lunes, 17 de octubre de 2011

Undress for me cap:11


Entré en la galería Holman e intenté ignorar a las dos secretarias de la planta de ventas que estaban mirándome descaradamente. Toda la maldita galería se había enterado del trato que había acordado con Hemsworth. Era difícil decidirse entre estar cabreada por ello, o complacida.

Jane estaba esperándome fuera de mi despacho, y el resto del equipo estaba merodeando cerca de su escritorio. Pase a su lado, cogí el café que me ofreció e intenté sonreírle mientras entraba en mi oficina y cerraba la puerta con firmeza tras ella.
Manteniendo la falsa sonrisa en mi rostro, miré a Jane directamente a los ojos.
—Si le cuentas a alguno de esos traidores de ahí fuera lo que voy a decirte ahora, te mataré y destrozaré tu cadáver en la trituradora de papel.
Jane levantó la mano haciendo la señal universal de honor de los scouts, símbolo en el que nunca he confiado.
—Prometo no contar nada a los traidores. Sin embargo, si no empiezas a hablar pronto, voy a morirme.
—Vale. Me desnudé, me dibujó, y después me puse la ropa y me marché.
Jane frunció el ceño.
—Eso no merecía mi promesa.
—Fue sólo un acuerdo comercial. Me senté en mi escritorio, y suspiré mientras empezaba a sonrojarme. —Un acuerdo tan íntimo que, cuando terminó el tiempo, lo único que quería era salir pitando de allí.
—¿Hizo algo raro?
Levanté la mirada y chasqueé la lengua ante su expresión indignada.
—¿Por qué lo preguntas? ¿Es que vas a ir a darle una paliza si lo hizo?
—Quizá.
—No, no hizo nada raro —suspiré. —Lo único que hizo fue sentarse en el suelo y dibujar.
—Oh —Jane se sentó y miró un momento la zona de trabajo, antes de centrar sus ojos en mí. —¿Vas a volver hoy?
—Sí.
—¿Te estás comportando así solo porque estás nerviosa, o de verdad pasas de todo esto?
—Bueno —suspiré, y me detuve a pensar antes de responder. —Vale, es halagador que un artista conocido internacionalmente se sienta inspirado por mí.
—¿Te dijo que lo inspirabas?
—Sí.
Dejó escapar un silbido, y negó con la cabeza.
—Guau. ¿Y eso no hizo que tu ego explotara?
—Bueno, no pude discutirle —Encogiéndome de hombros, dejé caer mi mirada hasta el escritorio frente a mí. —Es un hombre increíble, a pesar de haberme tendido una trampa para obligarme a posar para él.
—Ojalá un artista famoso y demencialmente sexy me tendiera una trampa para que me desnudara para él.
Me reí mientras se levantaba.
—Ten cuidado con lo que deseas
—¿No pasó nada?
—Ese hombre tiene algo.
—Sí, los hombres que son guapísimos y ricos siempre tienen algo.
Me reí y agité la cabeza.
—Es arrogante y dominante. Admito que lo encuentro atractivo. Habría que estar muerta para no hacerlo —Cogí un bolígrafo y lo golpeé suavemente contra el cristal de mi escritorio. —Me gustaría tener un escritorio de madera.
—No pegaría con el resto de la oficina.
Arrugué la nariz.
—No me importa.
—Lo que más odio es que no puedo quitarme los zapatos. Cualquiera que se acercara a mi escritorio lo vería —Cruzó los brazos sobre su pecho, y suspiró. —No tengo intimidad.


—Creo que ése es el objetivo de Milton —Señalé la zona de trabajo. —Echa un vistazo ahí fuera, lo único que se ven son piernas. Por eso el noventa por ciento del equipo son mujeres.
—Y por eso es por lo que yo uso pantalones. No quiero que se pase el día mirándome las piernas —Se giró en su asiento para mirarme de nuevo. —¿No pasó nada?
Su expresión escéptica me divertía. De repente, deseé tener algo para contarle.
—Bueno, me dio un tirón en la pierna, y él me la masajeó —Me encogí de hombros. —Fue un perfecto caballero.
—Pues vaya asco.
—Sí —asentí, y después la miré. Estaba sonriendo. —Yo no he dicho eso.
—Ya no puedes retirarlo, demasiado tarde.
—Son solo negocios.
—Ah, joder, venga. Estuviste desnuda ante ese hombre tan atractivo, y lo único que hizo fue dibujarte. Al menos podrías haberme dicho que dibujó sobre tu cuerpo. Me hubieras alegrado el día. —Jane suspiró, y cruzó los brazos sobre su pecho de nuevo. —Ese hombre es, probablemente, el ser humano más sexy de esta ciudad.
Riéndome, negué con la cabeza, y después sorbí mi café.
—Todo fue totalmente decente.
Jane miró hacia la zona de trabajo, abatida.
—¿Puedo contarle a Tetas Falsas que ese hombre te adoró durante horas?

Miré un momento a Delta y sonreí de oreja a oreja.
—Tienes que dejar de llamarla así. Un día se te va a escapar y se lo vas a soltar en la cara.
Jane se levantó y caminó hacia la puerta.
—¿Cómo puedo vivir a través de ti, si tú no tienes vida?

Cerró la puerta a su espalda, dejándome sentada allí, digiriendo sus palabras. Aunque no había sido su intención, su observación sobre mi carencia de vida me había dolido. Jugueteé con un bolígrafo, lo golpeé contra mi escritorio, y consideré el agujero que había en mi vida personal. No podía ignorar el hecho de que apenas había tenido un par de citas en un año. Dos de ellas habían sido citas a ciegas, unas citas a ciegas que habían terminado tan mal que apenas podía soportar pensar en ellas.

Eché un vistazo a mi teléfono cuando empezó a sonar. Lo descolgué.
—Miley Cyrus.
—Soy yo.
—Buenos días, Milton —Me mordí el labio para evitar gruñir en voz alta. Solo me llamaba cuando quería discutir conmigo sin tener que mirarme a los ojos. Lo que significaba que iba a pedirme algo totalmente desmesurado.
—¿Cómo fue tu reunión con el señor Hemsworth?
—Llegamos a un acuerdo —De ningún modo iba a darle a aquel troglodita los detalles de cómo, o cuando, me desnudaría. Ya era lo suficientemente raro pensar en la palabra "desnuda" cuando él estaba alrededor.
—Bien —Se produjo una larga pausa, y entonces fue directo a la razón por la que estaba llamando. —Tienes una cita con Lisa Millhouse. Llévate a Delta contigo. Será una buena experiencia para ella.
—Lisa Millhouse no tolera a los extraños —Miré el escritorio de Delta y la encontré mirándome fijamente. —Llevar a tu juguetito podría arruinar la relación profesional de la galería con una artista con la que el mundo del arte está muy excitado.
Milton soltó un gruñido.

Debería aprender a guardar mis opiniones para mí misma. Milton Storey había estado intentando que me despidieran desde que la junta de dirección de la galería me contrató. Odiaba las exposiciones que yo organizaba, consideraba que el trabajo de Lisa Millhouse era pornografía, y aprovechaba cualquier oportunidad para sabotear el contrato que la galería tenía con ella. Su contrato había sido mi primera tarea en la galería, y conseguir que firmara había afianzado mi lugar en Holman. Nuestra junta llevaba detrás de su trabajo mucho tiempo.
—Te llevarás a Delta —insistió.
—No lo haré —respondí, tranquilamente. —Si perdemos el contrato de Millhouse, y nos quedamos con un ala vacía este verano, la junta esperará que sea por una buena razón. Y hasta donde yo sé, satisfacer a tu última conquista no podría considerarse una buena razón.
Me colgó el teléfono. Aquella era su respuesta habitual cuando se acordaba de que estaba a solo cinco meses de quedarme con su puesto. No debería habérselo restregado en las narices, y haberlo hecho me haría sentirme malévola y cruel. Aun así, era difícil no ser cruel con alguien que me sacaba de quicio.

Sequé mi taza de café y tiré la toallita de papel a la basura. La sala de descanso estaba hecha un desastre, como siempre. Se me ocurrió que, si la gente de la oficina se comportaba en su casa igual que en la zona de descanso, entonces no tenía interés en ser su Invitada. Suspiré y me apoyé en la encimera. Se habían colocado varios carteles por el tema de la limpieza y habían sido totalmente ignorados. A esas alturas tenía dos opciones: cerrar la sala de descanso, o hacer que la empresa de limpieza incluyera aquella habitación en su rutina.

Era irritante pensarlo. Para conseguir una sala de descanso limpia tendríamos que pagar quinientos dólares más al mes. La puerta se cerró de un golpe y levanté la mirada. 

Delta estaba frente a mí, mirándome fijamente, en silencio. Parecía que, por fin, se había decidido a enfrentarse conmigo.
—Delta.
—Tengo planes, y tú estás interfiriendo en ellos —Cruzó los brazos sobre su pecho, y tensó la mandíbula sin dejar de mirarme.
Bueno, al menos había ido directa al grano. Me aseguraría de hacerlo yo también.
—Tengo planes para esta galería, y estos no incluyen dejar que una asesora sin experiencia trate con clientes que son imprescindibles en nuestras instalaciones.
—¿Tus planes incluyen follarte a todos los artistas que firmen con esta galería?
—No. Mis planes profesionales no incluyen sacrificar mi dignidad, ni mi amor propio —Vi que sus mejillas enrojecían, y que sus ojos se abrían de par en par. —Soy tu supervisora, y te vendría bien recordarlo la próxima vez que decidas tener una conversación conmigo. Holman es una institución profesional, y se exige un comportamiento también profesional entre sus empleados.
Se giró bruscamente y abrió la puerta para maullarse.
—De acuerdo.
La observé mientras se marchaba, irritada. Jane sacó la cabeza por la puerta y miró su reloj.
—Lisa Millhouse está esperándote.
—Lo sé.
—No dejes que Tetas Falsas te saque de quicio.
Me reí y cogí mi taza de café de la encimera. Jane me entregó los planos para la exposición de Lisa y mi maletín, a cambio de la taza.
—Gracias.
—A mandar —Miró a su espalda y se encogió de hombros. —¿Sabes? Si estuviéramos en el instituto me ofrecería para patearle el culo en los cuartos de baño.
—Si estuviéramos en el instituto, podrías quedarte mirando mientras yo le pateaba el culo en el baño —Sonreí mientras ella se reía. —¿Ha confirmado el señor Brooks su asistencia a la reunión de esta tarde?
—Sí

No hay comentarios:

Publicar un comentario