martes, 21 de enero de 2014

Tù eres mi Amor - Cap: 6



Un mes más tarde, Wilson, el mayordomo de los Gilbert, entregó a Edward el correo, al leer el contenido de una carta que venía de Inglaterra, lord Gilbert abrió la puerta violentamente.

-Haga venir a lady Gilbert inmediatamente-gritó al sirviente-y no se entretenga muchacho, rápido.

-¿Qué sucede?-preguntó Anne entrando precipitadamente en el estudio de su marido.

-Esto es lo que pasa-respondió Edward dándole la carta.

Ella miró el rostro pálido de Edward y luego la firma al final de la página.

-¿Pide que Miley vuelva?

-Dice que nos va a rembolsar todo lo que hemos gastado en ella estos cuatro años, incluso adjunta una verdadera fortuna con la carta-explicó lord Gilbert furioso-para pagar su vestuario para la vuelta a casa ¿por quien nos toma? No ha desembolsado un penique en todos estos años ¡Qué indecencia! Soy perfectamente capaz de proporcionar vestidos nuevos a mi sobrina ¿Sabes lo que puede hacer con su dinero?

-
Miley vuelve a casa-gimió Anne con voz rota amarrándose a una silla-había acabado por creer que la había olvidado. Tengo una idea: respóndele hablando de un posible matrimonio con Alexander de la Ville. Eso nos hará ganar tiempo.

-Desgraciadamente dice en la carta que tiene que estar de regreso en un mes, sin excusas ni retrasos.

Anne empezó a leer la carta.

-Quiere que dedique el tiempo que le queda por estar aquí a despedirse de sus amigos y visitando la las mejores modistas. Ha debido cambiar mucho en estos cuatro años, nunca antes hubiera deseado que su hija perdiera el tiempo visitando modistas en Paris. ¿Crees que el hombre que 
Miley amaba tanto cuando era más joven ha pedido su mano?

-No ha recibido ninguna proposición de matrimonio, sino lo hubiera dicho en su carta-Edward dio la espalda a su mujer-sería mejor que se lo dijeras enseguida, me reuniré contigo en un momento.




Miley se esforzaba por sobreponerse a la impresión que le había causado la noticia

-Estoy contenta de volver a casa-dijo-solo que...

Anne se volvió hacia la ventana, pero la joven vio como le caía una lágrima por la mejilla y se mordió el labio. Si su tía estaba triste eso quería decir que iba a irse pronto y aún no se sentía preparada. Se miró en el espejo para darse ánimo. En Paris los hombres la encontraban hermosa ¿qué pensaría Paul? Ya empezaba a perder la seguridad en si misma. Después se relajó y notó que la invadía un sentimiento nuevo, la esperanza. Sus labios esbozaron una sonrisa, vuelvo a casa, pensó. Se acordó de sus tíos a los que iba a dejar, Anne le daba la espalda y lloraba en silencio.

-Tu vuelta a casa me entristece dijo Anne.

-Te quiero tía Anne-dijo 
Miley incapaz de retener las lágrimas-¡Te quiero tanto!

Anne abrió los brazos y 
Miley buscó consuelo en ellos.

Delante de la puerta, Edward puso cara sonriente y después entró, con las manos detrás de la espalda.

-¿Se divierten señoras?-preguntó con falsa alegría.

Dos rostros llenos de lágrimas le miraron con tristeza.

-¿Cómo?-dijo su mujer.

Las dos mujeres intercambiaron una mirada y rompieron a reír.

-Bueno, yo estoy contento-murmuró Edward extrañado por el repentino cambio de humor de las dos.

-Te vamos a echar de menos-le dijo a su sobrina-nos has hecho muy felices a los dos.

-Jamás querré a otro hombre como te quiero a ti.

Edward notó que su vista se volvía borrosa y de pronto se encontraron los tres abrazados llorando.

-Después de todo, Inglaterra no es el fin del mundo-dijo Edward.

-Tampoco está aquí al lado-dijo 
Miley.

-Tienes amigos allí, y también ese joven al que tanto admirabas. Ese chico rubio que no supo comprender que tenía una joya al alcance de la mano. ¿Cómo se llamaba?

-Paul.

-Era un imb/écil-dijo su tío-debería haber pedido tu mano, a lo mejor lo hace ahora.

-Eso espero-dijo 
Miley.

-Lo sospechaba-respondió Edward dirigiendo una mirada de entendimiento a su mujer-de hecho me he preguntado a menudo si no encontrabas ningún pretendiente a te gusto solo porque esperabas volver a Inglaterra y conquistar a ese hombre ¿es esa tu intención?

-Lo voy a intentar-confesó 
Miley turbada.

-En ese caso estoy seguro de que estarás prometida antes del invierno.

-Eso espero.

-Creo que en esta situación una jovencita debe tener cerca de ella una mujer para aconsejarla-dijo Edward con las manos en los bolsillos-puede que no sea fácil conquistar a ese tal...

-Paul-sopló 
Miley.

-Paul, eso es ¿Te gustaría que Anne te acompañara?

-¡Si!

Edward la abrazó y posó los ojos en su mujer, que estaba radiante de felicidad. Su sonrisa de gratitud valía todos sus sacrificios.

-Tengo que ir a España-dijo-cuando os vayáis me iré a trabajar allí, después iré a Inglaterra para conocer a ese chico al que sin duda estarás prometida y me volveré a ir con Anne.

Satisfecho por haber desbaratado los planes de Martín Stone, Edward volvió a su anterior decisión de devolverle el dinero que había mandado. En los días que siguieron, las dos mujeres recorrieron las modistas y las tiendas parisinas hasta el agotamiento.



La víspera de la partida de 
Miley y de Anne, los padres de Alexander de la Ville dieron una suntuosa fiesta. Miley temió durante toda la noche que llegara el momento de despedirse de Alexander, pero todo se desarrolló mejor de lo que pensaba. Se encontraron a solas en un pequeño salón, el estaba de pie delante de la chimenea y miraba el vaso que tenía en la mano.

-Te echaré de menos Alexander-dijo 
Miley con voz dulce, sin poder soportar el silencio.

-¿De verdad querida?-preguntó él divertido-yo en cambio no te echaré de menos por mucho tiempo.

-Eso no es muy caballeroso-replicó 
Miley sorprendida, sonriendo.

-Solo los mocosos y los viejos son caballerosos, en todo caso, si no voy a echarte de menos es porque tengo la intención de ir a Inglaterra dentro de unos meses.

-Alexander, hay otro hombre-confesó 
Miley desesperada-quiero decir allí, en mi casa. Al menos eso creo, se llama Paul y...

-¿Ha venido alguna vez a verte a Francia?-la cortó Alexander.

-No, seguramente la idea ni siquiera se le ha pasado por la cabeza. Verás, yo era diferente en esa época, era una niña y debe acordarse de mi como una criatura patosa y...¿por qué te ríes?

-Porque estoy encantado. Hace semanas que me pregunto quien es mi rival, estoy feliz de saber que es un inglés idi/ota al que no has visto en cuatro años y que no fue capaz de imaginar siquiera la mujer en la que te ibas a convertir. Vuelve a casa querida.

Dejó su vaso y la atrajo hacia el.

-Vas a descubrir muy pronto que en asuntos de corazón, los recuerdos nunca reflejan la realidad. Luego, dentro de unos meses iré y tu escucharas lo que tengo que decirte.
Miley sabía que tenía intención de pedir su mano y era inútil discutirlo en ese momento. Sus recuerdos no corrían el riesgo de ser mejores que la realidad ya que solo tenía malos recuerdos, pero no quería explicárselo ahora. Además, no la hubiera escuchado, ya que en ese momento se inclinó para aprisionar sus labios con un largo y apasionado beso.



Era un maravilloso día de septiembre y se estaba acabando, 
Miley se inclinó hacia la ventanilla del coche y contempló emocionada el familiar paisaje, solo quedaban unos pocos kilómetros hasta su casa. El tío Edward había insistido en que viajaran cómodamente y así, además de su carruaje, venían otros dos cargados con el equipaje y un cuarto con las dos doncellas, además de los cocheros y los lacayos, las escoltaban seis hombres a caballo. Miley esperaba impresionar a Paul con un despliegue como ese.

Entraron en el paseo que llevaba hasta la casa. Con las manos temblorosas, se puso los guantes de color lila, con el fin de presentarse ante su padre con su mejor aspecto.

-¿Estas nerviosa?-preguntó Anne sonriendo.

-Si ¿se nota?

Lady Anne inspeccionó a su sobrina que llevaba un traje lila a la última moda, sus largos cabellos estaban cuidadosamente trenzados y sujetos detrás de la nuca.

-Estas perfecta-le dijo.

Se sentía tan nerviosa como 
Miley , Edward había decidido que era mejor que llegaran sin avisar para que Martín no pudiera oponerse. Los carruajes se detuvieron delante de la entrada y las dos mujeres vieron venir a Martín Stone a su encuentro mientras un lacayo les abría la puerta del coche. Anne observó la expresión de Martín cuando este descubrió la elegante joven que aparecía ante el con una sonrisa deslumbrante.

-Mi niña-dijo el con voz tensa-han crecido mucho.

-O a lo mejor es que tu has encogido padre-respondió 
Miley.

Una risa ahogada reveló la presencia de Anne, quien descendió también del coche. No esperaba un recibimiento cordial pero tampoco había previsto la expresión de rabia de su cuñado.

-Has sido muy amable al acompañar a 
Miley-acabó por decir el-¿Cuándo te vas?

-La tía Anne se va a quedar conmigo dos o res meses hasta que me haya acostumbrado-dijo 
Miley alegremente-Es muy amable por su parte ¿verdad?

-En efecto-admitió el con aspecto francamente contrariado-Id a refrescaos antes de la cena. Os veré más tarde.
Miley se sentía a la vez mortificada por el recibimiento de su padre y emocionada al verse de nuevo de regreso en su casa. Al entrar en la vieja mansión reconoció los muebles, las pinturas que reproducían paisajes ingleses y los retratos de sus antepasados. Su cuadro favorito, colgado entre dos sillones Chippendale, era una escena de caza en la niebla de la mañana. Nada había cambiado y sin embargo el ambiente que se respiraba era diferente. La casa brillaba como si miles de manos la hubieran pulido, las lámparas de araña del techo brillaban y la alfombra que pisaba en ese momento era totalmente nueva.

Se detuvo en la entrada de su habitación e inspiró profundamente, la habitación había sido decorada nuevamente durante su ausencia, la cama estaba vestida con una tela de flores preciosa y de la ventana colgaban unas cortinas a juego.

-Clarissa-dijo a la doncella-es preciosa.

Ocupada en vigilar a los sirvientes que descargaban el equipaje, Clarissa no tenía demasiado tiempo para mirar.

A la hora de la cena, 
Miley fue a la habitación de su tía. La habitación de esta no había sido redecorada y parecía un poco pasada de moda en comparación con el resto de la casa.

-No es nada grave querida-dijo Anne con una sonrisa cuando ella quiso disculparse por la actitud de su padre.

Cogiendola del brazo bajaron juntas las escaleras. Su padre las esperaba en el comedor y 
Miley se dio cuenta de que todos los muebles habían sido restaurados, el tapizado de las sillas hacía juego con las cortinas nuevas, dos lacayos con librea impecable estaban ocupados con algo mientras un tercero empujaba un carrito con las bandejas.

-Se diría que hay muchos sirvientes-dijo mientras su padre las invitaba educadamente a sentarse.

-Nos hacían falta desde hace tiempo-respondió evasivo-la casa empezaba a parecer abandonada.
Miley miró a su padre a la cara y descubrió con asombro que sus cabellos se estaban volviendo blancos y que su frente estaba llena de arrugas. Parecía haber envejecido veinte años.

-¿Por qué me miras así?-preguntó bruscamente.

Siempre había sido bastante brusco pero en ese momento no justificaba tal actitud, en todo caso, ella no quería volver a las peleas de antaño.

-Acabo de darme cuenta de que tienes el pelo gris-respondió suavemente.

-¿Te sorprende?-replicó su padre algo más amable.

-Si-dijo ella-estoy asombrada de que los años hayan conseguido hacer que te salgan canas mientras que yo no lo conseguí cuando era niña.

-¿Sabes que tu amiga Emily encontró marido? Hacía tres años que había sido presentada en sociedad y su padre desesperaba ya de conseguirlo. Ahora se habla de ello en toda la región.

La mirada de Martín se posó acusadora en Anne, como si le reprochara a ella el que 
Miley no hubiera encontrado un marido apropiado.

Lady Anne se removió en la silla.

-No me digas que has perdido las esperanzas de verme bien casada-se apresuró a decir 
Miley con ligereza.

-Si-dijo secamente Martín.

A ella le dieron ganas de enumerar todas las proposiciones que su tío había recibido pero seguramente se pondría furioso al saber que Edward las había rechazado todas ¿Por qué se mostraba tan frío su padre?

-Si eso te tranquiliza, debes saber que he rechazado las proposiciones de dos barones, un conde, un duque y un príncipe-dijo con una sonrisa conspiradora.

-¿Es eso verdad?-preguntó bruscamente Martín mirando a Anne-¿Por qué no fui informado de esas proposiciones de matrimonio?

-Es falso desde luego-cortó 
Miley esforzándose por no perder la sonrisa-solo encontré un duque y un impostor y los detesté a los dos. También conocí aun príncipe ruso pero ya estaba comprometido. Dudo que la princesa le abandone para permitir que me case mejor que Emily.

-Voy a dar una pequeña fiesta en tu honor mañana por la noche-dijo su padre tras un momento de silencio.
Miley sintió una oleada de calor que la invadía hasta que su padre corrigió

-La verdad es que no es una pequeña fiesta, sino más bien una recepción con lo mejor de los alrededores, una orquesta y todo eso.

-Será...magnifico-consiguió decir 
Miley estupefacta.

-Emily vendrá de Londres con su marido. Todo el mundo estará aquí-

Los cambios de humor de su padre eran tan impredecibles que 
Miley renunció a conversar con el y la cena terminó en silencio.

-Tenemos un nuevo vecino-anunció Martín de pronto levantando tanto la voz que las dos mujeres saltaron en sus asientos-le he invitado porque quiero que le conozcas. Es un soltero apuesto y un caballero. Le vi a caballo el otro día.

-¡Padre!-exclamó 
Miley rompiendo a reír-No me digas que ya quieres colocarme, todavía no he llegado a eso.

Viendo que su padre no parecía apreciar la broma, intentó ponerse seria y preguntó el nombre del hombre en cuestión.

-Nicholas Westmor...Nicholas Westland.

Lady Anne dejó su cuchara y miró fijamente a su cuñado, el cual sostuvo su mirada sonrojándose. Al notar la contrariedad de su padre 
Miley se levantó.

-Creo que mi tía y yo necesitamos descansar después de este día agotador, padre.

-Me gustaría quedarme un poco más con tu padre-dijo Anne-sube tú, yo me quedaré un rato.

-Eso es-confirmó Martín-ve a acostarte, tu tía y yo vamos a charlar un poco.

Cuando su hija se fue, despidió a los lacayos con un gesto y sostuvo la mirada de su cuñada con manifiesta hostilidad.

-Has tenido una extraña reacción al oír el nombre del nuevo vecino.

-¿Su nombre es Nicholas Westland o Westmoreland?-preguntó ella mirándole con intensidad-Si es este último, le reconoceré aunque no hayamos sido nunca presentados.

-Si insistes en saberlo, es Westmoreland-admitió Martín con reticencia-Su presencia en los alrededores es fácil de explicar: está convaleciente de una antigua enfermedad que reaparece de vez en cuando.

-¡Estás de broma!-se escandalizó Anne al oír la grotesca explicación

-¿Tengo aspecto de bromear, maldición?-tronó Matin furioso.

-¿Tu te crees esas est/upideces? Hay sitios mejores a los que el duque de Claymore podría ir. Está llegando el invierno y esta región es seguramente el último lugar del mundo donde podría desear enterrarse.

-Solo te repito lo que me ha dicho el. Su Gracia necesita escapar de las presiones de la vida londinense. Soy el único, aparte de ti, que conoce su verdadera identidad y espero que ninguno de los dos traicionará su secreto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario