martes, 23 de abril de 2013

Destiny - Cap: 9


Destiny lloró por aproximadamente cinco minutos antes de hablar. –Estabas de tour la primera vez que lo hice… Fue en Acción de Gracias hace dos años… -Dejó escapar un sollozo-. Pero tenía miedo, así que… No me hice daño en realidad…  La escuela se volvía cada vez más estresante y no lo toleraba…–El cuerpo completo le temblaba-. ¡Lo hago porque necesito tener el control de lo que siento y lo que no! ¡Porque el dolor físico es lo único que puede llenar el vacío que tengo dentro! ¡Lo hago porque lo merezco, porque soy un total fracaso!

Mientras ella hablaba, Nick descansaba su frente contra el volante, y lo apretaba con fuerza con las dos manos, tanto, que estaban rojas.

-¡Sé que no soy la hija que mamá y tú esperaban! No hago deportes, ni toco ningún instrumento. No soy sociable, y si no fuera tan cobarde hace tiempo habría acabado con mi vida…

Al escuchar aquello, Nick abrió la puerta del auto y salió de él. Se alejó un poco y Destiny lo escuchó gritar. Fue un grito de rabia, impotencia y desahogo. Un grito que salió de lo más profundo de su garganta.

Cuando volvió a entrar, Destiny notó su rostro enrojecido y como apretaba la mandíbula. Arrancó el auto y no dijo nada en todo el camino. Ella tampoco se atrevió a abrir la boca.

Antes de bajarse del auto en el estacionamiento del departamento, Destiny lo enfrentó. -¿Estás molesto conmigo?

Nick negó con la cabeza. –Estoy molesto conmigo… -La voz apenas le salía de la garganta-. Nunca pensé que… te sintieras tan miserable.

-Para que veas que no vivo en un mundo rosa. –Tomó su iPod y su celular y se bajó del auto.

Estuvieron en silencio en el ascensor y cuando entraron al departamento, Destiny se fue a su cuarto.

Nick se sentó en el sofá de la sala con una botella de whiskey escocés que acababa de tomar del mini bar. Miley llegó aproximadamente una hora después.

-Hueles a alcohol… -Miley le dijo cuando le abrió la puerta.

Nick volvió al sofá y alzó la botella para que la viera. -¿Gustas?

Ella se cruzó de brazos. -¿Qué es lo que pretendes?

-Se corta desde los catorce.

-¿Qué?

-Destiny… Y nunca nos dimos cuenta.

-No puede ser… -Se cubrió la boca con las manos.

-Mañana a primera hora voy a llamar a ese psicólogo.

Miley se sentó junto a él. –Tengo miedo…

-Nadie dijo que sería fácil.

-Tampoco nadie dijo nunca que sería tan difícil.

Nick no quiso volver a tocar el tema con Destiny, tampoco quería que Miley lo hiciera, había sido suficiente por un día.

-Será mejor que me vaya… -Miley le dijo a Nick-. Tengo que trabajar mañana.

-Por favor, quédate… Es tarde.

Ella trató de ocultar su sonrisa. –No quiero terminar como anoche.

Nick alzó las manos. –Prometo que me mantendré al margen.

-Nick…

-¿Qué es lo que hablaste con ese hombre?

-¿Con Josh? Le dije que necesitaba tiempo, que no podía tener una relación con el ahora.

-¿Eso les dices a todos? –Preguntó divertido.

Miley suspiró. –Solo para calmarlo por un tiempo…
-¡No! ¡No me toques! –Se escuchó la voz de Destiny desde su cuarto-. ¡Mamá! ¡No, no! ¡Suéltame!

Miley y Nick corrieron a la habitación, para encontrarse a Destiny dormida, revolviendose en la cama.

-Despiértala con cuidado, Nick…

Nick la estabilizó, abrazándola con delicadeza. –Dess… Dest… -La sacudió ligeramente-. Es un mal sueño… Dest…

Los ojos café de Destiny se abrieron de repente, estaba sudada y el corazón le palpitaba a mil. –Papá… -Dijo al asegurarse de que era Nick quien estaba  a su lado.

-Tranquila… -La besó en la frente-. Fue solo un sueño…

Destiny se incorporó, volviendo poco a poco a la normalidad. –Solo un sueño.

Miley se acercó. -¿Por qué no vas a darte un baño, corazón?

Destiny la miró con amargura. –Quiero que te vayas.

-Destiny…

-¡No te quiero cerca de mi! –Saltó de la cama-. ¡Te odio! –Se encerró en el baño.

Miley no dijo nada. Se sentó en el borde de la cama con el rostro entre las manos.

-Está muy alterada. –Nick le dijo, sentándose junto a ella.

Miley alzó las manos. –No soy de hierro, lo siento. –Se levantó-. Me voy a casa.


Eran alrededor de  las siete cuando Nick abrió los ojos, estaba sudado porque había olvidado encender el aire acondicionado. Todavía tenía la ropa del día anterior. Se encontró a Destiny comiendo cereal en la cocina.

-¿Qué es lo que pasa con tu mamá? –Le preguntó como todo saludo.

-¿De qué hablas? –No se molestó en levantar la vista de su teléfono.

-Dame el teléfono. –Le extendió la mano.

Destiny lo miró. -¿Qué?

-Que me des el teléfono.

-Papá…

-No te estoy haciendo ninguna pregunta, ni me interesa tu opinión. Quiero que me des el teléfono, y quiero que me lo des ahora.

Destiny se lo dio, sin estar segura de lo que Nick pretendía. Él lo apagó, y lo puso en el bolsillo de sus jeans.

-Cuando aprendas a comportarte con respeto, lo vas a tener de vuelta.

-¡No puedes quitarme el teléfono!

Nick se cruzó de brazos. –Puedo y lo hice. Me voy a bañar, cuando esté listo te llevo a la escuela. –Desapareció por el pasillo.

-¡Maldita sea! –Destiny apretó los puños-. ¡Maldición! No puedo estar sin mi teléfono, no puedo… ¿Cómo me voy a comunicar con Taylor mientras esté en la escuela?

Nick volvió alrededor de diez minutos después. Llevaba puestos unos jeans grises, una camisa a cuadros y un cárdigan color kaki. –Vamos.

Destiny tomó su mochila y lo siguió fuera del departamento.

No hablaron en todo el camino, antes de bajarse frente a la escuela, Destiny se giró hacia él. –Lamento… Lo que le dije a mamá.

Nick no la miró. –En la tarde la llamas y le dices.

-Se siente extraño que seas tú el duro… Siempre es el trabajo de mamá.

Él se aclaró la garganta. –Se te hará tarde.
Luego de dejar a Destiny se detuvo en Jack’s & Joe a comprar desayuno para dos. Después condujo a la boutique de Miley. Había unas cuantas mujeres viendo vestidos cuando entró.

Primero posaron su vista en el portavasos y la bolsa de papel que traía en las manos, luego miraron fijamente su cara, olvidándose por completo de los vestidos.

-¿Puedo ayudarlo en algo? –Una joven rubia de baja estatura se acercó a él.

-Me gustaría ver a Miley, si es posible.

-Deme un segundo. –Tomó un walkie talkie del bolsillo trasero de su falda-. Miley, un cliente quiere verte. ¿Vienes o le digo que pase?

-Estoy muy ocupada ahora. Pregúntale si puede venir más tarde.

La joven miró a Nick, esperando su respuesta.

El no dijo nada y se encaminó a la parte trasera, por el pasillo donde estaba la oficina de Miley.

-¡Espere! ¡Ella no puede…!

Nick la ignoró.

Cuando abrió la puerta de la oficina, Miley estaba sentada detrás de su escritorio, tecleando su computadora, mientras Marcelle tomaba café en uno de los sofás.

-¿Nick? –Dijo al levantar la vista.

Marcelle se giró a verlo. –Oh wow… -Murmuró.

-¿Desayunaste? –Alzó lo que traía en las manos.

Miley no dijo nada.

-Bueno… -Marcelle se levantó-. Los dejo, gusto en verte, Nick. –Dijo antes de salir.

-Igual. –El asintió.

-¿Qué estás haciendo aquí? –Le preguntó cuando estuvieron solos.

Miley tenía puesto un vestido camisero de color azul grisáceo de mangas tres cuartos que le quedaba a mitad de muslos, un cinturón marrón en la cintura y sandalias del mismo color.

-Te traje de desayunar. –Puso las cosas sobre el escritorio.

-Nick, tengo mucho trabajo.

-Y también un estómago que llenar.

Miró la bolsa de reojo. -¿Jack's & Joe?

Nick asintió y se acercó a ella, tomándola por la cintura. –Recordé que es tu favorito.

-¿Cómo amaneció, Dessie?

-Le quité su  celular.

-¿Por qué? –Lo miró extrañada.

-Por lo que te hizo anoche…

-Tengo miedo que se sienta mal e intente… -Descansó las manos sobre el pecho de Nick-. Tú sabes…

-La vamos a llevar esta tarde con el psicólogo.

-¿Y si no quiere?

Nick suspiró. –Dame un respiro, Miley.

Ella le rozó la nuca con los dedos. –Estás tenso.

-¿Cómo sabes?

-Te tiembla esto aquí. –Con un dedo de cada mano masajeó las sienes de Nick-. Y se te oscurecieron las pecas… -Le acarició la base de la nariz con su dedo índice-. Muy pocas personas notan estas pecas en tu nariz…

Nick sonrió. -¿Se me oscurecen las pecas cuando estoy tenso?

Ella asintió.

-Vaya… -Se sentó en la silla de Miley y la atrajo hacia él, hasta que estuvo sentada sobre su regazo.

Estuvieron en silencio por largos segundos.

-¿Qué es lo que más te gustó de mi? –Miley le preguntó a Nick.
El la miró extrañado. -¿Lo qué más me gustó?

-Síp.

-¿De ti?

-¡Sí!

-Me enamoraron tus ojos.

-¿Mis ojos?

Nick asintió. –Pero como hombre que soy, debo admitir que no fue la primera cosa que vi.

-¿Y que fue lo primero?

Él trató de contener su sonrisa, mordiéndose la lengua. –Aquí… -Deslizó sus manos al trasero de Miley.

Miley rió. -¿En serio?

-Sí, la primera vez que te vi, soñaba con arrancarte esos shorts que estabas usando.

-¿Recuerdas los shorts? Eran mis favoritos.

-Eran bastante provocadores.

-No me caías nada bien cuando te conocí. Tenías esa actitud de estrella de rock estirada y arrogante.

-¿Arrogante yo?

Miley sonrió. –Era usted bastante arrogante, señor Jonas. Pienso que todavía lo eres, quiero decir… Eso es lo que dejas ver a quienes no te conocen en realidad.

-Pero, tú me conoces.

-Y muy bien.

Nick la besó en la frente. –Se nos va a enfriar el desayuno.

 *****

-¡Destiny! –Ashley Kowalski, la diva de North Hollywood detuvo a Destinee en el pasillo.

Destiny la miró extrañada. -¿Si?

Ashley se aclaró la garganta, mirando a su alrededor. –Tengo una fiesta este miércoles por la noche, ¿Quieres venir?

-¿A tu fiesta? –La miró con incredulidad-. ¿Por qué?

Ashley sonrió exageradamente. -¡Vamos! ¡Será divertido! –Vio a algunas de sus amigas acercarse por el pasillo-. Bueno… ¡Debo irme! –Avanzó a pasos rápidos hacia sus amigas.


-¿Qué diablos? –Destiny murmuró para sí, mientras se ponía un mechón de cabello detrás de la oreja.

-¿Vas a música? –Douglas se apareció junto a ella. Llevaba su saxofón colgado al hombro.

Ella asintió. -¿Tocas el saxo?

Él sonrió de lado. –Hemos estado juntos en esa clase por los últimos dos años, y apenas lo notas.

Destiny desvió la vista. –No suelo fijarme mucho.

-Si sabes la razón por la que Ashley te invitó a su fiesta...

-Ni la más mínima idea.

-Quiere que la invites a tus dieciséis, con eso de que vas a pasar tu fiesta por MTV.

-¿MTV?

-Sí, todos en la escuela están enterados… Te lo digo porque seguramente van a tratar de hacerse tus amigos y…

-¿Por qué te importa?

-Ouch. –Douglas sonrió-. Solo quería advertirte.

-No necesito tus advertencias. –Aceleró el paso hacia el salón de música.
 Todos estaban en sus asientos, a excepción de ella y Douglas. La maestra se veía algo desorientada. Era una señora de unos cincuenta años que vestía como si los tiempos no hubiesen modernizado.

-Jonas, Booth, llegan tarde. –Los miró por encima de sus gafas.

-Nada personal, señorita Flannery. –Le dijo Douglas con una sonrisa mientras tomaba su asiento.

Y es que el moreno de ojitos grises conquistaba a cualquiera con aquella sonrisa de "yo no fui". A cualquiera excepto a las chicas de North Hollywood. Era el tipo de chico con muchas amigas, pero ninguna lo suficientemente interesada en el. Nadie se daba a la tarea de mirar detrás de aquellas gafas de marco grueso. 

La maestra sonrió. –Ya que están todos, quiero que sepan que tanto yo como el señor Wain, el otro maestro de música, estamos preparando un evento especial para celebrar el 85 aniversario de nuestra preciada escuela.

Algunos estudiantes comenzaron a abuchear.

-¡Vamos, chicos! ¡Será divertido! –La maestra dio un pequeño salto de alegría-. Vendrán personalidades que se graduaron aquí como Brian Austin Green, Alyson Hannigan, Morgan Webb. –Juntó las manos complacida-. ¡La banda tocará! ¡Será perfecto!

Alex, el chico que Destiny amaba en secreto, levantó la mano. -¿Todos tocaremos?

-Haré audiciones, pero estoy segura de que todos están preparados. Señorita Jonas…

Destiny fue despertada de su ensueño. -¿Si?

-¿Tiene usted contacto con su padre todos los días?

Ella la miró extrañada. Toda la clase centraba su atención en ella. Odiaba ser el centro de atención. ¿Qué le importaba si veía a Nick todos los días? –Umm… Sí…

-¡Genial! –La maestra sonrió-. Estaba conversando con el comité hace rato, y nos preguntábamos si… Habría alguna posibilidad de que le pidieras a tu padre tocar en el evento con su banda…

-Bueno… No lo sé… Siempre está muy ocupado, no creo que tenga tiempo de tocar en una escuela…

-Ya sé, ya sé… Pero como su hija, estoy segura de que tienes cierta influencia sobre él. ¡Apuesto a que puedes convencerlo!

Destiny apretó los puños, estaba comenzando a sentirse ansiosa. –Veré que puedo hacer.

-Sería genial si The Administration tocara en la escuela, Jonas. –Alex le dijo.

Destiny sintió sus orejas arder, y el rostro se le puso colorado. –Haré lo posible por convencerlo.

-Mañana te dejo saber la fecha exacta. –La maestra sonrió y luego comenzó la lección.

Destiny se pasó el resto del día llena de ansiedad, solo pensaba en llegar a casa y comunicarse con Taylor. Cuando salió de su última clase a las 3:04, se dirigió a su casillero, y tomó todas las cosas que se iba a llevar  a casa.  En la puerta principal había un par de paparazzi y un considerable numero de estudiantes amontonados, buscando sus quince minutos de fama. Todos haciendo sus historias de lo “bien” que conocían a Destiny, y lo mucho que disfrutaban de su compañía.

Antes de salir, se subió la capucha de su sudadera, y trató de pasar inadvertida en medio de la multitud.

-¡Ahí va! –Oyó a un chico gritar, y sintió los flashes sobre ella.

Vio la camioneta de Nick aparcarse junto a la acera, el salió de ella a toda prisa y caminó en su dirección, obteniendo así la atención de los paparazzi.

-Nick, ¿es cierto que has vuelto con tu ex esposa?

-¿Terminaste tu relación con Camilla Kerlaske?

Nick tomó a Destiny por los hombros y la apoyó contra su cuerpo mientras se hacían paso entre los molestos estudiantes, de vuelta a la camioneta.

-Nick, ¿nos permites unas fotos?

-Les voy a permitir unas fotos cuando dejen a mi hija fuera de esto. –Dijo, bastante molesto, sin detenerse.

-¿Permitirías a tu hija seguir tus pasos?

-Nick, ¿cómo te sientes al ser nominado a los Grammy's una vez más?

-¿Crees que ganes este año?

Nick no contestó. Abrió la puerta del copiloto y ayudó a Destiny a entrar, luego dio la vuelta, y tan pronto estuvo adentro, arrancó la camioneta.

-Disculpa… -Dijo cuando estuvieron alejados.

-No es tu culpa… -Destiny admitió.

-Destiny, cuando lo decidas, puedes volver a un colegio privado.

Ella negó con la cabeza. –Fue mi decisión. Voy a estar bien.
Nick asintió. -¿Cómo te fue hoy?

-Aparentemente todos saben acerca de mi fiesta… La cual va a pasarse por MTV…

-Es imposible detener los rumores. Me lo propusieron y yo quedé en avisarles, pero no he vuelto a tocar ese tema.

-¿Qué edad tenías cuando te graduaste de la secundaria?

-16.

-¿Puedo tomar clases en casa?

-No. –Respondió naturalmente.

-¿Por qué no?

-Porque no es lo mismo, y porque no tienes necesidad. Pero, como te dije, puedes transferirte a un colegio privado cuando gustes. Estoy seguro de que volverán a aceptarte con gusto.

-Lo pensaré. –Recostó la cabeza de la ventanilla.

-Destiny… Voy a llevarte con un psicólogo.

-¿Un psicólogo? –Lo miró extrañada-. No estoy loca.

-Sé que no lo estás, pero necesitas ayuda que no te podemos dar tu mamá y yo.

Destiny suspiró. –Está bien… Iré con el psicólogo  si eso te hace feliz. –Necesitaba mantener a Nick contento, sabía lo duro que podía llegar a ser-. Papá… Maroon5 va a dar un concierto en Los Angeles…

-¿Maroon5? ¿En serio?... ¿Quieres ir?

Ella asintió. –Más que nada.

-Adam es un gran tipo. Hace días que no hablamos.

-¿¡Conoces a Adam Levine!?

-¿Bromeas? ¡Somos amigos!

-¿¡Eres amigo de Adam Levine!? ¡Oh por Dios!

Nick rió. -¿Quieres conocerlo?

Nunca antes había usado la fama de Nick para su propio beneficio, pero después de todo, él era su padre y ella tenía todo el derecho. -¿¡Estás hablando en serio!?

-Por supuesto, estoy seguro de que no se negará a recibirte en backstage.  O tal vez podamos invitarlo a comer.

Destiny estaba complacida, ya ni siquiera recordaba que irían con un psicólogo. De todas formas, ella necesitaba la ayuda… Entonces Josh vino a su mente. ¡Maldito! Le quitó todo lo que era…

Nick aparcó frente a un simpático consultorio en Studio City.

-Aquí estamos. –Giró a mirar a Destiny luego de apagar el motor.

-Es… Bastante cerca de casa.

Nick suspiró. –Dessie… Todo va a estar bien.

Ella asintió. –Gracias.

-Vamos. –Salió del auto y Destiny lo siguió.

Cuando entraron, la recepcionista los recibió con una sonrisa. Era una chica de  veintitantos años, menuda, piel blanca, ojos verdes, el cabello negro totalmente corto.

-¿Puedo ayudarlos?

Nick puso las manos sobre el buró. –Hice una cita esta mañana. Es para mi hija. Nos recomendó Daniel Conway.

-El doctor Conway. –Volvió  a sonreír-. Es un gran medico.

-En efecto.

-¿Me da su nombre? –Comenzó a teclear en su computador.

-Destiny Jonas.

-J-o-n-a-s, D-e-s-t-i-n-y. –Decía mientras tecleaba.

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Destiny - Cap: 8


-¡No me trates así!

Nick se pasó la mano por el rostro. Estaba exasperado. -¿Cómo quieres que te trate? En serio quiero intentar las cosas contigo, pero no me dejas.

Ella le acarició la mejilla. –Hagamos algo… Resolvamos las cosas con Destiny primero y luego podemos hablar de nosotros.

-¿Segura?

Miley asintió. –Segura.

-Está bien. 

Unos quince minutos después, Destiny salió de la habitación. Tenía el cabello húmedo en una cola de caballo, una sudadera gris con Snoopy al frente, shorts negros, y sus inseparables Converse.
-Espero que no hayan reservado en un lugar lujoso. –Le dijo a sus padres.

Nick volteó a verla y le dedicó una media sonrisa. –No te preocupes,  estás perfecta.

Miley se secó  discretamente algunas lágrimas. –Vamos.

Destinylos detuvo. –Quiero agradecerles por… Hacer el esfuerzo de llevarse bien por mí…

Nick la tomó de la mano, y miró disimuladamente a Miley. –Lo que sea por ti.

El estacionamiento del edificio era bajo techo, así que no tuvieron que enfrentarse a los paparazzi que los esperaban afuera, pero si los vieron al salir.

-¿Qué es lo que quieren? –Preguntó Miley, iba en el  asiento del copiloto en la camioneta de Nick.

-Probablemente te vieron entrar aquí y están esperando que salgas. –Nick conducía fuera del estacionamiento. Los paparazzi se limitaron a tomarle fotos a la camioneta, y a rogarle que bajara los cristales.

-Papá… -Destiny murmuró cuando estuvieron lejos del edificio.

-¿Mhm? –Nick la miró por el retrovisor.

-Me estaba preguntando… ¿Me regalas tu auto de cumpleaños?

-¿Este?

-¡No! El Camaro.

Nick sonrió. -¿El Camaro? ¿Te gusta?

Destiny asintió. –Sé que todavía no sé conducir, pero… Puedo aprender.

-No estoy de acuerdo. –Dijo Miley.

-¿Por qué no? –Nick le preguntó, mirándola de reojo.

-Pienso que para comenzar… Debería ser otro auto, un Camaro es mucho.

-¿Cómo que mucho? ¡Es una auto como cualquier otro!

-Puedes aprender en un… no sé… Honda.

-¡Ugh, mamá!

-Hablo en serio.

Nick rió. –No creo que puedas aprender en un Camaro.

-Pero….

-Shhh… -Nick la interrumpió-. Aprendes en un Honda y cuando tengas tu permiso entonces te doy el Camaro.

Miley lo miró. -¿Vas a comprar un Honda para que aprenda a conducir?

-¿Por qué no? En algo tiene que aprender, este es muy pesado, y no creo que quieras prestarle tu Mercedes.

Miley se cruzó de brazos, evitando sonreír. –Como quieras.

Nick sonrió. –Dest, ¿Qué te parece si mañana en la tarde vamos por ese Honda?
-Como digas. –Se puso sus audífonos, indicándole a sus padres que no quería seguir hablando.

Minutos después, cuando Destiny se dio cuenta que estaban por los alrededores de Sunset Boulevard, se quitó los audífonos. -¿A dónde vamos?

-Es una sorpresa. –Nick le contestó.

Segundos después, Nick aparcó frente a un simpático restaurante. -¿The Waffle?

Él asintió. –The Waffle.

-¡Papá! No pienso bajarme.

Nick apagó el motor y se dio vuelta para mirarla. –Te encanta este lugar.

-Me encantaba hace como dos años. Además no tengo ganas de comer waffles.

-Pues entonces  come otra cosa. Waffles no es todo lo que venden aquí… Irónicamente.

-Papá…

-No me hagas llevarte en brazos hasta allá adentro.

Luego de convencer a Destiny de que saliera, los tres entraron al restaurante y ordenaron su comida.

-Creo que voy a pedir otro de estos… -Dijo Nick, terminando su plato.

-No te pases. -Miley lo miró con ojos amenazantes-. Ya es suficiente dulce.

-De acuerdo, mamá. –Le dijo divertido, llevándose el vaso de jugo a los labios-. ¿Dess, cómo te está yendo en la escuela?

-Tuve una A en Algebra.

-¡Vaya! –Nick sonrió-. Tenemos todo un cerebrito aquí.

-Miley... –Los  tres voltearon a ver a Josh que  acababa de entrar al restaurante-. Que sorpresa encontrarte aquí.

Destiny se tensó, sintió los latidos de su corazón descontrolarse, asco, vergüenza. Tomó la mano de Nick y la apretó con fuerza.

-¿Qué tienes? –Nick le preguntó desconcertado.

-Gustavo… -Miley se levantó.

-Creo que tenemos que hablar.

-No es el momento…

-Me quiero ir. –Destiny le susurró a Nick-. Me quiero ir ahora.

-Destiny, ¿qué pasó?

-Papá, por favor… -Se levantó y tomó a Nick por el brazo-. Vámonos ya.

-Miley... –Nick interrumpió su conversación con Josh -. Creo que vas a tardarte un rato, Destiny y yo nos adelantamos.

Ella asintió. –Está bien, lo siento.

Nick le dedicó una media sonrisa. –No te preocupes.

De vuelta en el auto, Destiny se acomodó en el asiento del copiloto, se puso el cinturón de seguridad y se cercioró de que nadie los seguía. Nick lo notó pero no dijo nada, estaba demasiado confundido.

-¿Puedo poner mi música? –Destiny le preguntó a Nick, quitando los audífonos de su iPod.

-Claro. –Él se limitó a contestar.

Ella conectó el aparato al radio y lo puso en modo aleatorio, recostó su cabeza de la ventanilla mientras la melodía de Homeless en la voz de Ed Sheeran llenó la camioneta.

Un par de canciones después, la voz de un hombre atrajo la atención de Nick: She’s upset…. Bad day…

Destinee se sobresaltó, con intenciones de desconectar el aparato, pero Nick se lo impidió con un movimiento de mano. –Déjalo…

-Papá…

-Déjalo.

Mom and dad had no right, she screams…. As the anger runs down both of her cheeks… Then, she closed her eyes, found relief in a knife… The blood flows as she cries… All alone, the way she feels… Bite the lip, just forget the bleeding… Then she closed her eyes, she found relief in a knife…

Mientras la canción continuaba de fondo, Destiny lloraba, las lagrimas salían casi automáticamente de sus ojos, se abrazaba a si misma. Nick detuvo el auto y apagó el radio. Solo se escuchaban los sollozos de Destiny, Nick tenía la mirada al frente.

martes, 16 de abril de 2013

Magia en Ti - Cap:5

—No,— Miley negó débilmente. —Eso nunca.
Él la hizo callar al presionar firmemente la moneda en contra de su boca.
—Escúchame, y escúchame bien. Puedes engañar a algunas personas, parte del tiempo, es decir, a Índigo y Jake, pero no puedes engañar a todo el pueblo todo el tiempo, o sea, yo. Mantente alejada de mi hermana y sus hijos. Lo último que necesita es una **** lastimosa jugando con su simpatía y echar a perder su vida.
La indignación prestó a Miley un destello de coraje. Liberando sus labios, dijo:
—Creo que está yendo más allá de sus límites, señor Jonas. Cuando Índigo me diga que me mantenga lejos de ellos, con mucho gusto cumpliré, pero gente como usted, no tiene por que darme órdenes.
—¿No lo harás? Permíteme enumerar un par de hechos para ti, mejillas dulces. La prostitución es algo muy poco respetable. Una palabra aquí y allá, chismeando que mi hermana y tu teneis algún tipo de relación amistosa, y todas las señoras de esta ciudad, estarán calentando sus calderos, para desplumar a mi familia como pollos. ¿Me entiendes?
Miley ciertamente no necesitamos que la pintara una imagen de ello. A más de una mujer en su profesión, se la había echado de un pueblo, por salirse de sus rieles.
—Yo nunca haría nada que…
—Nada—, dijo interrumpiéndola. —No es personal, cariño. Pero el mero hecho de verlo por mi mismo. Todos los miembros de mi familia, desde mi padre para abajo, son demasiado ingenuos para conocer tu juego. Pero eso mismo no puede decirse de mí. Sálvate a ti misma de un montón de dolores de cabeza, ¿eh? Mantente alejado de mi hermana, y tu y yo, nos llevaremos muy bien.
En lugar de encontrarse con su mirada, Miley miró a su nariz, a la moneda. Se dio cuenta ahora de que no había sido en serio su propuesta. La había usado cómo una apertura, para darle una advertencia. Ella no quería tener problemas, sobre todo, no de un hombre de la clase de Nick Jonas. Fuese o no el hermano de Índigo, tenía un extremo peligroso y si no conseguía lo que se proponía, tenía la sensación de que iría a por sangre. No podía permitirse un escándalo. Grants Pass estaba tan sólo a cuarenta millas de distancia, una distancia suficiente para garantizar que ninguno de sus clientes fuesen hombres de su ciudad natal, pero una noticia así, podría llegar con facilidad desde Tierra de Jonas.
—¿Nos entendemos?— le preguntó en voz baja.
—Sí—, susurró ella, incapaz de decir nada más. El verano se tornó sombrío sin la esperanza de la amistad de Índigo, Miley se imaginó que tendría que apartarse de ellos, y del camino de Nick, al menos hasta que volviese a los campamentos madereros.
—Tal como pensé, una chica inteligente.
Nick se enderezó y le dejó un poco más de espacio, Miley cerró los ojos en una oleada de náuseas. Rezó para no avergonzarse a sí misma vaciando el contenido de su pobre estómago en todas sus botas. 


Cuando se sintió un poco más bajo control, levantó sus pestañas para encontrarlo mirándola con una expresión incierta nublándole la mirada. En ese instante, Nick Jonas supo que bajo una armadura de acero, ella tenía otro lado merecedor de compasión. Lamentó ser tan cruel.


Miley se sentía sofocada por su cercanía y olor masculino, que respiraba a su alrededor. Después de todo, él había dicho lo que había venido a decir. Seguramente la había visto dejar el salón esta mañana y la siguió hasta aquí, lo que explicaba su encuentro casual. Una emboscada, más bien.
Para su sorpresa y consternación, antes de que se las arreglase para quedar completamente fuera de su alcance, la agarró del brazo y la llevó a su lado. Sintió como si sus dedos la quemaran al agarrarse del brazo sobre la manga de su vestido.
Se le puso piel de gallina, y se esforzó para no temblar. Lanzándole una mirada de asombro e inquisidora, esperó a que le hiciese aun mas sangre con su lengua afilada cómo hoja de afeitar. En lugar de eso, le deslizó la pieza de oro en su mano y forzó a sus dedos a cerrarse en torno a la moneda. En el momento en que relajó su agarre, Miley hizo lo mismo y dejando que el dinero cayese sin hacer ruido en la hierba. Ella no tenía intención de dejar que salvase su conciencia con tanta facilidad.
Le sostuvo la mirada, esperando que él notara su desprecio en sus ojos. Era tan fácil para él condenarla. Si tuviese que buscar un trabajo en Tierra de Jonas, probablemente podría tener una oferta de media docena a su disposición antes del mediodía, y todos ofreciéndole un salario decente. ¿Pensaba que ella no sería capaz de trabajar en una maderera a la par que él, si alguien la contratase? ¿Realmente creía que a ella le gustaba la forma en que se ganaba la vida? Dios lo perdonase, si sólo él supiese lo que era para ella, no sería tan hipócrita.
En el instante en que le soltó el brazo, Miley recogió sus faldas y dio un paso a través de la hierba húmeda de rocío, resistiendo el impulso de correr. No le daría esa satisfacción.


Nick se quedó mirando alejarse a Miley, tenía un nudo en la garganta con una emoción que no podía nombrar. Esa mirada en sus ojos. Creyó que nunca sería capaz de borrarla de su mente. No sólo era desprecio, sino una herida que corría demasiado profundo para las lágrimas. Al verla, no pudo evitar hacer una comparación entre ella y todas las otras prostitutas que había conocido jamás. No había ninguna similitud. Sea la que fuese su profesión, Miley tenía la marca de una dama. Incluso la forma de moverse era formal y correcta.
Un destello brillante llamó la atención de su mirada, y buscó hacia abajo para ver la pieza de oro tirada en la hierba a sus pies, donde la había dejado caer. Así que ella despreció su dinero, ¿verdad? Se paró ante la moneda, mirándola sin ver, reacio a recogerla. Por todo lo que le importaba, podía yacer ahí eternamente y crecer musgo por encima.
—¿Qué le has dicho?
La voz acusadora de Índigo lo azotó a través del aire de la mañana y le hizo girar la cabeza para verla. La miró fijamente, como reacio a admitir lo que había dicho, tan reacio o más que estaba para recuperar su dinero.
—Nada que no necesitara decir.
Con sus ojos azules heridos y sin darle tregua, Índigo se abrazó a su cintura y luego se acercó a él.
—¿Qué quieres decir? ¿Qué necesitabas decirle, Nick?


Hacía mucho tiempo que Nick no se había sentido como un niño llamado para una regañina. Enojado, de que se le hiciese sentir culpable, cuando su único delito había sido intentar protegerla, tragó humedecer la garganta.
—Una pu/ta no tiene por qué ser como uña y carne con una joven decente. Eres demasiado dulce para tu propio bien, cariño. ¿Qué pasa con tu reputación? Y si tú no estimas eso, ¿qué pasa con tus hijos? Cuando alcancen la edad escolar, ¿quieres que se sientan humillados, por que los demás niños susurren acerca de su madre y la compañía que mantiene?
Los ojos de Índigo se agrandaron y su tez bruñida, naturalmente, se puso mortalmente pálida. Miró hacia abajo, vio la pieza de oro a sus pies, y se lamentó.
—Oh, Nick, ¿qué has hecho?
—Lo que tenía que hacer—, respondió él con suavidad. —Sé que te preocupas por ella, Índigo. Pero tu no puede tomar los males del mundo sobre tus hombros. _Miley ha elegido su camino. No debes estar a su lado. Tú tienes una familia en que pensar.
Las lágrimas llenaron los ojos de Índigo, y su boca comenzó a temblar.
—Índigo—, comenzó.

—No—, dijo ella con voz temblorosa. —Por favor, no digas nada más. Creo que ya has dicho bastante.
Nick no podía creer su reacción. Es cierto que había esperado que ella se molestase.¿Pero esto? Lo que había hecho nadie con sentido común lo cuestionaría. No pudo creerlo,
—Sé que estás enfadada conmigo en este momento—, repuso suavemente —, pero con el tiempo verás que sólo lo hago por ti. En tu propio interés.
—¿Y qué hay del interés de Miley? Soy la única amiga que tiene, Nick.
Dio un resoplido despectivo.
—¿Desde cuándo las *beep* esperan tener amigos? Jesús, Índigo, seguro que no puedes ser tan ingenua.
—¿Soy ingenua? ¿Y que hay de la compasión? Y ya que estamos en el tema de no poder creer, no puedo creer lo mucho que tu has cambiado.
—Índigo …— lo intentó de nuevo.
—No digas Índigo. Quiero que vayas directamente al Lucky Nugget y pidas disculpas a Miley. Lo digo en serio, Nicholas Kelly. Ella no va a volver a visitarme hasta que lo hagas.
—Bien.
—¿Bien? Nick, vas a pedirle disculpas, así que ayúdame.
—¿Disculparme?— se hizo eco. —¿Por qué?
Índigo le volvió la cara.
—Hasta que no te des cuenta de eso por ti mismo, tal vez sería mejor que no vinieras mas por aquí.
—¿Cómo dices?
Se dio la vuelta, y fijó su acusadora mirada en él.
—Ya me has oído. Si yo voy a proteger a mis hijos de toda la fealdad en este mundo, tal vez debería empezar a protegerlos de ti.
—¿En serio?
—En serio.


Nick podía ver que hablaba en serio. Olvidándose de sus costillas, se inclinó para recoger su taza y tuvo dificultades para enderezarse. Índigo se acercó a agarrar su brazo. Él se apartó.
—No me toques. Mi maldad puede ser contagiosa.
—Oh, Nick—, dijo ella con voz temblorosa. —Ni siquiera te conozco. ¿Dónde ha ido mi hermano?
—Al infierno y de regreso,— poco a poco se alejó. —Tu vives aquí, en tu pequeño mundo protegido y crees que lo sabes todo. La verdad es que, Índigo, no sabes nada acerca de las mujeres como Miley. Ninguno de vosotros saben nada. Yo sólo estaba tratando de ayudar. Pero, ¡hey! Si este es el agradecimiento que voy a conseguir, ¿a qué molestarme? Aprende tu lección como lo hice yo, con mujeres como Miley, por las malas. Eso sí, no vengáis luego quejándoos, cuando empiece a mostrar su verdadero color.
Con eso, se alejó tan furioso con ella que casi temblaba. Al diablo con ella. Para ser alguien tan contraria a criticar la conducta de alguien, no había dudado en juzgarlo, y con rudeza.
do para su hermano Jason.


Miley buscó con el pie el pedal de la máquina de coser. Su día de duro trabajo había terminado, y ahora podría trabajar en el vestido de su hermana, una hermosa pieza, sin otra interrupción. Esto era la realidad, se aseguró a sí misma. Y todo lo que realmente importaba. Sus recuerdos vagos de lo que había pasado antes fueron enviados a ese rincón oscuro, y secreto de su mente donde las pesadillas sólo acechaban.