un maldito dolor de muelas. No podía obtener más de ella. No podía derramar su semilla dentro de ella lo suficientemente rápido o lo suficientemente duro como para satisfacerse.
Sonrió lentamente. Lo mataría, pero demonios, valía la pena. Ella estaba tan apretada y caliente, encajaba perfectamente, tomando su po/lla como un guante sedoso y haciéndolo esforzarse para acomodar su longitud enteramente en su interior. No importaba lo preparada y mojada que ella estuviera, se apretaba como un puño alrededor de su erección.
Él no era excesivamente grande, pero no estaba mal dotado tampoco.
La observó, su corazón pesaba ahora, sus emociones tan mezcladas como su deseo.
Sólo Dios sabía cuanto la amaba. La amaba tanto que su corazón se había quebrado dentro de su pecho cuando pensó que estaba muerta. Él no había querido vivir, no había querido seguir, le había dolido tanto estar sin ella. Cada célula de su cuerpo había llevado luto durante ocho largos y vacíos años.
La noche en que ella se abrió paso desde las sombras en Sandy Hook él había respirado por primera vez desde que la había perdido. Su corazón había empezado a latir otra vez, la sangre había refrescado su cuerpo, recordándole que estaba vivo después de esa hibernación emocional en la que había entrado. De repente, nada era más importante que tocarla, abrazarla. Ser parte de ella. Y ella lo había odiado. Él lo había visto en sus ojos, un dolor tan oscurecido en el alma, una furia que él nunca podría extinguir.
Él hizo una mueca al pensar en las razones de su odio. Poniéndose de pie cogió unos pantalones flojos de chándal y se los puso, sobresaltándose cuando su po/lla hizo sobresalir la tela apartándola de su cuerpo.
Yendo a las puertas del balcón se quedó mirando en la oscuridad silenciosamente.
Había perdido a su niño, había sido violada, había sufrido por culpa de una reacción contra las drogas que los científicos le habían dado de manera tan violenta que casi le había matado. Y aun después de escapar, su tormento no había terminado. Había resistido los años de creciente excitación tan intensa que el dolor físico había sido destructivo. Había sufrido en formas que él nunca podría imaginar, y a veces se preguntaba si alguna vez acabaría.
Nicholas cruzo los brazos sobre su pecho suspirando cansadamente. La había obligado a aceptar el calor del apareamiento. Había tomado su beso, sabiendo que no tendría alternativa después de que la hormona fuera compartida entre ellos. ¿Acaso él era mejor que los guardas que la habían violado en esos laboratorios?
—Nicholas—él se giró rápidamente ante su voz.
Ella estaba recostada observándolo, los ojos verdes ensombrecidos al vislumbrar su cuerpo excitado.
—Te duele—ella dijo suavemente, apartando las mantas hacia atrás y dejando su cuerpo desnudo.
—No—él estuvo allí antes de que ella terminara el movimiento.—Deberías dormir, amor. Estás exhausta.
Ella frunció el ceño, confusa.
—Estás excitado, Nicholas.
—He estado así durante los últimos ocho años—dijo sonriendo sardónicamente.—Unas cuantas horas más no me lastimarán.
Su mirada brilló con emoción antes de ser rápidamente ocultada por las gruesas y rubísimas, casi blancas pestañas que él tanto amaba.
—¿Qué ocurre si no se pasa?—le preguntó.—¿Cómo puedes soportarlo, Nicholas?
Sacudiendo la cabeza, él fue a su lado, apoyando sus hombros contra el cabecero y apretándola contra su pecho. Ella se resistió sólo un segundo antes de tumbarse desgarbadamente sobre él. Casi deshuesada, como la perezosa gatita que ella debería ser, pensó él con una sonrisa abierta. No le molestaría que estuviese sobre él las veinticuatro horas del día, siete días a la semana.
—Miley, he estado así desde antes de nuestro primer beso. He tenido mucho tiempo para hacerme a la idea. Pasará un buen rato antes de que hayamos saciado el hambre que ha aumentado con los años—le dijo con un hilo diversión.—No te preocupes por mí. Preocúpate por ti ahora. No quiero lastimarte más. No puedo soportar ver la excitación y la necesidad oscureciendo tus ojos cuando lo que mas quiero es aliviarte de la manera que pueda.
Él besó la parte superior de su cabeza, mientras que la maraña de su cabello cubría su pecho. Sus dedos lo habían ensuciado, había deshecho la trenza apretada en que ella lo sujetaba. Su cuerpo estaba relajado, caliente y satinado contra su carne. Sus pelotas se apretaron con la necesidad de hacerla gritar su nombre otra vez.
Ella guardó silencio por largos minutos, pensando. Eso lo preocupaba. Miley nunca fracasaba en mandarle a la mie/rda cuando se ponía a pensar. La mente de la mujer era como una trampa de acero, siempre lista y efectiva como el demonio. Pero ella era una hembra y él estaría condenado si conseguía entender la mente de una hembra ni tan siquiera por una vez. Tal vez foll/arla no era una mala idea. Al menos así dejaría de pensar.
—Pensé que me habías dejado—dijo ella finalmente, con voz baja y ronca por la emoción.—Durante mucho tiempo, pensé que simplemente te habías ido. Al principio, dolió, pero tenía al bebé…—su voz se interrumpió mientras los brazos de él se tensaban a su alrededor.
Todo en Nicholas se hizo pedazos otra vez ante el dolor de su voz. Él enterró su cabeza en su pelo y libró la emoción que lo rasgaba.
—Pude haber sobrevivido con nuestro bebé, Nicholas—murmuró.—Soñé con un pequeño niño que se parecía a ti y reía como lo haces tú—él podía oír la pena, profunda en el alma, los sueños que ella había enterrado tan profundamente dentro de ella.—Morí en esos laboratorios, Nicholas. No puedes resucitar algo que ya no alberga vida.
Nicholas sacudió su cabeza, la sombra de una sonrisa cruzó sus labios. Si, jod/ida lógica femenina, pensó, y no por primera vez. Y la de esta mujer seguro que iba a volverle loco.
—Miley, cariño, estoy seguro de que te crees cada una de las palabras que salen de tu boca—finalmente dijo.—Pero ésa es la mie/rda más grande que alguna vez oí en mi vida.
Ella se tensó y se habría levantado de su pecho si él no la hubiese mantenido quieta.
—Quédate donde estás antes de que llene tu boca con mi po/lla, así no tendría que escuchar más tonterías—le advirtió.—Muerta. Si estuvieras muerta, Miley, entonces no te dolería. No estarías herida. Y no te importaría nada lo caliente y excitado que yo pueda estar, o si esa maldita hormona que has metido en mí puede o no herirme. No te preocuparías jod/idamente de mí, te irías y acabarías con esto.
Él podía sentir la ira creciendo en ella. Mejor la ira que esa maldita certeza de que no había amor dentro de ella. Él no aceptaría eso. Él no la dejaría aceptar eso.
—Eres un imbécil, Nicholas—se apartó dando tumbos, alejándose de él, sus ojos brillando intensamente de furia.—¿Crees que siempre tienes razón? No has sobrevivido estos años conmigo…
—Debería haberlo hecho—gruñó detrás de ella, sorprendido de lo rápido que su lujuria estaba empezando a crecer ahora.—No estaba con contigo por tu elección, Miley. Tú optaste por no dejarme saber. Tú fuiste la que decidió dejarme creer que estabas muerta. Tú, cariño, así que no trates de culparme a mí por no estar junto a ti.
—Oh sí, debería haber llamado.—Oh, hola, Nicholas, nene, sobreviví al fuego y aborté involuntariamente a nuestro bebé. ¿Vendrías a foll/arme de nuevo, incluso si creo que me mentiste y me dejaste para comenzar de nuevo?——dijo ella dura, sarcásticamente.—Ni hablar, semental.
Semental. Su po/lla tembló. Él le mostraría a su semental.
—Eso habría funcionado para mí—dijo, observándola cuidadosamente.
Su rostro estaba sonrosado, sus ojos brillando intensa, peligrosamente. Pero él podía ver su excitación creciendo, el sudor que humedecía su frente, sus rosados pezones duros. Su boca se hacía agua por cubrirlos, chuparlos, oírla gritar y rogar por su po/lla.
—Me apuesto algo a que sí—lo abofeteó y tan rápido como lo hizo él se movió, empujándola hacia la cama, restringiendo sus manos contra el colchón y montando sobre ella a horcajadas.—Quítate de mí, imb/écil redomado. Merinus está en lo cierto; eres un est/úpido, simple y llanamente. No merece la pena hablar contigo.
—Entonces no hables—dijo él furioso.—Porque, demonios si tiene algún sentido para mi lo que dices cuando hablas. Da un buen uso a esa boquita inteligente y bésame en lugar de eso. 

Catch Me Cap: 11

—No—ella trató de hacerse hacia adelante, una última débil protesta antes de que él pudiera inclinarse hacia ella.
Los ojos de él se estrecharon por largos segundos, oscureciéndose más mientras ella miraba la enojada determinación surgir en su expresión. Él la empujó hasta que ella se reclinó de nuevo, acercándose a ella, su po/lla apuntando a la convulsionante entrada de su co/ño.
—Por ahora. Sólo esto por ahora—su voz estaba consumida con la lujuria.—No estoy tomando—él jadeó con dureza.—Estoy dando. Mira, gatita, mírame dar.
Los ojos de ella bajaron hacia sus muslos abiertos, agrandándose cuando la cabeza de su po/lla abrió los resbalosos labios de su co/ño.
—Nicholas…—ella levantó sus caderas, subiendo sus pies hasta que descansaron en el filo del sillón, abriéndose más, permitiéndole mirar mientras él empezaba a hundirse en las ardientes profundidades de su co/ño.
—Mira qué bonito—los pulgares de él abrieron los rosados pliegues hasta que ella pudo sentir la cabeza de su erección estrechando la pequeña entrada de su vag/ina mientras él empezaba a empujar dentro de ella.—El más ajustado, más caliente pequeño co/ño en el que he estado, Miley. Succióname hasta donde pueda llegar.
Ella se agarró los tobillos con una sujeción desesperada. Ella no podía tocarlo, no podía permitirse esa debilidad. Su cabeza se giró hacia el respaldo del sillón, sus caderas agitándose cuando él empezó a adentrarse en ella.
—Más—ella estaba jadeando mientras él se movía lentamente, haciéndola sentir cada centímetro de sus tejidos abrirse alrededor de la ancha cabeza.
Ella podía sentir la protesta de los músculos no usados dando paso a la amplitud dura como el acero. La codiciosa capa de fluido facilitó el camino dentro de ella, el pulso de la satinada cabeza de la po/lla mientras entraba en el angosto canal.
—No—él estaba respirando con dureza, tomándola tan despacio que ella estaba temblando, sus caderas sacudiéndose mientras las manos de él sostenían las de ella, manteniéndolas en sus tobillos.—No quieres besarme, no me dejas lamer tu suave co/ño, así que ahora voy a hacerlo así.—Su voz era oscura, tan rasposa que acariciaba los sentidos de ella como una amante mano firme.
Él la estaba matando. Estrechándola poco a poco, haciendo que las paredes de su co/ño tuvieran espasmos y se flexionaran con codicia extática mientras él trabajaba despacio hacia adentro.
—Maldición, gatita, eres tan bonita—sus ojos estaban brillantes, su rostro empapado de sudor, sus largas pestañas eran picos húmedos mientras él la miraba.—No hay nada más sexy que ver a tu dulce co/ño tomarme. ¿Recuerdas eso, Miley? ¿Recuerdas lo sexy que fue la primera vez? Es aún más caliente ahora. Lo juro, creo que estás más estrecha que nunca.
El sudor corría en surcos lentos por los lados de su cara, a lo largo de las cicatrices de su pecho cuando él de repente entró en ella hasta la empuñadura. Miley saltó contra él, luchando por respirar mientras su co/ño se ajustaba alrededor de la poco familiar anchura.
Ella lo miró, gimoteando por lo profundo que él la llenaba, necesitando que él la tomara violentamente, que golpeara su carne tan fuerte y profundo dentro de ella como fuera posible.
—Por favor—ella casi lloraba por la necesidad.
Él sonrió tensamente.
—Sé cómo lo necesitas, Miley. Sé lo que necesitas. Ríndete ante mí y lo tendrás ahora. Niégamelo y esperarás hasta que yo no pueda aguantar para tenerlo.
Sus ojos se agrandaron
—¿Qué?—ella lloriqueó, sus caderas tirando, luchando por la fricción que ella necesitaba mientras él movía sus caderas en círculos ajustados, duros, machacando la cabeza de su po/lla contra la cerviz aferrada.
—Sólo un beso—él le canturreó suavemente mientras el nudo de necesidad se estrechaba en su matriz.—Dame tu beso, Miley, y te jod/eré hasta que estés gritando porque no sabes si es placer o dolor.
Su beso, su destrucción.
—Nicholas, no me hagas esto—ella podía sentir las lágrimas agolpándose en sus ojos, su cuerpo fuera de control, su co/ño contrayéndose alrededor de su po/lla mientras él se deslizaba despacio hacia la entrada de nuevo antes de regresar despacio, abriéndola toda de nuevo.—Por favor, duele, duele tanto—ella estaba llorando e impotente para detenerlo. Los toques en su matriz la estaban matando. Cuanto más la provocaba, más duros se hacían.
Los ojos de él bajaron a su abdomen, mirando las duras convulsiones de los músculos cada vez que su po/lla golpeaba contra su cerviz.
—Lo siento—ella gritó, la emoción y el miedo abrumándola.—Lo siento, Nicholas. No puedo. No puedo darte lo que quieres. No puedo…
Él maldijo. Un bajo, horrible sonido de aceptación desolada antes de que él saliera de su cuerpo. Antes de que ella pudiera gritar en protesta él la empujó hacia delante, la giró, la sostuvo contra el sillón y embistió hasta el fondo.
La espalda de ella se arqueó mientras un grito se arrancaba de su garganta. Ahora su po/lla era una longitud de éxtasis dura como el hierro arremetiendo en ella. Sus manos agarraron las caderas de ella, casi lastimando con su fuerza mientras él la jod/ía tan duro y rápido que ella juró que él chocaría contra su misma matriz. Y aún ella necesitaba más. Ella chilló con necesidad mientras empujaba hacia atrás en cada golpe, llevándolo más duro, más profundo, sintiendo su orgasmo estrecharse en su matriz con cada empuje.
—Maldita seas—él se inclinó sobre ella, sus dedos metiéndose entre sus muslos. Localizando el duro e hinchado capullo de su clít/oris, él empezó a frotarlo con caricias firmes y destructoras mientras arrasaba con el tierno canal de su co/ño.

Ella estaba muriendo. Miley sintió su cuerpo tensarse, sintió el fuego hacer erupción en su matriz, y entonces explotar tan duro y rápido que ella no pudo hacer nada sino aullar dentro de la tormenta que la estaba arrollando.
—Sí. Jod/er, sí. Miley. Córrete por mí, nena. Sí. Oh nena…—él la estaba llenando. Chorreando dentro de ella mientras continuaba cabalgándola a través de su orgasmo, cada lance enviándolo hasta las mismas profundidades de su co/ño mientras él disparaba un río de espesa semilla caliente a la boca de su matriz antes de retroceder y regresar hacia delante por otro.
El cuerpo de ella lo estaba absorbiendo. Su orgasmo la atravesó, sacudiendo sus huesos y dejándola débil, exhausta, mientras yacía en los cojines del sillón. Los músculos de su co/ño se flexionaron, ordeñaron la carne de él mientras se mantenía en lo profundo para un último chorro de descarga y se colapsaba sobre ella.
—Esto no funcionará por mucho—él le advirtió.—Tú sabes que no, Miley. Necesitas más que sólo la po/lla y la semilla caliente. Tu cuerpo y tu mente necesitan más. No lo puedes negar por siempre.
Ella sacudió su cabeza, temblando ante la verdad de sus palabras. Ella haría que fuera suficiente. Si esto era todo lo que ella tendría, entonces sería suficiente.
Él se retiró de ella despacio, su carne reblandecida saliendo de la sujeción de ella mientras él exhalaba con dificultad.
—¿Estás bien ahora?—su mano pasó suave sobre las curvas del trasero de ella.
Ella asintió rápidamente. Tenía que alejarse de él. Tenía que tener un minuto para entender exactamente qué había pasado y dónde ella había perdido cada medida de sentido común que poseía.
—¿Necesitas más?—ella podía sentir el hambre que palpitaba en su voz. Su co/ño gritaba que sí. Su cabeza rogaba que no. Ella sacudió su cabeza, sus dedos clavados en los cojines del sillón.
—Bien—su voz era dura, desolada.—Ve a la consulta del doctor mañana a primera hora. Allá te veré. Puedes esconderte de mí todo lo que quieras, pero maldita sea si tu salud sufre por eso.
Él se estaba vistiendo. Ella podía escucharlo detrás de ella mientras ella permitía a su cuerpo acomodarse contra el suelo, su cabeza descansando en el sillón lejos de él. No podía mirarlo, no podía enfrentar lo que acababa de permitir que sucediera.
—Maldita seas por ser tan necia—él finalmente maldijo.—Si me necesitas, Miley, sabes dónde encontrarme—la mezcla de sarcasmo y furia la tenían temblando con temor.
Ella a propósito no había realmente presionado a Nicholas en los pasados seis meses. Lo había dejado hacer sus comentarios de listo, lo había dejado atormentarla con su presencia y sus frases continuamente enojadas. Pero no había contestado. No le había contestado porque sabía que, cuando lo hiciera, ella dispararía la dominancia que él tenía tan estrechamente controlada. La dominancia que ella acababa de disparar con su negativa a compartir el calor con él. Con su negativa a ceder a las necesidades que se rebelaban a través de su cuerpo.
La puerta de la habitación se cerró tras él cuando se fue, dejándola desnuda, los jirones de su bata colgando de un hombro, la semilla de él escurriendo de su aporreado co/ño. Pero el dolor se había ido. Al menos, por ahora.
Miley pataleó desde los laboratorios del sótano ya tarde a la mañana siguiente después del intenso examen y del proceso ritual de extracción de sangre que había hecho Martin. El hombre tenía que ser parte vampiro para necesitar toda esa sangre.
Prescindiendo del ascensor subió rápidamente el corto trecho de las escaleras, saliendo justo más allá de la amplia entrada y directamente a través de la cocina.
—Lo prometiste—escuchó la grave y acongojada voz de Cassie.
—Sé que lo prometí, chiquilla—Nicholas dijo con suavidad, su voz vagando hacia el pasillo.—Pero Dash y mami tuvieron que moverse de nuevo. Nos llamarán tan pronto se acomoden. Lo prometo, todo está bien, pero necesitamos asegurarnos de que estarán seguros también.
—Pero necesito a mi mami—Cassie le dijo con lógica irrefutable.—El hada la extraña.
Miley su tonta huida hacia el peligro el día anterior.
—Y el hada tiene buena razón de extrañarla—Nicholas dijo gentilmente, su normalmente rasposa voz suave como el terciopelo.—De cualquier forma se dirigirán a casa en un día más o menos. Envié a Merc y a Tanner sólo para ayudar a Dash a cuidar a tu mami. Les dije, no importa lo que pase, se pondrán delante de la mami de Cassie, y ellos dijeron que lo harían. ¿Piensas que dejarían que le pasara algo?
Miley inclinó su cabeza, sus ojos cerrándose mientras la voz de él tranquilizaba hasta sus desgastados nervios.
—No—dijo Cassie vacilante.—Merc y Tanner y Dash la protegerán. Pero yo soy su niñita, Nicholas. Ella debe arroparme. Y decirme cuando está bien comerme mi chocolate para que no me duela la barriga…—los ojos de Miley se abrieron de golpe, su corazón encogiéndose con el sonido de las incipientes lágrimas.
—¿Disculpa?—Nicholas adoptó un tono de falsa ofensa.—¿Has tenido algún dolor de barriga?
Miley sacudió su cabeza. Ellos habían mantenido el chocolate estrictamente fuera de su alcance.
—Bueno, no…
—¿Y no consigues bastante chocolate?—él le preguntó entonces, causando que los ojos de Miley se estrecharan en advertencia.
—Sí. Esas Oreos son las mejores, Nicholas. Doble chocolate—el suspiro de felicidad hizo que Miley mirara hacia la puerta sorprendida. Seguramente Nicholas no estaba pasándole chocolate a esa niña. Él no lo haría.
—Buena niña. Entonces, ¿cuál es tu veneno? ¿Leche?
—Sí, por favor. Y cuatro galletas esta vez—la niñita contestó.
—¿Cuatro?—su voz se llenó de risa.—¿Doble chocolate? No lo creo, mi niña. Dos dobles o cuatro normales. Tú decides. Y no me recuerdes que supuestamente no debes comer más de una hoy. Podría sentir que necesito seguir practicando como decir no a las pequeñas niñas astutas.
—Podría llorar—la amenaza de la pequeña niña se encontró con silencio.
—Podrías llorar más fuerte cuando no haya galletas—él gruñó.—No intentes chantajearme, pequeña estafadora—Cassie soltó una risita ante su tono brusco.—Ayudé a criar a Merinus. No puedes salirme con una amenaza que ella no haya inventado antes. Esa mujer era un terror con dos piernas. Sólo puedes aspirar a alcanzar su astucia.
—Puedo hacerlo mejor, pero me gustas. Aunque me hayas nalgueado. Eso no es entrenamiento de papi, Nicholas—la niñita rió.—Está bien, cuatro normales ahora. Dos dobles después.
—¿Quién dijo algo acerca de después? Límite de seis al día, pequeña. Ya te comiste dos. Y si te escondes de Dawn cuando venga a recogerte, te cortaré el suministro de raíz. Nalguear podría no ser entrenamiento de papi, pero la disciplina entra en alguna parte, listilla.
—Chú, eres tan duro como Mami. ¿Estás seguro de que no eres ya un papi, Nicholas?—las palabras de la niñita rompieron el corazón de Miley.
—No, nena, no soy un papi—su tono suave y arrepentido destruyó su alma.—Vamos, tiempo de galletas antes de que Merrie llegue. Ella curtirá nuestros traseros si no somos cuidadosos.
—Te amo, Nicholas—la niñita suspiró.—Pero si no hablo con mi mami pronto, no vas a tener el suficiente chocolate para sobornarme. Las niñas pequeñas necesitan a sus mamis.
—Sí, nena, lo hacen—acordó suavemente.—Más que nada, las niñas pequeñas necesitan a sus mamis.

Miley agachó su cabeza, su mano tapando su boca mientras se giraba y se apresuraba al patio trasero de la casa y al aire de la mañana tardía. Las lágrimas oprimieron su pecho, congestionaron su garganta. Un golpe filoso de agonía rompió su alma mientras su vientre pulsaba con pena.
Si no puedes proteger al hijo de otro, ¿cómo puedes esperar proteger el tuyo? Las furiosas palabras de él después de la casi muerte de Cassie aún tenían el poder de atravesar su alma. Él estaba en lo correcto. Ella debió estar lista para cualquier cosa que Cassie tramara. Todos sabían lo perfecto que era su oído; ella debió haber pensado, debió haber atrapado a la niña antes de que atravesara la puerta.
Él había estado furioso, tan aterrorizado como ella lo estaba cuando Cassie se le escapó. Miley sabía que sus palabras no tenían intención de ser tan hirientes como lo habían sido, ni de que los recuerdos surgieran en ella tan desoladores y negros como lo habían hecho.
Su hijo. Ella se detuvo a la sombra de uno de los viejos robles, sus manos presionando su plano abdomen mientras su matriz se convulsionaba por la necesidad. El calor estaba creciendo de nuevo. Ella no podía concebir, nunca concebiría debido a su propia torpeza. ¿Acaso era el pago desdeñoso del destino por no haber protegido al niño que ella había llevado la primera vez? Ella creía firmemente en el destino, en el pago ganado por todos y cada uno de los crímenes contra la naturaleza. Y tal y como ahora el mundo estaba pagando, tal y como la naturaleza demandaba la supervivencia de las especies que la ciencia había creado, ¿estaba el destino cobrando su propio pago porque ella no había protegido la vida que le había sido dada?
—Miley, ¿estás bien?—la voz de Callan llegó a través de la unidad de comunicación que ella se había colocado en la cabeza antes de dejar su dormitorio.
Ella inspiró profundamente. Si él estaba viendo los puntos en los monitores dentro de la sala de comunicaciones, él sabría dónde estaba ella y se preocuparía por que ella no se estuviera dirigiendo a la junta que él había programado.
—Estoy bien—luchó por mantener su voz clara, mantener su respiración calmada.—Estoy en camino.
—Te estaremos esperando, entonces—le respondió quedamente, aunque ella sabía que no lo había engañado.
Demonios, Doc probablemente le contó acerca de los resultados de las pruebas, lo cual sólo haría peor las cosas. El incremento de la hormona en su sistema era dramático. Muy pronto, ella no sería capaz de pelear; estaría de rodillas rogando a Nicholas que la foll/ara.
Las hormonas en el sistema de Nicholas, aunque incrementadas, no parecían afectarlo tan drásticamente como a ella. Aún más preocupante era la extraña sensibilidad alrededor de su vientre, un ligero hinchamiento en el área de las trompas de Falopio que se habían vuelto más sensibles.
El calor estaba cambiando también. La necesidad era mucho más fiera de lo que había sido en esta fase. Ella debería haber tenido dos semanas más antes de entrar en la fase completa, y aun entonces, nunca había sido como esto. Esto iba más allá del dolor.
Más allá del hambre. Era un fuego dentro de ella que sólo la descarga de Nicholas había apagado, y entonces, sólo por un rato.
Ella tomó aliento con dureza y continuó hacia la sala de comunicaciones y la junta que Callan había solicitado. El ataque de misiles, seguido tan cerca por la llegada de Seth Lawrence, estaba preocupándolo igual que a Nicholas. La información obtenida del atacante del misil había sido todo menos reconfortante. El saber que alguna persona o grupo desconocido estaban contratando asesinos para entrar al complejo y matar a Merinus, Roni y la niña era francamente aterrador. Aumentaba las apuestas en un juego de por sí peligroso.

* * * *

Nicholas encendió de nuevo las luces y miró las expresiones en las cuatro personas reunidas en la oficina improvisada después de un resumen sobre el asesino que había atacado días antes y de Aaron y Seth Lawrence.
El asesino era una irritación. Un inepto don nadie que había encontrado las cuevas que se abrían desde el otro lado de la montaña y llegaban al territorio de las Especies. Eso se tendría que resolver. Aaron y Seth eran un asunto más grande. El hijo, Nicholas se inclinaba a confiar en él. El padre era otro asunto totalmente distinto. Su opinión pública sobre las Especies era bien conocida, su opinión de que deberían ser encerrados de nuevo y bien vigilados había sido vocalizada públicamente varias veces.
—Dobla los guardias en los bosques—dijo Callan, su voz vibrando con un gruñido furioso.—Pon a una unidad a buscar otras cuevas en la propiedad, otras entradas de las que no  seamos conscientes. Quien sea que ataque, tendrá que atravesar nuestro perímetro de seguridad antes de atacar la casa. Asegurémonos de que no pasará de nuevo. Pon guardias extra en la casa de huéspedes también. Asegúrate de que la comitiva de Lawrence se quede quieta.
—Seth no lastimaría a su hermana—Dawn los sorprendió a todos cuando habló.
Su voz era firme, y llevaba un filo de acero que se había desarrollado lentamente después de la muerte de Dayan. Sus ojos ámbar los miraron a todos, las sombras del pasado aún girando en las profundidades, aunque ya no evitaba los ojos de ellos.
—¿Qué te hace decir eso?—Preguntó Nicholas; su voz, aunque interrogante, tampoco rechazó de inmediato su opinión.
Ella se echó atrás el fleco de suave cabello café claro que caía sobre su frente.
—No puedo explicarlo—Dawn sacudió su cabeza.—Puedes oler la verdad tan fácil como una mentira—le dijo, su voz grave.—Él no está mintiendo, Nicholas.
—Él no es el único aquí, tampoco—Nicholas le recordó.—¿Qué hay de los otros?
Ella parecía sorprendida de que él le preguntara su opinión.
—No sé acerca de los otros—dijo finalmente, nerviosa.—Algunas personas son más fáciles de leer.
Él asintió rápidamente
—Está bien, entonces tú serás la sombra del hijo, pondré a los otros sobre el padre y el chofer. Hazme saber qué sientes, Dawn. Estamos todos juntos en esto. Combinamos nuestras fortalezas y debilidades. Así es como sobreviviremos.
Él era consciente del sobresalto de sorpresa de Dawn, la lenta confianza que se irguió en su mirada mientras lo veía atentamente. Pero la mirada de Miley era una caricia física.
Ella estaba alucinando por la forma en que él trató a Dawn, pero Nicholas no estaba de acuerdo con los otros y con su intención de protegerla de todas y cada una las penurias de la vida. Había sido lastimada muy duro y demasiado a menudo en el pasado. Protegerla sólo haría daño a la mujer que lentamente emergía de su concha.
—Eso es todo—Dijo Nicholas con decisión mientras todos se ponían de pie. Su mirada se estrechó sobre su pareja.—Excepto para ti—le dirigió a Miley una sonrisa burlona, sardónica a pesar de la excitación creciente que tensaba su cuerpo.—Aún necesito hablar contigo.
Ella levantó una ceja. Él no le había hablado desde la noche anterior pero había notado su nerviosismo e irritabilidad mientras la junta progresaba. Ella estaba tan caliente que casi resplandecía.
Él la miró ahora, su mirada tocando sus hinchados senos, sus pezones que empujaban contra la oscura tela de su uniforme, la forma en que su mirada, cuando tocó la de él, se volvió hambrienta. Aunque no más hambrienta que la de él, estaba seguro.
Él estaba hambriento por el sabor de ella. Su propia lujuria sólo se había incrementado desde que la había tomado la noche anterior; la necesidad por el único, oscuro sabor de su beso lo estaba volviendo loco.
—No pelees con ella, Nicholas—Gruño Callan mientras se movió hacia la puerta con los otros.—Nos está costando mucho tratar con ella.
Miley apretó los dientes mientras miraba a su líder de manada.
—Eso no es cierto—saltó.
Callan resopló
—Díselo a alguien que no tenga cicatrices por estar peleando contigo, hermanita. Podría creerlo.
Un pequeño gruñido de advertencia fue su única respuesta mientras Callan rió por la bajo y dejó la habitación, dejando a Nicholas a solas con ella. Él había visto la interacción entre hermanos, viendo el afecto, el lazo familiar entre ellos. Justo como el que él compartía con Merinus.
—¿Qué quieres?—Miley estaba condenadamente irritable, pensó, justo como Callan había advertido. Él también sabía que la irritabilidad era uno de los signos que acompañaban a su creciente calor.
—Bueno, esa es una pregunta con peso—Nicholas sonrió lentamente mientras la consideraba.—¿Quieres una lista por escrito o tienes tiempo para una verbal? Podría ponerme bastante descriptivo verbalmente.
Ella se ruborizó. Una corriente de suave rosa cubrió su cara mientras cruzaba sus brazos sobre sus obviamente sensibles senos y lo miraba con precaución. Ella era en partes iguales inocencia y seducción. Lo volvía loco ver la fluida sensualidad en cada movimiento, aunque también la completa inocencia de lo endemoniadamente sexy que estaba mientras lo miraba con esa cautelosa sorpresa.
La había foll/ado la noche anterior hasta que ella se corrió, gritando en los cojines del sillón mientras su estrecho co/ño se apretaba en su po/lla bramante. Él no la había besado. No había probado el calor líquido que corría entre los muslos de ella y ahora él estaba hambriento por eso. No esperaría mucho más.

lunes, 21 de enero de 2013

HOLA

subi en mi otro blog por favor pasen y digan si les gusta http://ihopefinditnovelasniley.blogspot.com/2013/01/perfecta-cap40.html

sábado, 12 de enero de 2013

Catch Me Cap: 10

Ella era la esposa de otro hombre ahora. Llevaba a un niño, sería madre y se enfrentaría a más peligro del que él alguna vez pudo haber visualizado. Pero ella era todavía la niñita a la que él había sobornado con chocolate. La joven mujer a la que había sostenido cuando lloraba por la pérdida de la madre de ambos. La misma que le había llamado imbécil la mayor parte de su vida. Luchó para no apretarla demasiado fuerte mientras sus brazos la rodeaban.
Él sintió el olor de polvo de bebé y chocolate durante un momento. Los aromas que habían sido únicos en Merinus cuando era niña. Un precoz manojo de energía que se había metido en más problemas de los que siete hombres habían podido mantenerla alejada.
Él besó su frente amablemente antes de empujarla hacia la puerta.
—Vete dentro. Necesitas descansar o aterrorizar a Callan. No estar aquí fuera analizando mi cabeza.
Ella no se rió como él esperaba, y tampoco se fue hacia la casa.
—Estoy asustada, Nicholas—dijo suavemente mientras le miraba preocupada, con sus manos descansando protectoramente sobre el monte de su estómago.—Estoy asustada por ti. No puedes seguir así, y tampoco puede Miley. Quiero que nuestro hijo esté a salvo; que nuestras vidas tengan algo de paz. Hasta que esta cosa entre tú y Miley se resuelva, eso no va a pasar.
—Dale algo de tiempo, Merinus—le dijo él gentilmente.—Vete dentro. Necesito encargarme de algunas cosas antes de irme a la cama yo también. Estoy derrotado.
Sin embargo, dormir era la última cosa en su mente.
—Buenas noches, Nicholas—dijo Merinus suavemente.—Si tienes la oportunidad, vete a ver a Cassie pronto. Está destrozada por la idea de que estés enfadado con ella. Está convencida de que ha salvado vidas. Y sólo es una niña pequeña.
Ella posiblemente había salvado vidas. La de él y la de Lawrence. Si no hubiera sido por la alerta de que Cassie estaba corriendo hacia ellos, él hubiera estado en la línea de fuego cuando las balas empezaron a volar. Sólo la alerta y su intento de interceptar a la niñita habían salvado su propia vida.
—Iré a verla pronto—prometió, endureciéndose él mismo contra las lágrimas que sabía que vería en los ojos de la pequeña niña y su ruego por su mami.
—Merc y Tanner se irán por la mañana hacia la posición de Dash y Elizabeth. Instalaré a Cassie con Dawn si está bien. Creo que les irá bien juntas—le dijo Merinus suavemente.
La ausencia de Merc y Tanner dejaría una debilidad dentro del grupo como un todo; él sólo podía esperar que la situación en California se resolviera sola pronto.
—Dawn es una buena opción—estuvo de acuerdo.—Afortunadamente no tendremos más visitantes sorpresa para colocar a Cassie en reacciones como la de hoy. Todavía no puedo imaginarme por qué se metió a sí misma en una situación tan malditamente loca.
—Porque su hada se lo dijo—dijo Merinus con preocupación.—Y eso, Nicholas, me aterra. Se está metiendo demasiado dentro de sí misma y en ese asunto del hada. Tenemos que hablar de eso con su madre cuando la recojan. Va a acabar lastimandose.
O ponerle a él al borde de la locura. Miley ya lo tenía tambaleándose; Cassie perfectamente podría empujarle del todo.
—Discutiré eso con Dash también—prometió Nicholas.—Adelante, veré a Cassie pronto.
Él vio como Merinus entraba en la casa, una sombra oscura, pesada por el niño y rica por la vida. Sacudió la cabeza antes de seguirla y subir rápidamente las escaleras hacia la habitación de Cassie. Postergarlo no lo haría más fácil.
Él abrió la puerta del dormitorio de la niña, encogiéndosele el corazón ante la vista de ella doblada en la mitad de la gran cama, sus ojos azules cautivos mientras le miraba fijamente, con lágrimas cayendo por su cara.
—Hey, cachorra—saludó suavemente mientras se movía y se sentaba en el borde de la cama.—¿Quieres que me vaya?
Ella sacudió su cabeza con fuerza.
—Lo siento, Nicholas—su respiración estaba entrecortada por las lágrimas.—Tenía que decírtelo. Puedes zurrarme todo el tiempo, pero tenía que hacerlo.
Maldición, ella iba a ser todo un elemento cuando creciera, pensó él, terca como el infierno.
—Siento haberte zurrado—él la miró fijamente, con el corazón roto al pensar en la zurra que le había dado a su trasero.—Me aterrorizaste, Cassie. No sé si hubiera podido seguir con mi vida si te hubiera pasado algo.
Ella asintió lentamente.
—Lo sé, Nicholas. Pero eso es lo mismo que yo pienso. Estaría siempre llorando si tú fueras herido. Y Miley también lloraría. Ella llora demasiado. Casi tanto como lo hago yo por las noches.
Él la miró sorprendido.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque la puedo oír cuando toda la casa está en silencio y ella sale fuera a su balcón—susurró ella.—A veces, suena como si le doliera horriblemente, también, Nicholas. Creo que su corazón está roto, como el mío cuando pensé que mi mami no podría salvarme de ese hombre malo.
Las habitaciones estaban insonorizadas en su mayor parte, cortesía del Consejo. Pero a Cassie le gustaba abrir la puerta la rendija que permitían los cerrojos de seguridad. Si Miley estaba en su balcón, algunas habitaciones más allá, era fácil para Cassie oírla.
—Creo que deberías decirle que ya no estás más enfadado con ella, Nicholas—la pequeña niña dijo, solemnemente.—Heriste sus sentimientos realmente mucho.
Él había herido mucho más que sus sentimientos, y lo sabía.
—Ven aquí y dame un abrazo. Me aseguraré de que Dawn te dé una galleta mañana. Pero eso es todo. Una. Has roto las normas.
Ella saltó a sus brazos, abrazándole fuertemente y plantando un sonoro beso en su mejilla.
—Mi mami lo acabará todo pronto—susurró ella en su oreja.—Y mi papi Dash necesitará que yo vaya con él realmente rápido, para que mami esté feliz. Tienes que arreglarte con Miley, Nicholas. No quiero que estés solo cuando me vaya. Mi hada se preocupa por ti.
El se puso rígido, viendo como ella se acurrucaba de nuevo bajo las mantas, mirándole con ojos que eran demasiado ancianos, demasiado conocedores.
—Cassie, sobre esa hada—dijo con vacilación.
—Tú tienes también tu hada, Nicholas—le dijo ella, su voz infantil contradiciendo el conocimiento en sus ojos.—A veces la veo. Tiene todo ese precioso pelo negro que parece una nube alrededor de su cara. Es como el pelo de Merinus. Y tiene ojos azules, y huele realmente a rosas. No como el perfume. El olor real.
El se paró. A pesar de la fiebre que le hacía correr hacia Miley, del peligro que podía sentir acercándose y sus propias preocupaciones sobre Cassie, no pudo detener el asombro que llenó su sistema. Su madre olía a rosas. El olor real de las rosas. Las que ella amaba tanto que todavía llenaban el patio delantero de la casa de su padre.
—Rosas, ¿eh?—preguntó, suavemente.
—Ella te hablará si le dejas—dijo Cassie con suavidad, sus ojos cerrándose por el sueño ahora.—Porque ella te ama. Igual que mi hada me ama a mí…
Nicholas se puso de pie, sacudiendo su cabeza confusamente. Demonios, esa niña podría destruir ejércitos si se lo proponía. Respiró profundamente, remetió las sábanas alrededor de ella y salió de la habitación.
Tenía una cita con su compañera.

Miley pudo retrasar el dolor hasta tarde esa noche. Aunque ella sabía que venía. Tenía suficiente experiencia con los síntomas del calor de apareamiento para saber qué pasaría.
Después del explosivo episodio en el cobertizo de armas, el resto del día estuvo tan ocupado, tan lleno con la lucha por sobrevivir que ella fue capaz de dirigir todos sus sentidos a su trabajo, en vez de a la incrementada excitación que empezó a formarse. Pero cuando cayó la oscuridad y el agotamiento tiraba de su cuerpo, le pegó más duro que nunca.
Su útero se contraía dolorosamente. Vida. Ella podía sentir su cuerpo gritando por el pulso de vida del semen de Nicholas derramándose en ella, su po/lla latiendo, hinchándose dentro de ella, chorreando dentro de ella. Ella no quería sus dedos, quería su gruesa erección. Ella quería todo de él, viniendo sobre ella, sujetándola, tomándola con erótica furia.
Ella gimió mientras paseaba por su habitación; su carne estaba casi electrificada, demasiado sensible y necesitada de su toque. Ella se había quitado el uniforme más temprano, se duchó y vistió con el suave, ligero algodón de una de las largas batas que ella prefería usar. El material estilo túnica caía hasta sus pies, con largas aperturas que llegaban hasta sus rodillas y le daban libertad de movimiento.
El corpiño flotaba sobre sus senos, rozando sus pezones gentilmente mientras los pequeños tirantes sobre sus hombros lo mantenían en su lugar. Entre sus muslos, sus jugos empapaban las pequeñas bragas que ella vestía. Casi haciéndolas inútiles. Su co/ño estaba tan resbaladizo que ella sabía que chuparía la po/lla de Nicholas hasta sus profundidades en segundos.
Ella cerró los ojos mientras se acostaba en el sillón de su sala de estar, su cabeza acomodada en el grueso brazo, sus muslos apretados. Sus senos estaban torturados, duras curvas de calor radiante tenían a sus pezones casi saltando a través del material de la oscura bata.
Su lengua estaba palpitando, hinchada y a cada rato ella podía sentir y probar el pulso de la odiada hormona en su boca. Escupirla no ayudaba; ella lo había intentado antes. No había nada que ella podía hacer excepto sufrir por las noches y mantenerse tan lejos de Nicholas como fuera posible cuando se volvía tan intenso.
Debería haberse mantenido alejada de él anoche y corrido duro y rápido esta tarde. El recuerdo de su po/lla entrando en su boca, palpitando contra su lengua, tan dura y caliente, la tuvo mordiendo un gemido de hambre abrumadora. Lo habría chupado hasta terminar si él no hubiera estado tan débil.
Había estado poseída, tan hambrienta por el sabor de su semilla chorreando en su boca que había perdido su cordura. En su lugar, había perdido el control. No había sido más fuerte esta tarde.
Odiaba esto. Envolvió sus brazos a través de sus senos, poniendo su cuerpo en una posición fetal mientras luchaba contra la necesidad de ir hacia él. Él era su compañero, su mente gritaba en protesta por su negación. Ve a él.
Sacudió su cabeza. No lo haría. No podía. El calor duraba un mes para ella; no tenía idea de cuánto tiempo afectaría a Nicholas, qué le haría a él. Él casi había muerto por ella una vez. Ponía su vida en riesgo por la familia de ella a diario. No podía enfrentarse a la idea de que él podría ser herido nuevamente, en formas que ella no podía anticipar.
Sentándose con un gruñido, pasó sus dedos por su cabello húmedo y luchó por alejar a él de su mente—los bronceados contornos de su musculoso cuerpo, la gruesa longitud de su miembro, sus labios mientras susurraban sobre los de ella y su erección empujando dentro de su codicioso co/ño. Sus manos, sosteniéndola mientras la jod/ía con embates duros, profundos.
—Oh demonios…—susurró, maldiciendo su hambre cuando un corto y abrupto toque sonó en la puerta.
Levantando su cabeza miró con resignación cuando la puerta se abrió y Nicholas entró. Sus ojos se agrandaron con alarma mientras miraba el cicatrizado pecho, después más abajo a los ondulados músculos de su abdomen y la tensa longitud de su erección levantando una tienda en los pantalones de gimnasia que él usaba. Él cerró la puerta, colocando el cerrojo en su lugar.
—Dios, no me hagas esto—ella sacudió su cabeza desesperadamente mientras él empujaba los pantalones grises sobre la carne pulsante y bajo sus poderosos muslos.
—¿Verte sufrir entonces?—él preguntó quedamente.
—Mejor yo sola que nosotros dos—gimoteó.—Por favor, Nicholas.
—Quítate la bata—él avanzó hacia ella.
Ella no podía respirar por la excitación. Él se veía salvaje, determinado.
—No puedo—ella tembló mientras él se le acercaba, parado frente a ella, su po/lla brillando con el semen goteando en la punta.
Miley se lamió los labios con hambre.
—¿Qué alivia el dolor, Miley?—él le preguntó.—¿Qué lo hace mejor?
Ella sacudió su cabeza. Nada lo aliviaba, pero ella no podía quitar sus ojos de la brillante cabeza con forma de seta de su po/lla.
—El semen de tu compañero lo alivia—le dijo suavemente.—La descarga sexual y mi semilla derramándose dentro de ti. Puedo darte eso, Miley—él se acercó mientras los labios de ella se abrían involuntariamente.
—No puedo forzarte—dijo suavemente.—No voy a forzarte, pero por Dios que haré que estés tan caliente que no podrás caminar derecha si no lo haces voluntariamente. No voy a dejarte escapar. Quítate la bata, Miley. Déjame darte cada gota de lo que necesitas.
Lo que ella necesitaba era su po/lla golpeando duro y profundo dentro de ella, bombeando en ella en un orgasmo devastador, su semilla llenando su hambrienta matriz con rico, potente calor.
—Nicholas…—ella gimió desesperadamente mientras su lengua recorría sus labios, humedeciéndolos un segundo antes de que la punta de la erección de él los rozara.
Con un grito torturado ella se inclinó hacia delante y envolvió la cabeza con su boca, succionándola, probando la salada dulzura de su semen en su lengua mientras se mezclaba con el potente condimento de la hormona que se liberaba en su boca.
Ah, Dios. Ella movió su lengua sobre la dura carne, codiciosa por cada lamida ahora, cada sabor, cada desgarrado gemido de la boca de él mientras ella empezaba a consumir cada centímetro que presionaba hacia su garganta. Ella quería más. Necesitaba todo de él. Sus manos agarraron las caderas de él mientras lo succionaba con fuerza, llenando su boca pero sin lograr tomar toda la longitud.
Miley, nena—las manos de él le agarraron el cabello.—Oh sí, gatita, traga mi po/lla. Cómetela toda, nena.
Las palabras explícitas incendiaron su mente. Antes, durante la noche en los laboratorios, él se había reprimido. Ella lo había sentido reprimirse tanto en sus necesidades como en sus palabras. No se estaba reprimiendo ahora. La estaba tomando, mostrándole el hombre que era y la necesidad vibrando en su cuerpo.
Miley tomó la amplia cabeza profundamente en su boca, su lengua trabajando en el sensible lado inferior mientras trataba de abrir su garganta para él. Él estaba empujando dentro y fuera con largos, controlados empujes, su respiración dura y pesada, rasposa entre los sonidos sorbientes, suspirantes de húmeda hambre que salían de los labios de ella.
—Ah sí. Trágalo, nena—su po/lla estaba palpitando con fuerza, pulsando contra el fondo de la garganta de ella con cada entrada.—Ordeña mi po/lla con esa linda boca. Vamos, nena, tómala. Tómalo todo, corazón.
Él se movía más rápido ahora, más duro, su carne hinchándose en la lengua mientras ella chupaba y lamía con codicioso abandono hasta que sintió el primer pulso caliente de fluido cremoso hacer erupción en su garganta.
Las manos de él estaban enredadas en el cabello de ella ahora, sosteniéndola cerca, deslizando su po/lla tan profundo como era posible en su garganta mientras le soltaba chorro tras chorro de caliente líquido sedoso.
Miley tragó desesperadamente, saboreándolo en su lengua, en su boca, rellena con el exceso de su descarga mientras él gritaba sobre ella.
Cuando él retrocedió de sus aún succionantes labios, se agachó. Tomó el corpiño de su bata con ambas manos y lo arrancó de su cuerpo.
—Nicholas…—su protesta estaba llena de miedo mientras él se arrodillaba, las manos tomando los muslos de ella y jalando sus caderas hacia el filo del sillón.
Él miró hacia la carne desnuda de su montículo, sus labios hinchados con pasión, sus ojos oscureciéndose con lujuria.
—Quiero probarte—él susurró.—Como lo hice antes, mi boca enterrada en tu co/ño, mi lengua llevándote al orgasmo.
Él la consumiría. El pánico se expandió dentro de ella. Ella estaba tan húmeda, extremadamente jugosa por su necesidad. Ese fluido contenía la misma hormona que secretaban las glándulas de su lengua, sólo que menos potente.

Catch Me Cap: 9

—¡Mataré a los jo/didos bastardos!—furioso, Nicholas forzó la pesada longitud de su po/lla de vuelta a sus pantalones. Rápidamente cerró el material, se abrochó correctamente el cinturón y cogió uno de los rifles de la pared junto con un cargador.
Él colocó de un golpe las municiones en su lugar, lo comprobó y se apartó rápidamente de ella.
—Nicholas—agarrando su cinturón y su arma enfundada del estante, Miley saltó al piso y se apresuró detrás de él.
—Quieta—él se volvió hacia ella, sus ojos resplandeciendo.—Después de que mate a cualquiera que se haya atrevido a disparar esas sirenas, estarás jod/ida, Miley. Acéptalo y estate malditamente preparada para ello. Porque no voy a esperar mucho más.
Miley se quedó quieta, asombrada, mientras le veía desaparecer tras la puerta. Perdió preciosos segundos mientras peleaba por intentar encontrar sentido a lo que había sucedido y a la repentina furia de Nicholas. La hormona.
Un grito se desgarró en su garganta mientras salía a la carrera tras él, sacando su revolver de su funda mientras alcanzaba la puerta a tiempo de ver el Jeep girando en la pequeña zona de aparcamiento frente al cobertizo. Agarró fuertemente la unidad de comunicación de su cinturón y la ajustó a su oreja mientras corría hacia otro Jeep.
—¡Informe!—ella gritó en el micrófono cuando lo colocó en sus labios.
—Tenemos intrusos—Tamber mantuvo el control mientras informaba a Miley.—La brecha ha sido en las puertas principales. Repito, tenemos una brecha. Todas las unidades disponibles al recinto principal. Tenemos una brecha.
Las sirenas estallaban mientras las Especies iban saliendo de los barracones y corrían a pie o en Jeeps hacia las puertas principales donde una larga, negra y estirada limusina había conseguido romper la barrera.
—¡Que alguien detenga a Nicholas!—gritó Miley en el micrófono.—¿Callan, dónde diablos estás?
Ella estaba casi al borde de las lágrimas mientras golpeaba el Jeep para que parara, a casi un acre de donde la limusina estaba rodeada.
—Callan, maldito seas. Coge a Nicholas. Ahora. No es racional. Callan, ¿dónde estás?
 Ella recorrió la distancia mientras las voces se alzaban y se iban tomando posiciones rodeando el vehículo.
—¡Miley, quédate abajo!—Callan ordenó repentinamente, su voz dura a través del micrófono.—Mantente atrás. Nicholas está controlado. Vete a la casa con Cassie. Necesitamos a Merc aquí fuera.
Ella se detuvo ante el tono de advertencia en la voz de Callan. Su pecho se tensó con miedo. Merc era el más fuerte de las Especies. Seis pies y medio, su cuerpo circundado de músculos. Él era también el tirador más fino en el recinto. Adiestrado como un asesino, hasta ahora nadie podía golpear su objetivo. ¿Qué diablos ocurría que necesitaban a Merc?
Ella cambió de dirección hacia la casa, encontrando a Merc mientras él salía de ella, con el rifle en la mano.
—Merc—ella se paró, quedándose mirándole fijamente, aterrorizada.—Nicholas…
—Entra con Cassie, Miley. Nicholas puede cuidarse—él se apresuró tras ella, corriendo hacia la torre en medio del patio.
El nido del francotirador. Miley rechinó sus dientes furiosamente mientras entraba corriendo en la casa, sólo para ser recibida por el inconsolable llanto de Cassie mientras gemía pidiendo a su mami en los brazos de Merinus.
Varios de los más jóvenes de las Especias permanecían dentro del recinto atestando el vestíbulo, clavando los ojos en ella, buscando directrices.
Ella cambió el canal en el equipo de comunicaciones rápidamente, yendo directamente a una línea privada con Tamber. El acceso a la línea era sólo para los que tenían los más altos niveles de seguridad.
—¿Tamber, qué demonios ves?—la colocación de Tamber dentro del cobertizo de comunicaciones le ponía en condiciones de ver todo.
—Tenemos la limusina rodeada sin ningún movimiento hasta ahora—informó.
Miley se trasladó a una de las largas ventanas delante de la puerta, observando cuidadosamente la actividad afuera. Estaban demasiados lejos de las puertas principales para ver exactamente lo que ocurría, pero con más de cien Especies rodeando el vehículo, no iban lejos. Eran blancos facilísimos para la furia de Nicholas.
—Obtén para mi una línea directa con Callan—ordenó.—Esto es prioritario, Tamber. ¡Tengo que hablar con él ahora!
El control de Nicholas había sido inexistente cuando salió del cobertizo. La hormona había hecho estragos en su lógica. Normalmente templado, su control había estado fuera de vista cuando él la dejó.
—La línea directa… en…—Tamber respondió mientras el bajo zumbido indicaba el cambio.
—Callan. Maldita sea, ¿estás ahí?—no podía aguantar el miedo creciendo dentro de ella.
—Rápido, Miley—él lanzó tersamente la respuesta, dándole a ella el visto bueno para atrapar su atención por valiosos segundos.
Ella giró en el cuarto, respirando rudamente, la furia y la violencia brillando a través de su sistema.
—Él me besó, Callan—le dijo rápidamente.—Él no era racional cuando dejó el cobertizo, quizá no sea razonable ahora. Tienes que sacarlo de allí.
El silencio era grueso, discordante con el zumbido mecánico de la unidad mientras ella esperaba.
—Hijo de pu/ta, si su oportunidad no apesta…—él maldijo.
Miley no podía estar más de acuerdo. Pero Nicholas nunca había tenido la idea de cualquier otro de un horario. Siempre había ido por libre, como quiera que hubiera conseguido manejarlo. Tal y como había hecho esta vez.
—Estoy de acuerdo—ella lanzó.—Ahora sácale de allí.
Un segundo más tarde, _Miley se tensó, sus ojos ampliándose mientras se disparaban tiros y un infierno se desataba dentro y fuera.
—¡Cassie, no!—el grito asustado de Merinus precedió a un manojo pequeño de determinada energía cuando ella se apartó de los brazos de Merinus y fue hacia la puerta.
El aullido de un lobo joven enfurecido se hizo eco a través de la casa un instante antes de que ella evadiese el agarre de Miley, torciera claramente hacia la puerta y volara fuera hacia la soleada pesadilla que la esperaba.

 

Horas más tarde, Nicholas todavía podía sentir el sobrecogedor terror que le había llenado cuando oyó el anuncio a gritos de que Cassie había escapado de la casa. Al mismo tiempo, a uno de los jóvenes de las Especies le entró el pánico y envió una ráfaga de balas mientras la puerta de la limusina empezaba a abrirse. Una niñita, más de cien pseudoanimalísticos guerreros endurecidos en la batalla y nadie había podido cogerla antes de que se metiera en el oscuro interior del coche un segundo antes de que la puerta se cerrara de golpe.
Nicholas estaba sentado a solas ahora, la escena repitiéndose en su mente mientras las cercanas consecuencias de las acciones de ella golpeaban su cerebro. Ella pudo haber muerto. Allí mismo, delante de sus ojos, ese precioso manojo de energía podía haber muerto.
Se puso de pie con una ola de energía, restringida, vibrando con violencia mientras metía sus puños en los bolsillos de los vaqueros, ignorando el relámpago de dolor en su inflamada po/lla ante la tensión del material.
Primero, había fallado al proteger a su propio hijo no nacido y ahora casi había fallado con Cassie. No importaba que la situación se hubiera hecho rápidamente difusa y los intrusos hubieran resultado ser el irritado medio hermano de Roni, Seth Lawrence, y su largamente perdido padre.
Las Especies podrían haber echado a los intrusos de la propiedad, nadie lo hubiera cuestionado, y luego arreglar una reunión fuera de la hacienda entre Roni y su hermano. Esta opción ya no era posible. Cassie lo había impedido.
—Cassie todavía está llorando—Merinus salió al porche, su voz suave en la creciente oscuridad mientras Nicholas se volvía hacia ella.
Nicholas encorvó sus hombros contra la culpabilidad que lo devoraba vivo.
—Al menos está viva para llorar—finalmente contestó, tan malditamente enfadado consigo mismo, con Miley y con una niña inocente que a penas podía darse cuenta de lo que pasaba. Él todavía podía verla corriendo, su cara llena de lágrimas, el miedo contorsionando su expresión en una mueca mientras se lanzaba contra los hombres y las mujeres que intentaban detenerla antes de que desapareciera en lo que podían haber sido los brazos del enemigo.
—Ella se está poniendo enferma, Nicholas—le dijo Merinus mientras se acercaba más a él, inclinando su embarazado cuerpo contra su costado.—No es más que una niña pequeña. Una que cree en sí misma tanto como para hacer lo que siente que está bien. Sabía que no había peligro…
—No, maldita sea—maldijo él rudamente.—Ella no sabía nada de eso, Merinus. Podía haber muerto…—el se rompió, sacudiendo su cabeza mientras se apartaba de ella.—Demonios. Viví un millar de muertes cuando Miley nos alertó de que estaba fuera. Las balas rasgaban alrededor como si fuera una maldita zona de guerra y ella se lanza a sí misma dentro de un vehículo desconocido. Si hubiera tenido algo para vomitar, creo que lo hubiera hecho entonces….
Él se apartó de ella. Había zurrado a Cassie. Sacudió la cabeza contra ese conocimiento. Cuando la tuvo de vuelta en sus brazos la había llevado derecha a su habitación, la había colocado de pie y la había zurrado dos veces antes de ordenarle que fuera derecha a la cama. Luego había gritado a Miley. Duras, amargas palabras que habían salido de su pecho mientras veía como los ojos de ella se volvían blancos de asombro.
Se suponía que tenías que mantenerla contenida. Malditos demonios, había cuatro de vosotros vigilándola. ¿No hubiera podido uno de vosotros mantenerla contenida durante diez jo/didos minutos? Le había lanzado las palabras furiosamente.
—Dios, soy un bastardo—murmuró.—No soy sólo un *beep*, Merinus. Soy el peor bastardo que alguna vez ha existido. Alguien debería dispararme.
Ella suspiró pesadamente detrás de él.
—Eres humano—dijo finalmente suavemente.—Sé que compartiste un beso con Miley. Puedo imaginar lo que estás pasando sin la carga de proteger a todos que has colocado sobre tus hombros, Nicholas. No puedes protegernos a todos tú solo. La mie/rda pasa. Eso es lo que solías decirme a mí. Todo lo que puedes hacer es estar tan preparado como sea posible cuando se descargue y pasar a través de la peste de la mejor manera que puedas.
Él gruñó ante eso. Era un arrogante asno autoritario, daba la impresión. Miró fijamente hacia el oscurecido patio, hacia la alta cerca que se extendía bajo la línea del bosque, los guardias vigilando el área. Era como una campo armado, no mucho mejor en sus restricciones que lo que habían sido los laboratorios del Consejo.
En lo más lejano del complejo principal, las luces brillaban en una de las pequeñas casas de huéspedes. Seth Lawrence, su padre y su conductor estaban ahora bajo estrecha vigilancia mientras Taber y Dawn intentaban convencer a Seth y Aaron Lawrence de que ahora mismo, a Roni no se le diría quiénes eran o por qué estaban allí.
No era tanto porque Seth Lawrence hubiera hecho caso omiso a todas sus demandas de esperar antes de forzar ese encuentro. Eran los malditos pelos de la nuca de Nicholas. Se habían erizado en advertencia, haciendo que su nuca sufriera una picazón que no se iba. Estaba de acuerdo con los miedos de Taber sobre no permitir todavía ese encuentro. La salud física de Roni había sido precaria la primera vez que llegó al complejo.
La mayoría del tiempo ella había afrontado el calor copulativo junto con el cansancio extenuante, y los excesos sexuales y el resultante embarazo la habían agotado. Pero no era ésa la única preocupación de Nicholas sobre los Lawrence. La oportunidad estaba acabada. Dos mujeres compañeras embarazadas, la única niña de la Especie de los Lobos viva que se conocía allí con ellos, y ahora esto.
—Demonios. Vi a Cassie correr hacia ese coche y ¿sabes lo que pasó por mi mente, Merinus?—preguntó dolorosamente.
Merinus suspiró profundamente.
—Que habías fallado—ella le sorprendió con esa respuesta.—No pudiste proteger al tuyo, y ahora no habías protegido tampoco a Cassie.
Él se volvió lentamente hacia ella.
—Sí—dijo, respirando con dificultad.—¿Pero cómo lo has sabido?
—Porque es lo mismo que Miley me dijo antes de encerrarse en su habitación—le respondió ella gentilmente, obligándole a abrazarla mientras se movía hacia sus brazos.

Catch Me Cap: 8

El beso la destruyó. Los gritos silenciosos de protesta, de miedo, rebotaron a través de su mente, pero por su cuerpo, su carne, ignoró cada ruego demandante de parar. La lengua de él se introdujo en su boca, un alivio refrescante contra el fiero dolor de la suya, tan tentadora, tan tranquilizadora que ella estuvo perdida.
No fue como nada que ella hubiera sentido antes; incluso ese primer beso que habían compartido hacía tanto tiempo fue sólo una débil variante de éste. La debilitó, hizo que sus sentidos gritaran con el creciente calor que corría a través de su cuerpo, estallando en su vientre y creciendo incluso más brillante.
Una conflagración creció dentro de ella cuando sus labios y lengua se combinaron para volverla loca por la hambrienta sensualidad que azotó su cuerpo. Ella no podía oponerse a él tanto como a sí misma. No mientras sus labios cubrieran los de ella. Su lengua tentaba y acariciaba, enloqueciéndola con la necesidad de sentir sus labios retorciéndose sobre los de ella, llegando a la carne inflamada de la lengua, aliviándola de la hormona que ahora pulsaba y latía dentro de sus glándulas hinchadas.
Años de necesidad, de demanda brutal causada por la naturaleza misma de lo que ella era subieron a la superficie. La batalla por la supremacía empezó entonces. Su lengua se enredó con la suya, pero no era lo que ella necesitaba. Acarició y enfrió la carne de su propio ardor, pero, de nuevo, ella necesitaba más. Luchó para empujarlo, para ganar el control, para alcanzar la victoria de encerrar sus labios, chupándolo con su boca, aliviando las glándulas tortuosamente hinchadas que parecían llenarse aún más.
Sus manos se apretaron en su pelo, sosteniéndola contra él, sin embargo había algo más, no cualquier necesidad. Sus brazos trenzadas alrededor de su cuello, sujetándole cerca, sus uñas metiéndose en su cabello con la cordura resbalando aún más y más lejos.
Su anhelo por él creció. Su sabor, su toque. Se convirtió en una tempestad rugiente, apartando los temores, las objeciones y la razón, mientras el calor incandescente estallaba a través de su cuerpo.
Con un grito victorioso, ella empujó su lengua dentro de sus labios y se disolvió. Instantáneamente Nicholas estaba allí. Sus labios la atraparon, su boca atrayéndola. La hormona atrapada dentro de las glándulas inflamadas se vertió libremente mientras sus caderas avanzaban, su pe/ne empujando fuerte e insistentemente contra la húmeda tela de sus pantalones, la protuberante cabeza dividiendo los labios de su co/ño mientras presionaba en su interior tan profundamente como el material permitía.

Miley trataba de frotarse ahora contra su cuerpo. El embelesado placer que se esparcía a través de ella mientras Nicholas ama/mantaba su lengua estaba conduciéndola casi más allá de lo que ella podría resistir. Su co/ño derramó su gruesa esencia contra la cabeza de su pe/ne, atrapada en tela. Sus manos lo acercaron a ella, su cabeza cayendo hacia atrás mientras él luchaba por obtener cada gota del afrodisíaco de ella.
En lo profundo de su mente ella sabía que el terror vendría más tarde. El miedo por Nicholas, le enviaría a ella cada miedo que alguna vez había conocido. Por ahora, sin embargo, sólo existía su beso, sus gruñidos de creciente excitación masculina, su po/lla endurecida presionando contra su co/ño, sus manos apartando su top, el dolor aliviándose en su lengua pero creciendo en su vientre.
Sus ojos lucharon por abrirse cuando él apartó su cabeza de ella. Un quejido escapó de ella, el miedo asomando ante el calor que crecía entre ellos. La cara de él estaba enrojecida, pesada ahora con lujuria, sus ojos casi negros, dilatados por el efecto instantáneo de la hormona absorbiéndose en su sistema.
—Nicholas—ella murmuró su nombre con un atisbo de desesperación mientras él la obligaba a bajar los brazos y luego tiraba del top sobre sus hombros. El elástico material se estiró apretado, obstaculizando sus movimientos mientras sus pechos asomaban por el borde de la tela sintética.
—No hables—sus manos levantaron los montículos inflamados.—Cada vez que hablas piensas. No pienses, jod/er, Miley, sólo siente.
—¿Qué has hecho, Nicholas?—ella se estremeció mientras su lengua golpeaba un duro y extremadamente sensible pezón.
—Lo que debería haber hecho seis meses atrás—él gruñó, asombrándola con la cólera escondida detrás de sus palabras, la necesidad vibrando en su voz.—Maldita seas, Miley. ¿Cómo sobreviviste a esto sola, nena? Dulce nena… Si no te tengo moriré ahora mismo.
Ella gritó mientras el hambre se volvía voraz. Sus labios rodearon su pezón, agarrándose a él fuerte y profundamente mientras sus manos se dirigieron a la cintura de sus pantalones ajustados. Su pe/ne latía, la cabeza literalmente pulsando mientras trataba de enterrarse más profundo en su co/ño, de vencer al material de sus pantalones entre ellos, amenazando con rasgar la tela mientras su co/ño se calentaba destructivamente.
La hormona. Miley lloriqueó mientras el placer gritaba a través de su cuerpo. Su boca agarró su pezón, sus dientes raspando, la lengua lamiendo, mientras un puño brutal de sensaciones tensaba su vientre.
¿Cómo funcionaría él? ¿Cómo lo haría ella? El calor era proporcionalmente más fuerte en ella que lo que había sido en Merinus. El agonizante dolor pronto se rasgaría a través de su vientre mientras su cuerpo batallaba por concebir. Era un hueco inútil, y no importaba cuán fértil la hormona quisiera hacerla, nunca podría sostener nueva vida.
Sin embargo, el pensamiento de la nueva vida que ella nunca podría ayudar a crear fue destruido por su toque. Él estaba descontrolado. Ellos estaban descontrolados. Sus manos fueron duras mientras peleaba por deslizar sus pantalones sobre sus caderas mientras la mantenía apretada contra él, un fuerte y fiero gruñido saliendo de su garganta.
Nicholas la mantuvo segura, su boca, sus dientes y su lengua atormentando la carne dura que él tenía cautiva. Su pezón estaba volviéndose tan sensible, tan inflamando que el placer era casi un dolor, empujándola más alto mientras la sobrecogía.
Ella podía sentir su corazón corriendo a velocidad, la sangre borboteando a través de sus venas mientras sus dientes raspaban sobre la cresta enhiesta antes de agarrarla amablemente, manteniéndola cautiva mientras su lengua daba un golpecito sobre ella en una demanda hambrienta.

Miley se contorsionó en sus brazos. Ella necesitaba estar más cerca. Podía sentir la masa remolineante de sensaciones creciendo en su vientre, pulsando con una demanda que no podía negar. No por más tiempo.
Sus brazos estaban amarrados a su cuerpo por la tela tensa de las mangas de su top, pero su mano alcanzó escapar, agarrando los musculosos antebrazos de Nicholas mientras él consumía sus pechos.
Él introdujo la dura punta más profundamente en su boca, succionando con movimientos fuertes, hambrientos mientras su lengua continuaba atormentándola. Ella podía sentir cada golpecito rápido de su lengua llevándola más cerca de la inconsciencia. Estaba indefensa para luchar contra eso. Indefensa contra eso.
—Por favor…—ella lloriqueó, pero no supo si la súplica era para que él parase o la tomase más profundo.
Su cabeza retrocedió mientras ella jadeaba por respirar, estremeciéndose mientras sus dientes raspaban la punta tierna, enviando blancas y calientes llamaradas desde su pecho hasta su vientre hasta que se convulsionó en un caliente y agonizante éxtasis. Sus gritos resonaron alrededor de ella mientras ella se tensaba, se estremecía, clavando sus uñas en los fuertes brazos que sujetaba mientras campanas y sirenas comenzaban a aullar a su alrededor.
¿Sirenas?
La boca de Nicholas liberó su pezón con una sensación de suave deslizamiento mientras levantaba la cabeza, un gruñido saliendo de sus labios mientras Miley repentinamente se daba cuenta de que las sirenas venían del exterior. Advirtiendo, estridente, el sistema de alarma aulló a través del recinto, resonando alrededor de ellos mientras las voces que se alzaban fuera del cobertizo finalmente penetraban en la neblina de lujuria que los envolvía.
La mirada de ella voló hacia él, sus manos tratando de alcanzarle mientras su cerebro reconocía el hecho que ahora existía peligro rodeándolos. Peligro para los ocupantes de la casa, Cassie, Merinus y Roni y sus bebés nonatos. La mente de ella peleó para aceptar la repentina interrupción, la necesidad de proteger en vez de fo/llar, la necesidad de luchar en vez de tocar.
El último pensamiento fue como un cuchillazo en su alma mientras Nicholas repentinamente apartaba los tirantes del top de sus hinchados pechos hacia sus hombros y ella se ajustaba el escote. Él luchaba por controlarse a sí mismo. Ella lo podía ver en la emoción rugiente brillando intensamente en sus ojos dilatados, la mueca de disgusto que tensaba su enrojecida cara mientras la furia comenzaba a envolverle.