lunes, 3 de junio de 2013

Destiny - Cap: 12


No entendió lo que quiso decir, pero tampoco quería darle importancia. Por otro lado, no había comido nada en todo el día, y comenzaba a sentir los reclamos de su estómago.



-¿Te cayó bien Karen? –Nick le preguntó a Destiny mientras iban en el auto. Hoy había decidido sacar el Camaro* a pasear.

-Sí, digo… Es una buena mujer.

Nick la notó frotándose las muñecas sobre las mangas de su sudadera. -¿Tienes picazón?

Destiny desvió la vista. –Basta…. ¿A dónde vamos? –Quería cambiar de tema.

-Un lugar que no has visitado en mucho tiempo.

En pocos minutos estaban frente a una gigantesca casa rodeaba por un muro. Destiny reconoció la casa de sus abuelos.  Para poder entrar Nick tuvo que poner un numero en un panel y las puertas comenzaron a abrirse automáticamente, dando paso a la casa. Ya por dentro, estaba rodeada de arboles, y tenía al frente un pequeño estanque con patos, Destiny se encontró aquello fascinante. Había unos cuantos autos aparcados, entre ellos un Rolls Royce Ghost color perla, un Mercedes G Wagon plateado, y un Audi R8 blanco. No podía negar que sentía fuerte atracción por los autos.

-¿Por qué me trajiste aquí, papá?

-¿Hace cuanto que no ves a tus abuelos?

No recordaba cuantos años tenía sin verlos, pero si lo aterradores que le resultaban. Kevin y Denise Jonas no eran de esos abuelos que te dejaban lamer  el chocolate de la cuchara luego de poner el pastel al horno, ni de los que te dejaban entrar a la casa cuando tenías los zapatos embarrados de lodo, ni de los que te dejan comer un dulce antes de ir a la cama cuando ya te has cepillado los dientes.  Eran todo lo contrario. Eran de esos abuelos que le decían a sus hijos como criar a sus nietos, de esos que te intimidaban con una simple mirada, de los que enseñaban a sus hijos a ser perfectos, esperando que sus nietos fueran igual.

Ni siquiera se sentía segura con la ropa que llevaba puesta. Una sudadera roja de Guns 'n Roses, jeans negros, y botas por los tobillos del mismo color.

-Me hubiese cambiado de ropa de saber que ibas a traerme aquí. –Se cruzó de brazos cuando se bajó del auto.

-¿De qué estás hablando? Estás perfecta. Vamos. –La encaminó a la entrada de la casa, y tocó el timbre-. ¿Te sientes mejor?

-Me has preguntado miles de veces, ya te dije que sí.

Guardaron silencio hasta que abrieron la puerta. Una mujer mayor apareció frente a ellos. Tenía el cabello gris recogido en un moño, y una sonrisa en su rostro.

-¡Nicholas! –Parecía emocionada, se hizo a un lado para que pasaran.

-¿Cómo estás, Marge? Esta es mi hija, Destiny.

Marge juntó las manos, emocionada. -¡Hasta que por fin la traes! –Examinó a Destiny con la mirada-. Es tu viva imagen, Nick.

Una gran lámpara de cristal adornaba el techo del vestíbulo. En el centro del piso, justo debajo de la lámpara había una alfombra roja con estampados. Una larga escalera a su izquierda, y a la derecha una pared con fotografías familiares. Destiny reconoció unas cuantas de su padre.

-Tu madre está en el salón. –Les dijo Marge.

Caminó junto a Nick por el vestíbulo hasta llegar al salón, Destiny podía verse reflejada en el piso, era increíble.  El salón era igual de grande que acogedor. Unas columnas lo dividían del vestíbulo. En la pared izquierda, tres ventanales que daban vista a la piscina. La pared del fondo ocupada por una pantalla plana de algunas 150 pulgadas. El piso de madera cubierto por una alfombra parecida a la del vestíbulo. Los muebles blancos con almohadones rojos, lámparas, más muebles… ¡Dios!

Vio a su abuela sentada en el sofá, estaba conversando con alguien que ella no podía ver desde el lugar donde estaba. Era una señora bastante elegante. Piel blanca, ojos verdes, cabello negro suelto sobre los hombros. Probablemente llevaba ya algunas cirugías, porque lucía bastante joven para sus cincuenta y tantos años. Traía puesto un vestido rojo vino.

-Mamá… -Nick dijo desde la entrada.

Denise giró la cabeza, y se sorprendió al ver a Destiny junto a él. –Oh… -Se levantó de donde estaba sentada y caminó a ellos-. Cielo. –Besó a Nick sonoramente en la mejilla, y luego abrazó a Destiny-. No puedo creer que hayas venido…

-Yo tampoco… -Masculló la joven, tratando de zafarse del abrazo.

Nick le puso la mano en la espalda, como una advertencia para que se comportara.

-¿Cómo has estado, cariño? –Le sonrió, con aquellos impresionantemente blancos dientes.

-Bien. –Se llevó las manos a los bolsillos de su sudadera.

*****
-Por favor, vengan. Margie está a punto de servir la comida.
-¿Ya te vas? –Marcelle le preguntó a Miley al verla recogiendo sus cosas.

-Sí, tengo cosas que hacer. –Se colgó el bolso al hombro, y tomó las llaves de su auto del escritorio.

-¿Cómo están las cosas con Nick?

Miley suspiró. –Bien, digo… Por el momento nos estamos centrando en Destiny.

Marcelle asintió, dejándole saber que la entendía. -¿A dónde vas ahora?

-Probablemente a casa a llenar mi bañera de burbujas.

-¿No qué tenías muchas cosas que hacer?

Se puso sus gafas de sol. –Exactamente.

Inmediatamente llegó a su casa, llenó su bañera de burbujas y se sumergió mientras la suave música de Michael Bublé invadía la habitaciónWhen skies are grey, when skies are blue, morning, noon and nighttime, too. All I do the whole day through is dream of you…

Por alguna extraña razón quería compartir el baño con Nick, como lo habían hecho un par de veces, cuando tenían tiempo… Él era siempre tan delicado y cuidadoso,  y también estaba dispuesto a intentarlo otra vez. Sonrió. La quería. Su familia volvería a estar junta, de eso se encargaría.

Le marcó a Nick y puso el teléfono en altavoz.

-¿Hola?

-¿Interrumpo?

-Nunca.

-¿Ya estás en casa? ¿Cómo está Dessie?

-Decidí traerla a casa de mis padres. Frank y Joe están aquí, pensé que le haría bien ver a su familia un rato.

-Recuerda que mañana tiene que ir con la doctora Bullard.

-Sí, no te preocupes. ¿No vas a pasar a verla?

-Sí, más tarde.

-¿Qué haces?

-Estoy en la tina, tomando un baño caliente.

Nick gruñó. –Cuanto desearía poder acompañarte.

Miley suspiró. –Recibí una llamada esta mañana, papá está mal.

-¿Qué tiene?

-Parece que su cáncer volvió, iban a operarlo de emergencia… Deben estar en cirugía ahora. –No pudo contener el sollozo que se escapaba de su garganta.

-Lo siento, amor. Pero, te aseguro que todo va a estar bien.

-Eso espero… No soportaría perder a mi papi…

-Yo sé que no… ¿Te quedas a dormir esta noche?

-No sé, Nick…

-Solo a dormir. Quiero consentirte.

Esas palabras le prometían tantas cosas. Nick siempre había sido muy consentidor, bueno… Cuando su matrimonio aun era mágico.  Quería estar en sus brazos, relajarse, olvidar los problemas que parecían querer acabar con su sanidad mental.

-Lo pensaré.


En  la casa Jonas-Miller, Destinyestaba agradecida de que sus abuelos y dos de sus tíos no se habían centrado en ella, apenas parecían notarla, aunque aquello cambió cuando Nick se levantó de la mesa.

-¿Destiny, no tienes calor? –Le preguntó Denise.

Ella fijó su mirada en el plato de albondigón que tenía al frente. –No, estoy bien. Estoy algo resfriada.

-¿Cómo está tu madre? –Joe la miró con sus penetrantes ojos color miel-. Hace mucho que no sé de ella.

Destiny se aclaró la garganta. –Está bien, trabajando mucho.

-¿Ya sabes a que te quieres dedicar? –Era el turno de Kevin (I) de torturarla. Sentado a la cabeza de la mesa parecía tener el control sobre todo.

-No… Aun no he pensado en eso.

-No te queda mucho tiempo. –Denise se llevó una copa de vino a los labios-. ¿No has pensado en la música?

Destiny sintió como su rostro se tornaba de un color rojizo. –No… Toco ningún instrumento.

-¿Tampoco cantas? –Franklin le preguntó, alzando una ceja. Él también había tenido sus minutos de fama.

-Umm… No.

-Es comprensible. –Kevin volvió a hablar-. Al parecer los genes de tu madre son más fuertes que los nuestros.

Denise sonrió, asintiendo. –Si no te parecieras tanto a Nick… Bueno…

-Madre, por favor… -Joe la reprendió.

Destiny se levantó. –Con permiso. –Salió hacia el salón para ir al vestíbulo, lo más rápido posible.


-¿Y Destiny? –Nick miró a su alrededor al salir de la cocina.

-Creo que se molestó por algo. –Denise le dijo-. Me parece que tu ex esposa la ha malcriado.

Nick suspiró, y miró a su familia con amargura. –Nos vemos en otra ocasión, un placer comer con ustedes.

Joe se levantó y lo abrazó brevemente. –Sal de tu cueva más a menudo, bro.

Él asintió. –Nos vemos.


Encontró a Destiny en el vestíbulo, sentada en la escalera. Tenía la vista fija al piso, Nick pudo ver como una lagrimas caía en sus zapatos.

-Dess… -Se puso de cuclillas frente a ella.

Destiny se limpió las lágrimas, pero no pudo evitar sollozar.  -¿Qué? –Tenía la nariz roja y congestionada.

-¿Qué te hicieron?

Ella no se atrevió a mirarlo a los ojos. -¡Es evidente que tu familia nunca va a aceptarme, papá! ¡No quiero venir aquí nunca más! –Se levantó y salió de la casa llena de furia.


Cuando se subieron a la camioneta, Nick abrió la guantera y de ella sacó el celular de Destiny. –Aquí tienes.

Ella se quedó mirándolo por un momento. Le había puesto un forro nuevo, era negro y tenía impresas las palabras “Stay Strong” en blanco. –Gracias…

Nick arrancó la camioneta. –Mi familia es algo complicada…

-Obviamente jamás quisieron a mamá para ti.

-Solo mis hermanos lo entendían. –Suspiró-. Mis padres se encerraron en la negación. Lo siento, Destinee…

Pero ella no iba a olvidar aquello. El rechazo martillaba en su cabeza haciéndola querer explotar. Obviamente no tenía los requisitos necesarios para ser una “Jonas”, era una vergüenza. Se sentía ansiosa y no dudó un segundo antes de encerrarse en su cuarto al llegar  a casa.


-¡No sirves para nada! –Lloraba mientras hundía la punta de la cuchilla una y otra vez en la piel de sus muslos. Estaba sentada en el piso de su baño-. ¡Nunca vas a ser lo suficiente buena! Nunca. Nunca. Nunca. Nunca. Nunca. –Cada vez que repetía la palabra, se daba una cortada-. Nunca. Nunca. Nunca. Nunca… Nunca… Nunca…

-¡Destiny,  abre la puerta! –Escuchó a Nick gritar desde afuera de la habitación.

Decidió ignorarlo. –Nunca. Nunca. Nunca. Nunca. Nunca. Nunca…

-¡Destiny, no te lo vuelvo a pedir!

-No quiero…-Murmuró para si, apretando los ojos-. No quiero… No quiero. No quiero.

Escuchó un golpe contra la puerta de su cuarto, y luego los pasos de Nick avanzando hacia el baño.


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