sábado, 16 de julio de 2011

The έναν εξαπατώντας σύζυγο: cap 7

-No podemos seguir así -dijo Liam-. ¡Tienes que darte cuenta! A Marie le parece muy raro que duermas con William, lo que significa que, a partir de ahora, va a estar pendiente de nosotros, que va a vigilarte, a calcular los días que te quedas en la habitación de William...
 
-y no debemos molestar a tu querida Marie, ¿verdad? -exclamó Miley, y se avergonzó al instante. ¿Cómo podía sentir celos de su propia hija? Pero era cierto, estaba horriblemente celosa de su hija, porque tenía el amor de su padre.
 
-No pienso responder a eso, Miley -dijo Liam sobriamente.
Miley terminó de hacer la cama, podía marcharse. 
-Deja que te explique que Selena no ... -dijo Liam.
 
-¿Qué vas a hacer hoy? ¿Vas a quedarte en casa?
 
-Sí -dijo Liam, desconcertado-. ¿Por qué?
 
-Porque yo tengo que salir y, si tú te vas a quedar, no tengo que llamar a tu madre para que se quede con los niños.
 
Por qué había dicho aquello, Miley no podía saberlo.
Su decisión de salir no había sido una decisión consciente. Pero nada más decirlo pensó que pasar unas horas sola, completamente sola, era vital para su integridad mental.
 
Abrió el armario, impaciente por salir y alejarse de su familia, y sacó lo primero que encontró, su anorak impermeable. Liam parecía un poco aturdido, y se limitó a quedarse allí de pie, observándola.
 
-Miley -dijo por fin-, si quieres salir, sólo tienes que decirlo.
miley no atinaba a cerrar la cremallera y se estaba poniendo cada vez más nerviosa. «¿Es posible sofocar sus propias emociones?», se preguntaba. Porque creía que eso era precisamente lo que estaba haciendo.
 
-Dame diez minutos y me voy contigo ...
¡Los zapatos! ¡No se había puesto los zapatos! Se inclinó y revolvió en la parte baja del armario. 
Liam seguía quieto en el mismo sitio, cada vez más perplejo.
Miley encontró sus botas de cuero negras y se sentó sobre la moqueta para ponérselas. Luego metió los pantalones en las botas con dedos temblorosos.
-¡Miley... no hagas esto! -dijo Liam.
 
Miley se dio cuenta de que estaba realmente afectado porque quisiera irse sola, su voz era grave y denotaba impaciencia.

Nunca has salido sin nosotros, espera a que todos ... Miley apenas lo oía. Pero Liam tenía razón, ella nunca había salido sola. Si no con él, con los niños, o con su madre. Durante toda su vida adulta, había vivido bajo el amparo protector de otros. Primero sus padres, luego sus amigas y finalmente, Liam. Sobre todo, Liam.
¡Pero por Dios, estaba a punto de cumplir veintitres años! Y allí estaba, convertida en ama de casa, cada día menos atractiva, con tres hijos y un marido que ...
 
-¡Me voy sola! ¡No te va a pasar nada porque, por una vez, te quedes con los niños!
 
-¡No me estoy quejando de eso! -dijo Liam, suspirando y acercándose a ella- Pero, Miley, nunca habías ...
-¡Exactamente -exclamó Miley, apartándose de él-. Mientras tú te ocupabas de hacerte rico y de buscar a una amante, yo estaba sentadita en esta maldita casa, muriéndome de asco.
 
-¡No digas tonterías! -dijo Liam, agarrándola por la muñeca- Esto es ridículo, te estás portando como una niña.
-Precisamente, Liam, de eso se trata, ¿no te das cuenta? -dijo Miley, apelando a la comprensión a pesar de que lo que más deseaba era irse de allí cuanto antes- Eso es exactamente lo que soy ... una niña. Una niña a la que han explotado, a la que han herido profundamente. No he crecido porque no me han dado la oportunidad de crecer. ¡Tenía dieciseis años cuando me casé contigo! -le gritó- ¡No había terminado el colegio! Y antes de que aparecieras tú, mis padres me tenían entre algodones. Dios mío, qué decepción debió ser para ellos descubrir que su dulce y pequeña hija se había estado acostando con el lobo feroz.
Joe se rió.

A Miley no le sorprendió, sabía que su calificación era tan acertada que no tenía más remedio que reírse si no quería llorar.
 
-y me quedé embarazada -prosiguió-, y cambié a unos padres por otros, tú y tu madre.
-Eso no es cierto, Miley -protestó Liam-. Yo nunca te he visto como una niña. Yo ...
-¡Mentira! ¡Eres un maldito hipócrita mentiroso! ¿Y sabes porqué sé que eres un mentiroso? Por el miedo que te da que yo quiera pasar algún tiempo sola.
-¡Esto es una locura! -dijo Liam, negando con la cabeza, como si no creyera que aquella conversación pudiera tener lugar.
-¿Una locura? -repitió Miley-. ¿Cómo crees que me siento sabiendo que he dejado que me hicieras todo eso? Lo único que hice fue sentarme y dejar que me trataras como te daba la gana ... y mira qué he conseguido. Veintitres años, tres hijos y un marido que se ha cansado de mí. Así que, por favor, deja que me vaya.
 
Con un sollozo, se apartó de él y salió de la habitación.
Corrió escaleras abajo, recogió el bolso de la mesita del recibidor y salió precipitadamente a la calle.
El BMW de Liam cerraba el paso a su Ford Escort blanco, así que tuvo que irse .a. pie, alejándose de la moderna casa en la que vivían desde hacía cinco años. En una casa situada en una de las zonas más acomodadas de Londres. Aquella casa le encantaba porque les ofrecía mucho más espacio que el pequeño piso alquilado del centro de Londres en el que vivían anteriormente.
 
Sin embargo, en aquellos momentos, lo único que quería era alejarse de allí lo más deprisa posible. Se apresuró por la acera, bajo la sombra de los árboles, sabiendo que Liam no la seguiría. Todavía tenía que vestirse y vestir a los niños, así que no podría detenerla antes de que tomara el autobús.
 
El primero que llegó se dirigía al centro de Londres.
Se sentó junto a la ventanilla y miró a través del cristal manchado de polvo y de gotas de barro. Se fijó en el parque al que solía llevar a los niños. ¿O eran ellos los que la llevaban a ella? No lo sabía, ya no estaba segura de nada.
 
Se subió el cuello del anorak para protegerse del frío aire de septiembre, se metió las manos en los bolsillos y comenzó a pasear por Londres, cuyas calles siempre estaban solitarias los domingos por la tarde. Estaba perdida en un mar de tristeza. Un mar más profundo a medida que un ojo interior se abría cada vez más para mostrarle cómo era la verdadera Miley Hemsworth.

Una mujer de veintitres años que se había estancado emocionalmente a la edad de dieciseis. Pensó que Liam la amaba porque había hecho el amor con ella, y nunca se preguntó si la quería realmente.
Pero había llegado la hora de hacerlo. Y, aunque la idea la mortificaba, se daba cuenta de que sólo se había casado con ella para aceptar su responsabilidad por haberla dejado embarazada.
 

Puede que Liam considerara que estaba en su derecho de llevar otra vida, aparte de la que ya llevaba con ella. No cabía duda, se trataba de eso. Liam quería llevar otra vida, una vida aparte de la que llevaba con ella.

Miley se dio cuenta, en aquellos momentos en que su vida estaba al borde del precipicio, de que Liam nunca había compartido con ella aquella otra vida excitante y apresurada. Sólo había construido su matrimonio para ella, para que jugara a ser esposa y madre de sus hijos, porque era lo que ella quería ser.
Pero, ¿acaso se trataba sólo de un juego, de una fantasía? No lo sabía, no podía saberlo.
 

Caminó durante horas. Horas y horas, sin darse cuenta del tiempo que pasaba. Tristes horas de reflexión, contemplando la intensidad de su propio dolor. Hasta que el más completo agotamiento la obligó a regresar a casa. Estaba agotada y hacía frío, así que tomó un taxi.
De repente, su casa se convirtió en el único lugar del mundo en el que quería estar.
Pero, al darse cuenta, experimentó una sensación de derrota, porque aquello significaba que sus horas de libertad no le habían hecho ningún bien.

2 comentarios:

  1. AHHHHH ME ENCAANTHO SIS YA VOY A LA MITAD JEJEJEJ NO LO LEO TODOO PERO YA ME ENCAANTHO COMO SIEMPRE TODO LO QUE ESCRIBEES ME ENCAANTHA CORRAZOON BYYEEE

    ResponderEliminar