miércoles, 19 de marzo de 2014

Tù eres mi Amor - Cap: 14



Lady Anne se despertó con un sonido de voces familiares saludándose en el vestíbulo. Fue Miley quien tuvo la idea de hacer una fiesta para celebrar el cumpleaños de su padre, y entonces Anne había aprobado el proyecto, pero ahora, temía que algún invitado reconociera al duque de Calymore.



Ya era casi de noche cuando Sewell llamó a la puerta de la habitación de 
Miley para anunciarle el regreso de su padre. Esa hubiera sido una buena ocasión para anunciarle su compromiso con Paul ya que toda la gente importante estaría allí. Quizá Paul pudiera hablar con su padre esta noche.

Después de arreglarse, la joven dio una vuela delante de Clarissa, quien inspeccionó su aspecto. Su elegante vestido de satén color marfil caía perfectamente y el escote realzaba maravillosamente su pecho. Además llevaba las joyas de topacios y diamantes.

-Parece una princesa-dijo orgullosamente Clarissa.

Se oía a los invitados abajo, había pedido a su padre que bajara a la siete para reunirse “con algunos invitados”, solo quedaba media hora. 
Miley salió de su habitación para ordenar a Sewell que rogara a los invitados que hicieran menos ruido.

Su padre, apoyado en la barandilla, miraba a la gente con una ligera mueca de disgusto. Se había terminado la sorpresa.

-Han venido para celebrar tu cumpleaños, padre-dijo 
Miley depositando un beso en su mejilla.

-Supongo que era una sorpresa-respondió el emocionado a pesar de su aspecto hosco-¿Tengo que simular no haber visto nada?

-Exactamente.

-Lo intentaré-prometió el dándole palmaditas en el brazo.

Se oyó un ruido de vidrio roto.

-¡Dios mio!-gritó una voz estridente.

-Es Laetitia Pinkerton-dijo Martín-Es su expresión favorita. A veces hago rabiar a su madre amenazándola con enseñarle a decir “en nombre de Dios”.

Se alejó hacia su habitación, dejando a 
Miley con una sonrisa en los labios.

Martín bajó a la hora prevista con 
Miley en un brazo y Anne en el otro, Sewell abrió las puertas del salón y todos gritaron a coro:

-Feliz cumpleaños!

Anne estaba apunto de empezar a hacer su papel de anfitriona cuando un lacayo le dio una carta, reconoció la letra familiar de Edward y la abrió enseguida.

Al no encontrar a Paul, 
Miley fue al comedor para asegurarse de que todo iba bien. La casa estaba lujosamente decorada y todo parecía preparado.

-Te he echado de menos hoy-dijo la voz grave de Paul detrás de ella.

El admiró su figura y luego su mirada subió hasta su rostro radiante.

-¿Quién habría podido adivinar que te convertirías en una belleza?-preguntó atrayéndola a sus brazos para besarla.

Anne tenía la vista todavía clavada en la carta de su marido cuando vio el vestido color marfil de su sobrina en la habitación de al lado.

-Querida-dijo alegremente-tengo por fin noticias de tu tío-Estaba de vacaciones...

Levantó los ojos justo a tiempo de ver a dos jóvenes soltarse de su abrazo.

-No pasa nada tía Anne-explicó 
Miley enrojeciendo-Hace días que me muero de ganas de anunciártelo, Paul y yo vamos a casarnos en cuanto padre nos dé su consentimiento. Va a intentar hablarle esta noche. ¿Tía?

Lady Anne había dado rápidamente media vuelta y ya se alejaba simulando no haber oído nada.

-¿Dónde vas?

-Voy a beber un vaso de Burdeos-respondió

Para gran sorpresa de 
Miley, vio como su tía se servía generosamente.

-Y cuando me haya bebido este vaso, me tomaré otro. Buenas noches señor Sevarin-dijo dejando la estancia.

-Si sigue tendrá un horrible dolor de cabeza mañana por la mañana-comentó Paul.

-¿Cómo?-preguntó 
Miley molesta e inquieta a la vez.

-Y tu vas a estar desbordada esta noche, tengo la impresión de que tu tía no tiene ganas de hacer de anfitriona.

Esta afirmación se reveló cierta. En la entrada a la casa, 
Miley se encontró sola recibiendo a los retrasados. Ordenó a un criado que trajera bebidas y se giró hacia lady Eubank. Sus ojos se detuvieron horrorizados al ver el vestido violeta y el turbante rojo de la anciana dama.

-Buenas noches milady-consiguió decir.

Ignorando este saludo, lady Eubank ajustó su monóculo y escrutó la sala.

-No parece que vaya a ser una buena velada, estoy viendo al Sr Sevarin en compañía de Courtney Ashton y de Margaret Merryton y Westland ni siquiera está aquí.-dejó caer su monóculo y miró a 
Miley con disgusto-Creí que tenías coraje pero me has decepcionado. Creí que ibas a cazar al mejor partido de toda la fiesta bajo los ojos de todos estos vecinos tan molestos. En vez de eso te encuentro sola aquí.Miley sonrió, radiante.

-Pero lo he cazado milady, y pronto tendrá usted la confirmación oficial, si no es esta noche será cuando Paul vuelva.

-¿Paul?-repitió la anciana, sorprendida-¿Paul Sevarin?-de pronto sus ojos brillaron con una luz extraña-¿Va a venir el señor Westland?

-Si.

-Mejor, esta va a ser una fiesta muy divertida-añadió alejándose.

A la nueve y media, casi todos los invitados habían llegado, fue entonces cuando 
Miley vio a Nicholas Westland. Estaba terriblemente atractivo con un traje negro que realzaba sus anchos hombros y sus largas piernas. Al acordarse de la amistad que les unía ahora, Miley le tendió las manos en un gesto de bienvenida.

-Empezaba a creer que no vendría.

-¿Me estaba esperando?

-Si ese fuera el caso, no lo confesaría-dijo 
Miley riendo.

Mirándole, le costaba creer que solo era un libertino sin moral. Se dio cuenta que el todavía la tenía cogida de las manos y que las chorreras de su camisa tocaba su vestido y dio un paso hacia atrás. El le dirigió una mirada burlona pero no hizo ningún comentario.

-Si el hecho de perder al ajedrez la pone en tan buena disposición conmigo, le prometo que la voy a dejar ganar en el futuro.

-No me dejó ganar esa partida-le recordó ella fastidiada.
Miley llamó a un lacayo para que se acercara y le pidió un coñac para el señor Westland. Este pareció sorprendido al ver que ella se acordaba de sus gustos.

-Estamos empatados-dijo-gané la carrera y usted la mayor parte de las partidas de ajedrez. ¿Cómo podremos saber quien es el mejor de los dos?

-Es usted imposible, el que yo crea que las mujeres deben recibir la misma educación que los hombres, no quiere decir que yo quiera ser la mejor.

-Estupendo-dijo el mirando su escote.

El pulso de 
Miley se aceleró. En la otra punta de la sala, vio a Paul dirigiéndose hacia su padre y creyó que el iba a hablar con el, pero dos invitados se adelantaron.

Nicholas sabía que estaba monopolizando la atención de la joven quien tenía que atender a los invitados, pero ella estaba coqueteando con el y eso le gustaba. 
Miley vio a uno de sus ancianos tíos acercarse a un grupo.

-¿Conoce usted las diferente épocas prehistóricas?-preguntó Hubert Pinkerton en voz alta-Es un tema apasionante. Déjeme decirle dos palabras. Empecemos por la era primaria...

La atmósfera del grupo decayó instantáneamente. Ella que deseaba una fiesta alegre...Se volvió hacia Nicholas decidida a dejarle para intentar desviar la atención de su tío.

-Perdóneme, debo...

-¿Dónde está su tía?-pregunto el recorriendo la sala con la mirada-¿Por qué no la está ayudando?

-Está ligeramente indispuesta-explicó 
Miley  mirando a su tía que se asomaba por la ventana-Ahora discúlpeme, debo librar a esa gente de mi tío, es un pesado que solo habla de la prehistoria y tienen aspecto de estar aburridos.

-Preséntemelo-dijo Nicholas-le distraeré para que pueda ocuparse de los otros invitados.
Miley obedeció llena de gratitud.

-Le estaba diciendo a la señorita Stone lo mucho que me gustaría hablar con usted de nuestra pasión común: la era primaria. ¿Nos disculpa señorita Stone? Su tío y yo tenemos mucho de que hablar.

Miley se quedó admirada por la manera en la que simuló estar interesado por la conversación.



La tensión de ese día empezaba a pesar en 
Miley mientras se dirigía con los invitados al comedor.

-¿Dice usted que el duque de Claymore ha desaparecido?-lo bastante fuerte como para ser oído por todos-Lo decían en los periódicos de ayer.

Las conversaciones se animaron, cada uno queriendo saber mas. 
Miley estaba en compañía de su tía, lady Eubank y Nicholas mientras que Paul intentaba abrirse camino entre la gente acompañado por Peter Redfern y Courtney Ashton.

-En esta época, Nicholas generalmente está en Francia-hizo notar un invitado.

-¿De verdad?¿Usted cree?-preguntó lady Anne con el rostro enrojecido por culpa del vino.

Martín parecía nervioso.

En cuanto a 
Miley  esta encontraba el asusto totalmente carente de interés y ahogó un bostezo.

-Esta usted cansada querida-murmuró Nicholas a su lado.

-Si-admitió 
Miley.

Nicholas le cogió la mano y la puso en su brazo, no debería comportarse así, pensó 
Miley  pero le estaba tan agradecida por su ayuda que no se detuvo en esos detalles.

-He oído que su amante vive ahora en Paris-dijo Margaret Merryton-Parece ser que Claymore la despidió. Está destrozada y ha anulado su gira por Europa y...

-Y-cortó secamente Amelia Eubank-ella está ahora gastando una fortuna para renovar una propiedad que acaba de comprar en el campo. ¿No creerás que se ha convertido en un fantasma, pobre pequeña idi/ota?

Ofendida, Margaret buscó la mirada de Nicholas.

-Señor Westland, usted acaba de volver de Paris y de Londres ¿Ha oído hablar de su suicidio?

-No-respondió Nicholas-no he oído anda de eso.

El padre de Margaret pensaba otra cosa.

-Entonces, ¿St Allermain ha comprado una propiedad en el campo?-dijo riendo-Se diría que Claymore le ha dado una renta por sus buenos y leales servicios.
Miley, notó que los músculos de Nicholas se tensaban y vio como su mirada se llenaba de disgusto. El la miró y sonrió mecánicamente, tendría que llamar la atención a su secretario por no haber hecho correr el rumor de que se encontraba en alguna parte, de pronto se dio cuenta de que los invitados habían empezado a especular sobre el nombre de su próxima amante.

-Apuesto cinco libras a que será la condesa Dorotea-dijo el señor Ashton.

-Yo no-respondió Merryton-hace cinco años que ella le persigue, incluso le siguió a Francia. Nicholas la rechazó delante de todo Paris. Yo creo que será Vanessa Standfield, pero esta vez, se casará con ella. Le está esperando desde hace años.

La conversación era de lo más inconveniente, 
Miley notó que su tía iba a intervenir.

-Señor Merryton-dijo Anne-le apuesto diez libras.

Ante una propuesta tan chocante, se hizo el silencio. Nicholas ahogó una risa.

-¿Y usted señor Westland?-preguntó Anne-¿estaría dispuesto a apostar que lady Stanfield será la próxima duquesa de Claymore?

-Desde luego que no-respondió-Se de buena fuente que el duque espera casarse con una joven que conoció en Paris.
Miley vio a lady Eubank traspasar a Nicholas con la mirada.

-Ustedes tienen el mismo nombre-dijo otro invitado-¿es usted pariente del duque señor Westland?

-Somos más que hermanos-respondió este con una ancha sonrisa.

Las conversaciones giraron entonces sobre las propiedades del duque, sus establos y sus innumerables amantes. Nicholas miro a su prometida para ver si esta escuchaba con atención, ella ahogaba otro bostezo.

-¿No está interesada en la futura duquesa de Claymore querida?

-Por supuesto que si-respondió ella con una sonrisa que hizo hervir la sangre de Nicholas-Tengo mucha compasión por quien se case con ese seductor inmoral y desagradable.

Después de decir eso, se alejó para dar instrucciones a los músicos.

Miley miraba las agujas del reloj marcando los minutos sin que Paul hubiera ido todavía a hablar con su padre, después de su único baile juntos, Miley siguió discretamente a Paul a distancia mientras el dejaba la estancia.

Con un hombro ligeramente apoyado en una columna, Nicholas se llevó el vaso a los labios y vio con una mezcla de orgullo y de irritación como
Miley desaparecía. Cuando un invitado la detuvo, Paul abandonó toda discreción y la cogió por un brazo para sacarla de la sala.

Este gesto posesivo encolerizó a Nicholas, le dieron ganas de seguirles para decirle a Sevarin que no tocara a su novia.

-Margaret-dijo súbitamente lady Eubank con tono ácido-deja de colgarte de los faldones del señor Westland y ve a retocar tu peinado. ¡Sucia chica!-resopló mientras la joven se alejaba furiosa y sonrojada-Esta chica es la maldad en persona. Sus padres hacen de todo para que ella frecuente la alta sociedad, pero ese no es su lugar, lo sabe y eso la tiene amargada.

Se dio cuenta de que Nicholas no la estaba escuchando y movió la cabeza.

-Bien Claymore-dijo al ver volver a 
Miley -Si la joven con la que va a casarse es la que yo creo, llega tarde. Va a anunciar su compromiso con Sevarin en cuanto este vuelva de su viaje.

-Perdóneme por favor-dijo el duque con una mirada cínica.

Dejó su vaso y se alejó bajo la mirada satisfecha de Amelia Eubank.

Al sentir el ligero contacto de la mano de Nicholas en su brazo, 
Miley se volvió y le dirigió una sonrisa llena de gratitud, el se había comportado, en efecto, como un verdadero caballero durante toda la velada.

-Debe estar cansada-le murmuró en la oreja-Ahora podría desaparecer.

-Si, creo que voy a ir a acostarme-respondió ella con un suspiro.

Casi todos los invitados se habían retirado y Anne podría encargarse de los que quedaban.

-Gracias por su ayuda-dijo alejándose.

Nicholas se acercó a Martin Stone.

-Es absolutamente necesario que hable con usted y con lady Anne esta noche-dijo secamente.
Miley subió los escalones con dificultad. Una vez en su habitación empezó a desabrocharse el vestido de satén y vio un objeto brillante caer de su escote. Con una ternura infinita recogió la joya de ópalo que Paul acababa de regalarle.

-Te recordará que eres mía-le había murmurado.

Se estremeció al deslizar el anillo en su dedo, todo su cansancio pareció desaparecer para dejar sitio a una intensa felicidad. Tarareando se sentó delante de su peinador y se peinó la larga cabellera, imaginándose ya casada con Paul murmuró:

-
Miley Allison Sevarin...

Se rió al recordar el pequeño trozo de papel que había escondido en su Biblia. Cuando tenía quince años, había hecho una solemne declaración en la cual se comprometía a convertirse un día en la esposa de Paul y había firmado “
Miley Allison Sevarin” varias veces.

Al mirar el anillo su corazón estaba tan lleno de alegría que experimentaba el deseo de enseñar la joya a alguien. Tenia que dar la noticia, era necesario. Después de algunos minutos de duda, decidió decir a su padre que Paul iba a pedir su mano. Vería que su hija había conseguido lo que quería. Después de comprobar su aspecto en el espejo, salió de su habitación.

La casa estaba ahora silenciosa, con mano temblorosa, la joven llamó a la habitación de su padre.



-El señor está en su despacho señorita-dijo un lacayo en la penumbra del vestíbulo.

-¿Mi tía está acostada?-preguntó prefiriendo hablar antes con Anne.

.No señorita, lady Gilbert está con el señor.

-Gracias, buenas noches.
Miley bajó deprisa y llamó a la puerta del despacho. Cerro detrás de ella y se quedó apoyada en la puerta de roble. Sonrió a su padre que estaba sentado en el escritorio frente a ella, a su izquierda Anne parecía inquieta. La estancia solo estaba iluminada por la luz del fuego de la chimenea por lo que no vio que el sillón que estaba frente a su tía estaba ocupado.

-Si hija ¿Qué pasa?-preguntó Martín jovialmente sirviéndose una copa de coñac.

-Tengo que darte una maravillosa noticia padre-dijo la joven cogiendo aire-Estoy encantada de que tu estés también aquí tía, así podré compartir este momento con los dos.

Se dirigió hacia su padre, apartó la copa de coñac y se inclinó sobre el escritorio, se acercó a el y depositó un beso en su frente.

-Te quiero mucho padre-dijo suavemente-estoy muy apenada por haberte causado tantos disgustos en mi juventud.

-Gracias-dijo su padre enrojeciendo.

-También a ti te quiero mucho tía Anne, pero ya lo sabes. Y también amo a Paul Sevarin-continuó después de hacer una profunda inspiración-El también me ama y quiere casarse conmigo. Cuando vuelva va a pedirte mi mano padre. ¿Qué pasa tía Anne?
Miley vio a su tía mirando frente a ella con un aspecto horrorizado y se volvió para ver lo que miraba.

-Lo siento-balbuceó al descubrir a Nicholas Westland en la penumbra-Siento haber interrumpido. Ignoraba completamente que estaba usted aquí, espero poder contar con su discreción en cuanto a mi cercano compromiso.

Martín se levantó arrastrando su sillón por el parquet.

-¿Cómo te atreves?¿Qué es lo que has querido decir?

-¿Cómo?-preguntó 
Miley asombrada.

Su padre estaba frente a ella con las manos sobre el escritorio, temblando de rabia.

-Paul Sevarin me ha pedido que sea su esposa-explico ella-Eso es todo, y tengo intención de hacerlo.

-Paul Sevarin tiene unos ingresos que son una miseria-contestó muy lentamente Martín como si se dirigiera a una idi/ota-¿Entiendes lo que te digo? Sus tierras están hipotecadas y los acreedores le persiguen.

-Ignoraba que Paul tuviera problemas financieros-consiguió responder la joven con voz calmada a pesar de la impresión-Pero eso no tiene importancia. Tengo el dinero de mi abuela además de mi dote. Lo que es mío será también de Paul.

-Tu no tienes nada-silbó su padre-estoy en una situación todavía más catastrófica que Sevarin. Mis acreedores me acosan, he utilizado tu herencia y tu dote para pagarles.

Desconcertada, 
Miley buscó apoyo en Anne.

-En ese caso, Paul y yo tendremos que llevar una vida normal y olvidarnos de todo el lujo que ese dinero hubiera podido darnos.

Anne estaba inmóvil con las manos crispadas en los brazos del sillón.

-Padre-dijo 
Miley desesperada-deberías haberme hablado de tus dificultades, he gastado una fortuna en Paris antes de volver. Si hubiera...

Se dio cuenta de que algo se le escapaba. Repentinamente comprendió.

-Los establos están llenos-dijo con cuidado-Tenemos más criados de los que nos hacen falta ¿Por qué este tren de vida?

Su padre enrojeció, abrió la boca para decir algo pero se calló.

-Tengo derecho a saberlo-continuó 
Miley  - Acabas de decirme que ya no tengo dote ni herencia ¿Cómo puedes vivir así?

-Mi situación mejoró-explicó su padre.

-¿Cuándo?

-En julio.

-¿Entonces porque no me devuelves mi dote y mi herencia?-preguntó 
Miley incapaz de contenerse.

-Esta comedia ya ha durado bastante-dijo Martín cerrando los puños-Estás prometida a Nicholas Westmoreland. Ya nos hemos puesto de acuerdo.
Miley no presto atención de momento al apellido de Nicholas.

-Pero...¿Por qué? ¿Cuándo ha sucedido?

-En julio, y es definitivo ¿lo entiendes?
Miley le miró horrorizada.

-¿Quieres decir que lo organizaste todo sin consultarme? ¿Cediste mi dote y mi herencia a un perfecto desconocido sin preocuparte por mis sentimientos?

-Fue el quién lo organizó todo ¡Por Dios!-respondió el apretando los dientes.

-Debiste quedar realmente aliviado en julio-murmuró 
Miley con voz rota-Te deshiciste de mi y ese “caballero” incluso te pagó por eso. ¿Dios mío!

Todas las piezas de rompecabezas encajaban.

Cerró los ojos para contener la lágrimas, luego los abrió y vio la mirada empañada de su padre.

-¿Entonces lo pagó todo? Los caballos, los sirvientes, los muebles nuevos, los trabajos-balbuceó ella-Todo lo que he comprado en Paris todo lo que llevo.

-Si. Yo lo había perdido todo. Ya había vendido todo lo que había podido.

-Y al no tener nada más para vender, vendiste a tu hija. ¡A un perfecto desconocido!-hizo una pausa-¿Estas seguro de haber obtenido el mejor precio por mi? Espero que habrás negociado bien.

-¡Te prohíbo hablar así!-gritó Martín abofeteándola con violencia.

Levantó la mano para volver a golpearla pero la voz furiosa de Nicholas se lo impidió.

-Si la toca una sola vez más, lo lamentará toda la vida.

Martín se hundió en el sillón mientras 
Miley se dirigía hacia Nicholas temblando de furia.

-¡Es usted un indeseable! ¿Qué hombre es usted para tener la necesidad de comprar una esposa? ¿Qué clase de animal es usted para comprarla sin haberla visto siquiera? ¿Cuánto ha pagado por mi?

Sus hermosos ojos lanzaban rayos pero Nicholas también veía brillar las lágrimas.

-No voy a responder.
Miley intentó hacerle daño, romper la seguridad en si mismo que demostraba.

-No debí costarle muy cara. Vive usted en una casa bastante modesta. ¿Se gastó usted todos sus ahorros?

-Ya basta-dijo el firmemente mientras se levantaba.

-Puede darte todo lo que quieras-dijo su padre a su espalda-Es duque 
Miley, no te faltará de nada.

-¡Un duque!-dijo ella con disgusto-¿Cómo ha conseguido hacerle creer eso, sucio mentiroso?

Su voz se rompió. Nicholas la cogió por la barbilla y la obligó a mirarle.

-Soy duque querida. Se lo dije hace varios meses en Francia.

-¿Cómo? Es usted inmundo. No me casaría con usted ni aunque fuera el rey de Inglaterra-gritó moviendo la cabeza-Y gracias a Dios nunca he tenido la ocasión de verle en Francia.

-Le dije que era duque en el baile de máscaras de los Armand en Paris.

-¡Mentirosa! No le conocí.

-Querida-dijo tía Anne prudentemente-acuérdate de esa velada. En el momento de irnos me preguntaste si conocía a uno de los invitados. Un hombre muy grande con los ojos grises y vestido con una larga capa negra.

-¡Tía Anne por favor!-cortó la joven impaciente-Te digo que jamás había visto...

Se interrumpió al recordar como en un calidoscopio el baile de máscaras de los Armand.

-¡Era usted quien se escondía detrás de esa máscara! Es usted el más vil y sucio...

No encontraba palabras lo suficientemente fuertes para expresar su odio. Sintió que las lágrimas le subían a los ojos.

-Lord Westmoreland-escupió con asco-déjeme decirle que he encontrado todas esas conversaciones sobre usted esta noche no solo aburridas sino también descorazonadoras.

-Yo también-admitió el con una sonrisa sardónica.

-¡Le odiaré mientras viva!-gritó 
Miley sin más argumentos.

-Debería irse a acostar y descansar un poco-le aconsejó el sin tener n cuenta sus palabras, deslizó la mano bajo su brazo y la retuvo con firmeza-Volveré por la tarde. Tengo que darle algunas explicaciones pero esperaré a que esté dispuesta a escucharme.
Miley arrancó el brazo que el le cogía y se alejó de el.

-
Miley deseo que estés preparada cuando llegue-añadió Nicholas con firmeza.

La mano de la joven se crispó sobre el picaporte y tuvo dificultades para cerrar de un partazo. En el pasillo, ella redujo el paso para evitar darle la satisfacción de oirla huir.



En el despacho se hizo un pesado silencio.

-Es culpa del coñac-dijo Martín dejando caer las manos sobre el escritorio-Nunca le había levantado la mano, no se que hacer para...

-Ya ha hecho bastante-respondió Nicholas-Ella va a casarse conmigo pero se lo va a hacer pagar. A partir de hoy diga lo que diga usted se callará ¿está claro?.

-Si, está claro-murmuró Martín molesto.

-Nicholas saludó a Anne con la cabeza y se dirigió hacia la puerta.

-Tiene suerte de tener veinte años más que yo-dijo Nicholas volviéndose hacia Martín-Sino le juro que...

Se alejó sin concretar la amenaza. Delante de la casa, James McRae, el cochero, estaba esperando. No estaba disgustado por el hecho de que su señor se entretuviera en casa de Martin stone, ya que había apostado una fortuna con el ayuda de cámara del duque a que 
Miley sería la futura duquesa de Claymore.

-Vámonos de aquí-dijo el duque cerrando de un golpe la puerta.

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